miércoles, 22 de mayo de 2019

La guerra del 5G y sus analistas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los efectos del cese de los acuerdos de Google con Huawei, dejándole fuera de actualizaciones y sin sistema operativo Android es una batalla en una guerra más amplia, la de la tecnología 5G, es decir, el liderazgo futuro de las comunicaciones mundiales en el plano económico y el del control de las comunicaciones, en el plano político estratégico. Son dos dimensiones que no pueden ser confundidas en el análisis aunque se den unidas en la realidad.
La prensa norteamericana se encuentra dividida entre el temor a perder el liderazgo y recuperarlo de cualquier manera y el temor a que el coste sea el lío en que está metiendo Donald Trump a los Estados Unidos, cuyas consecuencias económicas (y políticas) pueden ser complejas.
En The New York Times, el tres veces ganador del Pulitzer, Thomas L. Friedman, plantea una idea asombrosa: Estados Unidos no se merece a Donald Trump, pero China sí:

A U.S. businessman friend of mine who works in China remarked to me recently that Donald Trump is not the American president America deserves, but he sure is the American president China deserves.
Trump’s instinct that America needs to rebalance its trade relationship with Beijing — before China gets too big to compromise — is correct. And it took a human wrecking ball like Trump to get China’s attention. But now that we have it, both countries need to recognize just how pivotal this moment is.*



La idea —las ideas extraordinarias siempre llegan de un amigo— no tiene desperdicio porque, de la misma manera que es difícil separar en este caso lo económico de lo político, es muy difícil separar un Trump de otro. Lo que haga, lo padeceremos todos. Tampoco el mundo se merece a Trump. Es un producto USA genuino.

El artículo de Friedman argumenta que China se ha beneficiado de su estatus anterior de economía protegida por estar en desarrollo, lo que le ha permitido una posición protectora internamente y agresiva hacia el exterior, económicamente hablando. La ley del embudo, como se suele llamar a estas situaciones. Es en el final del segundo párrafo donde ya se reconoce que lo que está mal puede estar peor, que es lo que realmente debe preocupar a los políticos. A nadie puede gustarle una situación determinada, pero si las acciones nos llevan a un estado peor, es mejor tocar lo menos posible.
El desequilibrio económico es un hecho reconocido hasta por la propia China, pero el camino son las negociaciones y no lo que hace Trump. Cuando se ha llegado a una situación determinada es porque te beneficiaba de alguna manera, ya que esto no ha ocurrido en un día. Tampoco se puede pretender arreglarlo en un día. Pero la mentalidad de Trump, su idea de que él es el "gran arreglador" de todos los errores de los que le han precedido no ayuda nada.
En The Washington Post, otro renombrado analista, David Ignatius, titula "Trump loves walls. But he should be careful about a digital barrier with China". Es difícil apoyar a Trump, especialmente porque es una persona imprevisible. Lo que tienen en común los analistas es esa recomendación sobre que pueda ser peor el remedio que la enfermedad.
Mientras que el artículo de Friedman está orientado hacia el pasado, el análisis de por qué China ha llegado hasta donde ha llegado convirtiéndose en un desafío/amenaza en el presente, el de Ignatius se centra en el futuro de las decisiones que se tomen ahora, es decir, en las consecuencias de lo que se haga.
Escribe David Ignatius:

It’s a measure of Trump’s erratic dealmaking style that the first question for many observers was whether the president was serious about banning Huawei, or whether he was simply applying more pressure to get his stalled trade deal. Trump backed off last year from a similar squeeze against ZTE, another big Chinese telecom company, after a personal plea from President Xi Jinping.
Trump-watchers doubt he’s bluffing this time. He recently told close advisers, “We have to win the 5G fight, period,” according to former House speaker Newt Gingrich, who attended the session. “I don’t think we have any choice,” Gingrich told me, because the alternative to checking Huawei is Chinese dominance of digital infrastructure.
“Huawei is the poster child of China Inc.,” argued Christopher Johnson, a former top CIA analyst who’s now with the Center for Strategic and International Studies. “If this campaign is successful, we’ve demonstrated that Xi’s whole narrative that China has created an alternative to the West is false.”
The danger, Johnson cautioned in an interview, is that if Trump forces European allies to choose between the United States and China, “You may not like their response.”
Working with allies, never Trump’s strong suit, will be crucial here. Right now, there’s no good alternative to Huawei’s 5G technology. Somehow, the United States needs to encourage catch-up work by South Korea’s Samsung, Finland’s Nokia and Sweden’s Ericsson. Bizarrely, the administration didn’t pre-brief allies on its Huawei plan.**



