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sábado, 17 de febrero de 2024

Un tramposo es siempre un tramposo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La construcción de la imagen de Donald Trump a cargo del propio Donald Trump tenía un problema del que hablamos aquí hace muchos años. Un tramposo es un tramposo; no es unos días honrado y otros no, no miente un día y dice el verdad el resto. La noticia de sus trampas en los negocios no es más que una fase de sus trampas, un nivel que era cuestión de tiempo que llegaran. Y han llegado.

Uno de los pilares de sus mentiras ha sido presentarse como un hombre de éxito, alguien capaz de manejar un imperio financiero y —¿por qué no?— manejar otro político. El éxito es el disfraz. Pero era cuestión de tiempo. Un tramposo, sí, lo es 24 horas al día y, en este caso, de nacimiento. Porque no se trata de una necesidad económica, sino de una necesidad, de una condición psicológica, de una forma de hacer las cosas. Trump es un tramposo sin límites, es psicológico.

Nos dicen  en RTVE.es sobre lo que acaban de dictaminar en los juzgados de Nueva York, la ciudad de su éxito, a la que exprimió y zarandeó durante su gran crisis institucional, sí, en Nueva York, donde se levanta orgullosa la "Trump Tower". Pero las cosas cambian:

Un juez de Nueva York ha condenado al expresidente estadounidense (2017-2021) Donald Trump a pagar 354,9 millones de dólares por varios casos de fraude en su empresa familiar, la Organización Trump. Además, el magistrado Arthur Engoron ha limitado la capacidad del exmandatario de hacer negocios en el estado de Nueva York durante los próximos tres años.

La multa se divide en varios cargos a Trump y a sus empresas (por un valor conjunto de 354,9 millones de dólares), a sus dos hijos mayores (cuatro millones de dólares a cada uno) y a un antiguo ejecutivo de la compañía (un millón de dólares), todos ellos acusados por la Fiscalía de inflar cifras de activos para lograr ventajas con aseguradoras y bancos.

Engoron ya los había considerado a todos ellos responsables de fraude en una decisión sumaria, antes de que comenzara el juicio civil. "Su completa falta de arrepentimiento y remordimiento raya en lo patológico", ha señalado el magistrado en su decisión.

Trump ha calificado la sentencia de "ilegal y antiamericana", además de "un absoluto FRAUDE". En su red social, Truth Social, ha reiterado su ya conocida acusación de que "el sistema de Justicia del estado de Nueva York, y de todo Estados Unidos, está bajo asalto de jueces partidistas, engañados y sesgados", ya que "los radicales hacen todo lo que pueden por expulsarme".*



Todo sigue la pauta. El progresivo descubrimiento de que Trump es un fraude en sí mismo, un productor de fraudes en su ámbito, sigue su camino. Hace muchos años que señalamos eso, que al tramposo hay que buscarle en su jardín, excavar para encontrar los restos y orígenes de sus trampas, en sus empresas. No había que ser adivino; bastaba con entender que un tramposo es un tramposo, que alguien que no respeta hoy las reglas, tampoco las he respetado en el pasado.

Trump se presentó como un hombre antisistema, como un nuevo antipolítico porque los políticos eran unos inútiles incapaces de manejar el dinero de todos, unos despilfarradores corruptos. Él era la demostración viviente de la persona que había levantado un imperio y que podía devolver al país su grandeza. Él iba a hacer grande América de nuevo, como reza su eslogan político.

Es decisiva la afirmación que hace el magistrado sobre Trump: "Su completa falta de arrepentimiento y remordimiento raya en lo patológico". Es difícil entender la literalidad de lo señalado.

En estos años hemos dedicado a la figura y decisiones de Trump muchas, muchas páginas. El hecho de hacerlo se debía a la completa desinhibición mostrada sobre sus intenciones y a la forma de actuar. Puede que haya habido políticos peores que Donald Trump, pero es muy difícil encontrar otro similar en su estilo y actuaciones. Su sentido del poder más que de la política es claro. Por eso Trump no quería intermediarios; era él frente al mundo, en primera plana constante. Es un manipulador transparente cuya popularidad crece porque ha convencido a una parte del mundo que le ha convertido en héroe haga lo que haga o, quizá, porque lo que hace y cómo lo hace.



Esa falta absoluta de arrepentimiento es la consecuencia de un narcisismo patológico, de una forma de ver el mundo que probablemente venga de su propia familia y que ha transmitido a sus hijos, condenados también al pago de millones por el mismo fraude.

La acusación es grave, como demuestra la cuantía de la multa, a la que dicen desde Nueva York que puede que se le añadan otros 100 millones en concepto de intereses. Pero, más allá de la cantidad, lo que se pone en evidencia es la falsedad de la imagen del hombre exitoso. Trump ha mentido a todos. La mentira era parte de su propia personalidad creada.

Hemos visto a Trump de muchas maneras. Esa superioridad que ha manifestado frente a otros políticos, hombres de negocios, incluso ante los científicos (como se ha podido apreciar en la COVID-19), es la fantasía de alguien para quien cualquier método es válido para conseguir lo que quiere. Y lo que quiere es claro: dinero, poder para seguir haciendo dinero, que es la única moneda que tiene sentido en el mundo. Lo señalado hace unos días sobre cobrar a los aliados de la OTAN, no es más que otro ejemplo sobre la única vara de medir que entiende y que ha querido extender a los norteamericanos.

La cuestión del valor patrimonial no es nueva. Creo que la prensa hace mucho tiempo que empezó a cuestionarlo. Su sobrevaloración puede costarle muy cara en todos los ámbitos, el económico, el empresarial y el político.



Sigo considerando revelador su comentario (que hemos citado en ocasiones) sobre la película que le pidieron que comentara, Ciudadano Kane: "no entiendo para que le sirve el dinero si no se puede divorciar". El dinero lo es todo y lo puede todo. La presidencia es una forma de convertir el dinero en política y la política en dinero. Poder es mandar, comprar, hacer tu voluntad, estar por encima de todo... Si no, ¿de qué sirve?

Trump, por supuesto, sigue con la misma respuesta: todo es una conspiración contra él porque es el mejor, porque las fuerzas del mal que pretenden acabar con el éxito de América saben que él es la última resistencia. Sin él, los Estados Unidos están perdidos.

