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miércoles, 11 de septiembre de 2024

Venezuela y el lío español

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La capacidad española de liarlo todo comienza a ser legendaria. No hay nada que toquemos que no liemos, incluso en casos don ya está lío (¡y mayúsculo!), como ocurre en Venezuela.

Es cierto, que la crisis, por llamarla de alguna manera, venezolana ya tiene su propio lío con una impresentable Maduro y las instituciones fantasma que ha creado a su alrededor para mantenerse en el poder y transmitirlo al siguiente como si fuera un juego de "Tula". De esta forma, el chavismo empeora y se convierte cada vez más en una caricatura de sí mismo, como ha ocurrido con el anuncio del "adelanto oficial" de las Navidades por el presidente, ante el alborozado aplauso de sus sicarios. Lo pagan, claro está, todos los venezolanos, los que quedan y los millones que han tenido que salir al exterior ante la clara pérdida del sentido de la realidad que el régimen, a través de su mandatario, provoca.

Pero ahora Maduro, especializado —como Trump— en la insinuación a fuerza de tener que salvar con la palabra lo que no puede salvar con los hechos, la lía a distancia en España.

Por simplificar: se trata de establecer que el líder opositor y presidente electo pero no reconocido por el régimen, Edmundo González, ha salido de Venezuela gracias a un "acuerdo" entre España y Venezuela, vamos, que ha salido porque Maduro, amable, le ha abierto la puerta.

Desde el punto de vista extra gubernamental, González se ha ido: desde el punto de vista del oficialismo, le han dejado salir.

Para hacer creíble su versión, Maduro habla con todo el descaro del mundo, de que "¡si él hablara!...", pero no lo hace porque son "secretos de Estado". Las parecerá infantil porque lo es... pero le funciona.

No sé hasta qué punto los venezolanos de dentro y fuera se fían de lo que dicen Maduro y sus secuaces. Lo que es evidente es que el caso, más allá de la credibilidad del régimen, no solo divide al mundo en sus posibilidades (reconocer, no reconocer, exigir, condenar, etc.), sino que fracciona —más todavía— al muy débil y voluntarioso Reino de España.

Lo nuestro, ya no tiene nombre.

No contentos con el "lío Milei / argentino", en el que unos insultan o son insultados y otros dan las "llaves", nombran "hijo predilecto" o cualquier otra ocurrencia, ahora vamos a liarla y dividirnos con Venezuela.

La política española un museo de malos ejemplos, de lo que no debe ser un país que se tenga que mirar al espejo. Da igual que se renueven líderes. Pasados una horas, los que eran moderados, dialogantes, se convierten en áspides dispuestos a morder allí donde más daño hagan, cuellos, pechos o muñecas.

De verdad: insufrible.

Decían hace unos días en el informe sobre el aumento de los delitos de odio que la "polarización" era una de sus causas, ¡Pero quién no está polarizado en este país cuando se ha hecho de ello el eje de la política! ¿Hay alguien que "razone" sobre algo?

¡O te radicalizan o te aburren! Los estudiosos (los de verdad) saben que es una exigencia comunicativa producida por los propios medios, que necesitan un grado de crecimiento radical para ser visibles en el espacio político. ¡Al que no chilla, no se le ve!, sería la regla. No hace falta que se le entienda, basta con que haga girar las cabezas, desviar la mirada del otro. Y hace falta retenerla, claro.

El Diario

En la respuesta a la crisis venezolana, el gobierno ha tenido que sobreponerse al "historial Zapatero", los lazos del expresidente con el régimen de Maduro. 

Hace mucho tiempo que las dictaduras buscan apoyos financiando proyectos, candidaturas, etc., para garantizarse apoyos cuando les sean necesarios. Eso lo hace Rusia, lo hace Irán y lo ha hecho de continuo el régimen venezolano. No digo que otros no lo hagan, pero sí que las dictaduras lo hacen como una estrategia de apoyo o de creación de inestabilidad.

