Joaquín Mª Aguirre
Lo que
algunos llaman "soledad" es muchas veces "vaciedad", no
tener nada dentro con lo que vivir con nosotros mismos. Tiene que ver con el
modelo de sociedad volcado al consumo que hemos ido generando, a elegir un modo
que hoy describimos como "adicción" y que está ahora en boca de
muchos... y en los tribunales.
La adicción es un modelo de atracción hacia
un fin externo, algo que nos impide
llegar a ser algo que podríamos ser en beneficio de lo que otros deciden que
seamos. Nos cierra y encierra.
Rodeados
de medios y pantallas, se nos lleva a una colectividad aduladora en la que nos
diluimos con gozos gratificantes, estimulados desde fuera, adictos a esa
energía que nos activa, sintiéndonos ansiosos cuando no la recibimos.
Se
explica, entre otros modelos, por la llamada Economía de la Atención, es decir,
la lucha por captarnos para sus objetivos y evitar que otros, en competición
constante, interfieran. La atención nos aísla en aquello que enfocamos. Los
estudios y programas de diversos campos profundizan en cómo retener esa
atención, cómo hacer gratificante algo para que no lo dejemos.
No es fácil
sustraerse a estos efectos porque se ha ido descendiendo en edades para la
generación de la atención, Veo a familias enteras alrededor de una mesa con sus
teléfonos cada uno de sus miembros; veo a parejas en silencio haciendo lo
mismo. No es ya la última generación, son dos al menos, incapacitadas para
hablar de algo, para comunicarse, para compartir.
Leo que
han concedido a Isabel Coixet un premio por su trayectoria cultural en favor del libro y la lectura:
Directora de cine, guionista, artista visual, columnista y escritora, Isabel Coixet ha ganado el Premio Antonio de Sancha de la Asociación de Editores de Madrid “por contribuir de manera decisiva a acercar los libros y la creación literaria a un amplísimo universo de espectadores”.
Los editores madrileños destacan que Coixet “ha tendido un puente excepcional entre la literatura y el gran público, tanto en su faceta de autora de libros y artículos de prensa como a través de sus adaptaciones cinematográficas de La librería, Un amor, Elisa y Marcela. Amigas y amantes y Tres adioses”.
Consideran que la cineasta de Sant Adrià del Besós es "una de las grandes embajadoras de la lectura en España” por su compromiso y su capacidad para "situar los libros en el centro de la conversación pública" además de su "defensa constante de las librerías como espacios de encuentro, ocio y resistencia cultural".*
Se ha perdido, desde la producción, la idea de crecimiento personal, de evolución, de búsqueda de caminos. Ahora el camino está marcado desde el mercado. Se nos clasifica en grupos y se diseña para nosotros. No hay interés en nuestro crecimiento interior; se trata de satisfacer la adicción, que es el modelo que asegura el consumo.
Me han gustado las palabras de Coixet, de formación historiadora, cuando describe lo que ha sido su intención como creadora cultural en sus diversas facetas, más allá del cine:
“Lo único que sé hacer, lo que llevo haciendo desde antes de saber muy bien por qué, es ponerle a alguien un libro en las manos y quedarme mirándolo con una ansiedad indecente, como quien espera el fallo del jurado en un concurso de tartas de manzana”, ha confesado Coixet.
Explicar lo que ocurre cuando le das a alguien un libro que te ha cambiado es difícil de describir “sin ponerse un poco ridícula”. Para ella, “durante unos días los dos habitáis el mismo país, uno pequeño y secreto, con sus chistes privados y su clima particular. Regalar, recomendar, compartir un libro es la manera más práctica y más bonita que he encontrado de decirle a otro: mira, esto es lo que llevo dentro, dime si a ti también te pasa.”*
Me ha interesado doblemente, pues he descrito algo muy similar en un artículo para Literocio hace una semana. Creo que la coincidencia es una forma de consolidación de un problema, por un lado, y de una forma ser, por otro, la de las personas formadas en un universo de libros, un universo de diversidad, que conlleva la formación y la evolución.
Vivimos en un mundo en el que los libros se apilan en los contenedores de papel, se amontonan en los mercadillos, se rechazan en las propias bibliotecas o te ponen mala cara.
En lo que ha sido mi carrera docente, el libro (no ya de texto) ha ido desapareciendo de las manos de los alumnos. Recuerdo que hace poco un alumno se cruzó conmigo al grito de "¡Estoy leyendo un libro!". No es broma.
Mi vida, como la Isabel Coixet, está llena de libros, como los estantes de mi casa. Estudiar una carrera era entonces comentar libros en los descansos entre clase y clase, pedir prestado alguno cuando lo terminaras... Los buenos libros son precisamente, como señala Coixet, los que te apetece que otros lean para salir así de esa concentración individual que es la lectura, un proceso de aislamiento momentáneo. Compartir, hablar... crecer.
La propia Literatura está llena de historias de lectores —del Quijote en adelante—, de experiencias y efectos de la lectura. Muchas veces son las propias experiencias de los escritores que nos las transmiten noveladas. Otras veces sus historias están encubiertas tras los personajes de sus obras.
Hemos cambiado la forma de acceso a la cultura y a la idea misma de cultura. El objeto libro posibilitaba un punto intermedio de partida, Los modelos actuales está muy controlados con una cultura absorbente y unificadora, reductora, en última instancia. Esto es deliberado y constante. Saca a la persona de la Historia y de sus propias vidas y la introduce en un campo de concentración cultural.
No hace mucho, una indocumentada "influencer" quitaba importancia a la lectura y decía que eso de leer estaba sobrevalorado, que leer era una cuestión de "ego". Ella sabrá en su caso. Suscitó reacciones de crítica y quedó clara su confusión mental. Nadie debería perder el tiempo leyendo, con escucharla a ella ya hay bastante. La osadía no tiene límites, pero es un ejemplo ruidoso de algo que se hace más discretamente de forma generalizada.
No son solo los libros. Lo mismo ocurre con otras formas culturales que son reducidas a fórmulas basándose en la repetición y no en la diversidad. Se trata de hacer adictos, personas que no evolucionan, sino que siguen consumiendo lo mismo bajo diferentes formas.
Nuestro sistema educativo no sabe luchar contra estás tendencias absorbentes. Es un problema graves que crece en las propias familias. Hubo un tiempo en que a esto se le llamó "alienación". Hoy es más intenso y eficaz.
Enhorabuena a Isabel Coixet por el premio y por la forma clara en que lo ha entendido y expresado.
* Cristina Pérez "Isabel Coixet gana el premio de los editores de Madrid por acercar los libros a un "universo de espectadores"" 4/09/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260904/isabel-coixet-gana-premio-editores-madrid-fomentar-lectura/17212165.shtml






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