jueves, 2 de mayo de 2019

Los suicidios de adolescentes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario El País vuelve a traer la cuestión de las relaciones de la serie de televisión "Por trece razones" con el suicidio de adolescentes, tema central de la serie. La serie creó polémica desde su primera temporada y está ya en la tercera. Desde su titular, "Los suicidios adolescentes aumentaron en EE UU tras el estreno de ‘Por trece razones’", se establece una conexión entre el estreno y el aumento de las muertes de adolescentes por suicidio, esta vez apoyado en datos de un estudio realizado. No es fácil establecer esas conexiones por muchos datos que se barajen. Pero sí es importante tenerlos en cuenta:

Un reciente estudio alimenta los argumentos de los críticos: al mes siguiente de su estreno en Estados Unidos, el pasado 31 de marzo de 2017, los suicidios en la franja de edad de 10 a 17 años aumentaron un 28,9% en todo el país. Aunque los propios autores advierten de que no se puede establecer una relación causal, las expertas consultadas inciden en el peligro de que en los medios de comunicación se presente el suicidio en términos idealizados: es importante hablar del suicidio, sí, pero en términos de prevención y animando a quien piense en quitarse la vida a buscar ayuda.
Es la tasa más alta de cualquier mes de los cinco años estudiados. Después de este pico, se registran tasas significativamente más altas en junio y diciembre de 2017. La media antes del estreno de la serie era de 116,29 suicidios adolescentes al mes (0,35 por 100.000 personas), y la de los meses posteriores es de 149,56 casos al mes (0,45 por 100.000).
Los investigadores estiman que el estreno de Por trece razones, cuya tercera temporada está en fase de producción, se asocia con unos 195 suicidios adicionales en 2017 entre los 10 y los 17 años. No han encontrado un aumento en las demás franjas de edad, lo que, afirman, va en la línea de trabajos previos según los cuales “los más jóvenes pueden ser particularmente vulnerables al contagio del suicidio”.*



La polémica se reproduce sobre el efecto de los medios, en este caso, una serie televisiva, en el suicidio lo que abre la reflexión de la propia cadena que la ha producido, ya que implica una responsabilidad.
El suicidio es un problema de una enorme complejidad, pero este se simplifica si se toma como un "acto" y no como el final de un "proceso". Las causas por las que cada uno se suicida tienen que ver con la propia vida, con aquello que da forma al existente. No somos, nos hacemos, nos vamos construyendo hasta llegar a ser. Cada momento de nuestra vida es una interacción entre el entorno y lo vivido.
Hay muchas circunstancias como para que pensemos que es una serie de televisión el hecho que motiva el suicidio. Esto solo tiene sentido cuando ya se vive dentro de una corriente o tendencia patológica o circunstancial; el suicidio es una respuesta a una situación compleja.


Siempre que aparece esta polémica se suele hablar del "efecto Werther", concepto basado en los suicidios que se produjeron tras la lectura de la novela de Goethe por Europa creando un modelo de suicidio.
En 2017, una web de Psicología —La Mente es maravillosa— se publicaba un artículo sobre este "efecto Werther", término acuñado en 1974 por el sociólogo David Phillips para tratar de explicar la "muerte imitativa", un fenómeno que se producía después de suicidios de personas famosas (se mencionan Marilyn Monroe y Kurt Kobain). Según se apunta, tras las noticias se produce un aumento de suicidios.
En el texto se explica el efecto, pero también se recogen críticas:

Algunos expertos rechazan el efecto Werther en su totalidad, pero no sus matices. Opinan que sí es posible que personas con tendencias suicidas copien la forma de morir de personajes célebres, pero a su vez eximen a estos últimos de toda responsabilidad sobre las muertes ajenas.**


El proceso que nos lleva al suicidio no es fácil de establecer, aunque muchas veces se simplifica. La sociedad de la época de Werther no estaba preparada para una obra como aquella. Los efectos de las obras de arte eran mucho más intensos y la sensibilidad lo percibía de una manera dolorosa. Nos hablan, por ejemplo, de desmayos producidos en Los bandidos, la obra de Friedrich Schiller, estrenada en 1781, también con suicidios en el drama. En muchas otras obras famosas aparece la cuestión del suicidio. Según parece, solo Werther produjo este efecto imitador.
Aquí tratamos hace unos años otros dos tipos de suicidios: el de los soldados norteamericanos, cuyas tasas de suicidio son superiores a las de las bajas de combate; y el de ejecutivos en una gran empresa francesa, resultado de las presiones laborales. Ambos casos son muy diferentes a los estudiados tras la emisión de la serie.
Con todo, es fundamental aprender a tratar con las informaciones que se transmiten, Las ficciones son otra cuestión; las necesitamos pues son formas de experimentar situaciones de forma imaginativa. Pero las noticias sí que requieren una mayor vigilancia por mera responsabilidad. En el artículo se señala:

Es necesario tratar noticias de este tipo con una sensibilidad especial. No deben mostrarse fotos ni elementos identificativos, sobre todo en el caso de niños y adolescentes. Es importante que el suicidio no se idealice ni se idealice como una vía de escape.
[...] Una obra de ficción, sea de la forma que sea, no alienta el suicidio. Lo mismo ocurre con las noticias, lo que no quita para que la información debe gestionarse de una forma correcta y responsable. En la época en la que fue publicada «Las penas del joven Werther» no contábamos con la información y los medios de los que disponemos actualmente. Así, expresar correctamente nuestras emociones y pedir ayuda debe ser una salida mucho más fácil que la de quitarnos la vida y en que sea así podemos participar todos como sociedad.**

No están los tiempos para las noticias con "sensibilidad especial", según vemos cada día en esta época de sensacionalismo y brutalidad descarnada. Los problemas más serios de muertes de adolescentes se están produciendo por sitios web que lo fomentan y organizan como un juego nihilista. "Nihilismo" es una palabra que no se ve muy frecuentemente en nuestras páginas, pero fue la enfermedad del siglo XIX, la que se gestó del romanticismo en adelante. Los testimonios literarios y personales son abundantes sobre aquello que lo producía, del "Spleen" baudeleriano al "Weltsmerchz" de Jean Paul, de la "angustia existencial" de Kierkegaard al dolor de vivir del poeta italiano Leopardi.


Nuestros procesos actuales son menos estéticos o filosóficos, pero el suicidio de adolescentes se sigue produciendo y eso es lo preocupante. No es posible entrar en la vida del suicida, pero sí establecer —es por lo que se aboga— mecanismos de detección en la familia y la escuela, que son los ámbitos principales para la vigilancia. Sin embargo, por unos motivos u otros, los sistemas fallan en la detección. Si ya fallan en la detección de las matanzas en escuelas e institutos —matar a otros— no es fácil que se detecte al que se quiere matar por su mano. Muchas veces, de hecho, son tanto la situación familiar como la escolar las que lo motivan.
Los consejos de no romantizar el suicido son sensatos. Tampoco crear un foco de atracción en un mundo en el que se buscan segundos de gloria. Sería triste e irresponsable que se generara una atracción morbosa hacia la serie mencionada, en cuyo caso se produciría una retroalimentación que daría un aumento de suicidios. Ya no sería que tuviera efecto sobre ellos, sino que ellos mismos lo buscarían como forma de refuerzo en su decisión. No es la primera vez que se juega con el morbo en este sentido. El peligro, sigo pensando, no está necesariamente en los medios de comunicación, sino en la capacidad envolvente de las redes sociales, que pueden arrastrar a las personas hacia una nueva forma de dolor generado por el acoso, la soledad, etc.


El suicidio es una respuesta angustiada a unas carencias, a unas frustraciones, a un problema que no obtiene respuesta o es ignorado como si no existiera. Tiene que ver con lo que se ha vivido, pero mucho con lo que se espera vivir, por lo que las esperanzas de futuro son esenciales como antídoto. 
El suicidio se produce, ahora y siempre, por falta de esperanza, por no ver futuro o no querer participar en él. Por eso es importante que las personas vean más allá de lo que tienen. El mundo, mejor o peor, lo hacemos entre todos.
A veces una simples palabras son una ayuda y hacen ver que hay esperanza. Puede que hayamos ayudado a seguir con nosotros a personas sin que seamos conscientes de ello. La amabilidad, la preocupación por los demás son buenos antídotos.

* "Los suicidios adolescentes aumentaron en EE UU tras el estreno de ‘Por trece razones’" El País 2/05/2019 https://elpais.com/sociedad/2019/05/01/actualidad/1556737965_642265.html
** "Efecto Werther: la razón por la que se contagia el suicidio" La mente es maravillosa 4/09/2027 https://lamenteesmaravillosa.com/efecto-werther-la-razon-por-la-que-se-contagia-el-suicidio/

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