domingo, 19 de mayo de 2019

El molde roto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Todo vale, nada vale. ¿Somos conscientes de los cambios del mundo en que vivimos? Hemos cambiado, el mundo ha cambiado. Podemos verlo o no, sentir que es nuestro mundo o sentirnos desplazados. Lo notamos en la cantidad de batallas inútiles que damos por cosas que ya no son como eran y que nos arrastran. La aceleración del cambio lo hace más dramático; nunca te llegas a acostumbrar a nada. Escuchamos esta queja; repetimos esta queja.
The Washington Post se hace una pregunta desde el puesto más vistoso de su portada digital: "Obama and Trump broke the mold. Do they signal a new view of presidency?". El enlace nos lleva al interior, al texto, en el que el titular se ha modificado ligeramente: "Nos. 44 and 45 broke the mold. What does that mean for the future of the presidency?". "44" y "45" so, claro está los números de la presidencia de los dos últimos ocupantes de la Casa Blanca. Pero la idea de la "ruptura del molde" se mantiene pues es la idea central del análisis desarrollado por Dan Balz, un periodista con larga experiencia en The Post y antiguo corresponsal en la Casa Blanca
La tesis central de su análisis es que tanto Obama como Trump han roto una tradición presidencial anterior a ellos. Obama como primer presidente negro de los Estados Unidos, Trump como candidato que no provenía de la política. También el hecho de que Hillary Clinton compitiera por la presidencia formaría parte de ese cambio. Obama y Clinton habrían roto sus barreras para llegar al final de la contienda; Trump habría roto las suyas, las de un candidato exterior al mundo de los partidos. Trump ganó la nominación republicana deshaciéndose de los propios candidatos republicanos.


Dan Balz recoge algunas opiniones de gente muy distinta que expresan a su modo el cambio respecto a los modelos anteriores. La conclusión presentada, la ruptura del molde, plantea sin embargo algunas dudas: ¿no ha habido rupturas de moldes es los 43 presidentes anteriores, todo representa un mismo modelo? Las variables que se tienen en cuenta son las de "género", "raza" y "profesión", es decir, "varón", "blanco" y "político profesional". Con Obama y H. Clinton se habrían roto los modelos básicos anteriores y Trump habría roto el tercero. Quizá habría otro molde masculino roto por el presidente Dwight Eisenhower, donde su carácter militar también produjo un cambio, si bien la explicación estaría en el efecto de sus actuaciones en la II Guerra Mundial.
Tras reproducir algunas explicaciones personales, Balz de centra en las interpretaciones más técnicas:

Marc Hetherington, a political scientist at the University of North Carolina, said cultural changes in the makeup of the country have reshaped the political makeup of the parties.
“Presidential prototypes are going to be different as a result,” he wrote in an email.
That’s one reason, perhaps, why there are now 23 candidates for the Democratic nomination, including six women and six candidates of color — diversity unheard of in past elections. They range from Biden, the candidate with the longest résumé, to sitting senators to governors or ex-governors to a big group of current or former House members to a mayor of a small city, a big city or the nation’s largest city, to an entrepreneur to a spiritual activist and author.
Out of this field could emerge the oldest person ever elected as president, or the youngest. It could produce the first female president, the first woman of color as president, the first Latino president, the first Asian American president, the first gay president, the first mayor to ascend directly to the White House.*


Como se puede apreciar, el abanico es muy amplio. La ruptura del viejo molde no implica la creación de uno nuevo (que se perciba) sino del cambio. La diferencia es obvia: una vez roto, se trata de probar.
La elección para la presidencia de un cómico sin carrera política en Ucrania, uno de los países con situación más complicada en Europa, nos hace ver que algo está ocurriendo, al menos con los "moldes". Las características tipo que antes se exigían para seguir adelante en una carrera presidencial se han visto dinamitadas por las elecciones reales. Los que no parecían tener probabilidades, resultan beneficiados por la novedad de los planteamientos. El fenómeno lo estamos viendo por muchos lugares, por demasiados.

