martes, 10 de agosto de 2021

Crear confianza (y no hacer más)

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Aquí todos los gobiernos de todos los colores han asumido desde hace décadas el mismo principio: "dar confianza". Este sanísimo principio sacado de libros de autoayuda, de potenciación del liderazgo y del "coaching", de los cursillos de comunicación política que les imparten las empresas de los amigos y algunas fuentes coleccionables se basa en el principio del no hacer para que otros hagan (en términos políticos, "dejar que la sociedad decida"). Todo se deriva de la economía, donde el término se usa de forma habitual para explicar subidas y bajadas de la bolsa. Tú creas confianza y las cosas se mueven solas como en la mesa de un mago, donde las cosas se mueven de sitio bajo los influjos magnéticos de su mirada penetrante.

Este gobierno, que ha tenido que lidiar con problemas reales gravísimos, ha llevado a la cima (siempre podrán superarse) lo de crear confianza. La pandemia supuso la necesidad de encontrar personas "creíbles", es decir, personas capaces de "crear o transmitir confianza". Y, además, se queman rápido porque, si los hechos no responden, se les lanzan al cuello. Salvador Illa ganó un capital importante por aparentar y transmitir confianza. Un ministro que dice "que no se pueden exigir las mascarillas porque no hay" es más creíble que otra que dice que "no son ya necesarias" para no exigirlas.

La "confianza" no es un hecho, sino un estado de ánimo que permite tomar decisiones en un sentido u otro. Yo puedo "transmitir confianza" sobre algo para que otros decidan lo que harán o cómo deben afrontar el futuro.



Cuando el presidente dijo el día exacto en que todos nos podríamos desprender de las mascarillas en exteriores estaba intentando "crear confianza". La ministra Darias lanzó ese monumento retórico suyo al decir que "comenzaba la época de las sonrisas", con lo que muchos dieron un paso atrás temiéndose una encerrona. El presidente y la ministra lanzaban órdagos de confianza.  La firmeza del presidente, la sonrisa de la ministra; las dos caras en la comunicación política, seduce y afirma, encanto y poder.



Cuando empezaron a producirse los contagios en masa debido a la retirada de las mascarillas al llegar el periodo vacacional, ellos tenían la respuesta perfecta: la responsabilidad es de las Comunidades Autónomas. Poli bueno, poli malo. El gobierno central, sonríe, anima; los gobiernos autonómicos, reprimen y coartan. Lo habían aprendido precisamente de una Autonomía, la madrileña, que acaba de barrerles con el mismo argumento, pero a la inversa: lo bueno lo pongo yo; lo malo viene de arriba. Vistos los resultados, los estrategas gubernamentales decidieron qué hacer: a) ya que a la gente le gusta que le digan lo que les gusta escuchar, b) que no les pongan obstáculos a lo que desean y c) cuando les sale mal lo que han hecho necesitan de un culpable que les libre de su propia responsabilidad (es la teoría política de Díaz Ayuso o, más bien, de sus asesores en la sombra).

El plan es sencillo: como estás harto de las mascarillas, te dicen que te la puedes quitar si se cumplen (y solo sí, ahí está el primer truco) determinadas condiciones ya que no se van a cumplir. Como se disparan los contagios, la responsabilidad de volver a poner confinamientos, mascarillas, distancias, pasaportes, etc. se dejan en manos de las Comunidades, que tendrán que enfrentarse con los sectores económicos, afectados, especialmente con los que se relacionan con el ocio en cualquiera de sus horarios.



Esto implica una gran complicación política, ya que como se ha visto en Madrid, pueblos enteros de izquierda de toda la vida, se pasaron al modelo Díaz Ayuso, el de laissez-faire. ¡Adiós a la ideología, vámonos de botellón apolítico! Y como el botellón no es un lujo o circunstancia, sino un elemento esencial, un reflejo micro cósmico de la situación española, tomaron cuenta de ello rápidamente. Hay que ser como Díaz Ayuso, pero sin parecerlo. Hay que echar la culpa a otros, hay que vender optimismo en el futuro y decir que somos fantásticos; que las pegas las pongan ellos, que se enfrenten a la gente que se le cae la baba con "el futuro lleno de esperanza" que nosotros les pintamos. Esto, en política, se debería llamar "tonto el último".

A todo esto he llegado después de encontrarme en la web de RTVE.es la siguiente información y en los siguientes términos:

 

La ministra de Educación y Formación Profesional, Pilar Alegría, ha apostado este lunes por la presencialidad en todas las etapas para el próximo curso escolar y ha descartado imponer a los profesores la obligatoriedad de vacunarse debido al elevado porcentaje de docentes que lo ha hecho de forma voluntaria.

