domingo, 20 de enero de 2019

La extraña modernidad egipcia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Tras decidir hace unos días que todos los edificios de ladrillo rojo del país deben ser pintados por los cuatro costados de forma inmediata para que el país no parezca "incivilizado", según expresión del primer ministro, y bajo amenaza de sanciones a quienes no cumplan, el régimen de Egipto se lanza a otro cambio ampliamente reclamado, la llamada "renovación del discurso religioso".
Los lectores de este espacio recordarán que esta es una constante reclamación del presidente a la Universidad de Al-Azhar, que es el centro teológico, por decirlo así, de Egipto y el Islam. Al menos esa es la versión oficial, ya que existen contradicciones que no se resuelven. Recordarán que la Universidad, consciente de su poder y no deseando perderlo, ha decidido hacer oídos sordos a este tipo de peticiones de la presidencia. Las consecuencias han sido constantes conflictos, cono enfados de Al-Sisi en cada celebración solicitando que se renueve el discurso.
Pero entonces empieza la segunda parte del problema: ¿qué quiere decir "renovar el discurso religioso"? Desde el punto de vista político está más o menos claro: alejarse de los extremistas del Estado Islámico y del islam político, que representan los Hermanos Musulmanes, que son el frente que les preocupa especialmente. Pero este problema es más político que teológico, dado que es imposible disociar una cosa de la otra y que tanto los Hermanos como salafistas, Estado Islámico, wahabitas, etc. todos ellos se consideran "puristas" mientras que acusan a los otros de ser "impíos".
En realidad, el régimen de Al-Sisi no sabe muy bien qué pide con la reforma a menos que se llame reforma a la condena de los demás y a su marginación oficial de cualquier puesto de quienes no se pongan bajo la tutela del estado egipcio.


La tolerancia de la que se podría hablar está en contradicción con las propias acciones del gobierno egipcio, que cada vez persigue a todos aquellos que se alejan del islam y de sus formas más conservadoras. Sea lo que sea, la verdadera reforma no se plantea nunca más que como un cierre a otras corrientes y eso no es propiamente una reforma sino un doble movimiento de marginación e institucionalización: primero se expulsa a los otros y luego se autoproclama uno como verdadera columna vertebral de la ortodoxia.
Ahram Online, el diario estatal principal, nos da cuenta con el titular "Egypt's Endowments Minister opens conference on reforming religious discourse" de las jornadas dedicadas a la reforma y de sus planteamientos:

Egypt's Minister of Endowments Mokhtar Gomaa on Saturday inaugurated a two-day conference on reforming religious discourse, and the role of the family, the media and society in building personality.
The conference is run by the Supreme Council for Islamic Affairs under the auspices of President Abdel-Fatah El-Sisi.
It is titled "Building a national personality and its impact on the progress of states while maintaining its identity."
Scholars from Sudan, Saudi Arabia, the UAE, and other Arab and Islamic countries are attending the conference.
The attendees also include up to 150 participants from 40 countries, including 13 ministers of Islamic affairs.
The participants are expected to discuss 50 research papers on the principles of religious and nationalist discourse, education and its effect on building personality.
They will also discuss the role of family and media in building the personality, a strategic vision for upgrading religious discourse and how it helps enhance protection against terrorism and extremism, an Islamic vision for building the nationalist personality in a changing world, and the potentials for renewing religious discourse and its effect for protection against terrorism and extremism.
Workshops and seminars will be held on the sidelines of the conference on Egypt's relations with African countries and the role of the family in the stability of societies along with means of protecting young people against extremism.
Tourist and cultural tours will be organised for delegations participating in the conference.*


Excepto por el pintoresco detalle final de llevarles de recorrido turístico por la zona, el texto siembra enormes dudas sobre sus fines y eficacia. Al igual que en con el pintado de las casas, el régimen egipcio no admite más que la uniformidad, nunca la diferencia. Es un régimen que siempre verá al país como una tropa uniformada que siempre deberá obedecer las órdenes de sus superiores. Esa es la mentalidad y no otra con la que se aborda cualquier cuestión, nunca desde la horizontalidad social, sino siempre desde la verticalidad del poder. La gente obedece, las autoridades mandan. Todo lo demás es inadmisible.
Me vienen muchas veces a la memoria un viejo artículo del escritor Alaa al-Aswany en el que contaba el desprecio profundo con el que hablaban del pueblo en una fiesta de la alta sociedad y políticos en la época de Hosni Mubarak. Recordaba el escritor cómo le había irritado aquella actitud de prepotencia y desprecio. Por más que se juegue con el nacionalismo patriotero, no parece que haya cambiado mucho la actitud.
Lo que se han reunido a discutir en esa conferencia no es la reforma del discurso, sino la reforma de las personas por decreto. Allí se decide qué es una "familia", cómo deben actuar los "medios", cómo debe ser una "persona". El problema es que una vez decidido, ya no hay más remedio que plegarse a esas instrucciones. Apartarse de ellas es no ser "musulmán", "egipcio" o "persona". Los medios serán igualmente etiquetados y tratados en función de lo que contribuyan a repetir el modelo que se les asigna.
Esto se suele llamar "totalitarismo". Por qué el régimen egipcio lo llama "modernidad" es algo que se me escapa.
La modernidad, precisamente, es el único camino que el régimen egipcio no ha tomado nunca, ya que la modernidad implica una mayor autonomía del individuo frente a las formas que le dicen constantemente cómo debe comportarse o ser (es lo que implicaba la idea kantiana de Ilustración, esencialmente autonomía), mientras que lo que hacen en la conferencia los egipcios y sus invitados (casi todos ejemplos de lo que no es la modernidad) es lo contrario, fabricar personas, familias, instituciones, etc. en serie.


