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jueves, 4 de septiembre de 2025

De qué hablan los dictadores

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los regímenes autoritarios no solo aumentan en el mundo, sino que se agrupan y celebran sus propias cumbres. En parte, es el efecto extraño de que el bloque democrático tenga a su frente a Donald Trump, que está convirtiendo a Estados Unidos en una extraña "democracia" con la que es difícil estar de acuerdo dadas las manifestaciones y acciones que allí se producen.

La reunión en China de dictadores se ha tomado con gran preocupación por resto del mundo. Los analistas lo ven como una forma de oposición al mundo guiado desde Washington, una manera de fortalecerse, respaldarse y hacer negocios lejos del control desde la Casa Blanca.

De esta forma, el encuentro entre China, Rusia y Corea del Norte, con el añadido de algunos otros aliados, ha suscitado críticas y advertencias del peligro que supone esta alianza.

Pero el encuentro ha dejado dos detalles que han movido de la ironía a la especulación. El primero de ellos se trata de una conversación entre los presidentes ruso y chino. En RTVE.es nos la cuentan así: 

La visita del presidente ruso, Vladímir Putin, a China ha dejado una insólita conversación captada por un micrófono abierto. El mandatario ruso y su homólogo chino, Xi Jinping, han discutido sobre la posibilidad de que los seres humanos vivan hasta 150 años o incluso alcancen la inmortalidad.

El diálogo informal entre ambos líderes se ha producido cuando se dirigían a la tribuna del desfile militar en la plaza de Tiananmen para conmemorar el 80º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial. Según la traducción difundida por Bloomberg, Xi ha comentado cómo, en el pasado, "rara vez se llegaba a los 70 años, pero hoy se dice que a los 70 se sigue siendo un niño".

Putin ha respondido que "gracias al desarrollo de la biotecnología, los órganos humanos pueden trasplantarse constantemente y las personas pueden sentirse cada vez más jóvenes e incluso alcanzar la inmortalidad". El líder chino ha replicado que las proyecciones científicas apuntan a que este siglo podría abrir la puerta a vidas de hasta 150 años.

En una rueda de prensa posterior, Putin ha confirmado la conversación y ha recordado que el difunto ex primer ministro italiano y aliado suyo, Silvio Berlusconi, "desarrolló activamente" el tema de la longevidad. *

El silencio puede ser muy violento cuando no se sabe de qué hablar, especialmente si se trata de mostrar sintonía, como era el caso. El hecho de que los autócratas especulen sobre la prolongación de la vida ha sido tomado como un tema que, interesando a ambos, tiene relación con su deseo de perpetuarse en el poder. Lo "enterados" que estaban ambos y la propia elección del tema de conversación ha sido tomado como parte de ese interés. El tiempo no perdona y pasa por los dictadores igual que para el resto.

La solución imperfecta la encontramos en el caso del dictador coreano y su acercamiento a la fórmula de la dictadura hereditaria. Como si fuera una monarquía, los dictadores norcoreanos se suceden en la familia consiguiendo así que todo quede en casa y que el ADN perdure. El actual dictador sucedió a su padre y veremos qué ocurre en el futuro.

En países que como Rusia y China tienen una tradición autoritaria "imperial", la sucesión puede verse como inviable por falta de aceptación. La idea de "partido" es superior a la de "familia". Lo de Corea del Norte sigue siendo atípico. Por eso no es de extrañar que se converse sobre fórmulas biológicas para extender la vida y, con ella, el poder dictatorial. Se prescinde, obviamente, de lo que los que están sujetos al autoritarismo puedan pensar de que sus "líderes" sean eternos.

La mención a Berlusconi lleva el problema de la duración más allá del autoritarismo, pero también es una muestra de cómo el tiempo, es decir, la duración de la vida y el poder, preocupa a un tipo de líderes que se siente que el poder está por encima de la muerte. Los avances en la ciencia de la biología, esos trasplantes infinitos, parecen alentar a buscar soluciones prácticas para seguir en el poder.

La otra cuestión que se ha suscitado tiene también que ver con la ciencia, aunque de una forma distinta. En 20minutos podemos leer: 

La imagen ha llamado la atención de muchos usuarios: un guardaespaldas del dictador norcoreano Kim Jong-un limpiando compulsivamente la butaca en la que su líder permaneció sentado durante la reunión con el presidente de Rusia, Vladímir Putin, en Pekín.

La acción está lejos de responder a un ataque de higiene por parte del trabajador, sino, más bien, está motivada por instrucciones claras de que no quede rastro alguno del ADN del dictador para que nadie pueda utilizarlo con ningún tipo de fin. **


Si Putin y Xi está preocupados por la prolongación de la vida, Kim Jong-un lo está por su duplicación, lo que es bastante revelador. Creo que ese genérico "ningún tipo de fin" que se usa en el texto, tiene varias posibilidades, entre ellas la clonación. La posibilidad de que se acceda al ADN con fines de clonación encaja con esa forma de entender la dictadura como sucesión vinculada a la familia.

Borrar cualquier rastro de ADN es evitar que otros posean la información genética y también el uso que se pueda hacer de él, entre los que se encuentra el clonar.

Que los dictadores hablen de trasplantes infinitos, de técnicas de prolongación de la vida doblando su duración, que muestren miedo a que alguien se pueda hacer con su ADN es revelador de cómo piensan o lo que temen.

Cuando se tiene todo el poder, solo se nos escapa la muerte, ser mortales. Esta vez el pacto fáustico es con la Ciencia. 


