martes, 26 de noviembre de 2019

Los medios egipcios en coma

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El titular es claro, "Plainclothes security raid Mada Masr office for several hours, detain 3 including Chief Editor Lina Attalah", y los hechos que se describen también. El régimen egipcio no tolera que su imagen sea otra que la que hay diseñada para atraer inversores, turistas y demás. Para ello ha estado invirtiendo en promoción exterior, mediante fórmulas pagadas, ha conseguido desaparecer de los medios que controla (como Euronews, en manos de Zawiris, el multimillonario egipcio) y ha convertido a los medios independientes en dependientes, repitiendo consignas sobre la "seguridad" en un país en el que las desapariciones y detenciones son frecuentes. ¿Para quién es Egipto el "octavo país más seguro", según se complacen en repetir los medios? No para los propios periodistas que deciden informar.
El ejercicio del periodismo es una tarea complicada y peligrosa en Egipto siempre que se abandone la senda de la promoción y alabanza del régimen y de su presidencia, que no debe sufrir erosión, para evitar los movimientos populares, como los ocurridos en septiembre, primero negados, luego traducidos en campaña de arrestos masivos, a raíz de los vídeos publicado en YouTube con denuncias sobre gastos suntuosos y corrupción, que sacaron a la gente a la calle en lo que se denominó "raras protestas", por lo infrecuente.
Esto es lo ocurrido con los periodistas de Mada Masr:

Security forces detained three Mada Masr journalists during an afternoon raid on the paper’s offices in Cairo today, before releasing them several hours later, at around 6:15 pm. Within an hour of them being taken in, editor Shady Zalat, who was arrested on Friday night, was also let out on a highway at the city’s outskirts.
At 1:30 pm on Sunday, nine plainclothes security personnel entered the Mada Masr office by force. Moving quickly and aggressively, they spread out through the premises and immediately began confiscating everybody’s laptops and phones. When asked who they were, they refused to answer and became agitated. They then gathered everyone’s ID cards and made people sit in containment in the newsroom. At the time of the raid, there were 16 Mada Masr staff and freelancers in the office.
They wrote down people’s details and asked some people in the office to unlock their phones and laptops, looking through them and then depositing them on a central table.*



Lo ocurrido sigue el consabido proceso de intimidación del régimen a la prensa: irrupción en las redacciones sin explicación, recogida de información personal, aislamiento e incomunicación inmediata, paseo por las comisarías y juzgados sin dar explicaciones a los familiares e interesados, búsqueda tratando de saber dónde están por parte de sus abogados y, tras este proceso, abandono en alguna carretera periférica de El Cairo.
Todo esto es un ritual intimidatorio que se practica por parte de la fuerzas de seguridad y que tiene un destino incierto. Puedes aparecer, desaparecer o aparecer muerto, como le ocurrió al estudiante italiano Giulio Regeni, secuestrado, torturado y abandonado en una de esas perdidas carreteras cuando la presión diplomática para su aparición se produjo.
Quiso la mala o buena suerte que estuviera presente el equipo de la televisión francesa, lo que supuso para las fuerzas de seguridad y "problema adicional":

The France 24 crew also left with the French embassy officials, while Ian and Emma were escorted out of the offices and taken to their apartments, where they were asked to show the officers their passports. The officers photographed their passports and, before leaving, told them, “The problem is not with you, it’s with the site.”
Witnesses reported seeing a microbus transporting Attalah, Hamama and Mamdouh from the office. Friends who followed in their personal cars saw the microbus go to the nearby Dokki Police Station. However, police officers at the station denied to Mada Masr’s lawyer Hassan al-Azhari that any of the journalists were there.
From the station, the journalists were handcuffed to one another and put into a police truck, which drove them toward Sheikh Zayed on the outskirts of Cairo. Shortly after, however, the vehicle turned around and returned to Dokki Police Station and at around 6:15 pm, all three were released.*

Los problemas con el "site" son los que acarrea el intentar informa del Egipto real frente al promocional. La prensa egipcia se encuentra inmersa en un proceso de "sumisión" informativa en el que no se tolera la crítica al régimen empeñado en una "imagen de marca" única. El control sobre la prensa es prácticamente absoluto y solo quedan algunas pequeñas islas independientes, como Mada Masr.
Otra de las islas, Egyptian Streets, publicó con fecha del día siguiente, y que sigue en portada como principal, un largo artículo sobre la situación de la prensa y la necesidad de un cambio. El título "Egyptian Media is on Life Support – And That Needs to Change" deja clara la situación comatosa del periodismo egipcio y de los medios.
Desde el comienzo se deja clara la situación extrema:

