jueves, 16 de abril de 2020

La isla de Trump

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Para desprestigiar a Joe Biden a Trump le bastaba con que el gobierno de Ucrania dijera que "estaba investigando" los negocios del hijo del ex vicepresidente de los Estados Unidos en el país. No necesitaba mucho, solo con que estuvieran investigando. Con eso le bastaba. Cada vez que te interese hundir a alguien no necesitas que sea culpable, basta con decir que está siendo investigado y habrá un gran número de personas que lo consideren culpable sin necesidad de más pruebas. Este tipo de insinuaciones ha marcado el reinado de Trump desde que llegó a la Casa Blanca —antes lo hizo en campaña— y han marcado su estilo. A Trump le sobran pruebas y veredictos. Con las insinuaciones se maneja a la perfección en sus mítines semanales, en donde estas noticias de que se está investigando a alguien, a un enemigo, son celebradas en juicios sumarísimos con risas y aplausos. Todavía se recuerdan los gritos de "¡enciérrala!" referidos a Hillary Clinton cada vez que lanzaba sus insinuaciones.
Por enésima vez, desde que comenzó la pandemia, se vuelve a insistir desde la Casa Blanca que se está investigando si el origen del COVID-19 es un laboratorio en Wuhan. Cada vez que las decisiones de Trump le someten a presión, se vuelve a la casilla de salida para crear otra cortina de humo de recelo que redirijan hacia China el conflicto y la responsabilidad.

La CNN titula hoy "US explores possibility that coronavirus started in Chinese lab, not a market" en otro nuevo intento de mantener fuera de la vista lo que está cada día más claro: el fracaso de la gestión presidencial en Estados Unidos, el último país, el que tenía más conocimiento y el menos preparado gracias al negacionismo de Trump durante varios meses. Los casos se han disparado en los Estados Unidos cuando China estaba ya saliendo de la peor parte y España e Italia estaban en su peor momento. Trump ha fallado en prácticamente todos sus vaticinios voluntaristas e interesados, más pendiente de presentarse a la reelección con una economía con datos presentables. La joya de su mandato, el carné para su presentación, iban a ser unos datos exitosos económicos labrados —hay que recordarlo— gracias a los ataques a economías como la de China o la de la Unión Europea, con España dentro. Las bombas arancelarias crearon una imagen de "salud" que se ha visto hundida por los millones de parados en una semana. El "éxito" económico era solo la ruptura unilateral de la situación existente y la imposición por la fuerza de las medidas favorables a los Estados Unidos.


Con insinuaciones, Trump presumía de poder hundir una economía o una moneda, tal como restregó en la cara de Erdogan en el conflicto que mantuvieron. Con la insinuación era suficiente para hacer tambalearse la economía turca. Ahora, tras atacar a la Organización Mundial de la Salud retirando los fondos millonarios con los que contribuía, lo que le ha valido el rechazo de todo el mundo, vuelve a la carga.
La CNN explica en su información:

US intelligence and national security officials say the United States government is looking into the possibility that the novel coronavirus originated in a Chinese laboratory rather than a market, according to multiple sources familiar with the matter who caution it is premature to draw any conclusions.
The theory is one of multiple being pursued by investigators as they attempt to determine the origin of the coronavirus that has resulted in a pandemic and killed hundreds of thousands. The US does not believe the virus was associated with bioweapons research, and officials noted that the intelligence community is also exploring a range of other theories regarding the origination of the virus, as would typically be the case for high-profile incidents, according to an intelligence source.
The theory has been pushed by supporters of the President, including some congressional Republicans, who are eager to deflect criticisms of Trump's handling of the pandemic.
An intelligence official familiar with the government analysis said a theory US intelligence officials are investigating is that the virus originated in a laboratory in Wuhan, China, and was accidentally released to the public. Other sources told CNN that US intelligence hasn't been able to corroborate the theory but is trying to discern whether someone was infected in the lab through an accident or poor handling of materials and may have then infected others.
US intelligence is reviewing sensitive intelligence collection aimed at the Chinese government, according to the intelligence source, as they pursue the theory. But some intelligence officials say it is possible the actual cause may never be known.*



