domingo, 7 de marzo de 2021

Necesitamos otro futuro

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



En el programa semanal de Euronews, Estado de la Unión, el periodista Stephan Grobe le dedica una parte a Benoît Lallemand, secretario general de Finance Watch, señalando que este cree que una parte de los fondos destinados a recuperación se desperdiciarán porqué la "mayor parte del gasto para recuperarnos de la pandemia se centra en mantener o reactivar la economía de ayer"*.

Esta observación es decisiva y tendrá una enorme trascendencia no solo para la "recuperación", un término demasiado conservador, sino para otras fórmulas más progresivas que sitúen a la economía europea en una senda de fortaleza ante un futuro del que lo que estamos pasando ahora sea una muestra y anticipo.



La decisión de en qué y cómo invertir todos esos fondos de ayuda debe ser meditada porque es precisamente el futuro lo que nos estamos jugando con toda esta serie de decisiones.

La pandemia ha dejado al descubierto las miserias del sistema, sus desequilibrios y debilidades, el tope de las posibilidades de algunos sectores que están claramente sobredimensionados y que acusando su tamaño son muy difíciles de controlar.



Aquí hemos repetido una y otra vez un diagnóstico que seguimos ignorando: la economía española es la que más sufre todos estos vaivenes que suponen las sucesivas crisis que se están produciendo cada vez. Es la que más sufre, la más dependiente de soluciones exteriores y la que más tarde en recuperarse.

Hace tiempo que los políticos carecen de programa de futuro y se contentan con ofrecer parches interesados a un presente del que son hijos y en el que aspiran seguir creciendo. La estructura autonómica, lo estamos viendo cada día, impide planes generales de reconversiones y los poderes locales son deudores de aquellos que les han permitido y apoyado para llegar al poder.



Nuestras crisis económicas han sido debidas a la sumisión a ese modelo que nos impide crecer, que nos hace crecer con enorme debilidad y que hace que lo mejor que produce el sistema formativo tenga que emigrar a otros países, eso vale tanto para el personal sanitario —repartido y valorado por toda Europa— a nuestros ingenieros e investigadores que acaban aceptados en otros países en donde la investigación significa algo más que miseria y supervivencia.

Ladrillo, turismo y hostelería han creado nuestro panorama desde hace ya varias décadas torciendo el destino de España como país industrial. Nuestra industrialización se va reduciendo y dependen de inversores extranjeros a los que hay que bonificar para que vengan antes de que se vayan a otros países más baratos a producir.

El sur de Europa lucha entre ser destino de descanso del Norte industrial y tratar de salir y crear nuestra propia independencia en el conjunto, la que permita producir algo más que aquello que se nos permite directa o indirectamente. Cuando el norte se paraliza, como ocurre ahora, el sur se queda a merced del desastre, cortadas sus fuentes de supervivencia.



La situación vergonzosa de Madrid, invadida por gamberros franceses que saben que se pueden saltar las restricciones porque tenemos que besar por donde dejan sus vómitos nos da una imagen patética de lo que es un destino que a nuestra pobre y poco imaginativa clase política le resulta fácil manejar. No dan para mucho más en sus disputas y carecen del sentido de futuro para sacar a un país débil y estancado, empeñado en distraerse peleándose unos con otros sin ninguna utilidad más que para aquellos que lo fomentan.

Lo que avisan desde Finance Watch es especialmente indicado para España, el temor a que vayamos a invertir en un fantasma persistente, en un agujero por el que no hay preparación para lo que nos va a llegar pronto, un futuro oscuro y quejumbroso.

La pandemia es algo más que una crisis sanitaria. Podemos ver al desnudo nuestros límites, las enormes deficiencias de un país que quiere llenar los bares, uno por cada 175 habitantes; amontonar 75 millones de turistas y decorar los pueblos para atraer visitantes a que vayan a hacerse selfies ante las curiosidades que les mostramos.




Ocio y espectáculo, inversiones multimillonarias en deportes para llenar estadios a cualquier precio mientras se pierden los valores educacionales. Todo es espectáculo y debe llenar calles, salas, bares, festejos. Nuestras carencias en la organización de la enseñanza han quedado claras, tal como ha ocurrido en muchos otros sectores, cada vez más reducidos a la mínima expresión.

Un 25% de economía sumergida, mucha de ella de subsistencia, retratada en un constante contratar y despedir, en disfrazar de becarios para no tener que comprometerse realmente con el empleo. Tenemos gente que llega a los 40 sin haber tenido un empleo digno, solo una sucesión de contrataciones y despidos según sea temporada alta o baja. Tenemos una de las tasas de abandono escolar mayores, algo que comenzó con la fiebre del ladrillo ante la inutilidad del estudio, al que no se le ve un futuro, solo un abuso en el futuro.

Como dice muy gráficamente Benoît Lallemand, el secretario general de Finance Watch, "lo que importa es dónde queremos estar dentro treinta años y no en el próximo trimestre". Nuestro problema es que hemos dejado de pensar en un futuro mejor para todos y nos hemos construido a un "pasado-presente" elástico, un "más de lo mismo desoyendo" lo que puede ocurrir en una mezcla de egoísmo y ceguera generacionales.

Hace años que se viene hablando de la explotación de una generación, a la que no le queda más remedio que emigrar o plagarse a este modelo poco gratificante. Lo hemos dado por bueno y aceptamos sin luchar demasiado que nuestros hijos vivirán peor que sus padres.

¿Es posible aceptarlo sin más?




* "ONG advierte que los fondos de recuperación se "desperdiciarán"" Euronews 5/03/2021 https://es.euronews.com/2021/03/05/ong-advierte-que-los-fondos-de-recuperacion-se-desperdiciaran


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