* "Putin y Xi discuten sobre los límites de la edad humana y la posibilidad de que las personas vivan hasta los 150 años" RTVE / Agencias 3/09/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250903/putin-xi-discuten-limites-edad-humana-posibilidad-personas-vivan-hasta-150-anos/16716202.shtml

** "El momento en el que un guardaespaldas de Kim Jong-un elimina su ADN de la butaca de la sala en la que se reunió con Putin" 20minutos 3/09/2025 https://www.20minutos.es/internacional/momento-guardaespaldas-kim-jong-elimina-adn-butaca-sala-reunio-putin_6241506_0.html

viernes, 27 de diciembre de 2024

La IA y los muertos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los usos de la IA no paran. Lo hacen muchas veces aprovechando los huecos del mercado, es decir, los nuestros, nuestras debilidades que es por donde pueden entrar más fácilmente. No dudo que haya aplicaciones productivas, positivas incluso "inteligentes", pero a la gente le importa el progreso en tanto en cuanto progresan ciertas cosas que tienen que ver con el "yo". En 20minutos, firmado por Mario Bordonaba, encontramos el titular "Otra empresa se suma a la última moda en IA: crear simulaciones interactivas de personas cuando fallecen"* en el que encontramos nuevas aplicaciones a las ya comentadas en su día. 

El tener una conversación con una persona fallecida, preguntarle por su infancia, su primer trabajo, emociones… es el objetivo y la visión que tiene la empresa Life´s Echo, pero con un ‘toque’ diferente, como HereAfter AI, ya que ofrece un conjunto de herramientas de IA para producir un fantasma virtual de ti mismo y que hable con tus seres queridos después de tu muerte.

Según explican desde Techradar, esto consiste en dejar como un ‘yo’ virtual para que todo lo vivido prevalezca en el momento que dejes este mundo y que tus amigos y familiares puedan interactuar con una versión ‘viva’ de ti, por decirlo de alguna manera, pero en formato digital. El funcionamiento para crear tu imagen virtual con toda tu información vivida es bastante curioso y consiste en varias entrevistas para obtener tu información.

En concreto, una entrevistadora llamada Sarah (de IA, claro) te hace cinco entrevistas de 45 minutos en la que toca prácticamente todos los aspectos de tu vida. De hecho, la compañía dice que puede realizar más de 1.000 preguntas, pero que no es una entrevista al uso, sino que es más como una charla. Al acabar las mismas realiza una transcripción de las conversaciones y la inteligencia artificial crea un modelo único de ti mimo que refleja tus historias, personalidad, tu voz... En fin, tú en forma virtual.* 

De prosperar la moda pronto habrá que distinguir un censo de "vivos", "muertos" y los "virtualizados" para uso de los primeros. El enfoque aquí varía, pues es el muerto el que se deja en herencia virtual a sí mismo.

Partimos de un principio, claro, que no se había planteado: el interés de los vivos en charlar con los muertos. Dada su imposibilidad (la charla con los muertos no había dado resultados rigurosos hasta el momento), no existe mucha experiencia acumulada al respecto, datos que garanticen que tenemos mucho interés en los que se han ido y podría haber muchas sorpresas. Puede que no haya mucho interés y que los vivos, antes de irse, tengan que sembrar la curiosidad para ser contactados tras el fallecimiento.

"Esto no os lo cuento ahora" o "Para saber el final, acércate a mi tumba", por poner dos ejemplos, no vaya a ser que te gastes un dineral en futuro post mortem y luego no vaya nadie a charlar con el superviviente virtual.

Para quitarle un poco de morbo no se dice "hablar con los muertos", sino "interactuar", que es mucho más moderno y se escapa a las tradiciones oscuras sobre esta cuestión. Esa imagen que hemos visto en películas antiguas en las que los familiares y amigos acuden a la vidente de turno, hace tiempo que no las vemos en los filmes, señal de que ya no tenemos mucho interés. Si se consiguiera que la IA nos llamara por teléfono, a lo mejor habría más aceptación, porque estamos el día entero pegados a él. "—¿Pero tú no estabas muerto?— es un buen comienzo de conversación, pero, una vez superada la sorpresa, se pasa el interés: "—¡Otra vez el pesado de mi abuelo muerto! ¡No se lo cojo!"

No sé si algunos dan para 1.000 preguntas; tampoco si las respuestas serán sinceras y el "yo" resultante será creíble, un factor importante. Si cuando te encuentras con el difunto virtual resulta que este es irreconocible, puede pasar como esas "memorias" que algunos escriben hacia el final de sus vidas y que los historiadores y biógrafos se dedican a desmontar. Una cosa es lo que somos, otra la que nos gustaría ser y luego están las múltiples de los que han  tratado con nosotros.

La Naturaleza es sabia y si los muertos están callados será por algo. Pero el ego es demasiado grande para cualquier tumba, hornacina o mar por el que se desperdiguen las cenizas. 

 

* Mario Bordonaba "Otra empresa se suma a la última moda en IA: crear simulaciones interactivas de personas cuando fallecen" 20minutos 27/12/2024 https://www.20minutos.es/tecnologia/inteligencia-artificial/empresa-se-suma-ultima-moda-ia-crear-simulaciones-interactivas-personas-fallecen-5665852/

domingo, 9 de junio de 2024

La IA y el falso diálogo con los muertos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El desarrollo de la Inteligencia Artificial debería ir acompañado de algo llamado "Sentido Común Artificial", pero me temo que no hemos llegado a esos niveles de complejidad. La inteligencia (sea esto lo que sea) no lo es todo. Es más, puede complicarse si la elevamos a una categoría que prescinda de ese sentido común que conlleva el elemento maduro. Por otro lado, las oportunidades de desarrollo en campos de rápidos beneficios también alejan ese equilibrio deseable, pero ¿a quién le importa eso?

Los nuevos campos se desarrollan a enorme velocidades, lo que impide el control y el poder pensar en los efectos que puede tener en ellos. Se nos vende optimismo para descubrir después que muchas de esas aplicaciones generan efectos perversos o contraproducentes, pero ¿quién va a parar un mundo en el que se busca ante todo el beneficio, dar primero y ganar con ello?

