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sábado, 20 de abril de 2024

Semiótica de la hamburguesa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Si hay un producto cargado de significado es la hamburguesa. Y eso que ha tenido que luchar contra su propio nombre que la sitúa en la germánica ciudad de Hamburgo. Pero la hamburguesa representa a los Estados Unidos, como la paella representan a España o el arroz tres delicias representa a China a los ojos de alguien de fuera. El mundo es muy compelo, pero a la vez muy simple. Los Estados Unidos son los "cowboys", John Wayne, Elvis, Bogart... y la hamburguesa.

En una hamburguesería de mi centro comercial tienen dos ofertas de hamburguesas. Una es la "King-Kong" y la otra la "Godzilla", colocadas ambas a la par en promoción de una película que ponen en los minicines de enfrente. El mundo funciona así, a base de signos y remisiones a signos, del cine a la hamburguesería de enfrente hay apenas 20 metros, pero los signos nos llevan de la carne con queso y bacón a la butaca con palomitas y refresco con pajita.

Si la hamburguesa es un símbolo de los Estados Unidos y Kong del cine americano que se apropia del nipón Godzilla y los convierte en pareja bien avenida, la hamburguesería se convierte en un "McDonald's". Nadie dice "¡vamos a una hamburguesería!", sino "¡vamos a un McDonald! o "¡vamos a un burger!", aunque luego se vaya a otra cadena distinta. Hay nombres que quedan determinados por las marcas: nadie dice "¡pásame un tisú!", sino "¡pásame un kleenex!". Pero este universo simbólico, rebosante de procesos de semiosis, tiene también casos peligrosos en los que las cadenas de símbolos son determinantes.

En RTVE.es podemos leer una noticia con el titular "El juez investiga como terrorismo el ataque con hacha en un McDonald's de Badalona". El detenido resultó ser nacionalidad paquistaní y este es el relato de lo ocurrido: 

El 27 de marzo, relata el auto, el investigado accedió al centro comercial ataviado con un pañuelo palestino en la cabeza a modo de liturgia previa y portando un hacha de grandes dimensiones.

A continuación, se dirigió al establecimiento de McDonald’s en un momento en que, por las fechas (Semana Santa) y la hora, estaba presente una gran concurrencia de público, valora el juez.

Una vez en el interior del local, el investigado blandió el hacha que portaba y acometió con ella contra un expositor, fracturando los cristales de una de las lunas, “causando un clima de terror e histeria colectivas entre las personas que en ese momento se encontraban” en el interior.

El atacante, prosigue el auto, fue inmediatamente interceptado por un ciudadano que tuvo que esquivar los golpes y el ataque con el hacha, si bien logró inmovilizarlo. 

El propio agresor manifestó a un agente de la policía, en lengua inglesa, que había obrado movido porque había visto en el móvil niños palestinos que habían muerto en manos de americanos, en una suerte de acto de represalia.*

Si entendiéramos como una suerte de "texto" todo este acontecimiento podríamos comprender que un acto simbólico, como suele serlo todo acto terrorista. En realidad lo que define un acto terrorista es lo que tiene de acto simbólico, es decir, por lo que representa, aunque sean sus consecuencias las que normalmente lleven a sus representantes a la muerte, a la cárcel o salgan huyendo.

Un robo es un robo; pero un acto terrorista en un envoltorio simbólico, por eso va precedido de mensajes (el detenido dejó un mensaje grabado por si no regresaba o moría) y después tiene reivindicaciones, otros mensajes explicativos del sentido.

La elección del espacio real del atentado debe coincidir con su dimensión simbólica. Por eso se eligen embajadas, iglesias, centros públicos, concentraciones, etc. espacios que de forma permanente o temporal representen "algo", es decir, un país, una creencia religiosa o política.

Para el atacante del hacha de "grandes dimensiones" el ataque y los golpes iban dirigidos para lo que representaba para él su enemigo, los Estados Unidos. El móvil del ataque —que realizó con un pañuelo palestino al cuello, otro factor simbólico— fue haber visto un vídeo con "niños muertos por los Estados Unidos". Aquí realizó otro proceso simbólico, la identificación de Estados Unidos con Israel.

Hace unos días algunos medios explicaron que, desde la terminología simbólico-religiosa de Irán (y los que le escuchan, claro), Israel es el "pequeño Satán" mientras que los Estados Unidos son el "gran Satán", otro lío de símbolos que nos lleva de un lugar a otro.

Los cristales del McDonald's en Badalona fueron la representación simbólica más a mano para el reivindicador paquistaní, armado de hacha y con ganas de hacer pagar a aquellos "estadounidense" de Badalona los pecados del "Gran Satán". Puede que muchos de los badaloneses que se encontraban allí en ese momento, en plena de Semana Santa, no secundaran las políticas de Israel y Estados Unidos, incluso que fueran personas beligerantes contra sus políticas, pero no importó al paquistaní del hacha.

Para él, lo importante era el simbolismo de espacio, la hamburguesería y el producto, la hamburguesa. Aquello era, sin duda para él, el centro del mal que había que destruir a golpe de hacha.

Como mundo simbólico, vemos que todo se basa en las representaciones, es decir, en aquel sentido que adquiere el mundo bajo su mirada interpretativa. En su diccionario mental y cultural, las cosas y objetos, los espacios, las situaciones, los momentos, etc. tienen un significado que si no comparte usted el mismo diccionario difícilmente entenderá.

Puede que usted considere que una hamburguesería es algo "muy americano", como la propia publicidad nos repite, pero no llegue hasta el final de esas suposiciones dando hachazos a los que están en su interior y, mucho menos, piense que con eso va a aliviar el dolor del pueblo palestino. Pero las cabezas de la gente están amuebladas de formas muy diferentes.

El integrismo yihadista puede funcionar causando daños gracias a ese proceso semiótico de cadenas de identificación en los que una cosa lleva a otra. En realidad casi siempre funcionamos así y es la reflexión y la profundización en la cultura ajena, un cierto distanciamiento de los tópicos y estereotipos y una profundización que separe lo que tendemos a juntar de mala manera, casi siempre de forma manipulada desde instancias de poder, ya sean políticas o religiosas,

Son estos perversos sentidos que damos al mundo y a la vida los que llevan a casi todas las radicalizaciones, un proceso mental que acaba renombrando el mundo en pequeños y grandes satanes, con lo que se justifica lo injustificable.

El paquistaní del hacha actúo desde esas llamadas a la yihad que se hacen a los cuatro vientos, desde las llamadas a causar daño a quien sean porque cualquiera es objetivo posible si se le mira con detalle. "Occidente" es el límite y, claro, cabe todo.