"Casi todos lo han hecho ya voluntariamente; profesores y ciudadanos están dando una imagen de total responsabilidad en el proceso de vacunación", ha indicado Alegría en una entrevista en la Cadena Ser recogida por Europa Press.

La ministra ha ensalzado precisamente la disposición de los ciudadanos en general con el proceso de vacunación. "Cuando cada comunidad abre un tramo de edad para la vacunación la respuesta es positiva, aquí lo único que podemos agradecer es la respuesta y sensibilidad que están la ciudadanía está mostrando para protegerse", ha añadido Alegría.

Respecto al número de alumnos en las aulas, la ministra ha recordado el esfuerzo realizado el curso 20/21 para la contratación de personal docente ante la rebaja de las ratios educativas. Gobierno central y comunidades autónomas pactaron en mayo recuperar las ratios prepandemia de cara a septiembre, pese a lo que el ministerio ha pedido a los gobiernos autonómicos que mantengan el profesorado que fue contratado como refuerzo.

"La ratio se corresponde con la media europea y para hacer frente a las incertidumbres, el gobierno ha inyectado fondos de manera muy importante para que las comunidades puedan seguir apostando por esas medidas que mejoren la calidad de la educación en estos momentos", ha indicado la ministra.

La titular de Educación ha aludido, no obstante, a la voluntad del Gobierno y de las comunidades autónomas de revisar el protocolo de cara al inicio del curso escolar para actualizarlo en función de la situación de la pandemia. "En uno de los últimos consejos interterritoriales ha habido una nueva actualización del protocolo y yo he tenido ya dos conferencias sectoriales; el protocolo está consensuado, pero mantendremos una nueva reunión con las comunidades a finales de agosto", ha concluido.

 


He reproducido la noticia en su totalidad porque no tiene desperdicio. El enlace, como siempre, al final de la entrada.

Lo primero es que rebosa de "optimismo". Todo el mundo es bueno, pero el Ministerio es mejor. Pero la cuidadosa lectura nos dice: el ministerio "ha apostado" por la "presencialidad", algo que sabe que la gente desea. Lo hace ahora, en plena vacaciones, pero veremos qué dicen lo datos en el futuro. La noticia es acogida con esperanza por parte de quienes la leen y la gente comienza a pensar en ella como un hecho, del futuro, pero "hecho". Si ocurre algo, no será por falta de voluntad.

Pero la parte más sorprendente es la que sí está en nuestras manos: la vacunación del profesorado. Soy profesor y a mí no me preguntó nadie si lo era. La frase "ha descartado imponer a los profesores la obligatoriedad de vacunarse debido al elevado porcentaje de docentes que lo ha hecho de forma voluntaria" es inconcebible en una responsable de un ministerio. ¿Significa que podrá haber profesores sin vacunar atendiendo a los alumnos en las escuelas, institutos y universidades? ¿Los habrá porque el ministerio está contento con lo participativos que son, así, en general? El argumento, además, es pasmoso por su simpleza.

¿Es "un elevado número de docentes" el objetivo" o, de nuevo, tendrán que ser las Comunidades las que tengan que enfrentarse a las garantías exigidas por las familias que la persona que tienes enfrente está vacunada? ¿Serán ellas las que tengan que tomar las decisiones sobre los docentes irredentos y negacionistas? El argumento del gran número de vacunados voluntarios no deja de ser absurdo porque ¿quién se va a arriesgar en el aula, donde da igual cuántos se hayan vacunados y solo importa el que tienes delante?



En otro orden, pero basado en el mismo procedimiento exculpatorio, se dice que "Gobierno central y comunidades autónomas pactaron en mayo recuperar las ratios prepandemia de cara a septiembre, pese a lo que el ministerio ha pedido a los gobiernos autonómicos que mantengan el profesorado que fue contratado como refuerzo". Esta vez, los despidos serán achacables directamente a las Autonomías, ya que aunque ambas pactaron "recuperar" los niveles de profesorado anteriores, el ministerio ha sido tan generoso como para pedir a las Comunidades que no los despidan. Es sorprendente por lo inaudito. De nuevo: pacto despedir, pero os pido que no despidáis. ¡Hay mayor despropósito!

Cuando ayer se nos daban esta noticia, la alegría de la presencialidad lanzada a los cuatro vientos, se nos mostraban en un gráfico animado dos pupitres separados por una distancia de "1,5 metros". La distancia se reducía a "1,2 metros", se nos decía, para que cupiesen más niños en el aula. Eso sí, las ventanas abiertas se mantienen, aunque haya que negociar (previsiblemente) la factura de la calefacción en invierno.

Esto es el espacio idílico, el previo a lo que ocurra en agosto. Una vez que el gobierno ha mostrado sus posiciones idealizadas, la Comunidades —que llevan pidiendo restricciones de todo tipo sin respuesta por parte del gobierno— tendrán que volver a ser los polis malos de las películas.