En Independent en español se nos avisa de un nuevo campo sensible y de cuyos efectos ya algunos avisan. Me refiero a la construcción de sustitutos "inteligentes" de las personas fallecidas, algo que se supone ayudaría a pasar los duelos de una forma más llevadera.

Se nos cuenta inicialmente la historia de Michael Bommer, un enfermo terminal de cáncer de colon, que ha decidido entrenar un sistema de inteligencia con su propia voz y conocimientos. Armado de una táblet y un micrófono, Bommer trata de registrar todo aquello que sirva para montar su versión con IA. La finalidad es que su esposa pueda dialogar con "él" de forma creíble tras su muerte:

Ella le dijo que una de las cosas que más extrañaría sería poder hacerle preguntas cuando quisiera, porque es muy culto y siempre comparte su sabiduría, recordó Bommer durante una entrevista reciente con The Associated Press en su casa en un suburbio arbolado de Berlín.

Esa conversación le dio a Bommer una idea: recrear su voz usando inteligencia artificial para que perdurara después de su muerte. 

El emprendedor de 61 años se asoció con su amigo en Estados Unidos, Robert LoCascio, director general de Eternos: una plataforma de legado generada por IA. En dos meses, construyeron “una versión interactiva y completa de IA” de Bommer, el primer cliente de este tipo para la empresa. 

Eternos, que obtuvo su nombre de la palabra italiana y latina para “eterno”, afirma que su tecnología permitirá a la familia de Bommer “interactuar con sus experiencias de vida y puntos de vista”. Se encuentra entre varias empresas que han surgido en los últimos años en lo que se ha convertido en un espacio en crecimiento para la tecnología de IA relacionada con el duelo.*


¿Es una forma de hacer un duelo más llevadero o de generar una "adicción" que se extienda en el tiempo? ¿Es "bueno" estar preguntando al "difunto" sobre qué hacer en la vida? He entrecomillado los dos términos —bueno y difunto— porque estos se vuelven relativos, inestables. Para una persona insegura, el poder consultar a su marido en lo que le queda de vida puede ser "bueno" desde su punto de vista, pero ¿no puede ser considerado negativo desde muchos otros? ¿A quién le toca decidirlo? El hecho de que fuera Bommer el que decidió dejar una versión de asesoramiento de sí mismo, ¿no nos dice algo? Pero es solo un caso.

En el artículo se nos habla además de una serie de proyectos en marcha sobre estas cuestiones relacionadas con el duelo:

Una de las startups más conocidas en este área, StoryFile con sede en California, permite a las personas interactuar con videos pregrabados y utiliza sus algoritmos para detectar las respuestas más relevantes a las preguntas formuladas por los usuarios. Otra empresa, llamada HereAfter AI, ofrece interacciones similares a través de un “Avatar de Historia de Vida” que los usuarios pueden crear respondiendo a preguntas o compartiendo sus propias historias personales.

También está “Project December”, un chatbot que pide a los usuarios que rellenen un cuestionario con datos clave sobre una persona y sus rasgos. Posteriormente se pagan 10 dólares para simular una conversación de texto con el personaje creado. Otra compañía, Seance AI, ofrece sesiones de espiritismo ficticias de forma gratuita. Características adicionales, como recreaciones de voz generadas por IA de sus seres queridos, están disponibles por una tarifa de 10 dólares.

Mientras que algunos han adoptado esta tecnología como una forma de lidiar con el duelo, otros se sienten incómodos con que las empresas utilicen inteligencia artificial para tratar de mantener interacciones con aquellos que han fallecido. Otros se preocupan de que podría hacer el proceso de duelo más difícil porque no hay un cierre.

Katarzyna Nowaczyk-Basinska, investigadora en el Centro para el Futuro de la Inteligencia de la Universidad de Cambridge, quien es coautora de un estudio sobre el tema, dijo que se sabe muy poco sobre las posibles consecuencias a corto y largo plazo de usar simulaciones digitales para los muertos a gran escala. Por ahora, sigue siendo “un vasto experimento tecno-cultural”.

“Lo que realmente distingue a esta era, y es incluso sin precedentes en la larga historia de la búsqueda de la humanidad por la inmortalidad, es que, por primera vez, los procesos de cuidado de los muertos y las prácticas de inmortalización están completamente integrados en el mercado capitalista”, dijo Nowaczyk-Basinska.*


Este último aspecto sobre su integración en el "mercado capitalista" es importante porque quiere decir varias cosas. La primera es que los difuntos ya no son lo que eran. Las sociedades se han construido en gran medida sobre nuestras relaciones con la muerte, sobre nuestras creencias sobre lo que ocurre tras ella y sobre nuestras relaciones-diálogo con los que se van. Suele ser una cultura basada en unas tradiciones que afectan a las festividades, aniversarios y lo que se hace en ellos, sobre cómo nos vestimos, qué comemos, etc.

Todo esto cambia si nuestro "diálogo" ya no es interior, basado en nuestros recuerdos de la persona fallecida, sino un "consulting" con una inteligencia artificial que capta sus conocimientos y formas de expresión. Del recuerdo activo, personal, pasamos a la escucha de la construcción inteligente, donde "inteligente" solo significa que responde a lo que se le pregunta, un absurdo peligroso. Por mucho que se la entrene, la IA no es el fallecido, sino un sucedáneo con la capacidad de generar "nuevas respuestas" que nunca existieron. Ya no tratamos con los difuntos, sino con algo distinto y novedoso. No hemos inventado la inmortalidad sino un nuevo tipo de "fantasmas".

Sorprende la ligereza con la que los medios hablan del fenómeno, del "hablar con los muertos", por ejemplo, induciendo a un error o a un autoengaño. Expresiones como la anterior, "resucitó" o "convirtió" a su familiar en un chatbot, por muchas comillas que les pongan, muestran la ligereza con la que nos manejamos en esto. Es un mal síntoma, muestran la inmadurez con la que se afronta la soledad tras la muerte y la muerte misma.