Cuanto mejor entendamos estos funcionamientos, los simbólicos, los que establecen cadenas de asociaciones de significado que nos llevan a mirar a las personas como signos de algo, les guste o no, seremos capaces de distanciarnos de esos riesgos de caer en ellos.

El mundo está lleno de signos y usted puede ser mañana el significante de algo, de los Estados Unidos por comerse una hamburguesa, le guste o no. Esa tarde tranquila que usted disfrutaba con la familia puede significar el "infierno" al que le van a buscar.

Deberíamos comprender el peligro de caer en lo mismo. No caigamos ni en el error ni en la tentación de cubrir la realidad de significados torcidos, impuestos por la ceguera y meter a martillazos los símbolos. Mañana a algún radical interpretativo se le puede ocurrir atacar un restaurante donde están tomando un rico kebab porque se imagina lo peor.

Los radicalismos suponen siempre una imposición simbólica sobre la realidad, que ya tiene bastante de simbólica por sí misma. Nuestro mundo esta llenos de signos que se entrelazan y connotan, Hay que tener cuidado no sea que alguien los interprete como no debe. 


* "El juez investiga como terrorismo el ataque con hacha en un McDonald's de Badalona" RTVE.es/EFE 19/04/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240419/juez-investiga-terrorismo-ataque-hacha-mcdonald-badalona/16068764.shtml

domingo, 29 de agosto de 2021

El tamaño del error

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Los analistas políticos norteamericanos se hace la pregunta sobre la Historia: ¿Quedará marcada la presidencia de Biden por lo ocurrido en Kabul, por la caótica retirada de los Estados Unidos? la preocupación por la Historia no deja de ser una trivialidad, un mirarse el ombligo en el qué dirán futuro. Sin embargo, este aspecto parece revestir una cierta importancia para algunos que ven el futuro en las próximas elecciones más que en los libros. No hay papel más importante en la política que las papeletas y Biden, desde luego, no las tiene todas consigo. Si se prefiere, dada la edad del presidente, el asunto preocupa más a la herencia que deje a su sucesor, ya sea la vicepresidente Kamala Harris o cualquier otra persona que los demócratas elijan para encabezar la próxima legislatura.

La Historia, como algunos juegos de mesa, camino recorrido a golpe de tirada de dados, con casillas y "pozos" en los que puedes caer y de los que no es tan sencillo salir. Biden parece haber caído en un pozo del que no le va a ser fácil salir. Pero en eso consiste la vida, en lo imprevisible.

Joe Biden había basado su estrategia, sobre todo, el éxito en el control del coronavirus con el plan de vacunación. No era mala elección porque el desastre causado por Trump era de tal magnitud que había llevado al ridículo universal, incluidas las intervenciones de Trump sobre la lejía y demás manifestaciones absurdas. Con el control de la epidemia y la lógica de mascarillas más vacunación, Biden esperaba una segunda acción doble en el terreno internacional. La primera parte era rehacer todo lo que Trump había deshecho, que era mucho. Con la segunda parte, la retirada de las tropas de Afganistán, Joe Biden esperaba unir de nuevo al pueblo norteamericano con algo que era una carga desde hacía 20 años. Pensó que ya se había hecho todo lo que había que hacer y dejar en manos del nuevo ejército afgano, bien armado y entrenado por los Estados Unidos. Pero todo lo que viene de Trump está gafado y se ha hecho para mayor gloria suya.


Trump había tenido la misma idea, es decir, que el abandono de Afganistán le traería votos para la reelección, pero la pandemia —el "maldito virus chino"—se le cruzó por el camino desbaratando sus planes. Joe Biden vio una oportunidad fácil de terminar lo que Trump había hecho y llevarse el mérito de cumplidor y buen ejecutor, a la vez de mostrarse como "experto" en relaciones internacionales, él conocía el mundo, a diferencia de Trump, que solo conocía campos de golf.

Sin embargo, Afganistán esta gafado. Todas las especulaciones, asesorías, cálculos, etc. se vinieron abajo porque es difícil aceptar que estás equivocado cuando eres presidente del país más poderoso del mundo y te encuentras especialmente cualificado en una cuestión. Son todos los requisitos para equivocarse. Y así ocurrió.

En el ámbito mediático, los analistas ya no preguntan si Biden se equivocó, algo que todos saben, sino cuáles van a ser los efectos de su error. En The Washington Post luce en estos momento el siguiente titular que nos puede servir de ejemplo, "Surprise, panic and fateful choices: The day America lost its longest war", y resume bastante bien el sentimiento generalizado de los norteamericanos que han pasado de las celebraciones gloriosas de las repatriaciones al desconcierto culpable por el caos agridulce de lo que creían era una retirada con la misión cumplida y ahora califican como derrota absurda, autoinflingida por la soberbia.

En la CNN, el analista de seguridad de la cadena, Peter Berger titula "Why Biden's views on the Afghan terror attack make no sense" y se lanza contra la imagen que el presidente Biden se empeña en mantener:

 

After the airport attack Biden spoke at the White House and continued to defend his withdrawal decision with a remix of specious arguments that he has made before.

First, that al Qaeda is gone from Afghanistan, while a recent UN report says the group has a presence in some 15 of 34 Afghan provinces.

Second, that Afghanistan has never been a united country, despite the fact that Afghanistan united as a country in 1747, before the US existed.

Third, Biden again hung his withdrawal decision on the agreement that former President Donald Trump had struck with the Taliban, even though the group didn't reject al-Qaeda, a key point in that agreement. Indeed, the UN issued a report in June that al-Qaeda and the Taliban "remain close, based on ideological alignment, relationships forged through common struggle and intermarriage."*



 Ante este tipo de críticas preguntarse por la Historia y el papel que Joe Biden tendrá en ella no tiene mucho sentido. Es el propio Biden quien se ha situado en la acera equivocada —¡la acera que no está de moda!, escribiría Oscar Wilde— de la Historia.

La cuestión ahora no es qué dirán, sino cuánto les queda por decir. Mucho me temo que lo ocurrido no es más que la punta del iceberg de lo que vendrá. La rápida respuesta bombardeando con un dron al autor intelectual de las bombas en el aeropuerto y en las cercanías, con ya más de 170 muertos y 13 soldados norteamericanos es el principio de una serie de acontecimientos que se irán produciendo encadenados.