Hoy en que el protagonismo se reparte entre la condena de Trump y la condena internacional contra Putin por la muerte del opositor Navalni, el presidente ruso ha salido diciendo que "prefiere a Biden" porque es más previsible. Es una forma de despistar. Trump siempre fue partidario de Trump en la Casa Blanca porque lo entendió rápido, sabía que debía darle para que estuviera contento.

Asusta pensar en un mundo controlado por Putin y Trump. Asusta. 

 


* "Un juez condena a Trump a pagar 355 millones de dólares y le prohíbe hacer negocios en Nueva York por fraude" RTVE.es 16/02/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240216/trump-debera-pagar-354-millones-por-fraude-patrimonio/15974328.shtml



jueves, 26 de octubre de 2023

Trump, su ex abogado Cohen y la III Guerra Mundial

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En un mundo que avanza a gran velocidad y lleno de problemas no podemos dejar atrás a Donald Trump, olvidarnos de Michael Cohen —una pieza fundamental en todo lo relacionado con su jefe— llamándolo "un exabogado de Trump"*, como se hace en los titulares de RTVE.es. Esa indeterminación que muestra el titular es un signo de este olvido por distanciamiento, efecto de la velocidad. Nos movemos informativamente tan deprisa que se nos pierden los nombres y caras en el rápido desplazamiento. El tiempo informativo se acelera y podemos perder el hilo, como habitualmente se dice. Si no fuera por la constante aparición de Trump, el titular podría haber sido "Un exabogado de un expresidente de los Estados Unidos".

Hay tantas cosas que contar que no caben todas en el tiempo y espacio informativos. Estos están limitados por los codazos que la actualidad se da entre noticias. Lo que vemos, leemos o escuchamos está ahí después de haber luchado a brazo partido para obtener nuestra atención. Y lo que deja de estar en primer término tras un tiempo se vuelve nebuloso, indefinido y se pasa de ser "Michael Cohen" a ser "un ex abogado de Trump" en poco tiempo. El "parece que fue ayer" se transforma en un "parece que fue hace un siglo".


Cuando comenzó la crisis de Trump aventuramos que la línea más segura, conociendo al personaje, era la de los negocios. La idea era simple: se es un tramposo para todo. A las trampas políticas le tenía que haber precedido las de los negocios, por lo que era cuestión de tiempo que los investigadores se topara con algún fraude. Eso ha sucedido.

El caso se nos relata así en RTVE.es:

Michael Cohen, el exabogado personal del expresidente Donald Trump, ha testificado este martes en contra de su antiguo jefe durante el juicio civil por fraude en la Organización Trump en Nueva York y dijo que este decidía "arbitrariamente" las cifras de sus activos.

Cohen, que era la mano derecha del empresario y, tras volverse en su contra, cumplió condena por delitos económicos, fue llamado como testigo por la Fiscalía de Nueva York y ha convertido la de hoy en una de las sesiones con más expectación desde que comenzó el proceso a principios de mes.

Trump está acusado, junto a dos hijos y dos ejecutivos de la Organización Trump, de inflar el valor de los activos de la empresa durante años para obtener condiciones favorables con bancos y aseguradoras, y el juez ya falló que es responsable del cargo de fraude persistente antes de empezar el juicio, de manera sumaria

"El señor Trump me encargó incrementar los activos totales basándome en una cifra que él elegía arbitrariamente", ha dicho el antiguo letrado, que también incriminó a otro acusado en el caso, el jefe financiero de la empresa, Allen Weisselberg, que declaró la semana pasada.

"Mi responsabilidad junto a Allen Weisselberg era sobre todo hacer ingeniería inversa con varias clases de activos diferentes e incrementar esos activos para conseguir la cifra que el señor Trump nos había encargado", ha explicado lo que -dijo- se reflejaba en los documentos financieros sometidos a escrutinio en el caso.

Puso un ejemplo del supuesto comportamiento de Trump: "Miraba los activos totales y decía: 'realmente no valgo 4.500 millones de dólares, realmente valgo más bien unos 6.000 millones'", tras lo que les pedía a Weisselberg y a él "volver con el objetivo deseado", recoge el canal NBC.*

 


El último párrafo es revelador de esa unidad de carácter, vamos a llamarlo así, de Trump, que inflaba el valor de las empresas tal como inflaba su propio ego. Que el jefe dé una cifra de "su" valor a ojo es poco frecuente, pero no en el caso de Trump. Si le hubieran dicho que el valor de sus empresas era de 6.000 millones de dólares habría dicho que eran 8.000 y así sucesivamente.

El hecho de que esto llegue por boca de Michael Cohen tiene también su sentido. Trump lo uso para cubrirse las espaldas y su fidelidad fue pagada dejándolo en la estacada con el desprecio más absoluto. Por ello, Cohen decidió "cantar" todo lo habido y por haber sobre estos detalles de su jefe. Hay una máxima no escrita que viene a señalar "no traiciones al que sabe mucho de ti". Michael Cohen, ex abogado, sabe mucho de las trampas de Donald Trump y está deseoso de cantar por lo que supone para él en el terreno de los acuerdos pero, sobre todo, por la satisfacción indudable que siente al ver a su ex jefe en apuros. Él contesta, como se nos señala en el artículo que todo es una "caza de brujas", algo que en el caso de Trump no es solo una metáfora.


Cohen ha sido claro y rotundo: «"Lo hice bajo la dirección, en concierto con y para el beneficio de Donald Trump”, ha dicho Cohen en el estrado, refiriéndose a su falso testimonio ante el Congreso.» Dicen que Trump le miraba con los brazos cruzados y cuchicheaba con sus abogados. Después le ha llamado "mentiroso y delincuente". Pero veremos quién ríe el último.

Michael Cohen es una pieza fundamental en el caso de Trump, es decir, de su futuro y sobre todo en la valoración de su pasado, algo esencial como candidato a la presidencia. Trump es maestro en vender a sus fans las mayores tropelías como méritos. Ya se ha proclamado a sí mismo como necesario para evitar la III Guerra Mundial, el único que puede hacerlo. Habrá muchos que lo crean. Si logra la presidencia, dice, el mundo estará a salvo. Curiosamente, varios libros planteaban el futuro contrario desde hace varios años si Trump era elegido. ¿Se interpone Michael Cohen entre Trump y la salvación del mundo? Esperemos que no sea necesario, aunque él lo vea así.

