sábado, 26 de junio de 2021

Sé lo que hiciste el último verano

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Siguen las reacciones ante el llamado ya "macrobrote" balear que se ha esparcido por toda la superficie nacional. La cadena de amenazas de expedientes a compañías de viajes, hoteles, plazas de toros (se celebraron fiestas allí), etc. hace ver la cadena de responsabilidades. Pero la responsabilidad más alta es la de la irresponsabilidad llamada "optimismo", una forma suave del negacionismo, que no niega que exista el virus, pero sí te dice que algo "es seguro", el mantra irresponsable.

Lo mencionaba ayer, de todo este lío que el gobierno ha montado con su mal entendido de la "seguridad", lo peor del todo han sido las sonrisas con las que se anunciaba, del presidente del gobierno a la ministra que se regodeaban con ello. Esas sonrisas mandaban un equívoco mensaje donde las palabras jugaban a la ambigüedad y el énfasis optimista en la sonrisa era como un pistoletazo en una carrera, ¡adelante!

No vamos a insistir demasiado en lo dicho ayer aquí. Es todo de una evidencia pasmosa, lo que hace más criticable e irresponsable la decisión sobre las mascarillas en exteriores precisamente en el momento en que más se iban a incumplir, el verano, y por el sector que está sin vacunar, el más joven, lo que ya había dado un espectacular descenso en las edades de los contagios. ¿Cómo es posible no sumar dos más dos?

Las prevenciones del gobierno, del "lleven una mascarilla encima" al "póngansela si no hay metro y medio de distancia", son una solemne estupidez en un momento que todo el mundo tenía claro que había que extremar las medidas por los factores señalados.


El añadido de los estadios —partidos con público— era el gesto populista para calmar al reprimido deportivo que ha dado ya muestras de irresponsabilidad precisamente en este tipo de eventos. Todas las celebraciones deportivas han dejado ver fuera de los estadios que la gente se saltaba todos los consejos y normas. Lo hemos visto una y otra vez. Ahora se les dan más señales para poder hacer lo que sigue siendo un riesgo muy elevado, tal como el macrobrote demuestra en un sector, el juvenil, que se ha comportado en parte de la forma vista, mediante botellones y demás formas de celebración desde el principio de la pandemia. Las noticias de todos los fines de semana y el resumen del lunes ha sido siempre el mismo: fiestas disueltas, multas, botellones, casas alquiladas para más discreción fiestera, etc. Incluso nos han venido, principalmente de Francia e Italia porque, ellos mismos lo dicen, aquí pueden hacer lo que no les dejan en su país. Esto ha sido espacialmente llamativo en Madrid.



Ahora, gracias al gobierno, no hay arma para frenar todo esto que no implique el conflicto callejero entre la autoridad que tiene que ir "midiendo" la separación para pasar de la legalidad a la prohibición, como una especie de acordeón que se estira al metro y medio para volver a encogerse en cuanto que los responsable de mantener ese orden se hayan retirado un poco. Las dimensiones del macrobrote permiten ver lo que va a ocurrir con toda seguridad y se temen la mayoría.

De nuevo el egoísmo del asintomático, del que se sabe contagiado (o no quiere saberlo) y no le importa porque la naturaleza le ha seleccionado para inmortal. Es el mismo proceso mental que lleva a la estadística frecuente de muertes en los fines de semana por accidentes de tráfico. Son los demás los que mueren y yo ¡a vivir! Hasta que un árbol, una curva, un cruce o barranco te demuestra, en una variante brutal del "¡recuerda que eres mortal!" con el que avisaban a César, que los dioses tienen límites en su paciencia con los imprudentes y los idiotas.

La retirada de la mascarilla en espacios públicos es una imprudencia acompañada de pura demagogia, porque no se puede hablar de otra cosa. Ya hemos pasado por momentos así, de bajada de guardia, pero no creo que hasta el momento hayan ido acompañados de esta euforia, de este optimismo inexplicable desde el punto de vista epidemiológico y sanitario. Solo el carácter político es el que explica esto en un momento en que las encuestas dan una bajada del gobierno, tanto de unos como de otros socios.



Prácticamente no hay especialista que no se haya llevado las manos a la cabeza ante esta conjunción de factores para lanzar a la gente a las calles. En RTVE.es, Sofía Soler, con el titular "Macrobrotes, o el peligro de olvidar cuándo hay riesgo en exteriores: "Podemos repetir el error del verano pasado"", recoge los datos y los temores ante este macrobote:

 

El macrobrote de coronavirus originado en un viaje de fin de curso a Mallorca deja al menos 470 positivos entre estudiantes de seis comunidades y más de 2.000 jóvenes en cuarentena. Con la temporada de vacaciones recién estrenada y el optimismo latente por la relajación de la norma de las mascarillas, la noticia llega como un jarro de agua fría: ¿es esto el preludio de otro verano de rebrotes?

"Nos puede venir muy bien precisamente para no lanzarnos a pensar que esto se ha terminado. Porque no se ha terminado. Yo creo que es una advertencia: tenemos todavía virus para rato", responde a RTVE.es Alberto Torres, jefe de Medicina Preventiva del hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, poniendo énfasis en que no olvidemos cuando hay peligro de contagio también al aire libre.

"Ojo: se percibe euforia y podemos repetir error verano pasado. Con que tengamos una pequeña ola, el turismo caería en picado...", advierte el epidemiólogo Joan Caylà. Ambos especialistas coinciden en la amenaza que supone la variante Delta para este verano: "Es más transmisible y tiene un mayor riesgo de hospitalización".

