A la
lucha de los científicos por encontrar remedios y expertos en salud pública,
epidemias, etc. por recomendar lo más ajustado, se une el deseo político por
mostrar eficiencia, capacidad de liderazgo, firmeza, visión de futuro, etc. es
decir, la cualidades del líder.
Pero
las figuras de los líderes se erosionan ante el desgaste que supone tener que
tomar decisiones duras ante la opinión pública o, peor, dejar de tomarlas y ser
acusados de irresponsables, ineptos, dubitativos, etc. Los dirigentes mundiales
compiten, además, entre ellos en una carrera por el prestigio de ser modelo, es
decir, convertirse en referencia de las actuaciones de los demás.
Donald Trump, un vendedor de optimismo y humo, cuando las esperanzas le parecen poca
cosa, se dedica a recomendar fármacos que, según él, son buenos (muy buenos)
para combatir la pandemia.
En
estos momentos, la polémica entre Trump y sus asesores expertos, como el doctor
Fauci, es una batalla abierta en la que están dispuestos a participar los
indocumentados y propagandistas descarados. Basta con que Trump diga que un fármaco
contra la malaria funciona para que la Fox lo repita.
Además,
la tribu trumpiana se amplía con personajes que ahora, después de despreciar la
enfermedad como un invento de los demócratas y los medios liberales, se dedican
a proteger la salud de los norteamericanos con su ignorancia. Con información
de AP, en Ahram Online se nos cuenta este conflicto abierto:
President Donald Trump and members of his
administration are growing emphatic in promoting an anti-malaria drug not yet
officially approved for fighting COVID-19, even though scientists say more
testing is needed before it's proven safe and effective against the virus
Trump trade adviser Peter Navarro promoted the
drug, hydroxychloroquine, in television interviews Monday, a day after Trump
publicly put his faith in the drug to lessen the toll of the coronavirus
pandemic.
"What do I know, I'm not a doctor,"
Trump told reporters Sunday. "But I have common sense."
The administration's public backing of the drug
comes after a heated Situation Room meeting of the White House's coronavirus
task force on Saturday, in which Navarro challenged the top U.S. infectious
disease expert, Dr. Anthony Fauci, over his concerns about recommending the
drug based only on unscientific anecdotal evidence. Navarro, who has no formal
medical training, erupted at Fauci, raising his voice and claiming that the
reports of studies he collected were enough to recommend the drug widely,
according to a person familiar with the exchange who spoke on the condition of
anonymity to describe the Situation Room blow-up.
Fauci has repeatedly said that current studies
provide only anecdotal findings that the drug works. Navarro told CNN on
Monday: "I would have two words for you: 'second opinion.'"*
La aparición del inefable Pete Navarro como una línea
defensiva para proteger o respaldar a Trump en algo de lo que ambos no tienen
ni idea nos da una muestra desgraciada de cómo está funcionando la política
norteamericana en estos momentos. Navarro, como antes lo hicieron otras joyas de la política de los
republicanos, sale a intentar salvar la cara del jefe. Se tratar de que alguien
—el que sea— pueda aparecer en una pantalla repitiendo que el "sentido
común" de Trump es un auténtico lujo para el pueblo norteamericano.
La explicación es clara: no existen expertos en el campo de
la medicina o la salud pública que osen contradecir las palabras del realmente
experto, el doctor Fauci. Los que saltan al ruedo son los espontáneos que están
tratando de hacerse un nombre a fuerza de acumular minutos en pantalla y loas
al presidente. Algún día tienen la esperanza de que les devuelvan el favor,
supongo.
La medida parece obedecer
a lo que muestran las encuestas últimas, el descenso de la popularidad
de Trump, que hace unos días sorprendió a todos por su alta cota de aceptación.
La caída actual debe preocupar a los republicanos que ven cómo se les escapan
las posibilidades de una reelección. La pandemia es el examen verdadero de
Trump, son sus elecciones auténticas. Y los números crecientes del caos
norteamericano no le están ayudando nada. Necesita cambiar las cifras y de ahí
su intento de presentarse como el salvador de la economía y de la salud. Sin
embargo, la retórica de que cualquier cifra de muertes es inferior a la que él
espera —el juego retórico más burdo de la historia— no se sabe cuánto puede
durarle si los que quieren creerle quieren seguir haciéndolo.
Que Pete Navarro se ponga a polemizar con el doctor Fiuci es
motivo de ridículo, algo que a Navarro no parece importarle mucho. La CNN
titula la entrevista con él "Navarro's laughable claim that he knows
better than Fauci". El asombro es general. La presunción de Navarro le hace formar una buena pareja cómica junto a su jefe. Es una pena que se dé en unas circunstancias trágicas donde la información es esencial y la desinformación un peligro para millones de personas que pueden seguirles en su ignorancia.
La osadía de Trump y Navarro va a quedar como histórica. La preocupación de ambos es exclusivamente política, vender pseudo eficacia antes que salud. Si Trump fue el "anti político", ahora es el "anti experto", un vendedor de mal sentido común. Lo de Navarro es peor porque lo vende presuntuosamente como "conocimiento" y "competencia", algo de lo que carece en este campo. Pero la osadía vende bien en pantalla.
Es previsible que conforme le vayan peor las cosas, aumente
este tipo de nerviosismo que le lleva a promocionar cualquier cosa, una cura milagrosa, un tratamiento sin experimentación. Al
COVID-19, una vez más, le importa muy poco la política norteamericana. Le da
igual infectar a demócratas que a republicanos. El que dé más facilidades es el bueno. Si los
coronavirus votaran...
*
"Debate heats up over using an anti-malaria drug for COVID-19" Ahram
Online - AP 6/04/2020
http://english.ahram.org.eg/NewsContent/2/9/366735/World/International/Debate-heats-up-over-using-an-antimalaria-drug-for.aspx
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