El protagonismo de Pedro Sánchez en el exterior para compensar sus debilidades internas o nacionales le hace abrir causas y alienta los ataques de la oposición, sea esta la que sea, e incluso de sus propios socios circunstanciales, que no quieren dejarse arrastra,

De esta forma, una vez más, somos incapaces de mantener la unidad necesaria en cuestiones internacionales, en las que la postura española debería ser, eso, "española" y no tanto de partido o de líder o facción.

Lo importante es Venezuela, que se haga lo mejor para deshacerse de un régimen tragicómico, ridículo en muchas ocasiones, brutal siempre. Todo lo que sea división resta eficacia. El deslinde del régimen de Maduro debe ser claro, clarísimo, y evitar que esta se pueda sentir respaldado o fuerte con cualquier de sus actos o insinuaciones. El gobierno y la oposición (con los socios de unos y otros) deberían mandar al régimen de Nicolás Maduro el mensaje claro de que el fraude electoral no es la vía se subsistencia, que la mayoría de los venezolanos no les quieren al frente, que se deben apartar y retirarse, Como es poco probable que el régimen haga esto, es esencial unidad y firmeza en el exterior, algo que evite la creencia en que el mundo permanecerá indiferente ante el destino robado al pueblo venezolano.

Nuestro apoyo a los venezolanos que aspiran a ser libres, responsables de sus vidas y de unas navidades cuando toca y no cuando lo dice Maduro. Ayer se manifestaron en Madrid, en su centro, con el apoyo de muchos españoles que no hacen cálculos políticos sino del sufrimiento, del exilio. Con ellos estamos, sin más colores que los de Venezuela.

El debate

martes, 28 de septiembre de 2021

La fragmentación alemana

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Los resultados de las elecciones alemanas muestran una tendencia que parece darse en otros lugares, como en España sin ir más lejos. Me refiero a la fragmentación que evita dar mayorías y, por el contrario, hace ganar peso a los más pequeños, que se vuelven exigentes al tener que contar con sus votos.

Por un lado, algunos defienden que la fragmentación del electorado es una muestra de "salud" democrática y de una mayor representatividad, al hacer que se creen en cada convocatoria nuevos grupos y partidos, coaliciones de micro partidos que se ponen un nombre ingenioso y se lanzan a la arena política a disputar a los grandes los votos anteriores.

El efecto sobre la política española lo tenemos ya más que experimentado: pequeños grupos consiguen un gran poder al ser necesarios su votos para formar parte de los gobiernos o para sacar adelante los presupuestos generales. Partidos con un par de diputados consiguen un poder enorme si ese par de votos consiguen que saquen adelante los proyectos. No es mi idea de la mejor "representatividad" política: pocos votos, mucho poder. Tampoco es el estado ideal de la democracia.

Por mucho que se quiera explicar, la realidad es una y simple: mi valor es exactamente el de tu necesidad. Es un sistema de presión que deja entrar en el poder o en las grandes decisiones a grupos minoritarios o incluso de historial democrático más que cuestionable entre algunas otras posibilidades.



Los fallos de los grandes grupos han consolidado a los pequeños, que carecen de historia y, por ello, de una fachada que les represente. Estos micro grupos se pueden deshacen y refundar en cuanto no les salen las cosas como tenían previstas. Y ¿cuál es esa previsión? Sencillo: el desmoronamiento de los grandes, desgastados por el mero ejercicio del poder, por un lado, y por la labor brutal de desgaste en que se ha convertido el día a día de la política, una lucha sin cuartel que ya no se centra en los periodos electorales, sino que usa toda la legislatura como campaña.

En RTVE.es se recogen las primeras valoraciones de los resultados alemanes señalando la fragmentación política:

 

El semanario Der Spiegel constata que "el resultado electoral pone patas arriba las relaciones de poder en Berlín". "La era de los partidos populares ha terminado", considera el periódico, y titula: "La nueva normalidad de Alemania".

El embajador de España en Berlín, Ricardo Martínez Vázquez, destaca que la diversidad política y las dificultades que conlleva para formar gobierno se han instalado definitivamente en la locomotora de Europa. "Alemania ha entrado en el mundo líquido. Vamos a tardar en tener una Alemania sólida", ha afirmado en RNE.