For decades, Egypt has been a beacon of intellect and culture. Egypt’s newspapers, music, movies, television shows and literature mirrored Egypt’s cultural, economic and political stronghold in the Middle East and North Africa.
So important were the political narratives and developments coming out of Egypt that the country created its very own Foreign Press association in the 1970s which was meant to facilitate the professional requirements of foreign media correspondents. Fast-forward 40 years later, and the country, which was once a home to hundreds of foreign journalists reporting to international audiences, is quite possibly witnessing the lowest number of foreign media correspondents on its grounds.
Since 2011, Egypt has gone through a roller-coaster of events that have touched every single aspect of Egyptian life. One such aspect that is currently on its deathbed is Egypt’s fourth estate: the media.
The last standing state-owned and privately-controlled news media organisations have largely resorted to self-censorship, banning all material which “may incite” or otherwise undermine state institutions directly or indirectly – it is a “nationalistic duty” to tow the line.**



La larga agonía de los medios egipcios es ya un problema político, social y cultural que es inevitable abordar. El problema es que el propio estado no lo ve en esta forma. El presidente al-Sisi —como Putin, proveniente de los servicios secretos— ha dejado claro desde el principio que el control de la información era un arma más en su lucha.
Como en otros países, la excusa de la lucha contra el terrorismo ha eliminado cualquier tipo de crítica o disidencia democrática. Durante estos años hemos podido tratar aquí el deterioro mediático, el trazado institucional para estrangular la opinión, el uso de la propaganda más grosera para tratar de tapar las propias carencias.
El artículo de Egyptian Streets es un repaso honesto y arriesgado de la situación de la información, del descrédito en el que ha caído por entreguismo y de la necesidad peligrosa de tener que buscar la información fuera.


La redacción del texto es una muestra del propio funcionamiento mediático institucional. Hay que asumir primero los puntos de vista del régimen (conspiraciones internacionales, falsedades mediáticas extranjeras, terrorismo, etc.) como ciertos, como se hace en la primera parte, para poder plantear después alternativas:

However, that path should not also result in the death of journalism – one that sees media organisations placing rose-coloured glasses on the eyes of its readers and audience. In fact, the destruction of the fourth estate threatens the very stability Egypt seeks to achieve.
For example, the lack of transparency and the growing self-censorship and press restrictions have resulted in a lack of confidence in which news outlets to trust, due to a fear of political bias, and an influx of informal information sources being relied on. Facebook, Twitter and even Instagram are the new community noticeboards: readers flock to them first for information about what’s happening in their communities. Then, readers try to piece news together through word of mouth, ‘official’ statements and, if possible, foreign coverage of local news.**

El texto avisa sobre los efectos perversos de los discursos laudatorios, uno de los males egipcios, nacido precisamente de la arbitrariedad del poder, del que históricamente se ha abusado., Los medios son comprados por los que buscan congraciarse por el régimen, manteniéndose del lado de los favorecidos. Entre los medios comprados por el estado para su control y los comprados por los amigos millonarios para ofrecer sus panegíricos al poder. Es tal la distorsión del sentido periodístico, de su función informativa que es más  un borrado o retoque de la realidad que su reflejo.
El artículo intenta señalar los efectos que esto tiene, especialmente el descrédito de los medios tradicionales y dejar a la gente a expensas de informarse en las fuentes menos fiables, como las redes sociales, fáciles de promover las "fakes news".