Los tres puntos a los que se refiere Berger en la cita son de naturaleza distinta. El primero no admite mucha discusión: si Al-Qaeda estás allí, está allí. Lo que puedan hacer ya es otra cosa, pero ha comenzado el baile de la competición por ver quién lo hace mejor. Esa decir, Estados Unidos ha creado el escenario perfecto para ser atacado sin necesidad de jugar en territorio ajeno. Gracias a la infructuosa maniobra de huida, han quedado al descubierto como blanco fácil miles de afganos que pueden ser cazados uno a uno o mediante atentados.

El segundo punto es más discutible. ¿Hasta qué punto "país" (o "estado") significa lo mismo para un occidental que para un afgano o, más específicamente, un talibán? ¿Estamos hablando de lo mismo? Lo primero que han dicho los talibanes es que van a crear un "emirato islámico", fórmula que está próxima al "estado islámico" o a la idea del "califato", una fusión de elementos organizativos  basados en una ley, la Sharia, un espacio islámico en el que el musulmán piadoso puede ser feliz cumpliendo y, esto es importante, haciendo cumplir la leyes divinas dadas a los seres humanos. Son términos provisionales, pues la aspiración es que el islam, como no podría ser de otra forma, cubra la faz de la tierra, momento de la máxima perfección. Recuerden, por ejemplo, el particular y divertido empeño del presidente turco al decir convencido que Cristóbal Colón vio minaretes de mezquitas cuando llegó a América. La cultura es la cultura y tiene poco que ver con la verdad si no pones un poco de tu parte.



Desde luego, Afganistán no era un "estado", concepto que surge en otro contexto cultural y diferentes raíces. ¿País? Puede haber cierto sentido de pertenencia geográfico. 

Recordemos que el Estado Islámico, por ejemplo, sigue pensando en reconquistar Andalucía, algo que "les quitamos". Da igual que sea una tontería, pero el que quiere creerlo, lo cree. De igual manera, "sociedad tribal", "suma de tribus", "señores de la guerra", "clanes", etc. son etiquetas que le ponemos a la realidad y que no todos comparten. Es evidente que los que se van tienen un sentido distinto de Afganistán respecto a los que se quedan o a los recién llegados, que vienen con otra idea de qué es Afganistán. 

Las decenas de miles de yihadistas que han acudido a Afganistán en los meses últimos lo ven de otra manera, como ocurrió en Siria, donde decenas de miles —incluidos españoles y españolas, muchos europeos— se sintieron especialmente motivados para ir a dar tiros, a buscar pareja o ambas cosas. Los que van ahora a Afganistán, los que están ya allí, ya saben a qué van, a cumplir un sueño, a hacer realidad a sangre y fuego lo que les enseñaron, aprendieron y les prometieron, tanto en este mundo como para el otro.



Es evidente que el patrullar de los talibanes no va a hacer de Afganistán un lugar más seguro, ni siquiera más controlado. Afganistán no es Irán, donde sí existían unas estructuras previas que aprovecharon. A Irán, por ejemplo, le viene bien esto. Muchos ya dan por sentado que han estado detrás de los movimientos en Afganistán. Se puede alejar el foco de ellos y siempre podrán actuar como "mediadores" si las cosas se complican con Occidente. 

Los pocos afganos que resisten y se han refugiado en una provincia dicen que no existe el grupo del Estado Islámico que atentó en Kabul, que son los propios talibanes los que han provocado esto para ejercer presión sin responsabilidad directa. Son discusiones importantes, pero menores en comparación con las que los norteamericanos se están haciendo ahora mismo sobre el ayer —del 11 de septiembre en adelante—, del presente —¿cuántas vidas va a costar la retirada caótica y que consecuencia tiene para su "prestigio" y relaciones internacionales?— y el futuro, abierto a cualquier situación por parte de unos y otros.



El aviso de otro atentado en pocas horas por parte de los servicios de Inteligencia occidentales puede librar a algunos, pero no a todos. Evitar los atentados no está en manos de los norteamericanos, solo avisar y anticiparlos. Son los muertos norteamericanos los que Biden trata de evitar. Estos se irán dando porque él mismo cometió el error de marcar la fecha de salida, como le recuerdan ahora los comentaristas. Por muchas personas evacuadas que haya, nadie va a poder frenar el drama.

La cuestión ahora es si los atentados y sus réplicas de castigo se van a limitar al espacio afgano o los golpes pueden ser más audaces, en cualquier lugar del mundo o en los propios Estados Unidos; está en si la rivalidad entre grupos busca el prestigio general para captar fondos y yihadistas para sus filas. También los terroristas se preocupan por su "legado".

Conforme pase el tiempo, las preguntas ganarán en intensidad porque se irán acumulando situaciones más complicadas y fuera de control. Los talibanes, nos dicen los que huyen o los que se quedan allí, van puerta por puerta.



La crisis migratoria está servida con su efecto caótico. Aumento del populismo xenófobo, radicalización política, conflictos por desavenencias según los intereses de cada uno, medidas unilaterales, aumento del poder estratégico de terceros...

Biden, sí, ya ha entrado en la Historia por una puerta por la que es difícil desandar lo andado. No es fácil calcular el tamaño del error cometido por los que tomaron la decisión. Parece que Biden sigue firme en ello. No creo que rectifique en ningún momento. La cuestión está en saber si las decisiones futuras se seguirán tomando bajo premisas equivocadas. Los demás se irán alejando de quien les puede llevar a un desastre. Esa es otra consecuencia, que los demás no están dispuestos a asumir mancomunadamente los errores del jefe.

Creo que ya nadie se pregunta sobre si Biden se equivocó; en cambio muchos se están preguntando ahora por el tamaño de su error y las consecuencias para todos en el futuro. 

 


Peter Bergen "Why Biden's views on the Afghan terror attack make no sense" CNN 28/08/2021 https://edition.cnn.com/2021/08/28/opinions/bidens-views-afghan-terror-attack-make-no-sense-bergen/index.html

sábado, 15 de mayo de 2021

Incertidumbres y males informativos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)




El País nos trae los resultados del informe aprobado del Consejo de Seguridad Nacional, en el que se encuentran el presidente del gobierno, las vicepresidentas, los ministros de Interior, Defensa y Exteriores junto a expertos sin especificar.

El texto se inicia con los errores pasados antes que con los desafíos futuros. Desde la política, el futuro es algo complicado por su falta, mientras que el pasado permite el momento más productivo, el error, la madre de todas las batallas. Discutir sobre el futuro es menos productivo que hacerlo sobre el pasado. Quizá por eso el periódico comienza intentando adivinar qué errores se cometieron desde ese esencial Consejo.

