viernes, 22 de noviembre de 2019

Una pregunta sobre el autoritarismo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La CNN publica un artículo de la historiadora norteamericana, experta en el estudio del fascismo y las forma políticas autoritarias, Ruth Ben-Ghiat. El título del texto es "In impeachment hearings, lessons on the erosion of American democracy" y es una interesante contribución desde el campo especializado al debate sobre la democracia en los Estados Unidos en general y al posible impeachment de Donald Trump. Para el resto del mundo democrático, las lecciones que de aquí se pueden sacar —tanto de los peligros para las democracias como de las armas para su defensa— son importantes.
Lo que ocurre en Estados Unidos está ocurriendo a diversa escala en distintos países que afectadas sus instituciones y a sus electorados por nuevas formas de manipulación desde el interior de los sistemas y desde su exterior.
Es indudable que se ha iniciado una extraña guerra en la que las armas, los escenarios y los intervinientes son muy distintos a los que hemos barajado hasta el momento, incluidos los peores momentos y escenarios de la Guerra Fría. Este es otro tipo de "frialdad" y otro tipo de "guerra", pero sus efectos son devastadores pues afecta a los valores y a las raíces de los principios sobre los que se sustentan los países.


El autoritarismo ya no se contenta con reinar en sus espacios y levantar barreras para evitar la circulación de ideas. Ahora es claramente activo tanto en su interior, en donde se agarra a las piezas emocionales del nacionalismo y el populismo jugando con los miedos a las agresiones buscando la adhesión ferviente que le asegure el control de la población, como en el exterior, donde invade otros espacios socavando los fundamentos democráticos y promoviendo grupos desestabilizadores asegurándose que haya conflictos que mantengan entretenidos a los países. Esta doble estrategia la estamos viendo cada día.
El artículo de Ruth Ben-Ghiat comienza con una pregunta necesaria:

Is America becoming a 21st-century-style authoritarian state? The impeachment hearings of the last weeks would seem to provide an easy answer: no. The very fact that such an inquiry can be held, and broadcast on national television, is a sign that our democracy is working and that our institutions are holding.
Yet the impeachment hearings also showed how degraded our political culture has become and how much progress President Donald Trump has made in implementing the authoritarian playbook that he began to write for America during his campaign.
First, the hearings revealed just how much Trump's cult of personality has tied subordinates to him, and how much of his playbook operates on keeping them in thrall to his singular threat: show loyalty, no matter what I say or do, or else.*


La respuesta es demasiado rápida y simple. Un "no" no basta para explicar las distorsiones a las que Trump ha arrastrado a los Estados Unidos y, lo que es peor, las secuelas que inevitablemente ha de tener sobre el sistema, teniendo en cuenta la degradación republicana por haberse dejado arrastrar hasta los extremos ahora visibles.
El hecho de que (una parte de) la prensa se haya mantenido en su puesto no dejándose amedrentar por el autoritarismo de Trump no oculta el hecho de que otra parte se haya manipulado para sostenerlo en su puesto engañando al pueblo norteamericano.
La propia autora debe señalar a continuación de lo expuesto:

A healthy democracy is founded on tolerance of differences of opinion, but is grounded in a shared body of norms. Autocratic governments, in contrast, need to change our opinion about what violates norms and constitutes crime and corruption.
Trump and the GOP, in de facto partnership with Fox News, are creating an alternate reality for followers in which facts are what the President needs them to be. This is a hallmark of authoritarianism.*

El apoyo que Trump mantiene en la opinión pública no es solo por los medios como la Fox destinados a manipular o a crear esa "realidad alternativa", que ha sido teorizada y puesta en marcha por los grupos ultraconservadores que han llevado a Trump hasta la Casa Blanca.
Los Estados Unidos se han mostrado abiertamente débiles en su liderazgo internacional. La tendencia autoritaria a la que se refiere la autora puede ser frenada por las instituciones fuertes del país en su defensa de la democracia y en la tolerancia de opiniones diversas, pero han mostrado una pobreza de miras absoluta con enormes silencios en las relaciones internacionales, no solo por el aislacionismo mostrado, sino por las virulencias de los ataques de Donald Trump y de los republicanos contra el sistema internacional y que ha tenido una defensa mucho más pobre. El último de los casos lo acabamos de tener hace escasas horas con la declaración sobre los asentamientos de colonos judíos en Israel violando los acuerdos internacionales.