De nuevo, la insinuación es suficiente. No hay que mover un dedo, no hay que presentar información, pruebas, etc. Basta con elaborar una teoría peregrina y decir que se investiga. Hay incluso cierto pudor, por no decir vergüenza, en la forma de presentarlo en la CNN. La teoría, se nos dice directamente, "está impulsada por los partidarios del presidente".
No se "cree" que sea parte de un "arma" o que se haya liberado "deliberadamente", simplemente "se explora" la "posibilidad" de que haya sido una "fuga". La teoría ha sido desestimada por todos los estudios de múltiples centros y países, señalando su origen animal. Incluso la cuestión de qué animal haya podido ser está en cuestión. Mientras los científicos investigadores de todo el mundo pretender conocer el origen del COVID-19 para poder defenderse de él y salvar vidas humanas, Trump y sus seguidores solo tienen una obsesión, intentar demostrar que China es la responsable, aunque solo sea de haber dejado abierta una ventana, por decirlo metafóricamente, en un laboratorio. No es otra la obsesión de su administración.
El diario ABC —que hace unas semanas, también en un espíritu muy trumpiano, reproducía las tesis del virus escapado— nos daba ayer mismo nuevas posibilidades sobre el origen:

Primero se acusó a las serpientes, después a los pangolines. Sin embargo, hasta la fecha ningún animal ha sido identificado definitivamente como el huésped intermedio del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, causante de la pandemia que ya ha infectado a más de un millón de seres humanos en todo el mundo. Ahora, una nueva investigación de la Universidad de Ottawa (Canadá) sugiere que perros callejeros que se alimentaron de murciélagos pudieron haber sido los transmisores. El estudio, para el que se han revisado más de un millar de genomas de virus, aparece publicado en la revista «Molecular Biology and Evolution».
El pasado febrero, una investigación china señalaba que el virus, originado en murciélagos, saltó a los pangolines y después, posiblemente por la venta de estos animales en los mercados de vida silvestre de Wuhan, a las personas. Estudios posteriores encontraban en estos mamíferos coronavirus estrechamente relacionados con el de la Covid-19, pero el grado de similitud no era suficiente para afirmar que habían dado con el transmisor. Xuhua Xia, profesor de biología en Ottawa y un experto rastreador de coronavirus, es de la misma opinión. A su juicio, los virus aislados en estos animales son «demasiado divergentes del SARS-CoV-2», lo que parece indicar «un antepasado común demasiado atrás en el tiempo, que vivió probablemente en la década de 1960».
Según la nueva hipótesis, fue un coronavirus de murciélago el que infectó el intestino de los cánidos, lo que probablemente provocó una rápida evolución del virus para permanecer oculto al sistema inmune. Así reforzado, dio un salto a los humanos. La idea se sostiene en las similares señales de «batalla» encontradas en el nuevo coronavirus, en uno de murciélago estrechamente relacionado (BatCoV RaTG13) y en el de los perros que afecta a su sistema digestivo (CCoV).**



Se trabaja en todo tipo de hipótesis, como se puede apreciar, pero solo la administración de Trump está empeñada en afirmar que está trabajando en "la infección salida de un laboratorio". La narrativa empleada es de gran interés para dibujar a China como el responsable de lo que ocurre. En los discursos de Trump el COVID-19 es la condensación biológica de la mentalidad de China y del comunismo fundidos en uno.
Trump ha inundado los Estados Unidos de odio contra lo que llega de fuera. Es la ideología del miedo. Primero fue contra los "bad hombres", con lo que se trataba de crear el miedo y el rechazo criminalizando a todos los que atendían al "perfil hispano". Eran violadores y narcotraficantes, criminales que debían ser devueltos tras el muro que se debía elevar. "¡Construye el muro!" era el otro grito, el de la América que dejó de ser América, el Nuevo Mundo, para ser la isla norteamericana. Ese muro también tenía su versión contra los árabes. También para ellos se creó un muro porque si los hispanos eran violadores y narcotraficantes, los árabes eran todos terroristas a los que había que impedir entrar en la isla norteamericana. Con cada prohibición, Trump aseguraba a sus enfervorecidos seguidores América era más grande y más segura.
Pero China le plantó cara. Donde los demás rendían pleitesía o agachaban las orejas (Europa incluida), la segunda economía del mundo le plantó cara en la guerra comercial desencadenada por Estados Unidos, por su administración, contra el mundo. 
Y en plena guerra, saltó el coronavirus, el llamado por Trump "virus chino", hasta que la hoy sancionada OMS dijo al mundo que había que llamarlo "COVID-19", porque no había que producir xenofobia o racismo.
El cierre del artículo de la CNN, tras citar a Mike Pompeo y sus deseos de saber una verdad que dice ya saber en realidad (la culpabilidad de China), explica de nuevo la postura de la administración:

Some of the officials said the US intends for China to pay a price, but recognize the US has to be careful not to inflict a cost on China before the pandemic is under control and until they have more information about its creation.**

Es el mismo planteamiento de la factura del hipotético muro que debía pagar México como declarado unilateralmente culpable de los crímenes de los que se le acusa. El razonamiento es el mismo: que pague el culpable. Por supuesto, Estados Unidos actúa como juez, jurado y verdugo, en su papel de gendarme del mundo. La idea de "ser cuidadosos" es casi una broma de mal gusto teniendo en cuenta que lo que se alienta en el surgimiento de un sentimiento de "venganza" que se pide dilatar hasta mejor momento, pero que se da por hecho. La hipocresía es que esto se dice mientras se afirma e insiste en lo contrario.