Nos dice el diario en el inicio:

 

El Gobierno admite que en los primeros meses de la crisis sanitaria tuvo que tomar decisiones con “información parcial o poco actualizada” sobre el alcance real de la pandemia, ya que el sistema de vigilancia epidemiológica español no estaba preparado para procesar tal volumen de datos con la rapidez requerida “para la correcta toma de decisiones”. Aunque el último Informe Anual de Seguridad Nacional no detalla a qué decisiones se refiere, las más polémicas entonces fueron permitir las marchas del 8M de 2020, no imponer el uso de las mascarillas o no declarar el estado de alarma hasta el 14 de marzo.*

 


Es interesante ver el argumento y la asociación con los hechos del momento. Para todo tiene excusa el informe. Lo que viene a decir es que ellos no actuaron bien porque otros lo hicieron mal o estaban mal preparados. Para esto no hace falta el Consejo, sinceramente. La primera función del Consejo es precisamente garantizar que disponen de la información necesaria. Los encargados de crear esas condiciones son precisamente los políticos que lo presiden, pues son todos los miembros del gobierno con responsabilidad en seguridad. Mediante esta extraña figura retórica, el Consejo se defiende, algo que harán después los mismos miembros en su condición de gobernantes: dirán —como hacen— que la información era insuficiente. Las cuestiones son entonces, ¿cómo se aconseja el Consejo a sí mismo como gobierno y si no es responsable el gobierno de que el Consejo, es decir, ellos, disponga de insuficiente o mala información? Algunos dirán que el gobierno va allí a escuchar a otros, pero ¿de qué sirve si luego, como gobierno, no reacciona como debe?

La función del Consejo de Seguridad Nacional es esencial, pero solo si funciona con la información que debe, con la anticipación necesaria y, sobre todo, son valoradas las informaciones o la falta de ellas. Un Consejo que cree que lo sabe todo siempre es peligroso; decir después que no había bastante información es un poco tomadura de pelo.

El hecho de que sea el periodista quien debe especular sobre qué hechos se vierten las críticas de la imprevisión ya es todo un síntoma. Y decir que fue por falta de información es realmente volver a echar leña a un fuego que ya ha dado mucho calor. Tener que volver a discutir sobre el 8M, la falta de mascarillas o lo que se tardó en decretar el estado de alarma suena ya muy gastado. Es como si, en el Consejo del próximo año, se dijera que hubo poca información y por eso se tomó la decisión de no ampliar el estado de alarma.




Un Consejo de Seguridad Nacional cuyas decisiones se toman de esta manera pasa a ser un peligro pues hace lo contrario de lo que debería. El gobierno, en cualquier caso, siempre se ha buscado las coberturas de expertos para sus decisiones, algo que le ha costado algún que otro disgusto cuando se le ha preguntado o se ha intentado identificar a esos expertos. En ocasiones era el propio ministerio.

Las críticas a la política sanitaria del gobierno de Pedro Sánchez han sido muchas y desde diferentes ámbitos, dejando fuera las meramente políticas por parte de la oposición. Pero se ha ignorado casi todo amparándose es expertos, Consejos y demás asesorías que, si trabajaban con poca información o con la que aportaba la propia administración, son poco fiables. Si todos disponen de la misma, no sirve de nada o de muy poco.

Respecto a la pandemia, el centro de las amenazas del año pasado y ascendente en este, nos dicen:

 

No es la primera vez que el Gobierno reconoce que tardó en reaccionar ante la pandemia, pero sí que lo pone por escrito en un documento enviado al Congreso. A falta de un balance crítico de la gestión de la covid-19, el informe aprobado por el Consejo de Seguridad Nacional —que preside el jefe del Gobierno y en el que se sientan las vicepresidentas y los ministros de Interior, Defensa y Exteriores, entre otros— avanza las lecciones aprendidas de una crisis sanitaria que aún no ha concluido. La más destacada: la incapacidad del sistema de alerta sanitaria para detectar la dimensión de la pandemia y trasladar, con “la rapidez que era necesaria, información validada para la correcta toma de decisiones”. De cara al futuro, plantea su imprescindible “actualización” y “una mayor digitalización y automatización de los procesos de vigilancia” epidemiológica, en manos de las comunidades autónomas.

 

Realmente, me imagino la cara de los sanitarios, de todo el personal médico y hasta de los enfermos al leer esto. Una vez más, la necesidad de echar balones fuera responsabilizando a otros es realmente preocupante. En última instancia, el que se diera esa "incapacidad" es por la falta de medios, por la reducción en inversiones en Sanidad, por el pésimo diseño del mismo para este tipo de situaciones. Las carencias en diversos campos, entre ellos la investigación y los sistemas de producción, las reservas de recursos necesarios. Hemos tenido que improvisar mascarilla en talleres de costura, fabricar viseras de plástico con impresoras 3D de algunos emprendedores y vestir con bolsas de basura a los sanitarios para su día a día en hospitales.

La excusa de que no tienes información correcta para tomar decisiones es un monumento a la desvergüenza. La falta de inversiones en casi todos los campos esenciales, de la sanidad a la investigación, pasando por la educación llevan saliendo a la calle a protestar por su falta de recursos, por la falta de información. Para evitar estas protestas se han colocado políticos acomodaticios en los lugares adecuados y se ha seguido adelante sin enfrentarse con consejeros o ministros. Hoy, en la política, no prospera el crítico sino el sumiso, el que es férreo hacia sus inferiores exigiéndoles mucho y sonríe a sus superiores con cara de eficaz. No luchan por tener los recursos necesarios, sino que aprietan para rentabilizar lo poco que les llega.

En cuanto al futuro, el Consejo advierte sobre una serie de peligros nuevos. El artículo nos cuenta que, por supuesto, la pandemia sube muchos peldaños entre las amenazas (¡menos mal!) y consideran estos peligros como amenazas de futuro:

 

Se duplican los ciberataques

El Ejército vigila la radicalización

La lucha contra el yihadismo

La amenaza de los drones

 

Del que apenas se da información y, es más, se da de forma confusa. Es del segundo de ellos, que se fusiona con el tercero, es decir, de la radicalización en el Ejército se pasa al radicalismo yihadista:

 

