lunes, 20 de abril de 2020

La batalla de los estados

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El COVID-19 es también una prueba para las instituciones, un ejercicio práctico sobre los límites del poder, sobre a quién le corresponden las decisiones en cada caso y sobre las ideas de comunidad e individualidad. La salud misma se divide en personal y pública, ya no es algo que me afecte a mí solo, por lo que los demás puede que tengan algo que decir.
En España y otros países europeos descentralizados, con estructuras federales o autonómicas, como en España, se producen todos los días conflictos de competencias, negociaciones de presupuestos o ayudas y diferencias de criterios en función de las características propias. En nuestro caso, el estado central asumió debido a la declaración del "estado de alarma" una serie de funciones extraordinarias que iban de la sanidad al orden público, unificando una serie de normas.


Pero por muy complicada que nos pueda parecer nuestra situación, es una balsa de aceite en comparación con lo que está ocurriendo en Estados Unidos, donde se está produciendo una auténtica guerra institucional con varios frentes, dos verticales que enfrentan el primero a la Casa Blanca con los estados según su base política y otro con las cámaras de representantes y el senado. Y los enfrentamientos horizontales, los que afectan a los estados entre ellos.
El espectáculo que los Estados Unidos están dando al mundo es insólito. Se está quedando aislado, distante de la mayoría de los países e instituciones internacionales que miran asombrados las rabietas del presidente Trump (contra los acuerdo climáticos, los países que no le gustan o, la última por ahora, contra la Organización Mundial de la Salud), vieron incrédulos la guerra entre representantes y senadores por el "impeachment" del presidente y su vergonzosa resolución, y asisten ahora a la lucha contra los estados y de los estados entre sí.


El espectáculo por el COVID-19 ha acabado por hundir la imagen de los Estados Unidos en el exterior. Mientras la mayoría de los países siguen unas pautas para evitar la expansión del coronavirus en sus espacios, el mundo observa asombrado el incumplimiento generalizado de las normas más elementales por parte de los representantes, de la presidencia a los gobernadores, empeñados en ignorar las cuestiones más evidentes, empezando por el propio coronavirus que hasta hace muy poco solo era el resultado de "la histeria" creada por los medios y los demócratas para sacar de la Casa Blanca al mejor presidente de la historia del país, según su propia definición.
The Washington Post recogía hace unos días lo ocurrido en Dakota del Sur, un estado con gobernadora republicana:

As governors across the country fell into line in recent weeks, South Dakota’s top elected leader stood firm: There would be no statewide order to stay home.
Such edicts to combat the spread of the novel coronavirus, Gov. Kristi L. Noem said disparagingly, reflected a “herd mentality.” It was up to individuals — not government — to decide whether “to exercise their right to work, to worship and to play. Or to even stay at home.”
And besides, the first-term Republican told reporters at a briefing this month, “South Dakota is not New York City.”
But now South Dakota is home to one of the largest single coronavirus clusters anywhere in the United States, with more than 300 workers at a giant ­pork-processing plant falling ill. With the case numbers continuing to spike, the company was forced to announce the indefinite closure of the facility Sunday, threatening the U.S. food supply.*


Tras los ataques y desprecios a "la mujer de Michigan", tal como llamó Trump a la gobernadora demócrata del estado de Michigan, uno de los más castigados, la atención se centra en Dakota del Sur.
La gobernadora Kristi L. Noem es trumpista, variante personalista del republicanismo actual. Eso significa que para ella lo que el presidente dice se convierte automáticamente en una verdad probada. Si los votantes del estado han votado por Trump, la estrategia de mantenerse en línea con lo que él afirme desde la Casa Blanca es una medida partidista eficaz, pero suicida desde la sanidad pública, que ha llevado al desastre del contagio masivo, con ese centro de distribución de carne enlatada y de coronavirus al natural. Ahora el centro, con 300 trabajadores contagiados ha sido cerrado, pero el mal ya está hecho.
Una vez más, nos cuenta el reportaje, las condiciones sociales son importantes, ya que la mayoría de los contagiados en la fábrica son inmigrantes, en condiciones precarias y a los que sus contratistas no han dotado de las medidas de seguridad adecuadas. La suma de malas condiciones de trabajo (incapacidad de mantener las distancias de seguridad) y falta de medias de protección es el cóctel perfecto para el COVID-19, que si pudiera votaría por la reelección de Trump.


