martes, 15 de enero de 2019

Los sin complejos (entre otras cosas)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La expresión "sin complejos" se ha utilizado para definir a algunos de las "jóvenes propuestas" con las que algunos tratan lavar los males acumulados por sus mayores. El carácter sistémico del mapa político hace que cuando una fuerza nueva entra, los demás tengan que remodelar muchos de sus discursos para tratar de evitar la fuga que pueda producirse. Es obvio que cuanta más insatisfacción haya provocado el grupo habitual, más fácil es que se produzca la fuga de sus votantes hacia las nuevas propuestas. Eso que se llamó el "voto de castigo" viene precedido por una insatisfacción que encuentra forma de expresarse en las nuevas propuestas que sirven para manifestar la pérdida de confianza o el enfado, ya sea de forma definitiva o circunstancial.
El problema del "sin complejos" es que da a entender que antes sí se tenían, es decir, que era lo que pensaban, pero no lo decían precisamente debido a esos complejos. Se supone que estos jóvenes recién llegados dicen lo que piensan y es ahí donde empiezan los problemas, en hasta qué punto asumen partido y electorado habitual sus propuestas como suyas. ¿Es el mensaje del aparato de Casado?
Es una apuesta arriesgada porque las palabras y el tono van en dirección contraria a donde debían. En vez de distanciarse del populismo ultraderechista de Vox marchando hacia un centro cada vez más abandonado, la apuesta elegida es competir y robar el discurso a la ultraderecha. Eso acabará partiendo de facto al Partido Popular, que puede perder más votantes que recuperarlos. Pero los que hacen las cuentas en los partidos suelen ser muy convincentes.


Se ha pasado de la tibieza de Mariano Rajoy, del críptico haremos lo que tengamos que hacer al actuar sin complejos de Casado y sus "jóvenes leones" airados, hijos de la crisis y de las redes sociales, un estado mental más que sin complejos sin reflexión, más bien tendente a llamar la atención y a expresarse con exabruptos y frases manidas.
La idea de "decir lo que todos piensan pero nadie se atreve a decir" tiene una larga historia política y los extremistas pronto la etiquetaron como "lo políticamente correcto", que en su boca tiene un sentido preciso: nosotros hablamos por boca de todos, que no se atreven a hacerlo porque están coaccionados por la presión de los medios.
De nuevo se hace aquí una suposición: los medios están controlados por los liberales y los izquierdistas, quienes han secuestrado el discurso. La siguiente reflexión, claro, está es "recuperemos nuestro" discurso.
A esta última idea le ha venido de perillas la creación de las redes sociales y de los micromedios. El crecimiento del discurso del odio y del extremismo se produce porque se han creado medios alternativos (en ambos lados del espectro político) precisamente para poder hacer circular un mensaje sin filtrar. Esos mensajes acaban "compitiendo" para ver quién es más "sincero", es decir, más "populista". Lo que antes los extremistas silenciaban para no verse censurados por los medios de comunicación, les sirve a hora para la captación de radicalismo. Esto explica, de alguna forma, porque los grandes espacios políticos se alejan del centro y se fragmentan por los extremos produciendo radicalismo.
En realidad, aunque no se diga mucho, todos están siguiendo el modelo de aquel al que le ha funcionado, Donald Trump, la personalidad "sin complejos" por excelencia. Nadie como él ha sabido sacudirse lo "políticamente correcto" y presentarse como el "hombre sincero", el que el pueblo necesita y al que no miente.


Son décadas de discursos erosionantes de la política, décadas de mensajes sobre su inutilidad, oportunismo, ambición, hipocresía, etc. Los radicales tienen el campo del descontento abonado cuando llegan. Ya todo el mundo le gusta un toque de radicalismo, de rebeldía frente al sistema, del yo soy distinto... En esa categoría entran los "sin complejos", que otras veces son los "sin respeto" (como los Rufián y compañía) o los "sin chaqueta" o "sin corbata", formas desarrolladas por los directores de comunicación para hacerles ver que son distintos a los demás, aunque después todos hagan lo mismo.
De los Estados Unidos nos llega un buen ejemplo de un "sin complejos" de la escuela de Trump. De él dan cuenta los principales periódicos norteamericanos. Es el caso del congresista republicano por Iowa, Steve King, conocido por sus comentarios racistas al que la dirección le acaba de pedir que abandone la comisión en la que se encontraba como representante republicano.
Tras darnos los detalles de su puesta en la calle, The New York Times explica al personaje y su "falta de complejos":