Si tenemos en cuenta los errores que se detectan en las actuales IA, la complicada forma de entender lo humano, lo cultural en su complejidad, la idea de un sustituto artificial de los muertos plantea serias dudas sobre su eficiencia y sobre el principio mismo.

La cultura de la muerte no es un juego. Afecta a nuestra forma de ver el mundo y a nuestra forma de construirlo y relacionarnos con él. La conversión en negocio va más allá de la venta de flores o de ropa de luto. Afecta a algo profundamente humano.

BBC

La mecanización de la muerte, la conversión del difunto en voz artificial tiene sus efectos. Si conversión en "producto" y su paso por las leyes del mercado hacen esperar duelos adictivos, en los que la IA se asegure de su pervivencia a nuestro lado. En un mundo cuyo mal es la soledad, la presencia de las voces de los muertos —de su imagen clonada— es una tentación poderosa.

Los medios recogen casos del cierre abrupto de estos chatbots amigables, ya sean de difuntos, ex parejas o de todo aquello de lo que nos cuesta desprenderse. Quizá empecemos a padecer chantajes con una segunda muerte de nuestros seres queridos, la muerte en el mercado.

Los seres humanos somos "seres para la muerte", como señalaba el existencialismo. Tenemos toda la vida para enfrentarnos a ella. Las relaciones que establecemos nuestros fallecidos nos ayudan a entenderlo, un proceso personal de aprendizaje. Es algo que forma parte de nuestra personalidad. Interferir en ello, puede ser un buen negocio, pero no una buena idea.




* Kirsten Grieshaber, Haleluya Hadero "Los dolientes ya pueden hablar con una versión IA de los fallecidos. ¿Ayudará eso a superar el luto?" Independent en Español 5/06/2024 https://www.independentespanol.com/tecnologia/dolientes-version-ia-fallecidos-b2557426.html

miércoles, 14 de febrero de 2024

Ver o no ver, el mundo como espectáculo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Creo que se está dividiendo el mundo en dos grandes partes, los que lo viven como problema y los que lo ven como espectáculo. Los primeros ven el mundo como algo imperfecto que nos hace vivir entre inquietudes y alegrías, entre soluciones y fracasos, como una montaña por escalar que nos ofrece la posibilidad de cambio en alguna dirección. Los segundos, en cambio, parten de un aburrimiento profundo del que solo les saca algo especial, algo que les rompe la monotonía, el ritmo aburrido de la vida.

Cuando vi por primera vez el vídeo del ataque a los guardias civiles por parte de los narcotraficantes las imágenes captaron mi atención y apenas vi nada más intentando darles un sentido. Conforme las imágenes se fueron repitiendo, los demás sentidos se abrían y fui percibiendo el sonido, al que pronto di forma. Eran voces jaleando la acción criminal. Pensé que eran figuraciones, un mal entendido, una falsa apreciación. Pero, con cada escucha, las voces se hacían más claras, su júbilo ante la acción criminal se convertía en obvio y no podía dejar de ser escuchado.

Esto se ha convertido en un anexo al asesinato, un coro que jalea al delincuente. En RTVE.es se nos explica reduciéndolo a la frialdad de la jerga jurídica:

La Fiscalía de Andalucía ha abierto un expediente para investigar los gritos de apoyo a los narcotraficantes de Barbate que el pasado viernes asesinaron a dos guardias civiles mientras una narcolancha embestía a otra de la Benemérita.

En un comunicado, la Fiscalía explica que el expediente gubernativo se inicia por considerar que concurren motivos que lo aconsejan y justifican, tras el informe presentado por la Unidad de Policía Judicial Adscrita a la Fiscalía de la comunidad de Andalucía en el que se analizan frases, mensajes y expresiones que acompañan a los vídeos subidos a las redes sociales.

La fiscal superior señala en el escrito que el informe pone de manifiesto unos hechos ya narrados en los que aparecen expresiones “con apariencia delictiva que atentan contra el honor, la seguridad física, además de afectar a otros bienes jurídicos”.*


La jerga no logra hacer desaparecer los hechos en sí: el asesinato como espectáculo. El hecho mismo de las grabaciones pasa a ser cuestionado: ¿denuncia o espectáculo? ¿Qué horror o qué divertido?

Cada vez avanza más el sentido del espectáculo. En un mundo de teléfonos y pantallas, la vida se convierte en la aburrida espera a que algo "grabable y difundible" llegue a ella y te saque el del anonimato a base de millones de personas que marcan "likes" y lo difunden. ¿Ver o no ver?, es la nueva cuestión en la apática sociedad del espectáculo. Solo de estos estímulos se saca la energía vital de la que millones de personas extraerán la energía necesaria para salir del letargo. Es ese momento en el que la vida fluye porque lo que presencias sorprenderá a otros. Puede ser una caída de alguien, una monería de tu perro o el laborioso espectáculo de poner una imaginativa coreografía al éxito del momento. Son instantes que solo vales si, desde esa nueva perspectiva fáustica le pedimos al instante que se detenga y se almacene en la tarjeta de nuestro móvil para ser posteriormente compartida.

El deseo de ofrecer espectáculo, de mostrar a otros lo que no han visto, supone esos momentos en que el zombi social sale de su letargo. Mira y comparte; luego comenta: ¡qué guay! No suele haber muchas más palabras. Solo esa expresión que resume gran parte del pensamiento estético de esta sociedad del espectáculo redistribuible, del maná cutre que alimenta la ignorancia y nos permite vivir de vídeo en vídeo.

