sábado, 4 de julio de 2020

Paraíso certificado

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Creo que fue una de las primeras cuestiones que apuntamos cuando la pandemia comenzó a entrar fuerte, cuando los casos y muertos empezaban a asustar. El miedo sería una fuerza de división, el miedo a los otros. Había empezado a hablarse de "pasaportes" identificativos, de certificados de estar libres de contagio para poder crear islotes aislados del resto, percibido como peligro constante. Ahora se nos confirma que la seguridad tiene un precio y unas formas. Hay un dentro y un afuera del Edén.
Si ayer hablábamos de las enloquecidas "corona party" en Tuscaloosa, Alabama, en las que los estudiantes universitarios invitan a un enfermo para ver quién es el primero en contagiarse y llevarse el bote, hoy La Vanguardia nos trae la modalidad opuesta, la del espacio exclusivo con todos los filtros activos para evitar el contagio y poder dejar el miedo aparcado en la maleta mientras se toma el sol o el baño en el exterior, sin ver a los otros como potenciales peligros, mirarlos con angustia o con irritación porque van sin mascarilla donde debieran o por no respetar las distancias. Todo esto es difícil de automatizar y provoca miedo y ansiedad, por lo que la tranquilidad pasa a ser un factor importante para muchos.
Se insiste en que tomes tus medidas, pero se relajan las colectivas, ya sea por la apertura de fronteras, por los movimientos de turismo interior o por cualquier otra circunstancia como la más peligrosa, la falta de responsabilidad y la inconsciencia de muchos.
Nos cuentan en La Vanguardia:

“Trillas Paradise, zona test PCR”, así ha bautizado el camping Trillas Platja de Tamarit, uno de los campings históricos de la provincia de Tarragona, el espacio que destinará a alojar de forma exclusiva a clientes que se hayan hecho una prueba PCR y cuyo resultado sea negativo.
La sección Paradise era una zona destinada anteriormente a alojar bungalós, pero esta temporada se ha convertido en un “mini-camping”. Cuenta con servicios como restauración, piscinas, zona deportiva y un miniclub. Dentro de la sección no serán necesarias las medidas de seguridad sanitaria que regirán en el resto del camping como el uso de mascarilla o el distanciamiento social.
Además de la prueba diagnóstica, los clientes también deberán completar un cuestionario médico en forma de aplicación que desarrollaron en abril expertos de la Fundación para la Lucha contra el Sida (FLSIDA) para hacer seguimiento de pacientes con la Covid-19.
“Teníamos que ofrecer la seguridad más alta posible”, afirma el director del camping, Roger Trias. Para ello, se han inspirado en el modelo de control epidemiológico que está llevando a cabo Corea del Sur para mantener a ralla la pandemia de coronavirus a base de pruebas diagnósticas.
El proceso será el siguiente: una vez el cliente haga la reserva, deberá rellenar el cuestionario mencionado. Cuando llegue al recinto, tanto él como todos los miembros de su familia, si fuera el caso, deberán realizarse una prueba PCR. El precio será de unos 100 euros por persona, mientras que el camping asumirá el 50% aproximadamente del coste total del proceso.*


Todo un diseño para asegurar la relajación vacacional en un verano que se apunta duro por la cantidad de irresponsables que se ven por las calles. Muchos perciben que no hay lugar seguro. A ello contribuye este asombroso coronavirus capaz de desarrollarse en personas que carecen de síntomas y que pueden bailar, besar, saludar, abrazar... con completa normalidad y una sonrisa a otros que pueden morir o sufrir semanas o meses en la UCI.
Un médico veterano, entrevistado ayer en algún canal televisivo, comentaba que jamás había visto una enfermedad como esta. Tiene razón. Cuando se suman sus cualidades, resulta ser extraordinario por el éxito reproductivo, por su capacidad de camuflaje. Lo dicen otros, no han visto un virus con una variedad tan grande de posibilidades, del asintomático al que fallece en unos días, con tales variaciones de edad, etc.