Mr. King, who has been an ally of President Trump on the border wall and other issues, has a long history of making racist remarks and insults about immigrants, but has not drawn rebukes from Republican leaders until recently. In November, top Iowa Republicans like Senator Charles E. Grassley endorsed Mr. King for re-election even after one House Republican official came out and denounced him as a white supremacist.
But in an interview with The Times published last week, Mr. King said: “White nationalist, white supremacist, Western civilization — how did that language become offensive?”
Speaking to reporters on Monday night after the House Republican leadership team acted, Representative Kevin McCarthy of California, the minority leader, said he was not ruling out supporting a censure or reprimand resolution against Mr. King. He said the Republicans are not removing Mr. King from the G.O.P. House conference itself, so he can still attend its party meetings, and it was up to Iowans whether Mr. King should stay in office.*



Preguntarse por qué es "ofensiva" la idea de "supremacismo blanco" es preguntarse qué hay de malo en los linchamientos, la esclavitud, la segregación racial, etc. Pues es eso lo que lleva y trae el supremacismo. Pero el congresista de Iowa no tiene complejos, que es lo que conlleva el populismo. Él, como Trump, es la voz del pueblo. Y el "pueblo" es blanco, cristiano y tradicionalista, mantenedor de las buenas costumbres. Dios les dio esa nueva tierra prometida por ser piadosos y les permitió apropiarse de tierras y criaturas y de traer de fuera lo que necesitaran, incluida la mano de obra para que les sirviera y trabajara para ellos. Es en Iowa se ve como muy normal y por eso el congresista King tiene suficientes votantes a los que habla sin complejos.
El problema es que el número de sin complejos que se puede soportar no es infinito. Hay un límite, especialmente cuando tratan de ser ingeniosos o se hacen preguntas retóricas, como ¿cuándo pasó a ser negativo decir que los blancos son una raza superior y los demás deben obedecerla? El problema es que las personas que defienden este principio no tienen nada de superiores y sí de bastante tontos en uno o en varios campos.
Aquí han importado la supremacía en "versión española". Para ello se trata —como se hace en Italia, Francia, Alemania...— de convertir a los inmigrantes en peligrosos y en gorrones. Los mensajes que circulan por las redes son también "sin complejos". Da igual —como en estados Unidos— que las cifras contradigan las consignas de la ultraderecha. Cada uno se inventa lo que necesita. No solo está "lo políticamente correcto", sino "lo narrativamente necesario", es decir, los bulos convertidos en historias a base de repetición y circular por las redes, el verdadero semillero de estos  y otros grupos.


Es preocupante que nuestros "sin complejos" no solo digan lo que piensan (aunque esto requeriría matices), sino lo contagioso que es. Como se trata de llamar la atención, hay que ir introduciendo los temas controvertidos para que se vea que ellos son capaces de hablar de casi todo.
El discurso antifeminista de Vox se ha contagiado al Partido Popular. Está claro que el populismo ultraderechista ha decidido jugar dos bazas, inmigración (racismo) y feminismo (anti igualitarismo tradicionalista). Si la primera ha dado resultado como tema central en la Gran Bretaña del Brexit, la Italia del Salvini o la Norteamérica blanca de Trump, el tema del feminismo tiene unas connotaciones muy diferentes.
Es sorprendente que las nuevas propuestas populares hayan abierto este frente contra el feminismo asumiendo lo más repugnante del discurso de Vox, la creencia en que las cuestiones de género son "ideología".
En el diario El Mundo podemos leer el titular "José Luis Martínez-Almeida: "La izquierda ha secuestrado el concepto de feminismo"". En la entrevista, el candidato a la alcaldía madrileña se distancia del discurso de Vox sobre la inmigración y responde así a las cuestiones "feministas":

P.- En el debate sobre violencia de género, ¿cuál es su postura?
R.- Es la misma que cuando no votamos en el Pleno a favor del 8-M, porque entendemos que la izquierda ha secuestrado la ideología de género y ha secuestrado el concepto de feminismo. Hay que distinguir entre la lacra de la violencia de género -en lo que contarán con todo el apoyo del PP- de la ideología de género, secuestrada por la izquierda en España. No comparto que la violencia contra las mujeres derive de un sistema heteropatriarcal capitalista.
P.- ¿Es partidario de dar más ayudas a hombres víctimas de violencia?
R.- De lo que soy partidario es de revisar que las subvenciones que se dan [a las asociaciones feministas] se ajusten estrictamente a fines de interés público.**


