domingo, 27 de septiembre de 2026

La España nuevamente indignada

 Joaquín Mª Aguirre

Unos debaten sobre la "legalidad", otros sobre la "humanidad"; unos lo hacen sobre la "propiedad privada" y otros sobre los que se ven privados de ella, en la calle. Finalmente, ha estallado el gran escándalo, que no lo ha hecho de improviso, sino por acumulación. No hay peor ciego que el que no quiere ver, dice el refrán.

Esto estaba cantado desde hace mucho tiempo, solo hacía falta un caso en el que se dieran las agravantes para que todo saltara por los aires. La clase política ya no puede ignorar más el clamor de la mayoría, su indignación. ¿Por qué en España se acaba en "indignados" en cualquier sector que se tantee? Hay "indignados" por la sanidad, en la educación, por el ruido, por la vivienda.

Es el resultado de la coincidencia de dos elementos peligrosos: la inoperancia política, preocupada de rentabilizar sus cargos y que acaba en chapuzas todo lo que toca, por un lado, y el dominio de las fuerzas económicas por encima del interés social, de las preocupaciones comunes acumuladas, por otro.


No hay duda de que se nos acumulan los problemas; tampoco hay dudas de que el funcionamiento político no es el adecuado. Más preocupados por la foto y el espectáculo, que por la solución real de los problemas; demagogos más que resolutivos, los políticos temen enfrentarse a las fuerzas oscuras de la economía. No hace falta ir muy lejos para los ejemplos. El caso de Ceuta es ejemplar en la desidia política. Reivindicar el "derecho a las vacaciones" cuando ha estallado una crisis es mostrar con claridad hasta dónde no llegan los políticos.

El otro caso, el de Maricarmen, es otro ejemplo. No es más que la dolorosa punta del iceberg del "problema español": no le importamos a nadie. Tenemos que importarnos a nosotros mismos, solo queda la Puerta del Sol, las plazas españolas, acampar allí hasta que a alguien se le caiga la cara de vergüenza, si esto es posible.

El caso español tiene todas las agravantes políticas y sociales, dos sectores con intereses distintos conforme hemos ido avanzando. Los políticos han formado una casta y se han desentendido de la gente. Solo cuando estalla el escándalo, como ahora, se movilizan por miedo a perder lo que tienen, que no es poco.

Nos han vendido el "España va bien", que somos los que creamos más empleo, que es la economía que más crece, etc. El problema de esto es cuando miramos alrededor, o miramos las cuentas del banco, o miramos el ticket de la compra. Entonces percibimos la discordancia; cuando comprendemos la distancia entre la realidad y los discursos de los políticos.

Los medios compran el discurso de los políticos; rara vez se salen del guion marcado. Cuando hay un problema, se cita a los medios y se les dice que todo es un error, una mala interpretación, que no hemos entendido bien.

Sin embargo, los jóvenes han entendido bien que no se pueden emancipar, que el sueldo de su inestable empleo no llega; los jubilados miran su libreta de ahorros y ven cómo se va reduciendo, temen que les lleguen a la puerta a decirles que se tienen que ir de la casa que habitan y tener que salir a intentar encontrar donde vivir conforme a sus posibilidades, cada vez menores. Lo comprenden los que van a hacer la compra y ven que cada vez cargan con menos a su vuelta a casa.

Frente a esto, se nos ofrece el turismo, viajar, gastar en bares y restaurantes. Debes hacerlo para que los sectores vinculados al turismo sigan funcionando. Y si hay crisis debemos doblar nuestros gastos para que les cuadren las cuentas.

 Nos hablan de Ormuz, de Irán y de la crisis de la energía. Da igual que no tengamos coche, sí lo tiene el agricultor que siembra, el panadero que reparte, todo repercute en nuestra barra de pan. Siempre habrá un experto que lo justifique y nosotros podremos explicarlo a nuestros colegas.

Los fenómenos atmosféricos, del rayo que cae en el bosque que arde a la inundación tras las fuertes lluvias, nos hacen aprender un montón sobre la naturaleza, pero no acabamos de entender por qué se construye donde no se debe o las disputas sobre quién debe limpiar el bosque de restos inflamable. La España quemada forma ya parte de nuestro entorno, junto con la vaciada o la turística.

¿Nos parece que nos quejamos mucho y que enseguida vamos a la Puerta del Sol respectiva a mostrar nuestra indignación? Quizá nos quejamos poco, quizá estamos aburridos de tanto quejarnos sin que sirva de mucho, de escuchar excusas locales, regionales, nacionales y europeas. Pero al final hay que salir a la calle, escribirlo, gritarlo.

El problema son los inútiles que hemos elevado a los cargos, de la presidencia al mínimo concejal, puesto allí por su obediencia y disciplina ante sus superiores. Es la España fiel. Muchos de ellos nos sobrevivirían mucho fuera del calor de sus hogares políticos. Los escándalos de corrupción —padres, esposas, hermanos, hijas...—, de "mordidas", sobornos y porcentajes, de rescates por la vía oscura y amigable, son continuos y muestran la escuela política que ha prosperado en España. Han llegado muy arriba y son muchos los que les deben favores bien pagados.

La Puerta del Sol vuelve a ser espacio de acogida, de indignación. Los políticos de todos los colores se acusan unos a otros, pero ya no es este juego de reenvíos lo que quiere la gente. Ya está harta; muchos ya no pueden más.

Cuando se habla de "fondos buitre", parece que nos referimos a especies protegidas y quizá lo sean. El dinero se va fuera o dentro, a los bolsillos que engordan. Muchos se escudan en el anonimato, pero al final son cuentas en las que alguien con nombre y apellidos guarda su dinero aquí o en las Islas Caimán.

La resistencia ciudadana a los desastres sanitarios, educativos, de la vivienda, etc. tiene un límite. Algunos tratan de aprovechar la indignación canalizándola. Tengamos cuidado con esos. Es el propio sistema que busca ponerse al frente de la protesta. Tengamos claros objetivos y prioridades, exijámoslos.

Ahora, ante la presión en la calle, en los medios, en las instituciones, les ha entrado la prisa y lo que se lleva años reclamando se puede hacer en dos días. No nos lo creamos. No hay solución sencilla; hay que hilar fino, no dejar flecos, vigilar la letra pequeña por la que seguirán sus manejos para quedarse con una España cada día más pobre en la que los muy ricos viven muy bien, cada día mejor.

España debe corregir su rumbo, acercarse a los ciudadanos. Para ello debe reformarse un sistema político narcisista, inoperante y controlador. No es cuestión de un decreto, sino de reactivar el sistema, dejar lejos el amiguismo y elegir a los mejor preparados y más comprometidos con la ciudadanía. Los partidos deben hacer autocrítica, aunque les pille de vacaciones. Hay que renovarlos, su forma de selección, de debate interno, su transparencia. De otra forma, será difícil.

España está de nuevo en la calle.

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