El riesgo del virus en exteriores: ¿cómo identificarlo?

Ante estos datos, Torres reprocha la mala pedagogía y excesiva banalización del riesgo en espacios abiertos, especialmente ahora que la mascarilla pasa a no ser obligatoria cuando se pueda mantener la distancia de seguridad al aire libre. "Hay que matizar las situaciones. No quiere decir que en el exterior no tengamos riesgo", avisa.

Existen escenarios sin peligro de contagiarnos, en los que la persona camina sola o con convivientes por un espacio abierto, cuando no haría falta llevar mascarilla. Asimismo la probabilidad de transmisión es "prácticamente nula" en un cruce rápido de dos personas por la calle. Ahora bien, a partir de ahí, las posibilidades son variadas y entran en juego factores como si se lleva protección respiratoria o no, cuál es la distancia entre las personas, cuánto tiempo vamos a permanecer hablando, etc.

"La pregunta es: 'si esta persona estuviera infectada, ¿estaría yo en una situación de riesgo?' Si tu respuesta es sí, ponte la mascarilla", aconseja Torres. "Probablemente en estas macrofiestas se habrán visto muchas situaciones en las que han estado cerca unos de otros, sin mascarilla, cantando, saltando. En esas situaciones se generan muchos aerosoles y hay oportunidad de transmisión".*

 


Como se aprecia, ya no se critica solo la medida, sino ese "optimismo" y hasta "euforia" que la compaña, ese "color de rosa" del que hablábamos ayer aquí. Considerar el macrobrote como un "aviso" de lo que puede ocurrir es lo menos que se puede sacar de esta situación.

Lo que se nos muestra es que la estrategia del fuelle —bajar a un punto para después dispararse la subida por ser impulsados, sacados a la calle— no funciona. ¿No está haciendo el gobierno lo que le criticaba a Díaz Ayuso en Madrid? ¿Hasta qué punto es lo que tienen en mente a la hora de tomar esta (falta de) medida? ¿Pretende así congraciarse con aquellos que están hartos de las medidas (como todos), que no entienden o quieren entender su sentido?

Deberíamos tener claro: a) el virus no se va, solo está contenido por nuestras acciones preventivas; b) si se relajan estas medidas, inmediatamente vuelve a subir la incidencia en aquellos grupos que las relajan. No se trata de "criminalizar" a nadie, como se suele decir; pero lo que empezó contagiándose en funerales y viajes a partidos en Italia, ahora requiere, por su concentración, de menores "trayectos". El movimiento de concentración/contagio, primero, y de expansión/reparto después explican que somos nosotros los que causamos todo.



De las advertencias anteriores, las hay también sobre la economía: "... el turismo caería en picado". La economía solo se salva con responsabilidad, que es lo único que puede dar cierta confianza. Por eso son contraproducentes aquellas acciones que tratan de recuperar los perdido acelerando y desatendiendo las normas. En el macrobrote son muchos los mecanismos irresponsables puestos en marcha. Nadie ha intervenido para algo que se hacía a plena la luz.

Todo el esfuerzo que se hace previamente contrasta con el pistoletazo veraniego de salida, que se vuelve a repetir y cuyo resultado ya conocemos. Sí, "sé lo que hiciste el último verano", podríamos decir recordando el título de la película. Todos los sabemos, cómo ocurrió y cuáles fueron sus consecuencias.

El gobierno sigue pensando que con las cifras actuales de vacunación es posible salir adelante. No es así, como se ha mostrado. El descenso se ha estancado y hay un repunte. Las vacaciones y su movilidad (de un espacio a otro) y su concentración (se juntan las personas) son la situación ideal para una gran explosión y una rápida expansión (el regreso a sus comunidades de los jóvenes infectados).



Es el tipo de noticia que mucha prensa extranjera está deseando publicar para evitar que sus nacionales salgan del país y así dejar el gasto en casa. No deja de ser una paradoja que Baleares fuese el único lugar al que Reino Unido —¡los deseados turistas británicos!— había autorizado en España.

La gran pregunta ahora es si va a ser posible parar lo que es previsible que ocurra con un sector sin vacunar en absoluto que considera que el tiempo libre del que dispone en abundancia debe dedicarse a reunirse en lugares públicos y que no tiene porqué llevar puesta una mascarilla, que ya se la quitaba antes y que ahora considera que no tiene porqué. 

Todos los matices del gobierno contrastan con esas sonrisas y esa euforia que muchos han percibido en el mensaje. Las celebraciones nocturnas del "fin de la mascarilla" son suficientemente ilustrativas del estado de ánimo. Se advierte desde todas partes que hay que seguir vigilantes, pero no es ese el mensaje que percibimos en las celebraciones de personas de todas las edades, especialmente, los jóvenes (entendiendo por estos una amplia edad que se considera tal). Las cifras de la edad de contagios e ingresos son muy claras al respecto.

La pandemia tiene unos aspectos biológicos, pero el carácter expansivo se lo dan nuestros hábitos sociales, nuestra forma y capacidad de reunirnos y movernos. El coronavirus, por su parte, se limita a aprovechar todo aquello que les es favorable.

Todavía me acuerdo de lo que hicimos el último verano.



* Silvia Soler "Macrobrotes, o el peligro de olvidar cuándo hay riesgo en exteriores: "Podemos repetir el error del verano pasado"" TRVE.es 26/06/2021 https://www.rtve.es/noticias/20210626/coronavirus-riesgo-verano-exteriores/2110640.shtml






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