lunes, 13 de mayo de 2019

El asesinato de Mina Mangal, más violencia sobre las mujeres afganas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La noticia del asesinato de la periodista afgana Mina Mangal, ametrallada en plena calle mientras esperaba la llegada del coche que debía recogerla, es otra de las remidas señales de un país en el aire, como es Afganistán. La noticia la trae el diario El País, que se hace eco de agencias.
A lo largo de estos años hemos traído aquí la gran preocupación que deberíamos tener por este castigado país y, sobre todo, por las mujeres que han escogido intentar ser ellas en una sociedad brutal en la que sus derechos se sustentan en la decisión de los hombres.
La obsesión de los talibanes son las mujeres. Toda su ideología estalla contra ellas considerando que son quienes deben ser vigiladas, domesticadas según sus normas estrictas, las que practicaron con furor en el periodo que estuvieron en el poder.
Como las noticias que nos llegan de Afganistán nunca son buenas, el asesinato de Mina Mangal corre el riesgo de perderse entre la maraña de los finales de las Ligas y otros asuntos transcendentales. Sin embargo, en Afganistán tenemos abierto un drama de dimensiones enormes y que puede traducirse en cualquier momento en un escenario dantesco de persecución de las mujeres si los talibanes regresan como todo parece indicar y son las mujeres lo que se pone encima de la mesa.


La agencia afgana de noticias The Khaama Press publicaba abril un artículo de Shahira Mohseni, una joven afgana con estudios universitarios en Dubai y Afganistán, con el título "Peace with the Taliban: an uncertain future for Afghan girls?". El miedo de Mohseni, como el de todas las mujeres, es que en las reuniones "de paz" en las que se negocia la retirada de las fuerzas norteamericanas, en las que solo interviene dos mujeres, acabe con la entrega de sus derechos. Escribe Shahira Mohseni:

After almost two decades of war in Afghanistan and the fall of the Taliban regime by the coalition forces in 2001, the life of Afghan girls has dramatically changed. They have the opportunity now to achieve their rights and get involved in politics, economics, and social activities as part of society.
During the dark years of the Taliban regime from 1996 until 2001, women and in particular girls faced difficulties starting from child marriages to honor killing, isolation, lashing, they were even forbidden from going to school, university, work and access to entertainment such as listening to music. They couldn’t leave home without wearing a burqa and a close male relative.
I can never forget the day my younger brother started school during the Taliban regime, and my mom told me that the Islamic Emirate of Afghanistan (the Taliban) had forbidden me from going to school. As a child, I couldn’t bear the idea of being denied by something. I was crying and tried in vain to look – with the logic of an innocent child – for reasons. I, fortunately, had the opportunity of having a literate mother, who was teaching me at home since she was banned from going to work as well. When I grew up, I realized that I was living in a country that has taken its population centuries back into the past.
Afghanistan is currently going through a critical moment in its history, and now it is in the process of reconstruction and democratization and girls are playing a significant role in this process.
Today, after hearing the news that American’s and the Taliban are close to a peace deal, I thought of the darkest days that every single girl in Afghanistan had experienced it and the fear of losing our rights and freedom that we spend 18 years with so much effort to build it.
The Taliban argue that we will not return to Afghanistan with the same harsh way as it was in 1996. Taliban are saying that we are not against women education or employment, but we will be against the alien culture of clothes worn by women that have been brought by others to our country.
Afghan women still cannot imagine the Taliban as part of the government and cannot trust their promises, indeed we have spent more than 40 years of our lives in war, everybody is tired of fighting and losing their family members but, we don’t want to be victims of peace with the Taliban, and peace should not be at the price of losing our rights and freedom.*


