Joaquín
Mª Aguirre (UCM)
El
diario El País nos lanza un llamativo titular: «“Hay
hospitales que no saben tratar casos graves de dolor”». Quien lo afirma es
Concepción Pérez, portavoz de la Sociedad Española del Dolor. Este toque
llamativo parecería como una especie de carencia alarmista, pero la realidad es
otra, mucho más compleja. Tras el titular, la contradicción de la entradilla
que afirma "El consumo de opiáceos ha aumentado porque el dolor se atiende
más y mejor".
En realidad, el centro del artículo no es tanto el
dolor en sí como la forma de combatirlo, que es una perspectiva distinta. El dato
que se nos ofrece es la práctica duplicación de formas de tratar el dolor, el
uso de los opiáceos, entre los años 2010 y 2017, que son las cifras que se nos
ofrecen.
Nos dice Concepción Pérez:
Hay
799 hospitales públicos, pero solo 183 tienen unidad del dolor. Hay servicios
hospitalarios que, en el día a día, se enfrentan a casos graves de dolor sin
saber exactamente cómo abordarlos. El origen del problema es que no se da una
formación específica, ni en pregrado, ni en posgrado. No existe especialidad y
la formación acaba recayendo en la industria, con lo que no llega a todos los
profesionales. La clave es la formación adecuada a los profesionales sanitarios.*
El
dolor puede ser tratado de muchas maneras porque hay muchas formas de dolor. Nuestras
sociedades tecnológicas enfocan el cuerpo como una maquinaria con
obsolescencia, con piezas renovables y con mantenimiento. El dolor es una
respuesta de nuestro sistema nervioso ante alguna circunstancia. Puede ser
agudo o crónico según sus causas.
La
existencia de "unidades del dolor" en los hospitales nos muestra la
especificidad de la cuestión y puede parecernos asombroso que solo una parte
pequeña tenga esas unidades. Este asombro es la forma de reaccionar ante el miedo al dolor. En gran parte es al
dolor a lo que tememos, a un dolor que seamos incapaces de controlar en unas sociedades
que se definen por sus placeres, pero que se diagnostican por sus dolores.
En un
mundo espectacular, el dolor es un elemento propio, intransferible, subjetivo,
valorado por quien lo padece y que se intenta explicar a los otros, comunicarlo
para su alivio o comprensión. La subjetividad del dolor es tal que puede ser
producido por causas inexistentes, como los que se producen en miembros
muertos, sin sensibilidad, o ausentes, como es el caso de los llamados
"miembros fantasmas". Es el dolor del miembro amputado por el que hay
que enseñar al cerebro a que deje de sufrir por lo que ya no está. El dolor es
una señal de aviso; aquí es una falsa alarma pero con un dolor real. Es lo que
el cerebro interpreta.
Las
sociedades y las culturas se definen también por su interpretación del dolor,
el sentido que se les da. No todo es físico y la fortaleza mental, que proviene
de elementos plenamente subjetivos, de los marcos en los que los encuadremos.
Por eso la variedad de tratamientos es muy amplia en el caso de los dolores y
dependen de muchos factores culturales y personales.
La
leyenda sobre el martirio de san Lorenzo, quemado vivo en una parrilla, nos lo
presenta pidiendo a sus torturadores que le "den la vuelta", como si
fuera un asado de carne («Assum est, inqüit, versa et manduca» ‘Asado está,
parece, gíralo y cómelo’). El monasterio de El Escorial, en el cercano pueblo
de San Lorenzo, tiene planta de parrilla en recuerdo del mártir. Es una forma
de dar sentido al dolor dentro de una forma, la del martirio.
En el
budismo, el dolor es estado del ser humano y se trata de alejarse de él
mediante el abandono del cuerpo de todo aquello que implique la frustración del
desear. Las prácticas de los yoguis budistas es precisamente la del abandono
del yo sufriente mediante la despersonalización. Si es el yo el que sufre, su
anulación, el anonadamiento, lleva a la paz del no yo. Sin conciencia activa no
hay sufrimiento.
Nuestras
sociedades modernas viven el cuerpo y el dolor de forma muy distintas. Creemos
que es el placer el estado natural y que el dolor es una forma transitoria. Las
distopías de Huxley, Orwell o de otros nos muestran sustancias (el
"soma" en Huxley, la "ginebra de la victoria, en Orwell) que nos
mantienen en estados de sedación, alejados de la consciencia doliente. El dolor
lo trae precisamente la individualidad, el salir de ese estado de enajenación.