Algo falla en este mundo cuando todo favorece a los demagogos por todas partes. 

PD: si quiere ver el papel de Cohen en estos años, busque la etiqueta.

 

* "Un exabogado de Trump testifica en el juicio y dice que el expresidente infló los valores de los activos "arbitrariamente"" RTVE.es/Agencias 24/10/2013 https://www.rtve.es/noticias/20231024/trump-juicio-abogado-activos/2459180.shtml






domingo, 29 de enero de 2023

El nuevo fraude educativo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hace unos días una compañera me envió un enlace a una noticia: se había creado una herramienta informática que permitía burlar los sistemas "antiplagio" que se utilizan habitualmente por parte de las universidades y demás centros educativos para intentar detectar los plagios. La herramienta permite realizar los cambios suficientes en el texto plagiado como para que este no sea detectado.

Cada vez más, la enseñanza se está convirtiendo en un campo de batalla, no solo de profesores y alumnos, sino de en el de una guerra informática en la que cada uno combate con las armas disponibles, unos tratando de falsear sus conocimientos y otros de detectarlo. La enseñanza se ha desequilibrado hacia esta forma bélica de ver el mundo. El profesorado tiene la sensación de que el alumnado conspira contra él de diversas maneras; el alumnado se deja arrastrar hacia ese uso fraudulento de herramientas que le liberan de... ¿aprender?

RTVE.es nos ofrece en su sección de textos recogidos de Europa un artículo de FranceInfo titulado "Inteligencia artificial: una universidad privada francesa prohíbe el uso de ChatGPT a sus alumnos". Reproducimos la totalidad del artículo —tres párrafos—  para que los lectores puedan apreciar sin recortes la dimensión del problema que se plantea: 

Un uso prohibido. El Instituto de Estudios Políticos de París (IEP) ha anunciado la prohibición de utilizar ChatGPT, un robot conversacional creado por la start-up californiana OpenAI, "o cualquier otra herramienta que utilice" la inteligencia artificial, en una carta del director de formación e investigación de la institución, dirigida a los profesores y hecha pública el miércoles 25 de enero por BFMTV. Disponible para el público en general en noviembre de 2022, ChatGPT es un software que da la impresión de chatear con un humano, capaz de escribir un texto largo simplemente basándose en una pregunta formulada y cierta información dada.

"Esta herramienta, que utiliza la inteligencia artificial (IA), cuestiona fuertemente a los actores de la educación y la investigación en todo el mundo sobre el tema del fraude en general, y del plagio en particular", escribe Sergei Guriev en su texto. El director de formación e investigación de SciencesPo París recuerda que algunos países "ya han prohibido su uso en sus escuelas y universidades". De hecho, las autoridades de Nueva York y otras jurisdicciones han prohibido el uso de ChatGPT en las escuelas.

Si un alumno del IEP de París utiliza una herramienta de inteligencia artificial "durante la elaboración de un trabajo escrito u oral", se expone a "sanciones", "que pueden llegar hasta la exclusión de la institución o incluso de la enseñanza superior", afirma Sergei Guriev en su carta. La única excepción a su uso sería el "uso educativo supervisado por un profesor". El director anuncia la próxima publicación de "una nota sobre el tema", así como una "conferencia sobre la enseñanza y la investigación del futuro, en un ecosistema en el que la IA ocupa un lugar cada vez más importante".

Este artículo ha sido traducido con ayuda de la Inteligencia Artificial*

 Lo rotundo de las medidas hacer ver la dimensión real del problema. Aunque podamos separar de forma abstracta el "aprendizaje" de la "evaluación del aprendizaje", lo cierto es que ambos conceptos se dan la mano en la realidad: no tenemos constancia del aprendizaje logrado si no se evalúa de alguna manera, lo que hace que este tipo de cuestiones pasen a ser de primer orden.

Durante décadas se ha atacado —con razón— las formas de evaluación centradas en los exámenes  tradicionales, a los que se acusaba de memorísticos, poco fiables, demasiado centrados en unos momentos, generadores de tensiones, etc.

Hace muchos años que no realizo este tipo de exámenes en ninguna  de las materias que imparto. Siempre he buscado formas alternativas que evitaran concentrar conocimientos en un fecha (pasada la cual se olvidaban); he tratado de que los conocimientos fueran aplicados, que pasaran de la teoría a la práctica a través de prácticas, análisis, ensayos, etc. Era la forma de hacer comprender mejor que con otras puramente repetitivas.

Pero lo que estamos viendo nos replantea de nuevo todo el proceso.

Una enseñanza basada en pequeñas investigaciones aplicadas queda bajo sospecha con la capacidad de producir textos automáticamente. Son creados por inteligencia artificial que dispone de grandes cantidades de datos y es capaz de manejarlos. Gracias a estas herramientas una parte importante —como ya ocurre— del trabajo de los docentes se verá desviado hacia tareas de verificación cada vez más complejas, "inteligencia" contra "inteligencia". Pero queda por resolver el problema de la desigualdad en la batalla, uno contra muchos.

La prohibición en la universidad francesa del uso de este tipo de herramientas es un camino que se irá abriendo con más instituciones que intentarán frenar este proceso que desvirtúa la enseñanza.

Durante un tiempo hemos manifestado el temor de que el profesor fuera sustituido por inteligencias artificiales y se despersonalizara la enseñanza. Vemos que el problema se ha reformulado en otro sentido: es el alumno el que se sustituye a sí mismo dejando que las máquinas hablen por él, que sean ellas las que realicen sus tareas.

Si antes era relativamente sencillo detectar los trabajos copiados en parte o plagiados en su totalidad, ahora se usan estas herramientas para camuflar su origen. Seguro que podrán crearse herramientas informáticas capaces de revertir esos procesos, es cuestión de tiempo, pero ¿es esa la solución?

El hecho de que el proceso educativo esté cada vez más invadido por todo este tipo de prácticas nos debería hacer pensar en la educación misma, en su sentido para quien la da y quien la recibe.

En muchas conversaciones realizadas este año con compañeros he detectado una misma preocupación, hay una actitud diferente, más agresiva por un lado y defensiva por otro en el alumnado. Algo ha cambiado. Podemos echarle la culpa a la pandemia, que ha producido una franja educativa de dos años alterada, o a cualquier otra circunstancia. Sea como sea, ha variado la actitud.