Creo que la situación de Afganistán es un hecho único en la historia, el triste momento en el que en unas negociaciones de paz se ponen encima de la mesa los derechos de las mujeres de forma explícita. Este es el temor. Dimos cuenta aquí no hace mucho tiempo de la iniciativa, apoyada por la ONU, de las mujeres reclamando protagonismo en las reuniones. No quieren que se negocie a sus espaldas su destino. Y no se fían de aquellos que deberían defenderlas.
Se confirma con ello la obsesión machista de los talibanes, cuyas diferencias con el Estado Islámico son mínimas. El objetivo, como señalaba Shahira Mohseni en su escrito, es hacer retroceder cientos de años al país, a las épocas oscuras que ellos consideran de esplendor. Los talibanes, como el Estado islámico, como todos los movimientos de corte salafista son aberraciones contra la Historia, contra la evolución o el cambio. Su doctrina es la parálisis del mundo, un mundo en el que las mujeres desaparecen dentro de vestidos y hogares.
En la misma agencia afgana, se publica otro artículo, firmado esta vez por el académico de Medicina Mohammad Azeen Zmarial , con el título "Unprecedented Opportunity for Health to Flourish following the Peace Deal in Afghanistan", en cuyo último párrafo se señala: «A peace deal that results in the limitation of women’s access to healthcare services, or that limits the contribution of female health workers to the health system, risks losing the current health gains and threatens to reverse the improvement of health indicators in the country.»**


En el artículo se dan algunas cifras de lo que es una sanidad sin personal médico femenino o sin posibilidad de acceder a ella por parte de las mujeres. Las cifras en muchos casos eran espectacularmente sombrías. La posibilidad de salir de casa y ser atendidas por personal femenino supuso un enorme crecimiento de la calidad de vida y una reducción de las causas de mortandad.
De lo que se habla en Afganistán es de algo más que de paz. Lo que tienen encima de la mesa es un mundo cerrado y que excluye de él a las mujeres. Conforma se vaya perfilando la retirada de las tropas de la alianza se puede producir un éxodo masivo como nunca se ha visto, un éxodo de mujeres temerosas de que su vida deje de ser suya o deje de ser vida.
En RT nos explican lo que pueden haber sido las causas del asesinato:

Mangal había laborado por más de una década como presentadora de televisión y administraba populares páginas en redes sociales en las que abogaba por los derechos de las mujeres afganas para trabajar y de las niñas para ir a la escuela.
Por otro lado, la periodista criticó ampliamente la práctica de concertar matrimonios como una violación de los derechos humanos, siendo ella misma una víctima de un matrimonio forzado y habiéndose inmerso en un duro proceso para salir de él.
El asesinato se produjo días después de que la mujer consiguiera finalmente el divorcio, y luego de que denunciara en redes sociales haber recibido amenazas de muerte. Según indicaron familiares de Mangal a RFE/RL, había "problemas" entre ella y sus exsuegros.***



El asesinato de Mina Mangal debe ser percibido en este contexto de anticipación de un horizonte lesivo para las mujeres. Ya sea por los talibanes o por la familia de su ex marido, Mina Mangal es una víctima del sistema afgano, desde su matrimonio forzado a su lucha por haber salido de él. Los talibanes no son solo un grupo, son también una forma de pensar que no es exclusiva de ellos, sino que forma parte de la ideología del país.
Conforme se vaya viendo más próxima la llegada de los que se proclamarán "vencedores" al pisar Kabul, irán produciéndose este tipo de incidentes con los que se quedaron querrán demostrar a los que llegan que actuaron bajo la coacción de las fuerzas militares de ocupación. Serán muchos de ellos los que encerrarán a sus hijas, esposa y hermanas.
Hacen bien en no fiarse ni de los talibanes ni del gobierno afgano. Sus intereses son diferentes y les va en ello su libertad y la posibilidad de dejar de ser una sombra, como ocurría con anterioridad.
La agencia afgana nos cuenta en otra de sus noticias que se han batido en 2018 los récords de muertes de civiles. La guerra no terminó. Lo malo es que los asesinatos de mujeres pueden empezar a llevar su propia contabilidad.
Mina Mangal ha sido asesinada  después de luchar mucho por su vida y por la de otras mujeres. Ha sido periodista para poder denunciar estas situaciones de las que ahora es ella misma una víctima, como lo fue toda su vida. Es el lugar más peligroso para ser periodista y para ser mujer. Mangal te


* Shahira Mohseni "Peace with the Taliban: an uncertain future for Afghan girls?" The Khaama Press 13/04/2019 https://www.khaama.com/peace-with-the-taliban-an-uncertain-future-for-afghan-girls-67854/
** Mohammad Azeen Zmarial  "Unprecedented Opportunity for Health to Flourish following the Peace Deal in Afghanistan" The Khaama Press 7/05/2019 https://www.khaama.com/unprecedented-opportunity-for-health-to-flourish-following-the-peace-deal-in-afghanistan-2345/

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