El embajador cree que la etapa que se abre tras los comicios es delicada porque "va a depender de las ofertas que se encuentren los dos partidos débiles [Verdes y liberales], los que tienen la llave".

 


La gran cuestión, desde luego, es cómo va afectar a Europa unas posibles coaliciones en las que sean los pequeños los que realmente decidan. Gracias al compromiso de no recurrir a la ultraderecha y demás grupos radicales, eso hace que los pequeños, liberales y verdes esencialmente, no parezcan tener unas pretensiones excesivas para participar en cada detalle.

No es esto lo que ocurre en España, donde cada vez que un ministro de un sector dice algo, los del otro grupo le desdicen y viceversa. Una Alemania a la española sería una enorme desgracia para Europa, como lo está siendo para España esta especie de control desde la sombra de los grupos minoritarios que ponen sus condiciones, a veces con descaro. Aquí sí que hay radicalismo, lo que convierte a la política en un movimiento en contra de las mayorías, ya que estas nunca sacarán suficientes votos como para decidir políticas claras. Eso hace que se desvirtúe el voto e, incluso, el hecho mismo de votar, ya que aquellos que plantean sus programas saben que no los podrán llevar a cabo por la oposición de las minorías dominantes.

Podemos elaborar muchas teorías bonitas sobre el "contrapeso", el "equilibrio", etc. pero estas funcionan mejor cuando son los grupos más radicales los que se ven equilibrados por fuerzas más moderadas. Pero si es lo contrario lo que ocurre, que una fuerza moderada tenga que ceder a las presiones de socios más radicales, es entonces una forma de imponer lo minoritario a los mayoritarios. Por eso es importante que las fuerzas de equilibrio están en un centro diversificad, matizado, y no tener que buscar en los extremos.



Eso tiene un segundo efecto nocivo: el desencanto. Son cada vez más los votantes que se ven desmotivados. Las bajas participaciones fortalecen a los más radicales, que tienen un voto más activo, por decirlo así, es decir, una mayor motivación. Acostumbrados a estar fuera del poder, sus programas tienden a ser utópicos porque nunca llegarán a realizarse. La utopía tiene mucho atractivo para los que están hartos de lo cotidiano. Ahora tienen posibilidades, cuando ha bajado la participación de los votantes moderados, de conseguir sacar adelante sus proyectos, que de otra forma no hubieran salido.

Muchos países europeos se ven enfrentados a esta fragmentación. No es bueno para Europa, que no puede depender de grupos que hacen del anti europeísmo sus ejes para captar descontento. Hace muchos años advertimos aquí de las consecuencias de echarle la culpa a Europa de nuestros propios errores, del echar constante de balones fuera. Europa se resiente y se resiente su unidad, algo peligros para todos, pues no podemos estar cuestionando un proyecto de largo curso con cada elección europea o con comportamientos como los de algunos países que buscan imitar a lo ocurrido en Gran Bretaña y cuyas consecuencias ya están padeciendo los británicos.

Populismos, secesionismos, ultra nacionalismos, etc. son los peligros que acechan a Europa en su andadura. Parlamentos debilitados, gobiernos que necesitan hipotecarse para poder mantenerse en el poder, etc. son las consecuencias de estas fragmentaciones que nosotros padecemos en nuestra piel y que ahora vemos en Alemania, aunque de una forma afortunadamente más moderada. Pero puede ser cuestión de tiempo que los votos a los que tengan que recurrir para crear gobiernos no sean tan moderados y entonces veremos qué ocurre.

El proyecto europeo ¿está condenado a ser proyecto por su cambiante diversidad y la multiplicidad de focos? ¿Es posible una unidad real en algún momento, hacia la que podamos dirigirnos? El papel de Alemania en Europa es importante, una referencia, por lo que su estabilidad ejerce una buena influencia sobre el resto. Da miedo pensar en que el proyecto se tuerza si se llega a un punto crítico en el fraccionamiento de los gobiernos que integran Europa.