El Ejército vigila la radicalización. Las Fuerzas Armadas españolas han puesto en marcha un sistema de indicadores para detectar y evaluar el “riesgo de radicalización” del personal militar hacia posiciones de “extremismo violento”, revela el informe. Esta medida se inscribe en la lucha contra el yihadismo, después de que entre algunos de los detenidos figurasen exmilitares. “La actuación de actores solitarios o pequeñas células locales se considera la opción más probable de que se produzcan atentados en territorio español”, advierte el texto. Las limitaciones a la movilidad por la pandemia no han frenado el ciberactivismo yihadista, que se ha volcado en la propaganda a través de la red, “en idioma español”, para reclutar seguidores o “activar terroristas autónomos”. Por eso, es objetivo prioritario “reducir el impacto” de los contenidos yihadistas en Internet mediante su “rápida eliminación”. Entre las nuevas categorías de terrorista figura la del “viajero frustrado”, aquel que no ha podido trasladarse a Siria o Irak para hacer la yihad pero mantiene intacto su deseo de actuar. Según el informe, algunos de los 37 detenidos por yihadismo en 2020 respondían a ese perfil. Los que, residiendo en España, se marcharon a la guerra fueron 254, según el cómputo oficial. Volvieron 50, 73 murieron y 131 no han regresado. Instituciones Penitenciarias tiene bajo vigilancia a 223 reclusos que ingresaron por yihadismo o, aunque lo hicieron por delitos comunes, se han radicalizado en la cárcel.

 

La pregunta se produce por sí sola: ¿son los militares españoles radicalizados los que suministran material a los yihadistas? El "esta medida se inscribe" es un generador de ruido.




Un enlace nos remite al juicio a unos detenidos en España que se dedicaban al envío de "material militar", se supone que armas, a las redes yihadistas diversos países. En ningún sitio pone que hubiera militares españoles en ello. Descubrimos después que fueron absueltos, según la propia información de El País.

La radicalización a la que se alude en el texto y "vigila el Ejército", mucho me temo no tenga nada que ver con lo anterior, sino con movimientos críticos detectados a través de chats, grupos de WhatsApp, etc. donde no se hablaba especialmente bien del gobierno, la clase política o determinados ministros. Me parece que fusionar en el artículo esto con el yihadismo es un error, espero que interpretativo, pero complicado si se entiende literalmente.



Hay que tener cuidado con estas cosas porque ya tenemos bastantes problemas con la "información insuficiente" como para que ahora se produzca "ruido informativo" mezclando las cosas que no tienen nada que ver.

Escudriñar el futuro siempre tiene incertidumbre, pero ponerla como excusa para no haber "previsto" lo que era "puro presente" no es nada serio y, lo peor, nada tranquilizador. Si se detectan amenazas futuras, no hay excusa para no anticipar los medios. Nuestros males no vienen por la incertidumbre del futuro, sino de los destrozos sobre el presente, de desmantelar partes del sistema en beneficio de otras que se lo tragan todo. Estas se ven como "beneficios", aunque todos vean su peligro, pues se lleva años avisando de posibles consecuencias.

Como autocrítica, desde luego, es nada crítica.

 

* Miguel González y Óscar López-Fonseca " El Gobierno atribuye a la falta de datos fiables los errores al inicio de la pandemia" El País 15/05/2021 https://elpais.com/espana/2021-05-15/el-gobierno-excusa-con-la-falta-de-datos-fiables-los-errores-al-inicio-de-la-pandemia.html

martes, 2 de octubre de 2018

Redes carcelarias radicales

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La noticia del desmantelamiento de una red de radicalización yihadista en las cárceles españolas es una buena noticia, por un lado, pero no tan buena por otra. Es como un incendio que se apaga, pero primero se enciende. La mala noticia es que es posible crear redes pese a la vigilancia, involucrando a presos comunes a los que se radicaliza; la buena es que se ha conseguido detectar y desmantelar o al menos es lo que se piensa.
Una red está constituida por una serie de nodos, que son las personas que la integran, y tiene una serie de flujos que se producen en los intercambios de información. Puede tener una serie de puntos relevantes, que serían en este caso los que introducen la información y crean la red misma estableciendo los contactos y alimentándolos con las informaciones que hace circular.
En estos casos, las redes tienen dos funciones básicas: a) el propio adoctrinamiento; y b) la preparación de atentados en su caso. Hay también una función fática, que es la del mantenimiento de la propia red, la que asegura el contacto.
Cuanto más extensa y activa es una red, más probable resulta que sea detectada, pues aumenta el número de actividades y es más fácil que se perciba algunos de los mensajes que se intercambian. Con todo, esto necesita algo más que la vigilancia. Como todo comportamiento puede estar sujeto a evaluación de riesgos y probabilidades de ocurrencia en función de determinados parámetros que se establezcan como marcadores.
El diario El País no señala en su información sobre la detección de la red:

El control estricto sobre los presos yihadistas se puso en marcha en julio de 2014 con un primer programa para “la prevención de la radicalización en los establecimientos penitenciarios”, seis meses después de que detectara que ya había 59 presos comunes que habían abrazado la yihad durante su estancia en la cárcel. Entonces, los expertos penitenciarios dividieron a los presos islamistas en tres grupos, bautizados con las letras A, B y C, en función de si habían sido encarcelados por actividades terroristas, si se dedicaban al proselitismo con otros reclusos musulmanes o si habían sido captados, respectivamente. El programa fue ampliado en octubre de 2016 con un plan en el que, además de detectar la radicalización, se fijaron instrumentos para intentar desvincular a los internos de los postulados yihadistas.
El pasado mes de febrero, Instituciones Penitenciarias puso en marcha un nuevo instrumento para frenar el fenómeno que denominó “instrumento de evaluación del riesgo de radicalismo violento”. Se trata de un programa que pretende analizar la información que los funcionarios de Prisiones recopilen en el día a día tanto de los internos encarcelados por delitos de terrorismos como de aquellos que han mostrado signos de estar dando pasos hacia la radicalización. Con esa información, Prisiones cuantifica semestralmente el riesgo de que el recluso islamista “reincida delictivamente o repita los comportamientos que le han llevado a prisión”.*


La información no da explicaciones sobre el programa en sí, lógicamente, pero lo más probable es que trabaje buscando pautas entre los datos recogidos. La detección de esas pautas es la que se convierte en informativa entra el océano de datos suministrados diariamente por el personal de cada centro penitenciario.
Lo que los funcionarios perciben como datos del comportamiento, se somete a un tratamiento informatizado en el que se buscan pautas y conexiones entre ellas. Es probable que sea algún tipo de comparación significa entre los centros lo que ha establecido la conexión entre los agentes de la red permitiendo percibir su "forma", es decir, el intercambio de flujos de información entre ellos.
El mismo crecimiento "natural" de las redes está en función del éxito en las detenciones exteriores. Cuantos más terroristas se detienen y encarcelan, más potencial tiene la red para su extensión por los centros. Los detenidos pasan a ser nuevos agentes de la red, con la que entran en contacto a través de los otros reclusos.
La duración de las condenas es otro factor relevante en la red, pues determina además del orden de salida, la necesidad de una más intensa actividad de radicalización para colocar un terrorista activo en el exterior. La noticia del diario El País habla precisamente de un preso que aprovecho uno de sus permisos penitenciarios para atentar. Parece tener cierta lógica que los que tienen mayor condena sean más instructores. Primero porque es la gravedad de sus delitos lo que determina la condena, pero es también la gravedad lo que muestra su grado de radicalización.