Más que un nuevo modelo, en ocasiones parece tratarse de un antimodelo. Es decir, los votantes piensan más en lo que no quieren que en plantearse lo que quieren. La diversidad de propuestas reflejaría esta apuesta. Explicaría también el predominio del discurso negativo sobre el positivo. Es mucho más fácil cebarse sobre un candidato que represente lo viejo, que construir un discurso nuevo. De hecho, la mayor parte de esos discursos lo que buscan es distanciarse de aquello que se acerca al molde.
Esto estaría produciendo otro fenómeno. Una vez detectado, los partidos podrían empezar a lanzar candidatos con perfiles atípicos para tratar de sondear el "humor" de sus electores.
La política está siguiendo un camino oscuro. La conmoción en Austria por la publicación de un vídeo en el que el vicecanciller dimitido vendía favores en Ibiza a la sobrina de un millonario ruso nos muestra (junto con las docenas de ejemplos por todo el mundo) que algo falla. Yo no tengo claro que sea el poder el que corrompa y no los corruptos los que luchan por el poder. Habrá de todo, por supuesto, pero no podemos soslayar que hoy se puede fabricar todo lo necesario para poder colocar a una persona en la presidencia de un país. Trump es el ejemplo más claro.
Un poderoso grupo decide apostar por él como candidato y lo lanza a la conquista de la Casa Blanca. No tiene experiencia ni valores, solo presencia pública. Es un personaje controvertido, despreciado por la intelectualidad, que lo considera un patán y por los políticos que solo ven en él un niño rico que no sabe tener las manos quietas, busca notoriedad en concursos de belleza y concursos televisivos. Y funciona.


Lo hace porque le apoyan unas fuerzas que le escriben los guiones, hunden a sus rivales y él no tiene líneas rojas ante una cámara. La gente le vota porque creen que Hillary representa la "vieja clase política", la élite del país, los de siempre. Hoy es posible hundir a una persona en un par de horas. Las redes sociales se encargan de difundir fotos, rumores, noticias falsas..., lo que haga falta. Ya no se trata de pedir al voto, sino de reinventar al candidato cada mañana, al mediodía y por la noche. Trump sobrevive a todo, mantiene su discurso: desacreditar a los medios, desacreditar a sus rivales los republicanos, Hillary Clinton, Barack Obama), desacreditar a los países (China, Alemania...), descreditar las instituciones (la ONU, la OTAN...), destruir tratados y convenios internacionales (comercio, cambio climático...) y así sigue. Tiene a su lado fuerzas a las que alimenta y de las que se realimenta. Ha conseguido que le sigan por Twitter, sin mediaciones. Les ha sacado del terreno de juego, del ring. Lo absorbe todo, como un agujero político. Trump es un ejemplo a lo Hemingway: para vencerle deben destruirlo totalmente. Es un Terminator, peligroso hasta el último tornillo.

Los candidatos opositores están forzados a intentar combatir con armas en la que no se han curtido. Por eso los que entran ahora llegan con lecciones aprendidas, curtidos de lides mucho más agresivas. Vienen del activismo, de los mítines callejeros, no tanto de las instituciones.
Esto es un enorme peligro porque se pide de todo menos las cualidades serenas que luego se le exigen cuando está en el poder. Queremos un energúmeno en las campañas y un buda en el asiento presidencial. No es fácil.
Lo que queremos —y es lo que tenemos— son actores capaces de representar tragedias y comedias en el mismo día, capaces de hacer reír y llorar. Eso es más fácil de encontrar gracias a la división del trabajo político. Por eso son los "equipos" los que están entre bambalinas, son los asesores con los que despachan, los que escriben, los que atienden las encuestas, los que seleccionan la ropa, los que sondean las redes y hacen correr los bulos, los que buscan apoyos y financiación para las campañas.
Se han acabado los grandes políticos. Ya no son personas de las que podamos leer con provecho sus biografías. Más bien se las escriben  a ellos, las inventan. De ahí tanto currículum vitae falsificado, comprado. Son parte del personaje, venderlo como persona con cierta capacitación. En realidad se han limitado a sobrevivir en el partido desde el momento en que entraron, que han apostado por un grupo e intentan ascender, llegar alto, ser candidatos. A ver si hay suerte...
Con unos materiales así, la política deja de ser política y es la interfaz de los grandes o pequeños intereses, de los que tienen poder o de los que quieren tener más. El candidato es la "cara", lo visible de un iceberg, cuyas partes sumergidas son técnicos y expertos en comunicación, en psicología, sociología, informática, redacción, sondeos, etc. Es una tecnocracia que solo necesita de un candidato para ponerse en marcha en la carrera. 
Lo ocurrido en Austria es parte del mal despertar. Seguirá pasando. Son los vídeos de lo que ocurre tras los decorados, entre bambalinas. Puede que se haya roto el molde. Estamos en la época del usar y tirar. Da igual.
Ya hay republicanos que empiezan a hablar del impeachment de Trump. Lo han hecho, por supuesto, a través de Twitter. Es la señal de que se ha abierto la veda electoral. Se aprende rápido.


  
* "Nos. 44 and 45 broke the mold. What does that mean for the future of the presidency?" The Washington Post 18/05/2019 https://www.washingtonpost.com/politics/nos-44-and-45-broke-the-mold-what-does-that-mean-for-the-future-of-the-presidency/2019/05/18/97d64320-77e9-11e9-bd25-c989555e7766_story.html

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