 


* Miguel Charte "La mayor fragmentación política en Alemania da la llave de la gobernabilidad a Verdes y Liberales" RTVE.es 27/09/2021 https://www.rtve.es/noticias/20210927/elecciones-alemania-mayor-fragmentacion-politica-alemania-da-llave-gobernabilidad-verdes-liberales/2175181.shtml

jueves, 2 de enero de 2020

Negras perspectivas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Lo decíamos no hace mucho y hoy nos lo cuenta el diario El Mundo recogiendo los resultados de una encuesta que ha realizado para ellos la empresa Sigma Dos. La muerte del centro y su vocación nos lleva a un sistema polarizado que se ha visto favorecido por la fragmentación. Los fragmentos nuevos se comen a los fragmentos viejos, lo que queda del siempre mal llamado "bipartidismo", que nunca nos cansaremos de repetir que nunca existió en España. El segundo aviso también estaba cantado: los nuevos se comen a los viejos. Da igual que se abracen o que se besen. Son besos y abrazos envenenados.
El diario El Mundo señala al inicio de su información:

Los españoles abandonan el centro. PSOE y PP pierden fuelle. La moderación es cosa del pasado, se diluye en un torbellino de incredulidad, opacidad, compromisos incumplidos, egoísmos y falta de coraje. Izquierda y derecha se extreman, los polos se distancian y el país se divide. Esta es la conclusión que se desprende de la encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO, realizada en paralelo a las negociaciones secretas de los socialistas con los independentistas catalanes para conseguir, contraviniendo todas las promesas de Pedro Sánchez, que estos faciliten con la abstención de sus 13 escaños en el Congreso, su investidura.
Socialistas y populares caen. Ninguno de los dos partidos es lo que fue. Han perdido identidad, principios y valores y los ciudadanos lo perciben. Juntas, las dos grandes fuerzas de la democracia están cada vez más lejos de aglutinar siquiera a la mitad del electorado.



Parecería el argumento de una película de terror, con invitados que te acaban suplantando y viviendo tus vidas.
El crecimiento de estas facciones extremas solo puede surgir del miedo intenso, de los ideales perdidos por el camino, de extender la idea de fracaso. Cada parte extrema juega con su propio repertorio de miedos, es la fuerza que le hará crecer.
Por eso la alianzas solo son mascaradas para ganar más espacio y poder tener más fuerza debilitando al propio socio en el trayecto conjunto.
No hay perspectiva buena. La noticia de los movimientos para la separación de Castilla-León demuestra que la división le hubiera interesado a Zenón, un infinito divisorio que llevará hasta la unidad de la persona con vocación de Estado. ¿Por qué no seguir dividiendo? Nada favorece más al independentismo tradicional que el surgimiento de todos estos movimientos folclóricos para ser "únicos". La irracionalidad romántica de los argumentos de la "nación", como fusión de sangre y tierra, se opone a la construcción de un ideal de ciudadanía universalista basado en derechos y deberes, en justicia y solidaridad., en libertad e igualdad. Al igual que en el mercado, en el que se inspira realmente, se trata de crear un "producto nacional" diferente, que se distinga de los otros. Es ir contra la tendencia histórica. Es retroceder al tiempo de los conflictos. Uno tras otro sirven para dividir y confrontar, para reforzar diferencias y disputas. Las unas se crean con las otras. Son necesarios conflictos para sentirse diferente, agredido, vejado, robado, humillado... Es lo que se ha enseñado durante décadas en las escuelas de las zonas separatistas creado el sentido de la diferencia agraviada.