Una cárcel no es un sistema aislado. Tiene su propia información interna y sus formas de salida y entrada de información. Dicen que se han burlado las medidas de seguridad a través de la forma más sencilla, el correo físico, al utilizar a personas no detectadas para enviar los mensajes a otros centros. De esta forma, los mensajes no se envían directamente entre ellos, sino con intermediarios sujetos a menos control o vigilancia. Las visitas pueden actuar igualmente como portadoras de mensajes para terceros.
La vigilancia normal es pues poco eficaz, pero sí lo puede ser el análisis de los datos en bruto, un "big data" de todo lo que se hace diariamente. De ahí puede salir información relevante o indicadores de dónde se debe buscar, que es lo que se ha confirmado con los registros en los diferentes centros.
El terrorismo yihadista necesita de esos dos usos de la red: adoctrinamiento y preparación de atentados. Los dos usos actúan como refuerzo de las redes mismas.
El diario El Mundo describe el origen de la operación:

La investigación se inició con la aparición de pintadas en los patios de algunas prisiones con expresiones alusivas a Alá características del islamismo radical. Después fueron interceptadas cartas comprometedoras con el propósito de organizar la labor de proselitismo e incluso se comprobó que los cabecillas empleaban a terceros, a presos comunes, para crear la red y llevar a cabo sus labores de adoctrinamiento.**


 La función de las pintadas es múltiple, entre otras actuar como reclamo para reclutar nuevos adeptos, hacer saber que hay gente que puede "formarles", y una manera de "marcar el territorio" ya que pertenecer a la red significa establecer distancias con los demás delincuentes, pertenecer a una especie de élite divina, uno de los reclamos del proselitismo yihadista.
Ese sentimiento de "superioridad" es el que se recoge en el diario:

Entre los reclusos instigados se encuentran Belaid Mohand Al Lal, procedente de Melilla y preso en el centro de Huelva y Mohamed El Mahdaoui, recluido en Estremera. Las primeras acciones del primero, que tuvieron repercusión pública, fueron las amenazas proferidas a agentes de la Guardia Civil mientras éstos llevaban a cabo la desarticulación de un célula yihadista -aunque estas amenazas no tuvieron repercusión penal-.
"Vosotros amáis la vida como nosotros amamos la muerte. Recuperaremos Al Andalus. Vuestra democracia es una puta mierda, pronto lo pagaréis, tened miedo a morir", fueron algunas de las expresiones utilizadas por Belahid Mohand.**

Las amenazas y la vehemencia visionaria de los reclusos tienden a mostrar esa "fuerza" que les alienta y que constituye un reclamo más en sí mismo. Con este tipo de manifestaciones  tratan de mostrar precisamente su pertenencia a esa élite que actúa como un potente atractor hacia la radicalización de terceros, que quieren obtener ese estatus a los ojos de sus compañeros de prisión, familiares, etc. Ya no son delincuentes y chorizos, traficantes y maltratadores, etc. sino soldados de Dios dispuestos a sembrar su palabra a golpe de tiros, apuñalamientos, atropellos y explosiones.
Hace unos días recibíamos la noticia del premio dado a un programa de detección de denuncias falsa, altamente eficaz en sus resultados. El análisis de pautas en el lenguaje, en el uso de palabras, permitía detectar más de un 80% de denuncias que resultaban ser falsas. Hoy podemos analizar gran cantidad de datos, crear programas que aprenden y sirven para establecer modelos de comportamiento, predicciones, evaluar riesgos, etc. La combinación de big data, inteligencia artificial y aumento de la capacidad de procesamiento son una combinación eficaz que se puede emplear de muchas maneras. En este caso, su uso es positivo.
La importancia de la recogida de datos sobre el comportamiento en las cárceles, los mínimos incluso, los aparentemente insignificantes, y el desarrollo de programas de análisis de detección de pautas y correlaciones entre ellos, es enorme. La detección de redes, es decir de formas organizadas para unos fines concretos (adoctrinamiento, preparación de atentados, etc.) es esencial para la lucha antiterrorista y para seguir políticas penitenciarias más eficaces.
Puede que no sea fácil desprogramar a un yihadista, pero hay que usar los métodos de que disponemos para evitar que logre sus objetivos de aumento de la radicalización y preparación de atentados en las propias cárceles. Si no se hace así, la cárcel pasa a ser un espacio de proselitismo muy ventajoso por los perfiles de los presos y las condiciones que se dan para ser reclutados.



* "Cae una red de radicalización en las cárceles con 25 presos yihadistas implicados" El País 1/10/2019 https://elpais.com/politica/2018/10/01/actualidad/1538422805_284974.html
^^ "Golpe de la Guardia Civil contra una red de yihadistas que hacían proselitismo en las cárceles" El Mundo 1/10/2018 http://www.elmundo.es/espana/2018/10/01/5bb2760c46163fd07d8b45e4.html



jueves, 23 de agosto de 2018

Los herejes son los otros o la promesa II

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ayer hablábamos del argelino muerto cuando atacó una comisaría de los Mozos de Escuadra armado de un cuchillo y al grito de "¡Alá es grande!". Por encima del conflicto personal del joven para vivir su sexualidad dentro de familia y comunidad, resaltábamos el efecto de la "promesa", es decir, de la entrega del paraíso si se sacrifica llevándose por delante a cuanto "infieles" pudiera. Por encima de los demás debates, está el hecho de que la culpa le llevó a buscar lo que se le "promete" a cambio de la muerte de otros. Para convencer a la gente de que ese es el camino correcto, se dispone de miles de posibilidades. El problema no es tanto el paraíso en sí, sino la factura que te exigen para entrar. Pero condenar esas vías no es fácil porque se disfrazan de piedad, de voluntad de Dios y de mérito ante la comunidad. Habrá, sin duda, quienes lo rechacen, pero muchos otros no lo harán porque están ahí, expresadas claramente y discutirlo puede ser peligroso. La yihad es la yihad y por muchas interpretaciones que haya está ahí, como una puerta abierta al paraíso. Luego se entremezclara con otras cosas, pero la promesa está ahí.