Habrá que irse preparándose para lo que serán las presiones de Trump sobre los "socios", a los que intentará aliar en una guerra comercial y política contra China. Ya lo está haciendo con su electorado. "Cobrar a China" es una promesa electoral, algo que está implícito en su camino a la reelección: si continúo como presidente haré pagar a China. Para que esto le funcione tiene que crear el odio convencido, la afrenta intencionada, el rencor sinofóbico. Y en eso está trabajando. Lo hará también internacionalmente, presentándose como el paladín de la cofradía de "señores del frac" que pretenderán acceder a la factura del gasto, a la indemnización por daños. A esta cofradía se apuntarán aquellos que sean presionados por su mala gestión y vean la salida en responsabilizar a otros. Los populistas de corte trumpiano empezarán a copiar sus discursos pronto. Lo veremos, si no han empezado ya.


La personalidad de Trump necesita del enfrentamiento, de la creación de un enemigo que sirva para justificar sus acciones y atraiga a los votantes y seguidores, que se siente unidos a él frente a los peligros que anuncia y crea. Es un mecanismo constante, similar a la Guerra Fría, que sirvió para expandirse por el mundo ante los peligros que acechaban. Trump quiere reavivar una guerra fría comercial con China que ha dado un salto cualitativo con la aparición del coronavirus. Eso implica la creación de bloques, lo que le aseguraría ser la madre clueca de los temerosos países que necesiten su manto protector. La idea, como hemos visto en la OTAN, es cobrar la protección. Ahora quiere cobrar también al otro lado o hacer creer que lo hará. Con eso le basta.


The Washington Post, que trata de contabilizar los embustes, medias verdades y demás categorías que caracterizan el reinado de Trump, titulaba ayer "President Trump made 18,000 false or misleading claims in 1,170 days" —no está mal el promedio— y  explicaba:

When we last updated our database of President Trump’s false or misleading claims, it was on Jan. 19, the end of his third year as president. The president’s most frequently repeated false claim was that he presided over the best economy in the history of the United States.
The next day, the first confirmed case of the novel coronavirus was reported in the United States. So, with this update through April 3, we’ve added a new category — coronavirus — that already has more than 350 items. Much has changed in the world, with stay-at-home orders, massive economic disruption and topsy-turvy securities markets, but one thing has remained constant — the president’s prolific twisting of the truth.***



Creo que no es necesario añadir mucho más a lo escrito. Es un caso insólito que un país tenga que llevar la contabilidad de las mentiras probadas de su presidencia. Pero es lo que Trump ha ofrecido desde antes de llegar a ella. Le ha funcionado y sigue.
Tras los miles de muertos, muchos de ellos ya en los Estados Unidos, los fallecidos y los enfermos, los que enfermarán en el futuro, se merecen algo más que la obsesión política de quien negaba la peligrosidad del coronavirus hace apenas unas semanas con el mismo convencimiento que ahora dice lo contrario. El discurso de Trump se mueve constantemente y sin pudor para crear los efectos y reacciones que le convienen en cada momento. Lo demás importa poco. La isla norteamericana va a la deriva en un mundo que pretende liderar, un mundo maniqueo de buenos y malos. Trump está aislando a los Estados Unidos y pronto habrá que tomar medidas de protección, no solo por el coronavirus sino para evitar otro tipo de contagios. Ya ha sucedido con el cambio climático, por ejemplo, otra víctima de sus verdades incuestionables y de sus insinuaciones. 



* Josh Campbell, Kylie Atwood y Evan Perez "US explores possibility that coronavirus started in Chinese lab, not a market" CNN 16/04/2020 https://edition.cnn.com/2020/04/15/politics/us-intelligence-virus-started-chinese-lab/index.html
** "Los perros callejeros, posible origen del coronavirus" ABC 15/04/2020 https://www.abc.es/ciencia/abci-perros-callejeros-posible-origen-coronavirus-202004142304_noticia.html
*** "President Trump made 18,000 false or misleading claims in 1,170 days" The Washington Post 14/04/2020 https://www.washingtonpost.com/politics/2020/04/14/president-trump-made-18000-false-or-misleading-claims-1170-days/?utm_campaign=wp_main&utm_medium=social&utm_source=twitter

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