Este país está pagando el desprecio a la educación pensando que era cosa de "niños". Los niños crecen y lo hacen llenos de ideas creadas en sus mentes por quienes recogerán las semillas más adelante en las urnas y en las calles. Ya tienen la generación que necesitaban para dar el siguiente salto cualitativo.
Los partidos independentistas ha usado la necesidad de la gobernabilidad para asegurarse que nadie les tocaría el feudo, que quedaban blindadas sus competencias e impenetrable su territorio. España se constituyó como un estado autonómico para satisfacer a los independentistas, que ya tenían su trazad su estrategia de ir ganando terreno.
Su problema (realmente el nuestro) es que no solo tienen una idea de lo que ellos quieren ser, sino una idea autoritaria de lo que los demás debemos ser. Ellos tienen su propia idea de lo que debe ser España cuando ellos sean "naciones" y "estados". Lo que hoy quieren es una parte de lo que quieren ser más adelante en pos de un ideal romántico, casi rousseauniano.  Quieren dejar atrás la pobreza que ellos ven como una rémora y no como un efecto de su propio bienestar construido a fuerza de dejar vacías las demás regiones. No son solo nacionalistas, también tienen una vocación inocultable expansionista para no dejar nada más que lo que no quieren o les sobra.
Negras perspectivas de un futuro cada vez más definido en su confusión. Se hunden por sus propios errores y cegueras, incapaces de percibir los estragos de sus actos y omisiones. Siguen arrastrándonos.
A esto es a lo que hemos llegado hoy, primeros días de una nueva década que ha hecho resurgir de sus cenizas los fantasmas de la Historia.



* "La polarización dispara a Vox y Unidas Podemos a costa de PP y PSOE" El Mundo 2/01/2020 https://www.elmundo.es/espana/2020/01/02/5e0cde3dfdddffaa548b459f.html


jueves, 7 de noviembre de 2019

La fragmentación, aquí y allí

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Parece que no aprendemos nunca. Si el ser humano es el único que se equivoca dos veces, el político lo hace tres, cuatro o las que hagan falta. Incluso podría definirse al político como "una artista del error".
En mi regreso a casa en tren pude ver y escuchar el encuentro entre dos hombres que, sin verse desde hacía tiempo, intentaban influirse mutuamente, con medida estrategia, sobre el voto que han de depositar en la urna este próximo domingo. No es la primera vez que veo algo así. Ocurre en casi todas la elecciones, pero esta vez tiene características específicas por temor a la apatía, aburrimiento o enfado causado por la propia actitud de los político.
Lo más sorprendente es la incapacidad de darse cuenta de sus errores. Vuelven a repetir los mismos que pueden llevar a los mismos resultados o peores, pues si baja la participación afectará al sistema en su conjunto.
Lo más comentado es la "metedura del pata" del presidente en funciones, que es quien ha llevado, desde el poder, la batuta del conjunto y al que es fácil apuntar. Señala El País:

Los asesores políticos tratan de demostrar que todo está bajo control, pero lo cierto es que los veteranos saben bien que una campaña electoral es un caos imprevisible donde cualquier cosa puede alterar los planes. El PSOE, por ejemplo, estaba muy satisfecho con el resultado del debate del lunes y esperaba una recta final tranquila, pero este miércoles se ha encontrado con un incendio imprevisto por una metedura de pata del presidente, que esta vez, con las encuestas en contra, ha ofrecido más entrevistas que nunca.*



La percepción de las campañas electorales como oportunidades de aclarar las cosas, se contradice con la mayor posibilidad de equivocarse, ser atacado, etc. que es lo que suele contar más. Los que viven de ellas  —debe haber ya micho millonario tras 4 seguidas— las presentan como una panacea, pero lo cierto es que pueden ser la tumba de algunos. El problema es que solo lo descubres después. Por mucho que se planifique, siempre aparece la molesta situación imprevisible.
Me sorprende que tras lo ocurrido en los últimos meses, los candidatos de  todos los partidos sigan insistiendo en con quién pactarán y con quién no. Ese ha sido el núcleo de sus problemas, el punto sobre el que han orbitado todas las discusiones, rechazos y juramentos que nos han llevado a esta fecha.
En un escenario político en el que hay pocas probabilidades de conseguir una mayoría, que habrá que pactar y en la que además se puede producir un gobierno (incluso con pacto) en minoría, es de necios autolimitarse sin saber lo que ocurrirá.
La facilidad con la que todos se quitaron de encima a Mariano Rajoy de encima es inversamente proporcional a la dificultad de alcanzar un acuerdo de gobierno. Facilidad para derribar, dificultad para construir. Es la definición de un modo demasiado infantil de abordar la política, en la que sin embargo todos han dicho tener la clave. ¿La clave de qué?