No hay mucho más. Los debates sobre los móviles, sobre sus efectos, etc. están sobre la mesa, pero no se cuestiona el fondo y, sobre todo, no se distingue qué es efecto y qué es causa. Necesitamos ver retratada esta parte de la humanidad, necesitamos que novelistas, escritores teatrales, directores de cine nos ofrezcan, como en anteriores generaciones, los retratos críticos de esta nuevas formas morales. Necesitamos un Gide (El inmoralista), un Moravia (El conformista 1951), grandes novelistas que ahonden en el nueva falta de moral o, si lo prefieren, esta extraña moral que exclama "¡qué guay!" ante una guerra, un asesinato o cualquier otro suceso trágico o que debería sacudir las conciencias. Lo necesitamos con urgencia. Es función del arte mostrarnos en ese espejo que no es necesariamente realista en la superficie, pero sí en el fondo. Necesitamos esas visiones que nos hagan enfrentarnos a nosotros mismos antes de que sea demasiado tarde y esta sociedad "Jeckyll & Hyde" pierda el sentido de su propia identidad confundiendo la realidad con unas fantasías navegables. 


* "La Fiscalía investigará los gritos de apoyo a los narcotraficantes de Barbate que asesinaron a dos guardias civiles" RTVE.es 13/02/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240213/fiscalia-andalucia-investigara-gritos-apoyo-a-narcotraficantes-barbate-asesinaron-a-dos-guardias-civiles/15968867.shtml

viernes, 28 de enero de 2022

La indiferencia o muerte de un fotógrafo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El mundo real nos es cada vez más indiferente. Nuestra necesidad de mirar focalizados en las pantallas nos oscurece el mundo, lo que nos rodea. La realidad parece no estimularnos demasiado, por eso muchos sacan sus teléfonos móviles para grabar lo que el marco de la pantalla aísla y traduce a un nuevo lenguaje. Lo que no está enmarcado carece de sentido y nos es indiferente.

Escucho lo ocurrido con el fotógrafo francés René Robert. En la web de RTVE el titular nos resume "El fotógrafo René Robert muere congelado tras permanecer nueve horas inconsciente en una calle de París" y una primera entrada nos da un dato más "La única persona que llamó a los servicios de emergencia fue un vagabundo". Un acontecimiento terrible que en Antena 3 llaman, siguiendo a la prensa francesa, "asesinato por indiferencia".

RTVE lo reseña así:

El fotógrafo René Robert ha muerto a los 84 años por una hipotermia en una concurrida calle de París. El martes 18 de enero el fotógrafo cayó por la tarde en medio de la calle y permaneció nueve horas inconsciente sin que nadie lo socorriera.

A la mañana siguiente, temprano, un vagabundo lo encontró en el suelo y llamó a los servicios de emergencia, pero Robert ya había fallecido."Permaneció solo, en el suelo, consciente, al menos durante las primeras cinco o seis horas en uno de los barrios más concurridos de París sin que nadie viera oportuno intervenir", ha criticado el periodista Michel Mompontet, amigo del fotógrafo.

Además, esta semana se retransmitió el homenaje que hizo Mompontet al fotógrafo en la televisión francesa. "Murió solo en una concurrida calle de la capital sin que nadie se detuviera a socorrerlo... Este trágico y repugnante final nos enseña sobre nosotros mismos", lamentó Mompontet en su red social. *



 Probablemente la palabra más dolorosa sea "concurrida" que nos deja un escenario terrible, presidido por la indiferencia. Robert murió solo, pero en una soledad marcada por la presencia de los que le ignoraban.

Trágico y repugnante son las dos dimensiones paralelas en una sociedad que se preocupa por el destino de vacas, cerdos, hámsteres, perros y gatos, sentimientos loables. Está de moda sufrir por todos menos por los seres humanos; es intenso el sentimiento de empatía por lo que está lejos de nosotros mientras podemos pasar por encima de enfermos, muertos y heridos con total indiferencia y hasta un poco de cínica elegancia. Sí, el caso nos enseña mucho sobre nosotros mismos. Han sido casi diez horas de enseñanza sobre la indiferencia que nos provoca el dolor ajeno.

Me viene a la mente el relato de mi padre, escandalizado cuando llegado, como corresponsal a la ciudad de Buenos Aires, nos contaba su estupefacción al ver una persona caída del autobús sin que nadie se molestara en atenderla. Eran mediados de los sesenta y todavía Madrid no acumulaba los defectos de las grandes ciudades.

¿Podemos imaginar lo que fueron esas cinco horas consciente que le calculan a René Robert? ¿Podemos sentir esa muerte, ese "asesinato por indiferencia", intentando ponernos en su lugar o es demasiado insoportable dentro de nuestro mundo hiperactivo e indiferente?


Hace muchas décadas que se detecto esta enfermedad, la indiferencia, de la que surgen muchas otras de forma directa y derivada. Sí, la indiferencia refleja un estado social en donde nos vemos como partes indiferenciadas del entorno. No somos, sino que formamos parte de un paisaje rutinario.

René Robert era un gran fotógrafo. Nos dicen que es el gran fotógrafo del arte del flamenco, el que puso en blanco y negro a los grandes artistas de un arte del que le atrajo su densidad emocional, su grito de dolor convertido en voz y movimiento. Él puso la imagen dramática y silenciosa del flamenco para emocionarnos. Podemos emocionarnos ante una foto pero no ante la agonía que esa foto puede haber retratado. Hemos perdido la respuesta ante la realidad, que nos es cada vez más indiferente.

Casi diez horas tendido en una calle parisina. Una muerte por abandono, por indiferencia, por un frío real y por una frialdad social, muerte por congelación.


Cada vez son mayores los síntomas de nuestra indiferencia. Lo vemos en la destrucción progresiva de las relaciones humanas, que quedan circunscritas cada vez más a círculos estrechos mientras que el resto se convierte en un infierno gélido de indiferencia o de agresión. Eso va de los entornos laborales a los educativos, a los deportivos, a las aceras de nuestras ciudades.

La queja de las personas mayores respecto a la atención bancaria automatizada no es solo por "no entender" cómo funcionan las máquinas, sino al rechazo a ser tratados por máquinas y como objetos. Es el rechazo al desprecio hacia lo humano y por la pérdida de humanidad cada vez más evidente en nuestro trato diario.

