Joaquín
Mª Aguirre (UCM)
La
revista Investigación y Ciencia de
este mes de febrero incluye una entrevista con Brian David Johnson, al que
califica como "vidente profesional", contratado por la empresa Intel.
El trabajo de Johnson es "imaginarse" el futuro, tratar de ver por dónde
se estará en la década de los veinte de este siglo para que la compañía lo prepare.
Desde los años sesenta, en los que se inventó el término "futurólogo"
para calificar a estos profesionales de la anticipación, prever el futuro se ha
hecho imprescindible para el éxito de las grandes compañías y proyectos. Le
preguntan a Johnson:
¿Cuál es el error más extendido sobre el futuro?
Mucha gente cree que ya está decidido, y le
piden al futurólogo que haga una predicción. Pero el futuro es bastante más
complicado. El futuro se mueve sin cesar: no es ese punto fijo hacia el que
todos, de algún modo. corremos sin poder evitarlo. El futuro lo hacen día tras
día los actos de las personas, y por ello tenemos que participar activamente en
él. La mejor manera de influir en el futuro es hablar de él con la familia, los amigos, el Gobierno.*
La idea
de que el futuro lo construimos entre todos debería ser estimulante y, sin
embargo, suele ocurrir lo contrario. El futuro suele traernos angustia en
función de la incertidumbre que nos produzca. Tiene razón Johnson; hay que
hablar con la familia, amigos y gobiernos. Sin embargo, la parte conflictiva
del futuro es precisamente el tipo de interacción que se produzca en esos
encuentros. Si todas las personas con las que nos encontramos nos dijeran
"¡Oh, qué buena idea!" por respuesta a lo que les expusiéramos, el
futuro desde luego no se vería problemático. Pero si tu familia es la Corleone,
tus amigos no dejan de pedirte dinero —sin devolvértelo—, y el gobierno es
dictatorial, tu futuro es complicado. Por el contrario, si la familia te apoya,
los amigos te quieren y tu gobierno toma medidas que te benefician siempre, el
futuro deja de preocuparte. El futuro, en este caso, se hace solo y es de color
de rosa.
Pero
Johnson no tiene como función determinar la futura felicidad. Él habla de
"influir" en el futuro y esa influencia tiene muchas posibles caras e
innumerables efectos. Como sueño disputado, el futuro se complica en función del
tamaño de la propia disputa. El hecho mismo de que existan múltiples deseos de
futuro lo complica. Por eso hace bien en recomendar el diálogo ya que el futuro
se decide en el presente, eliminado o elevando obstáculos. Es el acto de la
siembra el que determina la cosecha.
Lo malo
es cuando lo que se siembra es dudoso y en un mal momento. Lo ocurrido entre el
PSC y el PSOE tiene una gran trascendencia para todos. Es un acto de siembra
incierto; no genera seguridad en el futuro sino que lo oscurece con
incertidumbre generalizada. Esa incertidumbre, además, tendrá un peso sobre
otros muchos actos y situaciones. Ha comenzado una línea temporal de
posibilidades de futuro. Cuando decimos de algo que es "imprevisible",
solemos querer decir lo contrario, que nuestras expectativas son sombrías. El
ABC nos cuenta:
En la mayoría de la familia socialista, al
menos en la parlamentaria, ayer prevalecía el abatimiento ante las malas
perspectivas de solución a lo que consideran una embestida del PSC que, -como
admitía en los pasillos de la Cámara un veterano del PSOE- «se veía venir».
«Sabíamos que esto iba a pasar de un momento a otro», añadía el diputado,
lamentando la falta de reflejos que ha tenido Ferraz para reconducirlo a
tiempo. El pesar por la falta de acción del aparato de Rubalcaba es un clamor.**
No deja
de ser curiosa que la forma de describir la situación sea en términos
"familiares", aunque sea metafóricamente. De familia que no se habla.
La "familia abatida" de que nos habla ABC lleva tiempo
desestructurada y con el futuro cayéndoles sobre la cabeza como al que le cae
un piano en una mudanza. De repente, todos se convierten en adivinos a posteriori;
todo se temían lo que ocurriría, lo "veían venir". Y, sí, claro que
se veía venir.
Solo
los que piensan que el futuro se "hace en el futuro", es decir,
quienes lo niegan o quienes se niegan a reconocer que lo fabrican con sus actos
día a día pueden decir que están sorprendidos por lo que les ocurre. El futuro
se hace siempre por encargo; es como un telepizza.
Puede que tarde más o menos en llegar, pero llega donde es reclamado. Quizá no
venga todo tal como lo hemos pedido, pero ese el riesgo de no tener ganas de
cocinar esa noche o de no haber sido previsores en las compras y tener la
nevera vacía.
La idea
de "influir" en el futuro es obvia. Todo lo que hacemos influye en
él, como no podía ser de otra manera. La cuestión radica en que comprendamos
algo tan sencillo como que lo que hacemos siempre tiene "consecuencias",
que es otra forma de llamar al futuro. Los futurólogos nos recomiendan, como
Johnson, actuar en el presente para traer un futuro en condiciones. Familia,
amigos y gobierno.
La
receta es sencilla. Lo malo es que lo que ocurre hoy siempre comenzó hace
tiempo, en un momento en el que pensábamos que las consecuencias de lo que
hacíamos no nos llegaría en forma de futuro inesperado. Todo es eco. No hay que temer al futuro; tenemos que temernos a nosotros mismos.
* "Brian
David Johnson: Un vidente profesional" (entrevista), Investigación y Ciencia nº 437 febrero 2013, pp. 40-43.
**
"El PSC midió el daño a Rubalcaba pero decidió 'por unanimidad'
desobedecerle" ABC 28/02/2013
http://www.abc.es/espana/20130228/abci-consulta-psoe-201302271805.html
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