¿Tiene algo que ver la aparición de estas tecnologías "tentadoras"?

Hace poco más de un mes, en diciembre 2022, La Sexta se hacía eco de la prohibición de teléfonos móviles en colegios e institutos en diferentes comunidades españolas y de países de la Unión Europea:

El Gobierno italiano ha prohibido el uso de teléfonos móviles en colegios e institutos. El país ya tenía una norma de 2007 pero esta vez el ministro de Educación ha mandado una nueva circular a todas las escuelas para borrar los smartphones de las aulas. Asegura que son "elemento de distracción para los estudiantes". laSexta Clave se ha propuesto analizar si existen medidas similares en otros países o si España plantea algo similar.

En España no hay una normativa nacional que prohíba el uso del móvil en las aulas. Sí que llegó a estar sobre la mesa del Gobierno, en 2018, cuando la ministra Isabel Celáa deslizó esa posibilidad a imagen y semejanza de Francia. Pero en España la decisión se deja en manos de las comunidades autónomas, que son las que tienen las competencias de educación.

Por ahora solo hay tres regiones en las que se prohíbe por ley usar el móvil en todos los colegios de la región. Castilla-La Mancha fue pionera en este sentido, en 2014; Galicia se unió un año más tarde; y la última en hacerlo fue la Comunidad de Madrid, el curso pasado. En el resto se deja en manos de cada colegio, que puede regularlo a través de su normativa interna. Incluso, puede hacerlo cada profesor en sus clases aunque no lo prohíba el centro.**

El teléfono es un problema de distracción en las aulas que se ha visto ampliado por el uso, al menos en las aulas universitarias, de los ordenadores portátiles que, al estar conectados a las redes, permiten desconectarse del aula con múltiples distracciones. ¿También habría que prohibir tablets, ordenadores, portátiles...?

Lo que en las enseñanzas medias es grave, lo es más en las aulas universitarias, donde el ordenador es una herramienta importante. La mayoría de los alumnos ya no toman notas, teclean. Muchas veces, esos apuntes acaban en las redes sociales, desde donde son ofrecidos evitando tener que tomarlos. Se siente así muchos "liberados" de asistencia o de atención. El aula pasa a ser una forma de socialización, de encuentro con los colegas antes que un lugar de aprendizaje. Esto lo escuchas y lo ves.

Habría que plantearse qué significa aprender, estar en un aula. El aprendizaje negativo, el del mínimo esfuerzo, comienza pronto y se va perfeccionando conforme se escala en los caminos educativos.

Esto se va a ir intensificando. Las dificultades para la educación llegan de la potencia de las herramientas creadas y de su uso indiscriminado. Si el teléfono distraía, las potentes herramientas descritas convierten a los potentes ordenadores en terminales en red mediante los cuales se pueden crear todo tipo de textos camuflados para ajustarse a lo que se pide pero creados por chatbots como los que se describen en la noticia de FranceInfo.

Lo que está cambiando no es solo la tecnología. Creo que es, sobre todo, una actitud hacia la educación, que se ve absolutamente infravalorada ante lo que es la tecnología y esa "memoria común" que es el depósito de información en las redes, bancos de datos, etc. De esta forma, la escuela o cualquier otra institución es vista por algunos como un "obstáculo" que franquear y no como una oportunidad de aprendizaje. El profesorado es visto como un elemento "judicial", un sistema de vigilancia, que sortear, al que se debe engañar para obtener la mejor calificación.

La noticia que nos llega de Francia puede que pronto empiece a llegar de otros lugares. De esta forma, el sistema educativo se convierte en un sistema de vigilancia, rompiendo lo que debería ser su estado más natural, un espacio colaborativo de aprendizaje, de desarrollo vocacional, de descubrimiento continuo, un espacio humanizado y humanizador. Pero no es eso en lo que se convierte entre el desprecio de unos y otros. Un espacio en el que lo central pasa a ser evitar el fraude no es ya educación ni para uno ni para otros.

Siempre han existido infractores y personas de mala voluntad, por decir así, en la enseñanza. El problema es cómo se percibe esta cuestión, que proviene sobre todo de un fuerte contagio horizontal, de la facilidad del acceso a las herramientas, de un mal ejemplo social (donde el ascenso no premia a los mejor formados, sino a los más "espabilados").

Ante todo esto, mucho me temo que el sistema va a girar hacia un mundo cara a cara, sin  mediaciones, oral, con exigencia de la presencia en el momento de la evaluación que será la única forma fiable de evaluar los conocimientos. Esto devolverá al aula muchas actividades que antes ser dejaban fuera ante la falta de confianza en los resultados.

La única forma de evitar una enseñanza policial polarizadas será tener la garantía de que lo que se hace está hecho por las personas y no por herramientas. Será la forma de tratar de evitar una cultura del fraude impune que amenaza a la esencia y a las circunstancias educativas.

Hemos ido distorsionando la educación. Hace unos días se preguntaban en los medios si no había "demasiadas universidades" y unos pocos días antes si no había "demasiados universitarios". Todo esto no es más que el resultado de una visión utilitarista de la educación y de las propias personas, exclusivamente al servicio del empleo, que es ya precario y barato. Es la negación del humanismo educativo que se centra en la formación de la persona más que en su empleo. Las personas no son sus empleos, sino seres con valor propio, con apertura de mente, y la formación es un elemento importante porque les hace verse a sí mismos de otra manera, valorarse.

La crisis educativa no es más que una versión más de una más amplia que es la social, la de los valores. No se puede degradar a la persona dentro del sistema, reducirla a lo útil, y esperar de ella grandes valores. Es la versión educativa de la crisis de corrupción que cada día denunciamos en las instituciones. La falta de principios es la misma. Empiezas en la escuela, pasas por la universidad y acabas defraudando desde las instituciones. Esa es la gran enseñanza que la corrupción nos da cada día: el camino más rápido es el más valioso; el más cómodo, el más confortable. Nada hay suelto; todo está conectado.