La muerte por indiferencia durante diez horas de René Robert es algo más que una terrible muerte; es un aviso, una advertencia que nuestra indiferencia olvidará mañana conmovidos por alguna nueva desgracia. Esta saturación mediática hace que solo sintamos frente a una pantalla, pero que la realidad no resulte lo suficientemente empática. Vivimos a través de sacudidas artificiales mediante las que comprobamos nuestra existencia anodina.

Solo le pido a Dios

Que el dolor no me sea indiferente

Que la reseca muerte no me encuentre

Vacía y sola sin haber hecho lo suficiente.

La vieja canción de Mercedes Sosa resuena como un eco lejano. Descanse en paz el fotógrafo René Robert, quien nos enseñó a mirar el dolor a través de su lente, pero al que nadie quiso ver, hasta que un vagabundo se acercó a él.

Los muertos eran ellos, los que circularon a su alrededor durante sus horas de agonía.

Necesitamos aprender de nuevo a ver, a ver el mundo con sentido; necesitamos salir de las conchas de teléfonos y pantallas y mirar el mundo que vive y sufre, que muere bajo nuestra indiferencia, con nuestros propios ojos.

Una imagen me ronda y no me deja tranquilo. La posibilidad de que algunos hayan fotografiado a René Robert con sus teléfonos y seguido su marcha. 


"El fotógrafo René Robert muere congelado tras permanecer nueve horas inconsciente en una calle de París" RTVE.es 27/01/2021 https://www.rtve.es/noticias/20220127/rene-robert-muere-congelado-horas-inconsciente-calle-paris/2272381.shtml

domingo, 5 de septiembre de 2021

La indiferencia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



En RTVE nos dicen que nos estamos insensibilizando ante las muertes por la pandemia del Coronavirus. Se reduce el número de contagios y también caen las cifras de la incidencia acumulada, pero no decae la de muertos. Les preguntan a expertos, sociólogos y personas especializadas en las emociones. Dicen que a lo mejor los medios no nos han dado muchas imágenes del duelo. Según esto, necesitamos estar más cerca y más intensamente para resolver nuestro problema de anestesia social.

Está bien que alguien se preocupe por los muertos y las muertes, que son casos reales, con nombres y apellidos, con historias detrás y dolor repartido entre los que quedan, los que les sobreviven.

Por un lado, hay una especie de discurso triunfalista que nos indica cada día cómo se reducen las cifras, pero las que no se reducen se barren debajo de la alfombra. Pronto nos serán tan indiferentes, como los accidentes de los fines de semana, un datos que se repite porque hay "fines de semana" y no se pueden evitar. Mediante una operación retórica, el muerto se sustituye por el amasijo en que quedan convertidos los coches. El resto lo debe poner nuestra imaginación hasta que, falta de ideas o saturada, deja de hacerlo.

Pero las muertes del COVID son distintas en muchos sentidos. Los accidentes de fin de semana suelen ser jóvenes que pagan así excesos de eso que seguimos llamando "ocio", en sus diversas variantes, regladas y no regladas. No deja de ser interesante, por no decir otra cosa, la rivalidad establecida entre el ocio informal y formal, donde este último argumenta en dos líneas, la primera es la del agravio comparativo (ellos están cerrados, mientras los botellones no se limitan o se hace menos; las disoluciones, nos dicen, son sobre las 2 de la mañana); la segunda línea, por el contrario, es la paternalista: ellos van a cuidar mejor que se cumplan las reglas, cosa que los botellones, desestructurados, no hacen. Estas formas de discusión dicen mucho de nuestra forma de vida, de vivirla y de entenderla, de valorarla.



Creo que he mencionado en alguna ocasión el término "nihilismo" para referirme a una forma de vida, a una enfermedad moral que nos acecha periódicamente. Es una suerte de indiferencia ante la muerte porque se es también indiferente ante la vida. Toda esta vaciedad rentabilizada que discurre frente a nosotros es el resultado de sustituir la vida interior por la exterior, el pensamiento por el ruido y la alegría de vivir por el jolgorio.

Esto se intensifica más cuando la muerte deja de ser existencial y se convierte es espectáculo, en cifras estadísticas, etc., que son las formas de reescribirlas para hacerlas asimilables o, si se prefiere, olvidables.

Vivimos en una sociedad quebrada, en la que una parte es consciente de las cosas y la otra, por el contrario, prefiere no serlo, dejarse llevar y no pensarla, quizá porque esta ya no tiene mucho que ofrecer.  Más que una ceguera es quizá una transformación, una reescritura que permite vivir al margen.

¿Quién puede desconocer los muertos que producen la pandemia o el tráfico? Pero sí es posible reescribir estos fenómenos y hacerlo mediante la combinación y control de diversas  reacciones emocionales. Me extrañó inicialmente que se consultara a un especialista en emociones en el reportaje de RTVE sobre cómo ignoramos a los muertos. Muchas sociedades han tenido que ocultar su dolor para poder seguir viviendo, pero esto es otra cosa, ya que es la esencia misma de los que es vivir lo que se ha modificado.

Es un mundo vacío en el que puedes arriesgar tu vida y la de los demás en una curva o contagiando a otros en una residencia o un hospital y bailando en un local o en un botellón a plena calle.



Las muertes son lo más destructivo de esta pandemia, sí, pero, desde el punto de visto moral, la destrucción mayor es precisamente el desprecio a la muerte del otro, al sufrimiento causado.

En este sentido, son significativas las declaraciones de los antivacunas que descubren que van a morir en un hospital después de haber arriesgado la vida de otros o contagiado a demás gente. ¿Cómo se puede vivir con una responsabilidad de este tipo? Intentan lavar su conciencia o son sus propios familiares los que lo intentan tratando de paliar el dolor y buscando algo de compasión. 