El camping no es solo un paraíso; es también una cárcel. El destino de los paraísos es que te expulsen de ellos. De este se te expulsa si sales. Solo pueden garantizar tu tranquilidad mientras no corras riesgos y salir es hacerlo.
El prestigio paradisiaco solo se puede mantener si no hay un solo caso, por lo que las normas serán de aparente libertad, ya que puedes relacionarte con los demás sin límite, pero un solo caso tendría efectos demoledores entre tanto confiado. Es mejor no pensarlo. Pero seguro que el miedo no abandona totalmente, que actúa como un destello antes de dormir o poco antes de levantarse. ¿Es bueno educarse en este aislamiento artificial? ¿Cómo será el regreso a la "temida normalidad"? Si siempre ha sido duro regresar de las vacaciones, ¿cómo lo será ahora, pasando de un entorno garantizado a la jungla salvaje del coronavirus?


Desde la ventana que hay a mi izquierda, he visto estos días instalar varios sistemas de aire acondicionado en el edificio de enfrente. Como si del Jeffries de La ventana indiscreta se tratara, lo que veo me sirve de noticiero. Les veo en sus ventanas y terrazas; hablan, toman medidas y pocas horas después escucho los taladros mientras colocan los soportes para los aparatos refrigerados. Son el síntoma de que muchos van a buscar la tranquilidad en sus propias casas. El dinero del verano se gastará en la casa y en casa, saliendo lo menos posible.
Cuando vas al centro comercial, de nuevo ves a la gente llevándose ventiladores y grandes televisores, algo que suele ocurrir en los años en que hay olimpiadas y mundiales de fútbol. ¿Se acuerdan cuando el Comité Olímpico nos decía que los Juegos de Tokio "sí o sí"? Parece que han pasado siglos. Sin embargo, el calendario muestra que no hace tanto, pero que nuestra mentalidad ha dado grandes saltos en este proceso de indiferencia, negación y finalmente miedo.

En su momento dijimos que se producirían el negocio de la certificación de la seguridad, ya sea a través de los análisis o de las limpiezas integrales. Y así ha sido. Ante la posición de que se trata de evitar que se colapse el sistema sanitario, es decir, reducir el número de contagios hasta hacerlo "tratable" y que cada cual se cuide de sí mismo, la gente lo hace. Y lo hace con más garantías el que alquila terrazas y piscinas para el verano, como nos informan los medios.
Es el mismo principio de seguridad. ¿Por qué ir a una playa o a una piscina a pelearte con tu vecino de sombrilla? Si te puedes permitir el lujo del aislamiento, invierte en ello, en seguridad pagada. Yates, playas apartadas o camping con seguro a todo el que entra. Es otra forma, aunque relativamente inesperada, de reactivar la economía.


Los campings reservados pueden ser un anticipo de un océano tormentoso lleno de pequeños puertos seguros para aquel que los pueda pagar. Abrimos los aeropuertos, pero cerramos los campings. 
El negocio de los "paraísos" crecerá allí donde se puedan pagar. Serán síntomas de estatus, como lo son yates y mansiones alquiladas. Los que estén al otro lado del paraíso tendrán que jugársela cada día para sobrevivir en un horizonte de rebrotes creciente.
La encuesta simple de La Vanguardia, con cerca ya de un millón de participantes, muestra esta misma mañana una preocupación del 82,65% por el avance del coronavirus. Es bastante preocupación para un horizonte tan optimista. No se puede reprochar al camping tomar estas medidas. El problema es más allá de la semana segura de vacaciones. Quedan muchas otras en el año.
Escucho un nuevo martillo golpeando en la casa de enfrente. Instalan otro aire acondicionado en la casa de enfrente.



* "Un camping de Tarragona habilita un espacio para clientes con PCR negativo" La Vanguardia 03/07/2020 https://www.lavanguardia.com/vida/20200703/482060693188/camping-tarragona-tamarit-clientes-pcr-negativo.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.