No se debe confundir la "modernidad" con las grandes obras, autopistas, canales y una nueva capital. Eso es confundir el sobrero con la cabeza. Para todo eso solo se necesita dinero (aunque hay que pedirlo prestado y se endeuden); para la modernización de necesita otra cosa, voluntad e ideas, liberar el potencial individual y colectivo.
La mayor parte de las noticias que nos llegan de Egipto van en sentido contrario. El problema va más allá del régimen en sí mismo, ya que afecta a la propia intransigencia que se ha fomentado desde todos los rincones de la sociedad persiguiendo a aquel que es diferente, se comporta de otra manera, se viste de manera inusual o sencillamente dice lo que piensa. Los ejemplos de denuncias contra todo aquel que no gusta es un deporte jaleado en los medios. Las bandas de abogados denunciantes se pasean por las mesas de los platós televisivos pidiendo que violen a las mujeres que llevan pantalones rasgados, considerándolo un deber patriótico. Por todas partes salen voces que dicen defender el honor de las familias, las mujeres o la patria atacada por un chiste, por una queja ante el acoso sexual o cualquier otra circunstancia a la orden del día. Lo hacen con la bendición mayoritariamente de los jueces que atienden sus demandas y así mantienen callados o escondidos a los críticos, discrepantes o escépticos. Cualquier incidente se convierte en campo de batalla en las rede sociales entre acusadores virtuales y gente que trata de llevarles la contraria. 
¿Es reforma del discurso religioso la expulsión de la Universidad de Al-Azhar a la estudiante que dio un abrazo de alegría cuando su novio le pidió la mano en las dependencias? ¿Es reforma religiosa la expulsión de la profesora Mona Prince por bailar en la terraza de su casa? ¿Lo ocurrido con Sherine por hacer un chiste sobre el Nilo? Podríamos seguir porque forma parte del día a día y va en aumento.


Aumenta porque no es más que un enfermizo deseo de notoriedad ejemplarizante por parte de muchos. El que denuncia se presenta como un devoto, un patriota o ambas cosas. Así quiere ser visto y cuenta con el respaldo de los millones aquejados del mismo mal de la intransigencia. Busca la notoriedad y la influencia. Y aprovecha a los que quieren que el trabajo sucio de la denuncia lo hagan otros para así por, si conviene, ser generosos con el perdón.
Egipto es un régimen patriarcal en todos los terrenos. El presidente (el que toque) se presenta como un padre que vela por sus hijos, aunque estos no lo entiendan. Esas fueron las últimas palabras de Mubarak a sus hijos e hijas egipcios.
Lo malo de esto es que no es cuestión de un grupo político, es lo que caracteriza a todos, por lo que las posibilidades de transformación, cambio apertura, etc. son prácticamente inexistentes. Solo queda la capacidad de tratar de vivir lejos de la mirada siempre vigilante, inquisidora de los otros. Esto se multiplica si eres mujer, ya que entonces todos se consideran con derecho a decirte cómo vivir tu vida.
Que la reforma del discurso religioso, tal como lo ha entendido el gobierno egipcio y se lo está contando desde un ministerio a sus turísticos visitantes de Sudán, Emiratos, etc. pase por decirle a la gente cómo debe ser es una muestra más de las mentalidades.
No hay reforma alguna. Solo un intento de marginación de todos los que se opongan (tanto islamistas como laicos) y una canonización del modelo propuesto que, por supuesto, partirá siempre del hecho de la obediencia a lo dictado desde el poder.
La reforma propuesta del discurso religioso es la aceptación del Estado con todas sus instancias, a sabiendas que será siempre desde allí desde donde se propondrán modelos y pautas de comportamiento. Pero ese discurso solo tendrá validez en la medida en que reconozca los derechos de las personas a ser de otra manera a la que el estado les imponga.
Querer construir la "personalidad nacional" desde un ministerio es, una vez más, la demostración de la mentalidad cuartelera del régimen. No pueden pensar más que en control de todo. Egipto tiene muchas personas que sí representan modernidad, pero a las que no se les deja expresarse, ya sea en la artes o en los medios. El gobierno cree que se construye igual una carretera que una vida o una mentalidad.
La fusión del nacionalismo con el de la religión es un modelo que no se acaba de inventar, pero el desfase es evidente. En un mundo globalizado, con entradas y salidas de información, no se puede crear mundos aislados o que solo lo estén para algunas cosas. Eso no funciona ni puede funcionar más que a través de dosis masivas de represión, propaganda y aislamiento. Es lo que se ha mostrado hasta el momento. Fundir nacionalismo y religión es proclamarse dueño de ambos, no renunciar al control futuro de la sociedad. Ningún gobierno egipcio lo ha hecho.
Aquí si no te despachan por lo civil, lo harán por lo religioso. El uno bendice al otro.



* "Egypt's Endowments Minister opens conference on reforming religious discourse" Ahram Online 19/01/2019 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/321999/Egypt/Politics-/Egypts-Endowments-Minister-opens-conference-on-ref.aspx

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