En
nuestras culturas modernas, el dolor es una situación que requiere de su experto
correspondiente. Nuestra sociedad es la de la especialización. Ya sean dolores
de origen físico o de otras de formas, se tiende a pensar como una forma
química, como una reacción que se puede controlar en nuestro cerebro. En este
sentido, se deshumaniza, es un conflicto entre elementos que se produce en un
medio, que es nuestro cuerpo. Nosotros lo percibimos como un alivio.
Más de
una vez se ha criticado el abuso de tratamientos a base de
"pastillas" para cuestiones que son de otro orden, como ocurre en las
depresiones, que puede tener causas externas, en cuyo caso, lo único que se
hace es insensibilizarnos. Pero es más sencillo, rápido y productivo.
Quizá
habría que redirigir una parte del artículo hacia esa idea expresada de que frente a las "unidades del
dolor" se ha creado una industria
del dolor. Y esto es peligroso. En agosto del año 2018, el diario ABC
titulaba "Los opiáceos son ya la epidemia más letal en Estados
Unidos".
Hay
muchas industrias que se están desarrollando sobre lo que llaman "oportunidades"
en el sentido del mercado. El "dolor" es un gran negocio y si es
crónico asegura largos tratamientos, por lo que el beneficio aumenta. Pero
también aumentan las dependencias, como señalaba el artículo de ABC. La
enfermedad es un mal, pero es también un buen negocio. Si los tratamientos son
demasiado caros es un negocio, pero también cuando se abaratan lo son. El
consumo de analgésicos ha hecho adictas a muchas personas.
Tras
señalar las muertes que causan las sobredosis de opiáceos en los estados
Unidos, el artículo de ABC va a los orígenes:
La crisis de opiáceos comenzó a principios de
la década de 2010 a través del uso de fármacos con receta médica, como
oxicodona y otros analgésicos. Esto produjo que más de dos millones de personas
dependan de estas sustancias. La situación llevó al presidente Donald Trump a
declarar la crisis de opiáceos una «emergencia de salud pública» en octubre del
año pasado. Los estados recurrieron entonces a un programa de subsidios
valorado en mil millones de dólares para combatir el problema.
Los datos de los CDC son estimativos. El
gobierno federal recolecta los registros de defunción de los estados durante
todo el año aunque algunas muertes llevan más tiempo de investigación que
otras. Los CDC ajustan los números iniciales basándose en el número de muertes
bajo investigación, suponiendo que una proporción predecible de ellas se deberá
a sobredosis por consumo de drogas, en función de la experiencia pasada.**
Las
muertes son hechos claros, pero ¿qué ocurre con los que no están muertos,
cuáles son sus cifras? La imagen del popular Doctor House, con su bote de
pastillas analgésicas, nos lo muestra como un yonqui.
El
dolor es humano y es lo que nos demuestra que estamos vivos. Puede ser
soportable o no, pero no puede ser ocultado o ignorado. Al príncipe Gotama, el Buda, se le
ocultó el dolor del mundo hasta que este se le hizo presente en toda su crudeza:
la enfermedad, el envejecimiento y la muerte. Son las realidades inevitables de
nuestra condición humana. Es algo más que química o pastillas, configuran
nuestra visión del mundo, de nosotros mismos. La investigación sobre el dolor es
necesaria, pero también son necesarios otros enfoques que lo enmarquen y le den
forma en lo humano.
Preocupante es que el dolor pase a ser un gran negocio y que sea la industria la que marque el camino. Lo ocurrido en Estados Unidos casa con las cifras que se dan aquí de casi la duplicación del consumo de fármacos en menos de diez años. A lo mejor, en muchos casos, solo estamos cambiando el tipo de dolor. La vigilancia del exceso debe plantearse seriamente.
*
"“Hay hospitales que no saben tratar casos graves de dolor”" El País
7/05/2019
https://elpais.com/sociedad/2019/05/07/actualidad/1557257730_041110.html
**
"Los opiáceos son ya la epidemia más letal en Estados Unidos" ABC
17/08/2018
https://www.abc.es/sociedad/abci-opiaceos-epidemia-mas-letal-estados-unidos-201808162028_noticia.html
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