Los malos ejemplos se acumulan en nuestros medios: de políticos que han falsificado sus currículums hasta los que han sido regalados con tesis y títulos. Si ellos lo hacen ¿por qué no los demás? Otros se aprovechan de las instituciones para medrar y enriquecerse, como ha ocurrido en el Parlamento Europeo. El "¡pa'la saca!" se ha convertido en el grito de guerra para muchos; es lo que han aprendido y enseñan. Da igual lo que estudies o cuánto estudies, ese es el mensaje: lo que te espera fuera se rige por otras normas y valores. La enseñanza tiene que luchar contra ese "aula de la vida" que se nos ofrece cada día, intentar cambiar los valores. Pero lo que está ocurriendo es justo lo contrario. La enseñanza, como valor, es torpedeada cada día por el utilitarismo antes mencionado. Eso obligará a replantearse sus métodos y fines, volver a situaciones que garanticen la formación de las personas, algo insólito, pues supone tener que darles algo en lo que nos creen, pues eso supone en realidad el fraude.

Los medios están llenos de explicaciones sobre lo que supone el ChatGPT, sobre qué se le puede sacar de provecho y cómo otros están trabajando en alternativas más productivas. ¿Por qué preguntar al profesor cuando la máquina te da la respuesta correcta? 

El mercado del fraude está lleno de expectativas; todos compiten por el mejor borrado de huellas; la casi seguridad de que lo que hagamos no podrá ser detectado por otras medidas defensivas de los educadores es un aliciente más para el desarrollo del negocio. ¿Por qué no? 

Al final nos quedará de nuevo la enseñanza cara a cara, en un aula llena de cortafuegos, aislada; con exámenes orales, cara a cara, de los que pueda uno fiarse; volver a aquellos interminables exámenes finales, recorriendo los pasillos, mirando cada movimiento sospechoso, etc. ¡Es volver a todo aquello que creíamos superado! ¡Es triste, sí! Y, sobre todo, desmotivador. Al final muchos pensarán, de qué sirve enseñar al que no quiere aprender. 

La cultura de la fiesta, en sus múltiples formas,  se acaba imponiendo. No es ciencia-ficción; es una triste realidad. La tecnología al servicio del menor esfuerzo posible.

La noticia francesa es solo un anticipo. Por cierto, según se nos dice al pie del texto, la noticia ha sido traducida con "inteligencia artificial".

* "Inteligencia artificial: una universidad privada francesa prohíbe el uso de ChatGPT a sus alumnos" RTVE.es / FranceInfo 27/01/2023 https://www.rtve.es/noticias/ Localización original: https://www.francetvinfo.fr/internet/intelligence-artificielle-sciencespo-paris-interdit-l-utilisation-de-chatgpt-a-ses-etudiants_5625743.html 

** "¿Prohibir el móvil a los menores en las aulas? Así se regula en España y los países vecinos" laSextaClave 23/12/2022  https://www.lasexta.com/programas/lasexta-clave/prohibir-movil-menores-aulas-asi-regula-espana-paises-vecinos_2022122363a61ddae6e6b80001c9343e.html

martes, 23 de junio de 2020

El parche de Trump o las futuras elecciones

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hace tiempo que se veía venir. Si Trump ve el panorama electoral oscuro, recurrirá a cualquier tipo de "explicación" (léase "excusa") para justificar su salida de la Casa Blanca. En su mente, nadie puede ganarle limpiamente. De hecho, creo que piensa que todos los votos de los Estados Unidos son "naturalmente suyos" y que los que los demás obtengan son fruto del fraude. Lo que sería una exageración para la mayoría, no lo es tanto en su mente peculiar. Trump considera que el país es suyo, en el sentido que lo son sus propias empresas, donde puede poner y quitar, como prueban los despidos constantes y los desprecios e insultos a los despedidos.
Ante esta perspectiva propia, centrada en sí mismo, el mundo se percibe de forma diferente. El libro de Bolton, que sale hoy a la venta, no hace sino confirmar lo que muchos han ido señalando y que desde aquí insistimos: el mundo de Trump es Trump. Todo gira sobre él y su promoción. Ha llegado a la cima y esto le ha provocado un éxtasis de mística narcisista en la que la epifanía se produce por la contemplación de sí mismo como "iluminado".


Las relaciones con sus subordinados y asesores son cada vez más difíciles porque se siente poseído por una fuerza que hace que su conocimiento sea como una revelación ante la "oscuridad" en que viven los otros. En esta percepción, lo primero que se le pasa por la mente es lanzado al exterior como ocurrió en el episodio memorable de su recomendación de ingerir desinfectantes o tragarse luces para combatir al coronavirus, una exageración de los "demócratas", una "conspiración china" para impedir su carrera hacia la reelección.
Pero no hay que pensar que nada es imposible con Trump. Leemos en La Vanguardia:

“Las elecciones del 2020 van a ser las más manipuladas de la historia de nuestro país a no ser que pongamos fin a esta estupidez”, dijo del voto por correo, una batalla política recurrente entre los demócratas, que lo alientan, porque favorece la participación, y los republicanos, que aseguran sin pruebas que favorece al fraude. Esta vez aseguró que habría “países extranjeros” imprimiendo papeletas falsas. “Están utilizando la Covid para hacer trampas con los votos por correo”, aseguró el presidente, dando nuevos indicios de que –como ya indicó que haría en el 2016 si no ganaba– podría no reconocer el resultado electoral.*



Es la última frase la que debe ser preocupante para todo el planeta. ¿Bajo qué circunstancias podría Donald Trump negarse a abandonar la presidencia, a no hacer el relevo presidencial? La situación es tan impensable que por ello debe ser pensada. ¿Qué le ocurriría a la democracia norteamericana si su presidente considera que el resultado electoral es un "fraude"?
Es difícil pensar en Donald Trump como alguien que reconozca una derrota. No lo ha hecho en ningún momento de su mandato. Cualquier aspecto negativo ha sido redirigido como una mentira, como una conspiración contra él o como una ineptitud de un subordinado.
La idea de que "países extranjeros" estén imprimiendo papeletas contra él busca crear ese victimismo heroico que tanto le gusta porque le engrandece. Necesita de muchos enemigos para mostrar su "grandeza". Si nadie quiere que continúe —este es su razonamiento— es por él es lo mejor para los Estados Unidos.