Egypt Independent nos trae, con el titular "Islamic State chief, in rare speech, urges followers to fight on", un ejemplo claro de este tipo de promesa lanzada a los cuatro vientos por el líder del Estado Islámico:

CAIRO (Reuters) – Islamic State leader Abu Bakr al-Baghdadi, in his first purported speech in nearly a year, has called on followers to fight on despite recent defeats, according to an audio recording posted on the group’s media outlet.
In the 55-minute statement, Baghdadi congratulated what he described as the “striking lions” behind recent attacks in Canada and Europe and called on followers to use bombs, knives or cars to carry out attacks.
Baghdadi also offered greetings to Muslims for Eid al-Adha, a feast which is celebrated this week, suggesting the message was recorded recently.
“For the Mujahideen (holy warriors) the scale of victory or defeat is not dependant on a city or town being stolen or subject to that who has aerial superiority, intercontinental missiles or smart bombs,” Baghdadi said in a recording in Arabic posted by his al-Furqan media group.
“Oh Caliphate soldiers…. trust in God’s promise and His victory… for with hardship comes relief and a way out,” he added, addressing followers in various cities in Syria.*


El ejemplo tiene valor para comprender que no es una cuestión de "radicalización", sino de "profundización", un proceso diferente y que tiene que ver con la esencia propia del islam, la invariabilidad del mensaje coránico original. Los movimientos de corte salafista buscan las raíces del islam en un regreso a la vida originaria como respuesta a la "degeneración". Evidentemente, esta forma de purismo tiene sus adeptos en un escenario continuo de disputa sobre quién está más cerca del mensaje divino, que es inalterable. El islam mismo se blinda contra aquellos que se desvían de la palabra, dada directamente por Dios. Las escuelas interpretativas acaban siendo callejones sin fondo, que deben protegerse de los puristas, como el Estado Islámico que exigen la obediencia absoluta, la "sumisión" a lo expresado en el Corán.
En este sentido, la atracción de las raíces, del mensaje literal del Corán, conllevan la obediencia a quienes la practican y exigen. Esto tiene que ver con la forma de abordar las relaciones con el poder terrenal, que debe estar supeditado a las ideas. Es la denominada disputa entre "califas" y "sultanes", es decir, entre el poder religioso y el político. La palabra "política" tiene aquí un sentido muy específico, ya que no es el arte de gobernar, sino el arte de traducir el mensaje coránico a la realidad.
En el texto de Egypt Independent se explica:

Baghdadi, who declared himself ruler of all Muslims in 2014 after capturing Iraq’s main northern city Mosul, is now believed to be hiding in the Iraqi-Syrian border region after losing all the cities and towns of his self-proclaimed caliphate.
[...]
Baghdadi also called on Iraqi followers to keep up attacks against Shi’ite Muslims and what he described as apostates — a reference to Sunni Muslims fighting against his group.
He called on followers to remain loyal to the leaders of his movement and urged the citizens of Saudi Arabia, Bahrain and Jordan to overthrow their rulers.*

Desde su perspectiva purista, él es el único líder de los musulmanes de todo el mundo, ya que no se trata de una disputa territorial, ya que el islam se debe extender hasta cubrir el planeta, cuando todos obedezcan los mandatos expresados en el Corán.
El liderazgo no es por tener unas dotes especiales en sentido político. Lo que ha hecho es profundizar en el conocimiento de la palabra de Dios y la ha interpretado de forma directa. Los líderes musulmanes, en cambio, están incumpliendo el mandato que justifica su liderazgo. No hay otra justificación que el acatamiento de la Ley, tal como se expresa o deriva del texto.

2011
En ocasiones salta algún escándalo social cuando los eruditos dan cuenta del sentido literal de lo expuesto en determinados pasajes. Su literalidad lo convierte en verdad universal y eterna. No hay posibilidad de interpretarla y ajustarla a los tiempos actuales. Los intentos en Egipto de cambiar algunos aspectos sociales para acomodarlos a los momentos actuales y a las aspiraciones de progreso social, chocan con los dictámenes de los eruditos, cuando señalan que es acorde a la doctrina islámica. Así hemos visto recientemente los casos de la herencias de las mujeres o del divorcio exprés (el marido lo notifica sin necesidad de contar con la esposa) cuando se ha querido reducir el impacto de un 65% de tasas de divorcio en el país, efecto a su vez de la rebaja de la edad de casamiento de las mujeres.
Desde la perspectiva del salafismo, el mundo que se aleja de la comunidad original que siguió a Mahoma y vivió bajo sus reglas, se aleja de Dios. Los responsables son las autoridades que deben evitar que la comunidad se aleje del camino recto. Es lo que ha ofrecido el Estado Islámico a los que quedaban bajo su control. De ello hemos tenido suficientes noticias.

Desde la perspectiva del Estado Islámico y su líder, los herejes son los otros. Califica de apóstatas a todos los que no cumplen y llama a su muerte. Los grupos egipcios afiliados al Estado Islámico ametrallaron a una comunidad musulmana sufí por considerarlos herejes, de la misma forma que atacan a los coptos atribuyéndoles conspiraciones para acabar con el islam en Egipto e intentar que reine el cristianismo.
Pero esta ortodoxia de la vuelta a las raíces no tiene porqué estar asociada directamente al "terrorismo", sino que plantea el deber de cada musulmán de acabar con aquellos que vayan en contra de la religión en su versión purista. El caso del degollamiento propietario de una tienda no tenía más motivo que vender alcohol. Fue advertido y, al no hacer caso, se le ejecuto en plena calle, delante de su tienda con toda la sangre fría.
Los rivales de esta tendencia purista son todos aquellos a los que  se considera que se apartan del correcto cumplimiento. Puede sorprender que llamen a derrocar a los dirigentes de un país tan retrógrado como es Arabia Saudí. No debe sorprendernos porque hay muchas maneras de ser retrógrado. El wahabismo saudí es otra variante del salafismo, del retorno. Los dirigentes de estos países se han ocupado con el paso del tiempo de tener de su lado a los eruditos que satisfacen y justifican sus reinados y acciones. De esta forma son piadosos a los ojos de los que deben ser gobernados por ellos. Se produce así una simbiosis entre poder religioso (los eruditos e instituciones) y el poder político, las casa reales o gobiernos, que asegura su mandato justificándolo.


