martes, 15 de septiembre de 2026

El poder del loco

 Joaquín Mª Aguirre 

Ya desde la antigüedad, los filósofos teóricos de la política se planteaban el problema de elegir mal, de ser pasto de seductores con sus argucias. El reparo que les planteaba la democracia era que nosotros, el pueblo, eligiéramos mal, no a los mejores sino a aquellos que nos convencieran con su hábil retórica. Con todo, la democracia sigue siendo el menos malo de los sistemas y asumimos sus riesgos. Si había problemas en democracias directas, en sitios pequeños, como eran las ciudades, las llamadas "democracias de masas" han complicado cada vez más la cuestión.

Los tiempos que vivimos han favorecido que muchos estén donde no deben debido a motivos poco explicables. Nos han seducido, adulado y llegan al poder. El problema de elegir mal se complementa con el del poder que les damos (o que se toman por su cuenta), cada vez mayor.

Esto llega a su máximo de riesgo cuando la persona más poderosa del mundo es alguien como Donald Trump, un riesgo para los Estados Unidos y, por consiguiente, para el resto del mundo, como estamos viendo cada día.

El mundo se enfrenta hoy a un gran riesgo. Lo tenemos en las portadas de los medios tratado por expertos de todo tipo y se ha convertido en un debate social. Me refiero al debate sobre las repercusiones del uso de la Inteligencia Artificial, algo que va desde un posible apocalipsis al problema de las tareas escolares.

Cuando el mundo trata de hablar sobre los efectos posibles, Donald Trump hace valer su cargo y personalidad con las siguientes declaraciones:

"El único control o 'barreras de seguridad' que necesita la IA es un PRESIDENTE FUERTE E INTELIGENTE (¡con un coeficiente intelectual alto!), y EE. UU. lo tiene, ¡y de sobra!", ha escrito el mandatario sobre sí mismo. "¡Ya tenemos un enorme poder PENAL y REGULADOR sobre estas empresas!"

En su opinión, el único que sale beneficiado de esa "conspiración enfermiza" contra la IA es China, que sigue a Estados Unidos en el desarrollo de esta tecnología. "Lideramos a China y a todos los demás, y seguiremos haciéndolo. ¡Teóricos de la conspiración, traidores y filtradores, TENED CUIDADO!", ha terminado.*



Podemos estar de acuerdo en la necesidad, lo que ya no tenemos tan claro es que lo que se necesita se ajuste a su personalidad.

El hombre que ha acabado con "ocho guerras" (merecedor por ello del Nobel de la Paz, más allá del regalo de María Corina Machado), el presidente que ganó tres elecciones (Biden le robó la del medio), el que redibuja los mapas a su gusto (tragándose Canadá, México, Groenlandia, Cuba..., como ya se ha tragado de facto Venezuela), ese Trump, tiene claro que lo que el mundo necesita es él. No hay otra opción inteligente.

Mientras el mundo pide reducir la velocidad con esto de la IA, mientras los especialistas del sector huyen de sus empresas asustados de lo que puede suceder, mientras los gurús tecnológicos lanzan alarmantes mensajes, Trump zanja la cuestión: ¡él sabe lo que el mundo necesita, a él!


Los analistas dan diversas interpretaciones de lo que pasa con la IA y, por ende, con Trump. La mayoría resalta su obsesión con China, que dirigiría gran parte de sus acciones directas e indirectas. Se trataría de frenar el desarrollo chino y lograr la hegemonía de los Estados Unidos en cualquier terreno. El "great" del MAGA es absoluto e incuestionable; él es el garante.

Tras la IA hay algo más que el narcisismo de Trump. Hay miles de millones para los sectores que están en la sombra, tecnológicos, militares o simplemente políticos, aunque en estos tiempos, la política es el pico visible del iceberg. Tipos como Trump son su herramienta.


No es ya el narcisismo que rezuman sus palabras ("trumpismo" debería definir una nueva patología extrema de la personalidad), sino las amenazas finales —"¡Teóricos de la conspiración, traidores y filtradores, TENED CUIDADO!"— en las que caben todos. Trump ya se ha montado su propia batalla, el escenario en el que volver a salvar a los Estados Unidos (y parte del mundo), que es su misión en la Historia.

Tratar de encontrar motivos extraños en querer reflexionar sobre la IA, en ralentizar algo ajustándolo a su entendimiento es parte de la maniobra de los que quieren usarla como forma de poder.

Ya ocurrió con la energía nuclear. Se empezó por la "bomba", luego se le buscaron utilidades alternativas. Hoy seguimos decidiendo sobre el "poder nuclear" y quién tiene  derecho a tenerlo. Para los Estados Unidos (los únicos que la han usado militarmente, con muertes masivas), el único lugar "seguro" son las "manos norteamericanas", aunque la Historia diga lo contrario. La guerra con Irán tiene la "excusa nuclear" como primer elemento de justificación. Después todo va encadenado a esa excusa.


Acabo de ver que Harrison Ford ha dicho que Trump "no tienen políticas, solo caprichos", frase descriptiva y directa del problema o de parte de él. Empeñado en cambiar el mundo y hacerlo a su imagen y semejanza, Trump nos arrastra a todos. El crecimiento del autoritarismo en el mundo a la sombra de Trump es una lacra que no nos dejará cuando se vaya a otro sitio o a otra vida. Durará y costará sacársela de encima.

Trump ha revivido la polémica del poder del loco. ¿Cómo defendernos cuando alguien así llega al poder, al máximo poder? 

* Sofía Soler "Guerra de acusaciones por la IA: China se suma a la petición de controles y Trump denuncia una "conspiración enfermiza"" RTVE.es 14/09/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260914/china-amenazas-riesgos-inteligencia-artificial/17223664.shtml

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