El gobierno ha tenido un grave problema. Se fijó un objetivo de vacunación y pensaba que, una vez cumplido, el virus desparecería. Estamos viendo que no es así, que se ha reducido la gravedad de los contagios pero que eso llaman "inmunidad" no es tan completa como pensaban, que habían pensado en un modelo estático —de sistema cerrado— sin contar con la aparición de variantes —modelo abierto—, que implica, por ejemplo, tener que ponerse una tercera dosis o nuevas vacunas frente a lo nuevo (como ocurre con la gripe).

Nuestra desgracia es nuestro modelo económico, ocio y turismo, un modelo viejo, propio de sociedades que requieren un rápido desarrollo, como podemos ver en la historia española y a nuestro alrededor. Es más fácil montar un chiringuito que un centro de tecnología, formar un camarero que un ingeniero. 



El modelo ocio-turístico necesita de mucha movilidad. Como los que vienen de fuera están fallando, hay que mover a los de dentro, darles confianza para que no se hundan nuestros sectores, algo que se podría haber hecho de forma más seria que lanzando a la gente a creer que ya todo está vencido. De la misma manera que la ministra Alegría dice que no hace falta exigir la vacunación obligatoria porque "casi" todo el mundo lo hace, eso se traslada a otros sectores. Si no se exige estar vacunado, tampoco se puede exigir el pasaporte COVID, como se está imponiendo por toda Europa. El sector turístico y hostelero es reticente y nuestras pugnas jurídicas acaban de complicarlo. De nuevo es el gobierno el poli bueno que no quiere exigir "pasaportes... pero si las Autonomías lo quieren... ellas sabrán y los votantes.

Ahora se abre otro conflicto: el turismo del IMSERSO. ¿Deberá salvarse el sector movilizando a los grupos de riesgo por media España? ¿A quién se le trasladará esta vez la responsabilidad por lo que ocurra con estos grupos de personas jubiladas que deben hacer turismo patriótico, por llamarlo de alguna manera? ¿Volveremos a tener dobles mensajes?



Desde el principio, esto ha sido una batalla para poder tomar las decisiones negativas conjuntamente y las positivas unilateralmente, de repartir los marrones y quedarse con las medallas. Esto nos muestra la poca categoría del parque político, siempre mirando de reojo a las urnas, siempre desayunando con sus encuestas.

Los dos "viejos partidos" partidos temen que si toman decisiones impopulares, sean sus queridos amigos, a derecha e izquierda, se aprovechen y se les lleven los votos sin desgaste alguno. Estamos viendo que es el populismo el que sale triunfante de esto retos por todo el mundo, de la extrema derecha europea al populismo norteamericano, de los neonazis a los populismos de izquierda. Aquí tenemos claros y sobrados ejemplos de esto.

Por toda Europa se están tomando medidas poco populares, del pasaporte a la vacunación obligatoria en sectores como la enseñanza o la sanidad. En Francia o Alemania, en Italia, se están enfrentado a los que se oponen y lo hacen a la cara, como Macron. Puede costarles las urnas, pero no quieren pasar por la vergüenza de no cumplir. Los peores ejemplos los tenemos en Johnson, en su caída en picado de popularidad, y decretando el "Día de la Libertad", como aquí se decretó el de la "Sonrisa". Nosotros, en cambio, seguimos discutiendo absurdos con las estrategias más burdas, con las excusas más estúpidas.

En tres semanas estaremos en plena quinta ola y con un gobierno que nos dirá que "apuesta" por la normalidad presencial y que deja a las Comunidades la aplicación de cualquier norma que les apetezca. Son ellas las que asumirán así los costes políticos. De nuevo, vender confianza saldrá barato, aunque nos cueste caro. Todo ello da muestras de los problemas del modelo o de cómo está siendo interpretado dentro del combate permanente.

¡Olvídese de la confianza! Confíe en lo que ha funcionado, seguirá funcionando y proteste cuando no se cumpla: vaya con su mascarilla, guarde las distancias (¡y no admita rebajas!; al contrario: si pueden ser mayores, mejor), mantengan la higiene y la ventilación. ¡Y vacúnese! Si no lo hace por usted, hágalo por los demás. Y si no le importa usted mismo ni los demás (hay muchos), por favor, ¡no se meta en política!


 

* "La ministra de Educación apuesta por la presencialidad y descarta obligar a los docentes a vacunarse" RTVE.es /Europa Press 9/08/2021 https://www.rtve.es/noticias/20210809/ministra-educacionapuesta-presencialidad-descarta-obligar-docentes-vacunarse/2155680.shtml



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