En Egipto, vimos cómo los eruditos decían que iba "contra el islam" manifestarse con motivo de la conmemoración de la Revolución del 25 de enero o que los funcionarios hicieran huelga. Al-Sisi ha buscado la complicidad de Al-Azhar, como ya lo hizo en su momento Nasser, al convertirlos en funcionarios. La Universidad sigue en conflicto ya que ha sido foco y lo sigue siendo de islamistas y salafistas. Las protestas de muchos sectores contra las enseñanzas que allí se dan tiene por contestación que solo lo hacen con una finalidad "histórica", pero no hay historia en lo que es eterno, solo precedentes. Lo que era correcto entones, ahora lo sigue siendo porque todo está ya dicho.
La promesa que se le ofrecía al argelino era la redención de una vida impropia a los ojos de la religión y, por ello, de la comunidad en la que tenía que vivir. El retroceso en el mundo islámico se produjo desde los años 70, en los que el dinero del petróleo sirvió para financiar escuelas coránicas, editoriales, canales de televisión, etc. para expandir la idea de que los gobernantes que tenían muchos de esos países, gobernados por dictadores (tan dictadores como lo puedan ser otros de la zona), debían ser depuestos por no seguir las vías correctas del islam, lo estaban pervirtiendo y occidentalizando.
Eso les sirvió para presentarse como los "buenos musulmanes", los más piadosos, ante los ojos de los que decidían sumarse a su causa. La vieja consigna de "¡El islam es la solución!" da por hecho que no hay que hacer nada más que seguir el Corán, en donde están todas las soluciones. La pregunta expresada por los salafistas en Egipto a la hora de redactar la constitución, ¿para qué queremos constitución si tenemos el Corán?" da cuenta de este planteamiento que está en la fusión de poder y religión, o, si se prefiere, en la no separación, ya que eso es lo que se hizo originariamente.


Las luchas por el poder en el islam pueden ser de varios tipos y encubrir muchas cosas, pero la lucha principal es precisamente evitar lo que Occidente pudo lograr, separar la religión de las otras facetas del estado y la vida pública. Gracias a ello han podido evolucionar los estados, ha podido producirse el progreso científico, la democratización, etc.
Los islamistas de diversas tendencias lo saben perfectamente. Se trata de evitar precisamente que la religión pierda el poder, que es doble, el de la cabeza y el de la base. Al dirigente se le exige para gobernar que cumpla los mandatos religiosos y que castigue sus desvíos; al pueblo que cumpla con sus obligaciones y respete al gobernante que cumpla. Se consagra así la obediencia, no hay democracia. El gobernante no sigue los deseos del pueblo, sino la voluntad de Dios. Por eso el primer paso es la deslegitimación del poder cuando son perseguidos por él. Ellos son los piadosos, los amantes de Dios y a los que Dios ama; son, como dice el mensaje de Abu Bakr al-Baghdadi, los que muestran el camino al paraíso.
Esto no es solo una cuestión del Estado Islámico, sino un camino abierto a través de la profundización en el mensaje de que no hay más que una opción, seguir lo marcado por Dios. Cuando se llega a ese punto, el de la "sumisión", todo lo demás viene por añadidura. Basta un conflicto como el del argelino homosexual que, incapaz de afrontar su condición e incapaz de enfrentarse a la comunidad, escogió la forma en que se le prometía el paraíso, matar infieles.
Hemos criticado el camino de la ortodoxia que se plantean en Egipto para acabar con el "terrorismo" o con las "versiones erróneas" del islam. El error está en pensar que los piadosos van a pararse en su afán de pureza religiosa. Siempre se considerarán los puros, mientras que verán a los otros como herejes, apóstatas o ateos.


El hecho de que la forma de querer frenar el extremismo sea encerrando y condenando a ateos, homosexuales, activistas sociales, etc. es un error de dimensiones históricas porque eso nunca se va a poder controlar. Es más fácil encarcelar activistas. Pero el único camino es precisamente dejar que ellos debiliten el poder de los puristas con nuevas ideas reformista y separando poderes, pero eso significa renunciar a una herramienta muy poderosa para los gobiernos, que la han usado. Todos los gobernantes, de Gadafi a Hussein, apelaron a la religión cuando les convino para evitar caer. Eran laicos hasta que les venía bien dejar de serlo.
El retrógrado régimen de Arabia Saudí, espejo de la ortodoxia wahabita, acaba de pedir la pena de muerte para unos activistas de derechos humanos en el Reino. The Guardian nos lo cuenta así:

Saudi Arabian prosecutors are seeking the death sentence for five human rights activists, including a woman who is thought to be the first female campaigner in the country facing execution, rights groups have said.
Israa al-Ghomgham, a Shia activist arrested with her husband in 2015, will be tried in the country’s terrorism tribunal even though charges she faces relate to peaceful activism,
“Any execution is appalling, but seeking the death penalty for activists like Israa al-Ghomgham, who are not even accused of violent behaviour, is monstrous,” said Sarah Leah Whitson, Middle East director at HRW.
Together with her husband, Moussa al-Hashem, and three other defendants, Ghomgham faces charges that “do not resemble recognisable crimes”, HRW said.
They include participating in protests, chanting slogans hostile to the regime, attempting to inflame public opinion and filming protests and publishing on social media.
Saudi Shia citizens face systematic discrimination in the majority-Sunni nation, including obstacles to seeking work and education, and restrictions on religious practice. Ghomgahm had joined and documented mass protests for Shia rights that began in 2011 as the Arab spring swept across the region.**


Efectivamente, es "monstruoso". Es el régimen que ha roto relaciones diplomáticas y se ha llevado a todos sus ciudadanos de Canadá por pedir la libertad de los activistas. Estudiantes, empresas, enfermos en hospitales..., todos han sido conminados a abandonar un país que les parece que se entromete en sus "asuntos internos". Pero el respeto de los derechos humanos no es un asunto interno en el que excusarse. Es la doctrina de Egipto, el primero en apoyar a Arabia Saudí y su principal valedor.
Las contradicciones del mundo islámico son profundas y las pagan sus víctimas, como el argelino homosexual o aquellos que mueren a manos de los que buscan el camino rápido hacia el paraíso. Podrían hacer las mismas promesas a los que se esfuerzan en hacer que sus países progresen, haya menos pobreza y analfabetismo. Pero es más fácil ganarse el paraíso matando que trabajando por todos.


* "Islamic State chief, in rare speech, urges followers to fight on" Egypt Independent 23/08/2018 https://www.egyptindependent.com/islamic-state-chief-in-rare-speech-urges-followers-to-fight-on/
** "Saudi Arabia seeks death penalty against female human rights activist" The Guardian 22/08/2018 https://www.theguardian.com/world/2018/aug/22/saudi-arabia-seeks-its-first-death-penalty-against-a-female-human-rights-activist