Pero las noticias que llegan a través de la obra de John Bolton muestran una faceta estratégica: la petición a todos los que puede, incluida China, para que apoyen su reelección permitiéndole ofrecer al electorado norteamericano la imagen del "gran negociador", la de aquel que logra mejorar los acuerdos previos defendiendo mejor los intereses de los Estados Unidos, uno de sus argumentos esenciales. Este argumento le ha funcionado en un doble sentido: primero le ha permitido dejar mal a todos sus antecesores, especialmente a Barack Obama, una verdadera obsesión, y en segundo lugar, ha servido para cultivar su propia imagen triunfadora e insustituible. 

En realidad, Trump ha destruido todo lo que ha podido y no ha negociado mejor que otros. Lo que ha hecho ha sido cambiar las reglas del juego desde los acuerdos a las imposiciones. Trump no negocia, se impone por la fuerza y la amenaza, como acaba de hacer con la amenaza a Alemania de retirar los soldados norteamericanos del país si no se aceptan sus  imposiciones. Este comportamiento se ha mantenido constante en las amenazas arancelarias y ha sometido al mundo a un juego peligroso, especialmente en su juego contra China, tal como están advirtiendo ya sin tapujos los expertos en economía internacional.
Lo que sigue sorprendiendo —una razón más para el pesimismo— son esos millones de personas que lo han convertido en una especie de culto. Es sorprendente como este paradigma de la mediocridad y la mentira, de la ignorancia y la arrogancia, ha logrado hacer su propia revolución populista dando a la gente una imagen sin retocar. Podríamos tener a alguien que ocultara su personalidad, pero Trump es lo contrario, es el exhibicionismo contra las convenciones convirtiéndose en una nueva norma. Cuando tengamos cierta distancia, nos sorprenderá ver lo que se ha aceptado, lo que se ha destruido, lo que se ha dicho. O quizá se haya transformado el mundo siguiendo su imagen.
Puede que seamos demasiado optimistas en nuestra consideración de la inteligencia colectiva y de la idea de una civilización armónica. Puede que tengamos por delante una época de más conflictos, con retrocesos de la democracia y de la voluntad de paz.


El daño hecho a los Estados Unidos, dentro y fuera, es inmenso. Puede que llegue otro presidente capaz de normalizar las relaciones con otros países, regrese a las instituciones internacionales, etc. Pero el daño hecho a la sociedad norteamericana con la división y en el enfrentamiento durará años, décadas probablemente.
Trump se ha puesto el parche antes que la herida. La sola posibilidad de que no acepte los resultados electorales (insisto, no es una simple fantasía) planteará un panorama de división como no se recuerda. Trump ganará la batalla de la división aún después de muerto. Es una batalla que nadie le puede disputar porque no necesita más que sus palabras para crear la tormenta. En lo que pueda acabar, si ocurre, no lo sabe nadie. Pero recordemos que ya lo ha advertido.  Y si se le ha pasado por la mente ya una vez, puede pasársele dos.



* Beatriz Navarro "Trump agita el fantasma del fraude electoral tras el fiasco de su mitin" La Vanguardia 23/06/2020 https://www.lavanguardia.com/internacional/20200623/481923502712/trump-reeleccion-estados-unidos-elecciones-maduro-tulsa.html

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Una ayuda extra

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
De nuevo otro escándalo con los currículos académicos de los políticos. A diferencia de otros escándalos de corrupción, cuyos efectos son exclusivos sobre quienes cometen los delitos, estos arrastran tras de sí a las instituciones y personas implicadas creando un efecto sísmico. Si un político roba, es el responsable. Si un político plagia, recibe trato de favor o copia un examen, los efectos sobre muchas personas que no tienen nada que ver son grandes: la institución —de los profesores implicados al conjunto de la Universidad y de esta al sistema educativo— y todos aquellos que haya cursado los mismos estudios o similares quedan bajo sospecha extensiva y se devalúan sus estudios. Y esto es tremendamente injusto.
Forma parte de la psicología social extender la parte al todo, la creación de estereotipos negativos y meter en el mismo saco a todos sin necesidad de juicio. Los que hayan estudiado esos cuestionados másteres se han visto perjudicados por el comportamiento de sus ilustres colegas, ahora caídos en desgracia. De orgulloso "yo he estudiado el mismo máster que Cristina o Pablo" al avergonzado esconderse para no aguantar sarcasmos por haber ido a un nido de defraudadores.


El argumento de la ahora ya exministra de Sanidad sobre que al entregar el Trabajo de Fin de Máster se le aprobaba lo que le faltaba de forma automática es de una ingenuidad pasmosa. La revisión línea por línea de los trabajos entregados no perdona a muchos, dejando al descubierto las carencias de conocimientos y las alegrías metodológicas en las realizaciones de las investigaciones.
Desde que saltó el caso de Cristina Cifuentes, las consecuencias psicológicas sobre la comunidad universitaria han sido enormes, superiores a las consecuencias reales, que han afectado a las personas involucradas en las falsificaciones. A diferencia de lo que ocurre en un proceso legal, aquí se transforman todos en culpables mientras no se demuestre lo contrario. Se produce una auténtica psicosis en la que se recela de todo y cosas perfectamente legales son sometidas, por efecto del miedo, a negativas absurdas. Es el efecto terrible del miedo a no saber lo que tienes entre manos; es la parálisis del que teme que le estén engañando y verse involucrado. Da igual que sea una persona o grupo que se conozca de siempre; da igual que sea una actividad que se realiza con total transparencia desde hace años. Todo queda bajo sospecha, presa del miedo.

Desde el punto de vista de los acusados, se desata un tremendo furor. Todos quieren que su caso sea distinto al de los otros. Cifuentes fue la primera, con todos los agravantes se soberbia y descaro. Casado quería distanciarse de Cifuentes y mostrar que los suyo es diferente; en manos de los jueces está. Ahora Montón también quería distanciarse de los anteriores, marcar la diferencia. "No todos somos iguales", repite. Pero ha acabado dimitiendo cuando los resultados han ido señalando otra cosa.
Montón se despide y al menos le queda el consuelo de haber sido bien valorada por muchos en su tarea de los 100 días. Ahora los analistas tratan de ver si esto deja "tocado" al gobierno de Sánchez o no. Tonterías. Al que le preocupe eso, pues muy bien. Lo importante son los efectos colaterales más allá de la política. A unos les interesa que Sánchez lleva dos sustituciones; a otros que el caso de Casado quede al margen. Incluso le ha dado a Casado la posibilidad de decir que no hará lo que otros le han hecho a él. Por su parte Cifuentes sigue en las sombras tratando de blindar lo que se diga ante los jueces y evitar convertirse en espectáculo. Pero el show está en marcha.


