martes, 28 de mayo de 2019

Pinceladas oscuras de futuro

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ahora que nuestros políticos de todos los pelajes y niveles han hablado sobre el mundo que nos tienen preparado, sería bueno echar un vistazo a la realidad, mucho menos sonriente. Un recorrido exploratorio por las mismas páginas en las que se nos datan sus victorias o derrotas muestra que el mundo en el que vivimos lleva otra tendencia que los políticos no han sabido o querido arreglar, quizá porque para muchos de ellos no es más que aceptación transparente de lo que tenemos.
El diario El País nos trae en su portada algunas pinceladas de presente con amplia proyección de futuro. Lo primero que nos encontramos es la realidad del racismo representada por un equipo de fútbol de tercera regional andaluza, el Alma de África, en donde los jugadores han decidido eliminar su propios nombres de la camiseta y poner en ellas los insultos que les dedican en los partidos: "negro", "esclavo", "moro" "inmigrante", "indio", "gitano", "gorila", "negrata"...* son algunos de los apelativos que les dedican. Los jugadores muestran sus camisetas con lo que tienen que escuchar cada domingo, cada partido. El racismo llega a las cumbres políticas y se regocija con sus victorias electorales. Ellos van a salvar a España, Francia, Reino Unido, Alemania, Italia, Hungría... de los invasores.


Una segunda pincelada, un poco más abajo en la página, nos lleva a otra realidad, la de la soledad. En "Cuatro fórmulas para no morir en soledad"** se nos muestra un drama real, la situación de una sociedad que envejece y que ha perdido sus raíces. Lo que antes eran familias concentradas en las ciudades o en ámbitos próximos ahora suele ser una gran dispersión debida a la globalización, por un lado, que nos ha hecho más viajeros, pero también a la búsqueda de trabajo más allá de nuestras fronteras. Es el drama de los mayores, que se ha convertido, además en un gran negocio, no siempre limpio.
El comienzo del artículo ya nos sitúa en el problema real:

Se llamaba Amanda y llevaba muerta cinco años, tendida en el suelo de la cocina de su casa, en Madrid. Ningún vecino se había percatado de que esta mujer de 83 años había sufrido un ictus mortal. La policía halló su cadáver, momificado, tras un aviso de su sobrina, que vive en Israel. Ocurrió hace un mes. Es el ejemplo más extremo del aislamiento y cada cierto tiempo se difunde un nuevo caso. Alguien a quien nadie, ni familiares, ni amigos, ni el tendero, ni la farmacéutica, echaron de menos. Ayer mismo se conoció la muerte en soledad de otro hombre de 85 años en Alicante.**


Cinco años son muchos años para que nadie piense en ti, para que nadie llame, para que nadie te vea. Y ocurre. La muerte en soledad debe ser estudiada en este mundo cada vez más inhóspito y hostil. El artículo nos habla de las formas de autodefensa, de cómo evitar ese drama social y existencial de la soledad.
Cuando camino cada mañana temprano en busca de mi tren, me cruzo con mujeres mayores, con ancianas, acompañadas de otras mujeres. Casi siempre son mujeres extranjeras que las acompañan en su paseo de la mañana o comparten el día con ellas sentadas en algún banco al sol. Cada día veo más de estas parejas en mi camino.
Pero este mundo que construimos es poco solidario con las personas mayores, no puede decirse menos de los jóvenes. Con el marco de "El futuro del trabajo", La revista Retina  del diario nos trae las declaraciones de Mark Graham, un profesor de Oxford, con la afirmación “La automatización promueve la inequidad”.***
Leer la breve entrevista con Graham no es ir al futuro, aunque hable del socorrido "dentro de veinte años". Es ir directamente al pasado, al más duro e infame capitalismo de finales del siglo XVIII y principios del XIX, el mundo que describió a la perfección Zygmunt Bauman, en su análisis de cómo fue necesario crear pobreza para que existiera un banco de reservas laborales que permitiera abaratar los salarios y despedir a los descontentos. Se sacó a los pobres del campo y se les convirtió en pobres de ciudad obligándoles a vivir en ciudades agresivas, en condiciones insalubres, con trabajo infantil, enfermedades, etc. Dickens lo retrató y creemos que solo era una cuestión literaria, pero era la realidad que vivían.

P. ¿Cómo imagina el mercado laboral dentro de diez años?
R. Sin una regulación más efectiva y sin que los trabajadores tengan la capacidad de una mayor fuerza colectiva. Vamos a afrontar una carrera hacia abajo en salarios y condiciones laborales. No es inevitable. Pero necesitamos una acción sostenida y conjunta de los reguladores y los empleados para crear otro futuro.***


No es necesario esperar diez años para ver esto. Lo vemos cada día. Los políticos temen las cifras de desempleo y cada vez que quieren tomar alguna medida en el sentido indicado por Graham se encuentran con las amenazas de que eso hará crecer el desempleo. La precariedad, como señala, el artículo es el seguro de que no habrá demasiadas quejas. Si no estás de acuerdo, ya sabes, basta con descolgar el teléfono para que lleguen los candidatos a ocupar el puesto. Esto forma parte de la realidad que escuchamos cada día.
La automatización es solo una parte, la que afecta al tipo de empleos. Pero la clave está en la contratación, en la precariedad que se establece como forma lícita de ganancia empresarial. Por eso todos los datos en el mundo reflejan el crecimiento de la desigualdad: los ricos son más ricos y los pobres lo son hasta el límite, pero están condenados a no poder salir de allí.
La emigración entra en juego cuando hay que salir de tu esfera para ir a otra en la que puedas mejorar. Es una cadena en la que los puestos que dejan los de un país los ocupan los más necesitados que vienen de otros. Se producen así nuevos conflictos. Esto es también un escenario muy decimonónico.
Los nuevos modelos de trabajo, que tanto han cantado algunos, son nuevas formas de la misma vieja explotación. Si seguimos el recorrido por la página principal de El País nos encontramos con otra pincelada trágica. "La muerte de un repartidor de Glovo reabre el debate de la precariedad"****, nos dicen desde otro titular.
La cuestión, una vez más, nos muestra el futuro en el presente, no hace falta esperar mucho. Las protestas ante la sede de la empresa tienen mucho de rabia sin contener por la situación. El debate esta vez se ha iniciado por el hecho de que el repartidor muerto no estaba registrado por la empresa. Pese a ello el diario nos explica:

Glovo asumirá “todos los gastos que hubiera cubierto el seguro privado con el que cuentan los repartidores de la plataforma”, anunció la compañía en un comunicado, pese a asegurar que la víctima no estaba registrada en la aplicación como repartidor. Los repartidores, sin embargo, volvieron a destacar la precariedad de las condiciones laborales con las que las nuevas plataformas de mensajería les obligan a trabajar a diario.
El caso de personas que utilizan los perfiles de otros repartidores registradores es conocido, según explicaba ayer Dani Gutiérrez, de la plataforma Riders por Derechos, vinculada al sindicato Intersindical Alternativa de Cataluña. “En el mejor de los casos un repartidor está dado de alta como trabajador autónomo. Hay personas sin papeles que no pueden trabajar pero necesitan comer y alquilan, por horas, la cuenta de otro repartidor”, explicaba. En su opinión, Glovo se está alimentando de “falsos autónomos” para llevar a cabo su actividad, como ha llegado a admitir en algún caso la Inspección de Trabajo, una situación que, a su parecer, precariza “todavía más” la situación de los repartidores que se encuentran en una situación de mayor debilidad.****


El muerto era un joven nepalí, 22 años. Sin papeles, obligado a ganarse la vida trabajando como puede, "realquilando" a alguien su derecho a jugarse la vida por las calles. Al no tener papeles, queda limitado a este tipo de práctica dentro de la precariedad. Es la precariedad de la precariedad.
Durante años hemos escuchado las bondades de la "nueva economía", del ingenio de todas estas empresas que aprovechan huecos de mercado para dar servicio más "eficientes", "evaluables" y "dinámicas". Pero los dramas que esconden algunas veces salen a la luz. La precariedad de nuevo es la nota dominante. El abuso es el resultado.
La medida tomada por nuestro gobierno para hacer que todo el mundo fiche y salga a la luz los millones de horas trabajadas sin pago a los trabajadores tiene ya su propia picaresca adecuada a cada modelo. Ya habrán escuchado a más de uno contarles cómo su empresa ha "resuelto" el problema. No se va a pagar una hora de más porque seguirán siendo invisibles. Solo se localizarán cuando llegue una inspección o exista una denuncia de alguien que esté fuera.
La cuestión es el papel de la empresa, cómo se concibe. Estamos en una sociedad egoísta y que produce egoístas. Se trata de tener la sartén por el mango y el que quiera mejorar que se monte su negocio y haga lo mismo. Ese es el mensaje. No hay sentido social, solo el ánimo de lucro por encima de los demás.
Por eso los salarios seguirán a la baja por más que la economía mejore. Graham explica, como ya se planteó, en el XIX: «Si no encontramos formas de redistribuir los beneficios que acumularán los propietarios del capital seguramente la automatización del mercado laboral va a promover la desigualdad»*** La "redistribución", ahí está el quid de todo sistema económico. Las sociedades más justas tratan de equilibrarse, pero todo va hacia el desequilibrio, hacia la desigualdad.


Gran parte del extremismo actual y de los populismos —como ocurrió en el siglo XX— se alimentan de este tipo de injusticias sociales. Cada uno elige uno o varios responsables y apunta su artillería del resentimiento hacia el objetivo. Los políticos se aprovechan de estos sentimientos de frustración y gritan contra la ineficacia del resto. Ellos van a promover sus utopías, nacionales o sociales. Pero todo, en el fondo, sigue un mismo camino.
Hace falta recuperar el sentido de justicia social, de bienestar social y entender que la organización social debe equilibrarse o se convierte en un escenario de violencia constante que lleva a la violencia y al desequilibrio psico-social, con sociedades enfermas, desequilibradas.
Racismo, soledad, desigualdad, precariedad... son pinceladas de un retrato que como el Dorian Grey, refleja el negativo de las imágenes coloristas que nos gusta contemplar. Los mayores y los jóvenes viven en situaciones negativas. Los que están en medio cada vez tienen menos capacidad para compensar el desequilibrio sosteniendo con sus recursos.
Tras las elecciones que hemos tenido días pasados, hay mucho que reflexionar. Si nos preocupa este presente, debemos pensar que la tendencia es a intensificar todo esto. No es especulación. Todo está aquí, solo crece. La sociedad que no poda sus defectos acaba acostumbrándose a ellos. Y algo peor, puede acabar llamándolos "virtudes".


* "Con el 5, Gorila; con el 9, Negrata: el equipo que se rebeló contra el racismo" El País 28/05/2019 https://elpais.com/deportes/2019/05/27/actualidad/1558980750_207094.html
** "Cuatro fórmulas para no morir en soledad" El País 27/05/2019 https://elpais.com/sociedad/2019/05/27/actualidad/1558980779_382517.html
*** "“La automatización promueve la inequidad”" El País 28/05/2019  https://retina.elpais.com/retina/2019/05/23/tendencias/1558608717_984429.html
**** "La muerte de un repartidor de Glovo reabre el debate de la precariedad" El País 28/05/2019 https://elpais.com/economia/2019/05/27/actualidad/1558983633_840887.html

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