Trump ha tenido mucha oposición interna, pero esta ha sido mucho más tibia en cuanto a los ataques a la comunidad internacional, especialmente contra los aliados. La opinión pública se ha resistido a la coincidencia con Putin, pero menos en aquellos otros aspectos que han dado la impresión de fortalecimiento internacional de los Estados Unidos. Las guerras comerciales contra China, las presiones chantajistas contra Europa imponiendo igualmente sanciones, las actitudes en favor del Brexit o los apoyos a gobiernos dictatoriales a cuyos dirigentes Trump no ha tenido pudor en abrazar públicamente, etc. han dado un pobre imagen de la democracia norteamericana. Se ha preocupado de lo suyo, sí, pero también es cierto que no se ha desentendido de su idea retórica de liderazgo mundial, que ha dejado de ser moral para convertirse en demostraciones de fuerza y voladura de las ideas de negociación. Trump ha negociado más con los dictadores que con los países aliados, a los que ha despreciado y, lo que es peor, ha convertido en blanco de desprecio nacional intentando favorecer ese nacionalismo basado en la superioridad y en el victimismo, que no ha sido suficientemente contrarrestado. De hecho, sigue sin estarlo.
Trump es la punta del iceberg de todo un conglomerado de intereses y actitudes que ha manipulado a un electorado que estaba deseando escuchar ese mensaje de fuerza e intransigencia, que estaba deseando verse descrito como víctima de los parásitos del mundo que viven de sacar ayudas a los estadounidenses. No ven, sin embargo, los casos como aquellos que compran abrazos a cambio de armas o de los beneficios de sus propias empresas que adquieren tratos favorables.
Los casos de Ucrania y del asesinato de Jamal Khashoggi son característicos de la forma de entender la política y las relaciones internacionales por parte de la administración Trump y los republicanos. Soborno, chantaje y mirar para otro lado.
El artículo explora también la influencia de Vladimir Putin sobre la política norteamericana:

Russia expert and former National Security Council member Fiona Hill's testimony sounded the alarm on just this point. She told the committee and the nation that America is "being torn apart" by the erosion of a shared idea of truth.
Hill told members of Congress that she refuses "to be part of an effort to legitimize an alternate narrative," referring to the efforts of Russian security services (and Trump associates, like his lawyer Rudy Giuliani) to label Ukraine as the source of interference in the 2016 election.*

Puede que algún día se pueda llegar a comprender la verdadera naturaleza de esta extraña sincronía entre dos potencias, Rusia y los Estados Unidos. Quizá no se llegue a sacar a la luz y quede como parte de una historia en la sombra con extraños lazos e intereses. Lo cierto es que sigue sorprendiendo porque cualquier suposición sobre esos límites queda corta ante cada rincón que se vislumbra con incredulidad.


La expresión "erosión de una idea compartida de verdad" no deja de ser un tecnicismo eufemístico sobre lo que ha ido ocurriendo en este tiempo. La proliferación de las teorías de la conspiración no es más que la forma que el horror vacui tiene de rellenar los sentidos.
Este periodo de la Historia necesita ser estudiado y razonado con detenimiento porque es la puerta hacia un futuro oscuro que hay que evitar. Es el umbral de un mundo cuyas tendencias estamos percibiendo, de diplomacias de intereses paralelos, de privatización de las instituciones, de juegos con la verdad, falsas apariencias, etc. No es de extrañar la preocupación generalizada por la manipulación, para la que existen hoy herramientas impensables hasta hace poco.
La respuesta dada por Ruth Ben-Ghiat a su propia pregunta sobre América no responde a otras preguntas sobre lo que Estados Unidos pueden realizar en el exterior. 
Quizá habría que ampliar la pregunta a si los Estados Unidos están contribuyendo a un mundo más o menos autoritario. Hay muchos ejemplos que justifican hacerla. 


* Ruth Ben-Ghiat "In impeachment hearings, lessons on the erosion of American democracy" CNN 22/11/2019 https://edition.cnn.com/2019/11/21/opinions/impeachment-american-democracy-ben-ghiat/index.html

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