Lo que ocurra con ellos me da igual. Me preocupa, en cambio, el precio que todo esto tiene, pagado en diversas monedas, para todos aquellos que cumplen y las instituciones. La histeria de las direcciones de algunas universidades por ver arrastrado su nombre, los estudiantes y profesores deprimidos por tener que aguantar sarcasmos sobre su trabajo o que una inversión importante realizada en educación se ve "devaluada" en el currículum académico. Y todo por los privilegios que los políticos han conseguido por parte de aquellos que han consentido o se han visto obligados a ello por sus superiores como parte de un plan de relaciones públicas con el poder o de consecución de amistades poderosas.
Si vamos a la razón profunda para que esto ocurra, entiendo que es una manifestación del desinterés social por el conocimiento más allá de las líneas curriculares que nos posibiliten un acceso a algo, a un trabajo mejor, un ascenso, un mérito evaluable. Mucha gente no estudia por aprender, sino para completar el diseño de su Currículum Vitae, que es el espejo del alma en estos tiempos. Los "títulos" son la nueva ideología, la que sustituye a las ideas en un mundo de "eficiencias" y "expertos" en algo. El título se concibe como una tarjeta de visita, una confirmación indirecta de los conocimientos, del cosmopolitismo cuando se ha conseguido en el extranjero. Unos lo hacen para aprender realmente y algunos como un signo de que saben, que son competentes en algo.


Vivimos en un mundo de evaluación continuada de los méritos, lo que ha generados instituciones que se dedican a medirlos y otros a producirlos. ¿Su función? La clasificación de las personas, convertirlas en un valor con dos decimales. El fraude es la respuesta a esta presión constante, en la que el "valor" concedido te hace pasar por encima de unos y estar por debajo de otros.
En el caso de los políticos tiene sobre todo un valor propagandístico. Sus partidos les hacen mostrar sus estados de competencia. No es presentable un político al que le faltan unas asignaturas para acabar una carrera o que solo tiene un grado. Hace falta presentarse como un "joven brillante y bien preparado". Lo que funciona para el mundo laboral se convierte en fachada para la política.
Antes a la política llegaba los expertos en determinados campos, personas con una trayectoria profesional indudable. Hoy, por el contrario, la gente ingresa en los partidos para hacer carrera. Y es una carrera muy difícil: tienen que buscar padrinos que les amparen, dar codazos, ofrecer servicios y sacrificios para ser vistos como delfines de alguien que un día les promocionará. En estas circunstancias, como en el caso de Pablo Casado, se te acumulan las asignaturas sin aprobar cuando te salen ya algunas canas. Tus padrinos o madrinas políticos te quieren a su lado; no vale decir que estás de exámenes y pronto alguien se ofrece a hacer una llamada a alguien que conoce en esa universidad y vas a hablar con ellos. Y ellos hablan contigo. Y te dicen.


Cada uno tiene su responsabilidad en estos casos. Y debe llevarla. El problema son aquellas personas, grupos e instituciones que deben vivir bajo sospecha por culpa de los desaprensivos, los inmorales o los corruptos.
Los partidos políticos tienen desde hace tiempo unos serios problemas de "comportamiento". Que la bandera de los "nuevos partidos" fuera la de la "honestidad" es algo más que una estrategia; resulta de la percepción de los políticos como contaminantes de la vida pública y así lo atestiguan las visitas constantes a los tribunales. En sus acciones arrastran a los que se dejan arrastrar.
No hay que quitar responsabilidad a nadie que la tenga. Lo que no es justo es que paguen unos por los privilegios concedidos a otros. Las universidades no pueden reaccionar de forma histérica ni es aceptable que se extienda la sospecha a todos.
Los que han aceptado o pedido privilegios, desprecian profundamente el aprendizaje, pues si lo respetaran y consideraran que los méritos son el resultado del esfuerzo no se habrían comportado así y abrían trabajado adecuadamente porque ese conocimiento debe redundar en benéfico de los ciudadanos que les eligen para que desempeñen sus cargos honestamente y con competencias adecuadas. Hemos pasado de políticos que eran expertos en diversos campos a políticos que necesitan una ayudita extra para completar sus estudios.
Deberíamos reflexionar todos sobre cómo hemos llegado a esta situación. A estas alturas no me extraño de que existan este tipo de casos. Me preocupa el efecto desmoralizador sobre quienes sí cumplen: políticos, profesores y alumnos.




lunes, 16 de abril de 2018

Lo que algunos se perdieron


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Dime de qué presumes y te diré de qué careces, nos dice el refrán con evidente penetración psicológica. El diario ABC hace memoria de unos cuentos, de todos los colores, que han engañado con el currículum aparentando ser más de lo que eran. El título del artículo ya nos anticipa claramente lo que nos vamos a encontrar: "La plaga del currículum falso"*.
El escándalo formado por el título de Máster de la presidenta de la Comunidad de Madrid es el último (por ahora) de los casos conocidos en los que algunos de nuestros políticos han usado diferentes medios (de juegos retóricos a falsificaciones) para dar densidad a su desnudez académica. Por el artículo de Roberto Pérez en ABC pasan los nombres de un temprano Luis Roldán, de Elena Valenciano, Leire Pajín, Bernat Soria, Tomás Burgos, José Manuel Moreno Bonilla, Joseba Eguibar, Pilar Rahola y Joana Ortega. Los casos son muy distintos, claro. Van de aquellos que terminan en sueños sus licenciaturas a los que soñaron su matriculación, pasando por los poetas del retoque de la titulación.

