jueves, 25 de noviembre de 2021

El juego antieuropeo de Polonia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los espectáculos ofrecidos especialmente por Polonia y Hungría no deberían alertar sobre la "cuestión europea". Mientras se nos habla de una dolida Macedonia, en puertas muchos años de ser aceptada en la Unión Europea, otros países, como los señalados al inicio, hacen el juego contrario.

Me comentaba ayer una querida colega, con un té por medio, el prácticamente nulo conocimiento de Europa que las nuevas generaciones de alumnos en nuestras aulas tienen. Este desconocimiento de Europa y su papel en nuestro país obedece a esa pertinaz idea de que las cosas siempre han sido tal como las vemos cuando llegamos al mundo. El olvido de Europa es el olvido de la historia de España y de las consecuencias que ha tenido en nuestras últimas décadas. Esto es fruto de una malas políticas que hemos resaltada aquí en ocasiones, la pretensión de los políticos nacionales de ser el límite y de plantear siempre a Europa como el "otro lado", aquel al que hay que convencer, presionar, reclamar, etc. Pero la Historia no es el fuerte de nuestra educación, lanzada a un practicismo ciego, irreflexivo, como esa zanahoria que se nos pone falsamente por delante.

Pero lo que ocurre en países como Polonia y Hungría es mucho más grave ya que suponen un retroceso, declarando a Europa como enemiga y vendiendo ese enfrentamiento con el gran monstruo burocrático y desalmado como una política de salvaguarda de unos nacionalismos populistas, patrioteros que no hacen sino engañar a sus propios pueblos con victimismo sin fin.

Europa es, a sus ojos y en sus voces, la gran enemiga. Es lo que llevó al desastre del Brexit a Reino Unido, cuyo carácter le llevará a no reconocer nunca el inmenso error cometido a manos de políticos mentirosos e interesados en ganar fácilmente el favor electoral convirtiéndose en adalides de la historia nacional. Los británicos sufren en cadena los problemas creados por ellos mismos y su "cuento de la lechera" no ha dado mucho más de sí.

RTVE.es nos informa de otro golpe más al vínculo europeo en Polonia: 

El Tribunal Constitucional polaco ha dictaminado este miércoles que parte del Convenio Europeo de Derechos Humanos es incompatible con la constitución polaca, en un nuevo desafío a la justicia de la Unión Europea.

"Otro intento de injerencia externa e ilegal en el sistema polaco detenido por el Tribunal Constitucional", ha tuiteado el viceministro de Justicia polaco, Sebastian Kaleta, en referencia a una decisión del TEDH en la primavera sobre una controvertida reforma del sistema judicial polaco, acusado por Bruselas de socavar la independencia del poder judicial.

En otro mensaje posterior el viceministro ha celebrado que este miércoles sea "Un hermoso día para el estado de derecho y la soberanía polacos", gracias a la sentencia del Tribunal Constitucional.

El Ministerio de Justicia polaco había pedido a su Tribunal Constitucional que se pronunciara tras una sentencia del TEDH, en mayo, que cuestionaba la legalidad del nombramiento de los jueces de dicho Tribunal Constitucional.*


 

La noticia permite ver con claridad cómo la sintonía del Tribunal con "su" gobierno es absoluta, que eso es precisamente lo que se planteaba, la inexistencia de una justicia independiente.

Según avanzamos en el camino histórico europeo vamos comprobando cómo la propia esencia de la democracia, consistente en la estabilidad de los principios y la variabilidad de las circunstancias, actúa contra un espacio común. Si la voluntad comunal es mantener unos principios para todos, existe también una fuerza disgregadora, destructiva que tiende a la marginalidad, al rechazo de lo común tratando de mantener distinciones que favorecen a los gobiernos según su tendencia. La europeidad deja de ser algo compartido y se convierte en frente de batalla en donde se extiende una mano para recibir mientras que la otra se agita con violencia.

Polonia y Hungría van hacia un nuevo tipo de situación sin precedentes. Puede haber disconformidades, pero esto es otra cosa, es un desafío claro a algo que afecta al estado de la democracia compartida. La pregunta (y hay muchas) es hasta dónde se llegará en un asunto de este orden.

¿Está condenada la Unión a sufrir estas tensiones internas por efectos de la diversidad de planteamientos cuando se supone que se ha ingresado en ella precisamente por lo que ahora se rechaza?

En muchos momentos de este blog hemos señalado los peligros políticos de convertir a Europa en el blanco de nuestros errores. Hemos advertido de las consecuencias de convertirla en "obstáculo" a los ojos de los electores para conseguir un rendimiento político y, sobre todo, para tapar las vergüenzas políticas. La política española está tan enzarzada en sus rencillas barriobajeras que difícilmente mira hacia Europa. Pero hay que mirar hacia Europa para que no sea objeto de indiferencia ni el blanco de todos los problemas cuando las cosas se tuercen. Nosotros somos Europa, cada uno de los ciudadanos que la habitan. Ser contra Europa es un sinsentido estando dentro de ella a menos que esa sea la intención.

Hay enemigos exteriores de Europa, los que buscan su debilitamiento y pérdida de capacidad referencial y de influencia. Pero hay muchos otros dentro, ya sea desde los populismos opositores de los gobiernos o de los propios gobiernos populistas que la toman como el enemigo al que hay que doblegar, como ocurre ahora con Polonia o Hungría. Si el antieuropeísmo les permite cobrar entidad e identidad electoral interna, un sentido a su vida política, lo seguirán utilizando. La cuestión es que esta forma de entender la política se cronifica. No te interesa dar el paso que dieron los británicos, sino mantenerte en la tensión conflictiva necesaria y suficiente para la situación. Los resultados del Brexit han sido aclaradores en este sentido. Es mejor una batalla eterna que una resolución drástica que te deje sin enemigo al que culpar y flotando en el vacío.


El uso del antieuropeísmo es peligroso. No estamos dando sentido a Europa, sino moviéndonos por ella. La generación que ha crecido dentro lo ve como una posibilidad de Erasmus y poco más. Hay que incidir en la Europa de la Cultura, del pensamiento, del arte, crear una identidad europea para explorar su inmensa riqueza y no repetir sus errores. Sin embargo, a pesar de lo que vemos, seguimos sin dar sentido a nuestras instituciones y herencia.

La "alegría" del dirigente polaco al ver declarar "ilegales" los principios europeos, los que todos compartimos es de una irresponsabilidad infinita, además de un desafío arrogante. Polonia tiene un inmenso vacío por delante. Eso lo sienten millones de polacos. Muchos salen a la calle, como en otros países, a defender su "europeidad" frente a los juego antieuropeos que sus gobiernos practican. Temen quedarse indefensos, sin protección alguna ante el autoritarismo creciente que vislumbran en sus países.

 


* "La Justicia polaca dice que parte de la Convención Europea de Derechos Humanos es incompatible con su constitución" RTVE.es/Agencias 24/11/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211124/polonia-inconstitucional-convencion-europea-derechos-humanos/2233886.shtml

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