Para tranquilidad de los inconscientes y terror de los que piensen en términos más amplios, Euronews no muestra un mapa de Europa en donde los colores nos definen dónde hay gobiernos estables, con mayoría, y una abrumadora superficie cubierta con los colores de las sumas de minorías que han llegado a acuerdos para tratar de evitar el bochornoso estado de estar sin gobierno (a lo belga) o de gobiernos peleados con minorías que apenas se toleran. ¿Está Europa condenada a la fragmentación? ¿Está la mayoría de los ciudadanos de la Unión fomentando la creación de estas torres de Babel, llena de orgullosos incapaces de hablar, de negociar de ponerse de acuerdo? Pues parece que sí, lo que es bastante preocupante para todos.

La situación en Bélgica está lejos de ser única. De hecho, los gobiernos monocolor, con un sólo partido, se han convertido en una excepción en el seno de la UE.
"Los votantes nunca están contentos, y una forma de expresar su descontento es ir hacia los extremos o debilitar a uno de los socios de la coalición", afirma [Eric] Maurice. "Pero el panorama político está tan fragmentado que es difícil encontrar uno o dos partidos que puedan gobernar juntos, que pueden tener una mayoría juntos o que pueden encontrar un terreno común".
La fragmentación también se hace sentir a nivel de Parlamento Europeo, lo que sin duda complicará la búsqueda del consenso a lo largo de la legislatura.**


La lectura del politólogo de la Fundación Shuman tiene bastante de inquietante. Pero es lo que hay realmente. El descontento es lo que está produciendo el fraccionamiento de los bloques existentes a los que se acusa de ineptitud. Pera resolverlo se crean nuevas opciones y así se va aumentando el "parque electoral". El problema es que pasado cierto número de partidos, un número variable en cada país supongo, la situación se hace ingobernable, sobre todo porque los que se han escindido se disputan los mismos votos pues son afines.
Una vez aprendido el mecanismo, basta con crear la división suficiente como para que se haga ingobernable debido al fraccionamiento que obliga a meterte en la cama a cometer incesto o adulterio, alternativas poco deseable en términos de moral política.
Nos queda Europa, pero las perspectivas del parlamento europeo, nos dicen en el párrafo final del texto de Euronews, empiezan a no diferir mucho de lo que ocurre en los países en un efecto contagio ascendente que nos puede llevar a la discusión permanente si buscar soluciones.


La nueva política que hoy vivimos no es entre gobierno y oposición, como se daba en la forma clásica. Hoy se disputa internamente en los gobiernos hasta que los intereses les obliguen a separarse y existen oposiciones que se unen para debilitar a los gobiernos y hacerlos caer para intentar pescar algo. Es un mal ejemplo político para la ciudadanía a la que constantemente se presiona para fomentar el descontento necesario.
Si nuestros políticos tuvieran un poco de sensatez y visión de futuro intentarían trasmitir la sensación de responsabilidad, algo que permita pensar que quienes ganas traerán la tranquilidad necesaria que los ciudadanos se merecen y concentrar sus energías en la mejora del sistema. Estabilidad y mejora en diferentes campos esenciales no son malos principios sobre los que es asentar un país. En el fondo, es la aspiración mayoritaria. Lo contrario, la inestabilidad y la pérdida de energías, no suelen ser valoradas por nadie.
Gracias a la ineptitud de nuestros políticos, tenemos ahora lo que antes no teníamos: las amenazas del populismo nacionalista, con todo lo que supone, y el secesionismo en niveles de amenaza seria. No hemos arreglado ningún problema, pero tenemos varios nuevos. 
* "El ascenso de Vox desata los nervios en los grandes partidos en la recta final" El País 7/11/2019 https://elpais.com/politica/2019/11/06/actualidad/1573068371_478870.html

** "La fragmentación política, en "The Brief from Brussels"" Euronews 6/11/2019 https://es.euronews.com/2019/11/06/la-fragmentacion-politica-en-the-brief-from-brussels