El caso del máster de Cristina Cifuentes es diferente porque ha conseguido dos cosas: arrastrar a las autoridades de una Universidad detrás de ella y porque con la lucha política se ha cometido otro mal, meter a todos en el mismo saco.
Hoy son víctimas de Cifuentes —y de quienes permitieron su titulación por las vías que se conocen— todas aquellas personas que con esfuerzo y cumpliendo han realizado cualquier tipo de másteres ofrecidos por las universidades públicas y privadas. Pensar que los másteres están llenos de Cifuentes es un error terrible y de cuyo daño, si no se remedia, se van a resentir las universidades españolas.
Habría primero que analizar qué lleva a los políticos a engordar o falsificar su currículum para aparentar una cualificación que no tienen o que solo mantienen a efectos publicitarios.
Con la ausencia de ideas y la simplificación de las ideologías, surge una tecnocracia que juega a la capacitación especializada como mérito principal. Se trata de hacer creer en la capacidad de trabajo de personas que han entrado, a los 16 años en los partidos y han hecho allí su verdadera carrera. Necesitan justificar su presencia no como burócratas de partido crecidos a la sombra de sus jefes sino como "brillantes" estudiosos y personas de éxito profesional. Sin embargo, no funcionan así los partidos, que tienden a establecer sus luchas para conseguir sus ascensos políticos.
Los títulos rimbombantes se sacan como medallas en el pecho, para las galas. Los que ascienden quieren hacer ver que es por su trayectoria brillante y no por sus luchas internas en el partido de turno.


El caso Cifuentes es serio porque ha arrastrado a una universidad pública en su intento de cubrir lo que parece un caso claro de favoritismo fraudulento. Los afectados son la propia universidad y, como decíamos, todos aquellos que por tener su título de máster en regla pasan a ser señalados o se ven obligados a tener que defenderse por ser magísteres.
Es serio porque muestra la contaminación de la política en las universidades. La política española, multiplicada en tres niveles (local, autonómica y central) tiene su punto más flojo, como se evidencia cada día, en el nivel intermedio que es el que tiene sus propias competencias (educación, en este caso) y su propio control que funciona mejor o peor, según los casos. La estructuración de las universidades en el nivel autonómico las hace vulnerables a la presión política, por un lado, y hace que ciertos académicos sientan la tentación del poder político, entrando en connivencia con el poder.
La universidad española, sus autoridades, todos, deben aprender de los peligros de la cercanía de unas entidades, como son los partidos políticos, que son incapaces de regenerarse democráticamente y de pactar medidas claras contra la corrupción. Lo que debería ser un evidente pacto para eliminar lo que se ha ido acumulando en estas décadas de democracia, no llega y esto tiene consecuencias desastrosas para el país en su conjunto, para las instituciones democráticas que se ven erosionadas y para todo aquello a lo que se acercan. En este caso le ha tocado a la universidad pese a los múltiples casos recogidos en el artículo de ABC que deberían haber servido de precedente. Pero los políticos llevan en el bolsillo la piedra con la que tropezar.


Los que se meten en política inflando o inventando su currículum vitae, los que les ayudan a promoverlo desde los partidos a sabiendas de que son falsos y los que posteriormente les apoyan cometen un inmenso error, el de despreciar la educación en un país en el que es profundamente necesaria precisamente para salir del estancamiento en la trivialidad pretenciosa a la que los políticos nos llevan con sus decisiones.
Desde hace tiempo, son muchos los ataques que las universidades públicas reciben desde distintos frentes, interiores y exteriores. Se ha traslado a las universidades una serie de luchas de fines inciertos en las que intervienen algunos medios de comunicación utilizados en su desprestigio. Esto es otro resultado de la politización de la vida académica, que hace que se debata con los mismos malos modos de la política y el mismo afán destructivo. Lo paga la institución en su debilitamiento social.
Tengo docencia en dos másteres muy distintos. En ambos se trabaja duro para conseguir sus titulaciones. El fin de semana lo he pasado recibiendo y revisando las estructuras de los TFM a mi cargo para poder defenderlos en junio y septiembre. Conservo los de años anteriores porque son para mí un recuerdo de un trabajo conjunto, codo con codo, entre los alumnos y su director. Hay muchas horas de trabajo en cada uno de ellos, muchas charlas sacando ideas, refinando argumentos para poder quedar satisfechos. Los hay brillantes, buenos, medianos y algunos flojos, como en cualquier otra actividad. Cada uno tiene lo que se merece por su esfuerzo.


Lo más gratificante de la docencia —sometida hoy a presiones burocráticas infinitas, a regulaciones que no aportan mucho, a contabilidad miserable— es precisamente la posibilidad de los Trabajos de Fin de Máster y las tesis doctorales. Es precisamente en este sector donde se ceban las críticas porque son los adornos académicos de algunos políticos.
La universidad no debe hacer política ni debe ser usada por los políticos. La política de las universidades es mejorar nuestro país a través de la formación de los ciudadanos. Es el desprecio a la educación lo que lleva al desprecio de las instituciones a las que se usa como mero expedidor de títulos. El caso Cifuentes lo que nos muestra es lo poco que algunos políticos valoran las universidades. Y el daño que le han hecho es mucho. Todo el que hace esto o similar está despreciando a la universidad y lo que representa para un país.
Aquí no aguanta cada palo su vela; son muchos palos los que han de aguantar las velas de los que han querido adornar sus expedientes académicos movidos por la vanidad y por tratar de ahorrarse los esfuerzos de hacerlo como los demás. Ellos son especiales. Me apena la desmoralización que el caso Cifuentes trae a los alumnos y me aterran e indignan los que piensan que es la norma. Hay muchos que disfrutan con ello de forma irresponsable alentados por unos medios que tratan los casos como si fueran el partido del fin de semana.


Cada uno sabe cuál es su trabajo, cuál ha sido su esfuerzo. Cuando los desanimados alumnos me preguntan sobre este caso y la injusticia que supone meter a todos en los cuerpos de aquellos que han abusado, les digo lo mismo: ¿has aprendido mucho con lo que has hecho, con tu trabajo? Sí, me contestan. Pues eso es lo más importante de todo. Es lo que se perdieron aquellos que fueron por la puerta de atrás. Se llevaron el título, que era lo que les importaba, pero se dejaron lo mejor: la experiencia educativa, la formación, el conocimiento, el esfuerzo.
Este año estaremos de nuevo largas jornadas en los tribunales de los másteres viendo la ilusión de muchos que han trabajado unos meses en sus TFM para conseguir un título que se merecen y que nadie debería cuestionar por lo que otros hacen. Muchas veces, al término de la jornada, comentamos los buenos trabajos expuestos y que ha valido la pena el esfuerzo. Ojalá todos pudieran decir lo mismo.



* "La plaga del currículum falso" ABC 16/04/2018 http://www.abc.es/espana/abci-plaga-curriculum-falso-201804160214_noticia.html