Recuerdo, el año pasado una conversación con una persona que, antes que se cerrara todo en marzo, decidió salir al extranjero a ver a su pareja que hacía varios meses que no veía. Cuando regresó, me dijo que tendría que vivir con la responsabilidad de haber contagiado, sin saberlo, a varias personas. Me acuerdo muchas veces del caso. Otros habrán contagiado a familiares o amigos, quizá con muertes de por medio.

Creo que se ha establecido un nuevo pacto social tácito entre este grupo de negacionistas del sentido: Yo te puedo contagiar y tú me puedes contagiar, pero no vamos a reprocharnos nada porque es preferible asumir el riesgo que dejar esta vida que llevamos. Solo eso significa ese control colectivo del miedo a través del agrupamiento.

Me sigue produciendo una enorme tristeza, un sentido de fracaso social, ver este mundo trivial que hemos hecho en el que muchos sacrifican su vida antes que dejar de ir a cualquier evento social, a cualquier fiesta intranscendente. Me resulta increíble que el maquillaje sea excusa para no ponerse una mascarilla o cualquier otra circunstancia similar. Sencillamente, no lo entiendo.

Sé que fenómenos de este tipo —esta forma de relativismo moral irresponsable— se han producido en determinados momentos de la historia. Son instantes de egoísmo en los que el mundo gira a mi alrededor, como un espectáculo percibido desde un tiovivo que gira cada vez a más velocidad. Solo soy consciente del giro y del desplazamiento del peso de mi cuerpo, que parece alejarse de mí.



¿Nos hemos acostumbrado a la muerte, a los muertos?, se preguntan los expertos en el reportaje. Puede que valoremos tan poco nuestras propias vidas, que las de los demás nos parezcan meros figurantes del mundo, figuras de relleno en nuestra película vital, puestos ahí para nuestra diversión.

Creo que esta pandemia está dividiendo el mundo en dos, más allá de las divisiones tradicionales y que se revelan insuficientes. Quizá ya todo estaba ahí, esa diferencia, pero había algo que nos la ocultaba. Ahora, en cambio, se nos muestra en toda su crueldad. Es la marca de la indiferencia.

Hay muchos tipos de indiferencia, no solo la de los festejos irresponsables. También está esa otra indiferencia que consiste en tratar de ganar dinero aprovechándose de la necesidad, algo que va de la luz a que se vayan a comprar mascarillas o test a Portugal, donde los precios son hasta diez veces menores, porque aquí alguien ha visto oportunidad de negocios en ello. Sí, se puede ser indiferente de muchas formas, algunas incluso con supuesto prestigio. 

Veo que son muchos los que han percibido esta indiferencia y lo han ido manifestando en este tiempo, un tiempo crucial, revelador de nuestros límites, de lo mejor y lo peor ante nuestros propios ojos. No hay nada más destructivo que la indiferencia; la sensación que produce no es tranquilidad, sino abandono de uno mismo y de los demás. Es un separarse en una aparente continuidad, creando una falsa comunidad de personas solas interesadas solo en impedir que se note.




jueves, 27 de junio de 2019

Los sueños mueren en las fronteras

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las ideas se pierden muchas veces ante el poder de las imágenes, de su capacidad de afectarnos por caminos que eluden la razón. Las emociones se viven. Estados Unidos está siendo sometido a la prueba de la imagen, la de tener que enfrentarse a las realidades que muestran.
Comenzaron enfrentándose a la realidad de las imágenes inmigrantes de los menores encerrados en jaulas, separados de sus familias. Las imágenes tienen extraños poderes de asociación en nuestras mentes; se conectan con otras imágenes, con aquellas que nos han impactado más emocionalmente y hacen revivir los eslabones de la nueva cadena enlazada. Así funcionamos emocionalmente. De ahí el poder de la imagen, es presente, muestra; pero también es recuerdo, por lo que se amplifica su poder.
La nueva imagen que sacude las conciencias norteamericanas y del mundo son las que nos muestran a un padre y a su hija, de poco más de un año, muertos, ahogados en su intento por llegar a la otra orilla, la que han soñado y a la que solo se llega para ser encarcelado o enterrado.
En la CNN, el debate se ha vuelto emocional. Para los intervinientes, las imágenes fotográficas y las grabadas por las cámaras de vídeo son una herida en la conciencia y en la Historia, la de los propios Estados Unidos y su auto percepción.
Frida Ghitis titula su artículo en la CNN, con una elocuente claridad, "Tragic father-daughter photo is a moral stain on Trump's America". En él escribe:

Angie Valeria had not celebrated her second birthday when she drowned on Sunday, grasping her father as they tried to reach the United States. The picture of tiny Valeria, face down, with her arm still around her dead father's neck, has become the heartbreaking symbol of the Trump administration's cruel -- and failing -- policies at the southern border. Valeria and her father, Oscar Alberto Ramirez, are more than a statistic because we have their picture. But they are not an anomaly.
The same day they died, seven other migrants -- including two babies and a toddler -- were found dead in Texas, unable to survive the brutal summer heat that is just starting.
In his disastrous effort to appear tough to his base as he seeks to regulate immigration, President Donald Trump is not only causing immense human suffering, he is also hurting and weakening the United States.
In effect, the President is unilaterally disarming the United States, surrendering one of the most effective weapons in its arsenal, one of its greatest sources of strength: soft power. Trump's poorly conceived efforts to reduce the number of people seeking asylum are steadily eroding America's moral authority, its moral standing.*