No creo que se trate tanto de un "secuestro" como del fracaso de los intentos por parte de la derecha ideológica de plantear un "feminismo" más allá de una doctrina liberal, que choca con el igualitarismo que se pide en la cuestión de género. No es casual que hayan sido las mujeres las primeras que se han enfrentado a Trump en los Estados Unidos y que haya fracasado el modelo propuesto a través de la familia Trump, con su hija al frente.
El problema no viene del liberalismo en sí, sino de la incapacidad de hacer un discurso igualitario sobre el género desde el tradicionalismo religioso. Tampoco —y se ha intentado— se ha podido producir un feminismo en el mundo islamista, por más que lo pregonen. Desde hace tiempo, el feminismo está en el punto de vista de la instituciones religiosas en la medida en que entran en contradicción la visión de la función de la mujer y la relación con su cuerpo, además de los roles familiares.
Si le preguntáramos al senador de Iowa, defenestrado por creer en la supremacía de la raza blanca, seguramente también diría que cree en la supremacía del hombre sobre la mujer porque dios quiere un mundo con cada uno en "sitio". Lo mismo le dirán los tradicionalistas islámicos que le dirán que es la izquierda la que ha "secuestrado" el feminismo para destruir el orden divino.
No se trata de estar de acuerdo o no con la idea del "patriarcado capitalista", pero que el mundo ha estado dominado por los hombres, es decir, ha sido visto como un orden masculino, en el que la mujer debía obedecer y plegarse, que los matrimonios forzados eran una forma de establecer los vínculos de familias y negocios en la sociedad, etc. de eso no cabe ninguna duda.
El camino de hacer dudar de esa realidad histórica es tan peligroso como dudar del cambio climático  (Trump y Rajoy también dudaban) o decir que todas las mujeres maltratadas fingen y que los maridos son unos benditos. Durante años se ha enseñado a callar y los primeros que lo recomendaban eran los confesores, que pedían abnegación ante la dificultad y pensar en los hijos primero.
La derecha tradicionalista de trasfondo religioso (como lo es una parte de la española y mucho de la norteamericana) no ha podido hacer feminismo teórico porque tenía sus propias líneas rojas, que no casaban con otras posturas. También el feminismo —poca memoria histórica la del candidato a alcalde— ha tenido que enfrentarse al machismo de "izquierda" mostrando que la idea del patriarcado es previa a las divisiones políticas y difíciles de cambiar porque son transmitidas como valores absolutos a través de las familias: es lo que se vive y es con lo que se crece.

En el mundo árabe musulmán no hay más revolución que la de las mujeres precisamente porque todo el edificio social se construye sobre la inferioridad y sumisión de la mujer al hombre. 
En las culturas orientales, por ejemplo en la china, igualmente existían las "obediencias" (al padre, al marido, al hijo, al hermano) y "virtudes" (silencio, sumisión), expresadas por Confucio. 
Si hay algo de lo que no se puede dudar en la historia es del patriarcado, le guste o no al candidato a alacalde. Quizá el candidato sin complejos es demasiado joven para recordar la situación española antes de 1970, pero puede preguntar en casa.
Los "sin complejos" están complicando la vida a las personas sensatas de los partidos, a los más moderados, a los que no tienen intención de irse del centro al extrarradio a robarle votos y discursos a la España más avejentada, a la de las viejas ideas con rebozado nuevo, con peircing y tatuaje en el tobillo si hace falta. ¡Qué pena que las peores ideas sean precisamente los que enganchen a mucha gente joven!
No necesitamos personas "sin complejos", sino con conocimientos, con ideas y con valores abiertos y de solidaridad con los que más lo necesitan. Hace falta más justicia social (y mejor de la otra); hay que solucionar problemas y no crear otros nuevos o discutir cuestiones más que superadas.
España ha sido país de emigrantes, en unos sitios recibidos bien y otros mal; salieron porque no había pan en sus mesas ni futuro en nuestras calles. También ha sido y es un país con grandes dosis de machismo, patriarcal, que ha contado con todas las bendiciones necesarias de autoridades políticas y religiosas. Deberíamos recordarlo. 
Decir que la izquierda ha "secuestrado" el feminismo es una de las mayores tonterías y con más consecuencias dichas en España en mucho tiempo. Hace creer que se trata de una cuestión de partido y no de justicia histórica y de progreso para salir de ese mundo patriarcal que el candidato sin complejos niega. Le da, además, un discurso fácil a sus oponentes, ya que les basta con citarles para atraer las iras de todas las perjudicadas por la violencia machista directa o por otros factores del patriarcado, que es en sí mismo una forma de violentar los derechos, roles y libertad de las personas en función del sexo. 
Hay cosas que deberían estar por encima de los partidismos, pero desgraciadamente el deseo de ir contra la Historia y el sentido común está muy extendido. Algunos sin complejos deberían tenerlos.
Y algunos se están empezando a hartar con los sin complejos.


* "Steve King Removed From Committee Assignments Over White Supremacy Remark" The New York Times 14/01/2019 https://www.nytimes.com/2019/01/14/us/politics/steve-king-white-supremacy.html?
** "José Luis Martínez-Almeida: "La izquierda ha secuestrado el concepto de feminismo"" El Mundo 15/01/2019 https://www.elmundo.es/madrid/2019/01/15/5c3ce1b8fdddffe5a38b46fe.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.