Se trata de reivindicar el periodismo y convencer al régimen —difícil tarea— de que este no es un enemigo del país o de la sociedad, sino un contrapeso necesario para evitar precisamente los excesos que el poder sin crítica puede realizar y realiza.
Pero el régimen solo quiere halagos, discursos babosos que magnifiquen al poder. El artículo menciona los desastrosos resultados de esta política informativa:
Worse yet, Egyptian media – even with its self-censorship to not be perceived as a source of fake news – is harming the government and the Egyptian state more than it is protecting it. Egyptian newspapers and talk show hosts are constantly ridiculed for their emotionally-charged, un-critical and redundant approaches to news and information: “Are activists demonstrating against the government? They’re terrorists. Are journalists publishing news revealing a serious social or economic issue that must be addressed? That’s just fake news meant to tarnish Egypt’s image before the world in order to kill its tourism.”
Recently, a number of Egyptian newspapers reported on prison conditions at the infamous Tora Prison in Cairo following a visit by officials. The coverage by Egyptian newspapers was unanimously and overwhelmingly positive, lacking any any critical (or simply unbiased) reporting: “Prisoners have barbecues, great access to facilities and have no complaints at all!”
As such, distrust in the Egyptian government and the ‘singular-voiced’ media flourishes and the image of Egypt and its government both locally and abroad is tarnished. Egyptian media is regarded as window dressing – and not even the pretty kind. When an important story does come around – one that would benefit Egypt – people, especially foreigners, are hesitant to trust the media: “Is Egypt’s economy really improving or is this just another embellishment by Egyptian newspapers? Are tourists really returning in droves? Is Egypt really safe? Or is Egypt so keen on improving its current state that it repeats the same positive mantra over and over again until it hopefully becomes a reality?”**

Estas preguntas no son casuales. Son preguntas sobre las afirmaciones de los propios medios que los lectores muchas veces cuestionan. La distancia entre lo que leen en los medios y lo que ven en su misma calle o casa pasa a ser inmensa. Lo escrito no tiene muchas veces vida más allá de los medios. Es pura fantasía en un intento de mantener una imagen de eficacia y de cambio que los egipcios no pueden creer a menos que duden de lo que tienen delante.


Durante estos años hemos ido comprobando el deterioro de la prensa egipcia, sometida cada vez más a las presiones del régimen, a la autocensura o a la trivialidad como forma de supervivencia. Otros han hecho caja con las políticas del aplauso. Es la parte de la sociedad egipcia que se asegura —como ha hecho siempre— su parcela de bienestar no comprometiéndose con el destino del resto. Son los que han mirado siempre para otro lado para poder seguir formando parte de los beneficiados. Ellos son realmente los responsables de la situación egipcia y de que los islamistas se comieran socialmente a la revolución nasserista, que debía acabar con muchos males, pero que no supo acabar con el peor, el conformismo y el vivir a la sombra del poder.
El artículo de Mada Masr sobre las detenciones de sus redactores nos muestra el clima que vive el periodismo crítico y democrático. El de Egyptian Streets es una reflexión sobre cómo se ha llegado a eso, sobre la destrucción del periodismo y cómo yace hoy moribundo en un país cuyos problemas no se solucionan tapándolos.
El artículo no es solo una defensa del periodismo, sino una fuerte crítica al periodismo que se practica actualmente, sin rigor alguno, adulador y sumiso. Su final es muy claro sobre los problemas y las soluciones:

Journalists in Egypt need to do better. Media organizations must be fully committed to the basic principles of journalistic ethics. At the same time, there needs to be a space for local journalism to thrive.
In a new media framework, journalists should not be punished for simply reporting on news that is difficult to swallow. Journalism with integrity should never be silenced, even more so in states that are in dire need of change.
A strong media framework that protects the media’s core role as the fourth estate will strengthen the groundwork for real, effective and inspirational change. The first step is by recognizing the power of journalism to be a positive driver of change, to address the harsh realities the media has remained silent towards and to give Egypt back its voice.**

Las constantes referencias al periodismo como "cuarto poder", sin embargo, chocan con la mentalidad de un solo estado, un solo poder, una sola mano, que es la herencia faraónica inserta bajo la piel. La mentalidad egipcia es concentradora. Todo es uno y uno lo es todo. Ese "uno" es el poder, que es lo que no cambia, lo que simplemente es.
El periodismo con integridad y ética necesita de un campo con abono distinto para prosperar, para cumplir sus funciones sociales. Las detenciones y registros en Mada Masr confirman que no es el clima actual el más propicio. El artículo de Egyptian Streets nos aclara y concentra lo que llevamos años viendo, el final previsible de la asfixia.



* "Plainclothes security raid Mada Masr office for several hours, detain 3 including Chief Editor Lina Attalah" Mada Masr 24/11/2019 https://madamasr.com/en/2019/11/24/news/u/plainclothes-security-raid-mada-masr-office-for-several-hours-detain-3-including-chief-editor-lina-attalah/ 
** "Egyptian Media is on Life Support – And That Needs to Change" Egyptian Streets 25/11/2019 https://egyptianstreets.com/2019/11/25/egyptian-media-is-on-life-support-and-that-needs-to-change/





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