El argumento de Ghitis nos hemos referido aquí en ocasiones al hablar de la pérdida de liderazgo mundial de un país que habla de sí mismo como de "el líder del mundo libre", condición que implica una idea que ya no representa. Es el aspecto exterior, de la forma dura en que Trump quiere que se perciba, desde el temor y la obediencia o sumisión, a los Estados Unidos. Pero hay otro factor importante, el aspecto interno, la destrucción de esa auto percepción construida sobre los mitos fundacionales de los Estados Unidos, el "nuevo mundo".
Quizá no hayamos entendido lo que hay detrás de ese concepto de "nuevo mundo", lo que suponía de orgullosa pretensión de construir un espacio en el que se eliminaran las contradicciones del "viejo". A Estados Unidos están llegando, en forma de poderosas bofetadas de conciencia, las incongruencias entre lo que uno piensa de sí mismo y lo que es el dictamen del implacable espejo. La fotografía forma parte de esa realidad que el espejo nos muestra.
Un país que se ha construido orgullosamente sobre la idea de la diversidad humana como riqueza, como el lugar de la libertad, el mundo en el que los seres humanos son iguales, donde pueden luchar por su sueños, etc. se ve enfrentado a la confirmación de que ese "sueño americano" era sobre todo un sueño, un mito construido para establecer una identidad hija de las aspiraciones de la ilustración. De ahí la rotundidad de la frase de la articulista: "President Donald Trump is not only causing immense human suffering, he is also hurting and weakening the United States". El "America First!" es un canto al egoísmo de un país que tenía una imagen generosa de sí mismo.


El sufrimiento causado es grande, enorme, como reflejan los medios a través de la cobertura de esos viajes, auténticos calvarios. Al final no se encuentra el paraíso, la tierra de promisión, sino el muro. Eso no deja indiferente a los que creen estar viviendo en un país diferente a todos los demás, una nueva tierra, dada por Dios a los peregrinos que llegaron huyendo de un mundo moralmente reprobable, lleno de desigualdades e injusticias.
Ahora los medios le devuelven una imagen negativa de deshumanización violencia y egoísmo, fruto de las acciones de un presidente, de alguien elegido por el pueblo. De esta forma, la debilidad de los mitos se revela ante todos los que tienen una conciencia despierta a los gritos.
Escribe Frida Ghitis:

The deaths are the predictable result of a policy unfolding on both sides of the border, one of cruelty, mistreatment, and disregard for the suffering of human beings -- people that President Donald Trump has sought to dehumanize for years, describing them as "criminals," "rapists," and "animals" who "infest our country."*


La deshumanización del que llega buscando refugio para sobrevivir huyendo de la violencia o buscando una esperanza de futuro es un proceso en el que Trump (y otros) se han recreado. Es un proceso mediante el cual se busca un rechazo social, describiendo en términos negativos a aquellos a los que se quiere estigmatizar. De esta forma se justifica lo injustificable. ¿Cuántas veces ha usado Donald Trump el término "amenaza nacional"? Lo ha hecho para justificar toda y cada una de sus acciones. Cuando algo se le ha negado, es el recurso habitual. Y hay quien quiere creerlo así.
Lo que está haciendo —lo hemos dicho otras veces— tardará décadas en repararse si no va a más. No lo ha sacado de la nada. El sentimiento existe; una parte de los Estados Unidos no ha dejado de ser racista, porque estas cosas no desaparecen por ganar o perder una guerra. Simplemente se expresan en público o no.


La pérdida de humanidad no es exclusiva de Estados Unidos, por supuesto. Es comprensible que los países tengan reglas de inmigración, pero la vida de las personas es un bien por encima de la nacionalidad. Igualmente la dignidad humana es general e independiente de cualquier color, religión o creencia. Pero las doctrinas que elevan la excepción a nacionalidad, religión, identidad sexual o cualquier otra circunstancia, confiriendo valor exclusivo a unos en detrimento del resto, está aumentando su presencia y poder en el mundo.
En esto Trump lleva "ventaja" por su falta de pudor, por decirlo así. La indecencia de Trump —el motivo de la brecha moral que se está produciendo— es su descaro al manifestar esta excepcionalidad de lo que él define como "América" frente a los "pozos de mierda", por usar su expresión al referirse a otros países. Quitando la dignidad a los demás, es Trump el indigno y arrastra a los Estados Unidos tras él. Esto es lo que duele a muchos norteamericanos que no comparten ni sus ideas ni sus formas. Al menos tienen la libertad de decírselo a la cara, de escribirlo, de contarlo.
La prensa norteamericana se hace eco de la negativa de la jugadora norteamericana de la selección nacional de Futbol, la cocapitana Megan Rapinoe, a pisar la Casa Blanca. Lo ha recogido la prensa y hasta el propio Trump que ha mandado uno de sus habituales tuits sobre esto.


El rechazo de Rapinoe a pisar la "f....!" Casa Blanca es un elemento más de esa nueva revolución frente a Trump, ese intento de recuperar la autoestima norteamericana frente a los que intentan imponer algo que nunca se abandonó, que ha estado latente y ahora se manifiesta. Esa tensión forma parte de la vida cultural norteamericana y se plasma en escritos de muchos intelectuales, de ensayistas a políticos, de novelistas a guionistas o directores de cine. Es la tensión entre la ficción y la realidad, entre el discurso con el que tapamos la realidad o el que la destapa. Por eso Ghitis advierte: «Trump's border policies are destroying lives, as the haunting photo shows, but they are also causing grievous harm to America. Even after he leaves office, it will take decades to repair the country's devastated image.»* No es fácil ocultarlo y pasará a formar parte de la cadena de recuerdos, de incumplimientos y de inhumanidades.


Aunque Trump sea el más visible, no debemos dejarnos seducir por nuestros propios discursos. La realidad está ahí en forma de muertes absurdas en la frontera mexicana o en las aguas del Mediterráneo. Hay que hacer serias reflexiones sobre lo que decimos ser y lo que somos. Hay que hacer converger los ideales con la realidad a riesgo de vivir en una perversa fantasía narcisista. No se puede vivir siempre mirando hacia otro lado. Cada muerte es una tragedia y un fracaso.


* "Tragic father-daughter photo is a moral stain on Trump's America" CNN 27/06/2019 https://edition.cnn.com/2019/06/26/opinions/migrant-father-daughter-photo-immigration-ghitis/index.html