Siendo lo peor los contagios de las personas, llama la atención la filosofía política que se despliega:

Noem is one of five governors representing relatively rural states — North Dakota, Iowa, Nebraska and Arkansas are the others — still resisting such calls. All are Republicans, and all have used similar justifications for going against the national grain.
In Arkansas, Gov. Asa Hutchinson has boasted of his state’s “very targeted response” and argued that other states have so many exemptions to their stay-at-home orders that they “override the rule.”
Iowa Gov. Kim Reynolds has said that keeping people at home takes a toll on their mental health and that “suicides and domestic abuse” would rise.
Noem has perhaps gone even further than others, however, citing the principle of individual liberty and the limitations of government to dictate people’s behavior — even when public health may depend on it.
Citing scientific modeling, the governor acknowledged this month that up to 70 percent of residents in her state may ultimately fall ill with covid-19. But, she suggested, it wasn’t up to government to tell them how to behave.
“The people themselves are primarily responsible for their safety,” she said. “They are the ones that are entrusted with expansive freedoms.”
Noem on Monday continued to defend her approach, saying the state had high levels of voluntary participation in social distancing strategies — “much greater than some of those states that issued shelter-in-place orders.”*

Pura filosofía del individualismo específicamente norteamericano. El problema es que esto no funciona así en una pandemia. La salida acabará, no hay otra, en la ley de la selva en cuanto aumenten las cifras de contagios. Al derecho a tomar decisiones individualmente y que nadie te diga lo que tienes que hacer ("¡liberad Michigan!"), le seguirá cuando aumenten los casos el derecho a defenderse, el de autodefensa, frente a las amenazas. No es casual que desde que empezaron los casos en los Estados Unidos, aumentaran las ventas de armas. Es el reflejo anticipativo de una mentalidad y del cálculo de lo que puede ocurrir. Cuando se renuncia a las instituciones, a su función ordenadora, lo que queda es la fuerza.


Los trabajadores mejicanos que se hacinan en la fábrica de carne de Dakota del Sur carecen de esa fuerza; solo les queda el contagio si quieren sobrevivir. En el reportaje de The Washington Post hablan bajo condición de anonimato. Lo hacen de las condiciones en las que se encuentran. Pero ellos son sustituibles. El gran invento del capitalismo norteamericano ha sido siempre unir el seguro médico al puesto de trabajo. El que quiera estar sano depende de cómo se comporte y de lo que quiera su jefe. Muchos trabajan enfermos porque no tienen más remedio. Esto no es nuevo, pero sí crucial en la actual situación, con una pandemia que puede acabar con tu vida y la transmisión a otros:

Before the closure, workers had complained that they were not given sufficient access to protective gear, such as masks. The company said Thursday that it had taken steps to reduce the spread, including “adding extra hand sanitizing stations, boosting personal protective equipment, continuing to stress the importance of personal hygiene.” But workers said they were required to work so closely together that it was impossible to stay healthy.
“There is no social distance,” said Lily, a 30-year-old Mexican immigrant who had worked at the plant for nearly 13 years but quit because she feared bringing the coronavirus home to her husband and young daughter.
Lily, who spoke on the condition that her last name not be published for fear of retribution, said it is not only at work where she feared the virus. “Many people are sick. Not only in the plant — in the whole city,” she said.*

Sí, los Estados Unidos están convirtiéndose en el modelo negativo de cómo no hay que reaccionar, de lo que no hay que hacer. Muchos países cometen errores en este momento, pero solo la mentalidad norteamericana los presenta como virtudes y valores nacionales. Los trumpistas que se manifestaron en los estados demócratas lo hacían vestidos como para un carnaval patriótico y eso es lo que parece visto desde el exterior. Los "patriotas" gritando "Lock her up!" ante las puertas de la residencia oficial de la gobernadora del estado de Michigan, el paseo de muchos con armas y los ruidos del claxon, etc. son difíciles de olvidar y quedarán como recuerdo de los efectos sociales del trumpismo.


A los norteamericanos que esto les horroriza, que son muchos, les queda una dura tarea por delante. Son los "anti americanos", los "izquierdistas", "histéricos", "conspiradores", los "no creyentes", etc. Es difícil mantener la cordura en esta batalla que ha desencadenado el gran divisor. Trump sigue alentando a la desobediencia y al negacionismo de lo evidente. Mientras, como señalamos, sigue tratando de dirigir la fuerza del miedo hacia el exterior, amenazando a China con "consecuencias", y hacia el interior, lanzando a la calle contra los gobernadores o autoridades que no le sigan en su ignorancia interesada e irresponsable.
Es difícil encontrar un caso igual. La batalla de los estados seguirá porque Trump necesita a sus seguidores en la calle.


* Griff Witte  "South Dakota’s governor resisted ordering people to stay home. Now it has one of the nation’s largest coronavirus hot spots." The Washington Post 14/04/2020 https://www.washingtonpost.com/national/south-dakotas-governor-resisted-ordering-people-to-stay-home-now-it-has-one-of-the-nations-largest-coronavirus-hot-spots/2020/04/13/5cff90fe-7daf-11ea-a3ee-13e1ae0a3571_story.html





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