Allí donde Friedman contempla la Historia pasad, David Ignatius advierte sobre las consecuencias en el futuro. El "tenemos que ganar la lucha del 5G, y punto" de Trump plantea las incertidumbres de los resultados. Como en otras ocasiones, Trump sobreestima los efectos de las acciones que realiza y, sobre todo, del problema sumatorio. La guerra del 5G no se puede desmarcar de otras cuestiones que Trump va acumulando sobre el mapa mundial incrementado tensión y hartazgo. El vaso se sigue llenando hasta rebosar.
La perversa hiperactividad de Trump, ese continuo revolverlo todo, no es seguida por la mayoría de los países, incluidos (o especialmente) los aliados, que se ven arrastrados a situaciones de incertidumbre, cuando no de peligro inminente. Como muestra la tensión creciente por la ruptura en el caso de Irán, los socios europeos no están dispuestos a complicarse una vida ya complicada por satisfacer el ego belicista y fanfarrón de Donald Trump al frente de la Caballería.
Es lo que señala Ignatius cuando habla de las fisuras europeas. Para Europa es el momento más adecuado para sacudirse este papel humillantemente subordinado que Trump pretende asignarle. Las decisiones de Trump se padecen en Europa como efectos secundarios. Son decisiones tomadas sin consultar, porque eso iría contra la propia imagen interior de Trump, empeñado en demostrar que los USA reinan.
Las respuestas de Huawei y China se reparte en los terrenos legales (ante los tribunales norteamericanos y ante los internacionales), político económicas (respuestas a las medidas) y tecnológicas (desarrollo del propio sistema operativo como alternativa al Android).


Trump —como veíamos ayer— ha mostrado el aspecto más crudo de la guerra sucia contra una empresa. Difícilmente se puede justificar el daño hecho a una empresa desde el plano político. Todo se mezcla, no hay líneas divisorias y todos los aspectos tienen la palabra "guerra" (comercial, política, económica). Las medidas políticas tomadas definen el escenario y los daños económicos. Eso hará que los demás tengan que tomar sus propias medidas porque no se puede sostener este tipo de presión sobre todos los sectores por parte de un país que tiene en jaque a todos con las imprevisibles decisiones o con el análisis de si son en serio o bravuconadas, como el propio Ignatius plantea.
Primero se pensó que Trump se moderaría al llegar a la Casa Blanca. Se trató así de restar presión a la amenaza que suponía. Ahora se trata de saber si habla en serio o va de farol, cuando ya muchos dan por supuesto que es en serio.
Queda claro que la cuestión es el 5G, lo que implica dos cosas: 1) el reconocimiento de que China ha superado a USA en el terreno tecnológico —su terreno—, algo sabido desde hace tiempo; y 2) que no está dispuesto a aceptarlo, presionando a sus socios (o al mundo entero) para que no entren acuerdos con China. Veremos qué dicen los socios (o el mundo entero), amenazados todos con sanciones, cortes de información, etc. si le llevan la contraria al "jefe".
La guerra de los 5G puede tener unos efectos que acaben no gustando a Trump. Si sale de la presidencia en 2020, habrá dejado como herencia un mundo revuelto y un difícil compromiso a quien ocupe entonces la Casa Blanca. Si sigue, el panorama es tan oscuro que difícilmente se plantea por parte de los analistas. Y es que hay un futuro en el que hasta los analistas temen pisar.



* Thomas L. Friedman "China Deserves Donald Trump" 21/05/2019 https://www.nytimes.com/2019/05/21/opinion/china-trump-trade.html
** David Ignatius "Trump loves walls. But he should be careful about a digital barrier with China" The Washington Post 21/05/2019 https://www.washingtonpost.com/opinions/global-opinions/trump-loves-walls-but-he-should-be-careful-about-a-digital-barrier-with-china/2019/05/21/7280a146-7c13-11e9-a5b3-34f3edf1351e_story.html?

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