Joaquín Mª Aguirre
La
acampada de Sol se ofrece como una nueva ocasión de intentar comprender la
política española, por llamarla de alguna forma. Ella misma nace como un eco del
pasado, de un momento mitificado tras el paso del tiempo, el 15-M. A su
alrededor las ideas de "indignados", de unión de los ciudadanos
frente a la inoperancia de los políticos, de movimiento ciudadano.
Pero lo que estamos viendo es una nueva lucha por el relato, por su interpretación en los términos que cada una de las partes propone. Lo último es la historia del cuchillo y el adoquín, transformada por unos en una forma de subsistencia a base de bocadillos, mientras que para otros se trata de un signo de peligrosidad.
El Ayuntamiento de Madrid ha enviado este miércoles a la Delegación de Gobierno un documento que acredita que en la acampada en la Puerta del Sol "se ha incrementado de manera importante el riesgo para la seguridad de las personas". El escrito, firmado por la vicealcaldesa y delegada de Seguridad, Inma Sanz, constata "la existencia de artículos punzantes, cuchillos, adoquines y otros objetos que pueden ser empleados como arma para causar lesiones".
También enumera "graves actos vandálicos contra bienes patrimoniales y pintadas sobre los mismos", así como el "uso incívico del mobiliario urbano, como el apelotonamiento de personas sobre el Oso y el Madroño o la estación" de Cercanías y Metro. Además, la carta advierte de la "extensión de las tiendas que impiden la libre circulación de personas y vehículos" y lamenta la "seria afectación a una plaza que forma parte del conjunto histórico Recinto de la Villa de Madrid declarado Bien de Interés Cultural".*
El "documento acreditativo" parece ser una foto de algún acampado preparándose un bocadillo. La foto, indudablemente, induce al miedo a que con la energía proporcionada por el bocata y el arma, sumado a sus irresponsables ideas sobre el orden social, puede haber peligro para el pacífico pueblo de Madrid.
Pero es el mal ejemplo lo que debería preocuparnos. Hemos encontrado una fotografía de Martínez Almeida armado con un peligro pelador de patatas. Está en el inicio del texto. Aunque la foto no permite apreciar el movimiento, se percibe peligrosidad en su habilidad cortadora. El utensilio se puede transformar mediante un rápido giro en arma peligrosa. ¿Quién puede asegurar que Martínez Almeida no abrigue intenciones violentas en algún momento?
Más allá del peligro de hacerse bocadillos y de que casi todo —por no decir, todo— se puede convertir en arma —¿nadie ha oído hablar del "Estrangulador del Rosario"?—, está el juego de hacer ver lo que cada uno quiere.
Al discurso de la indignación ciudadana que habla del fracaso de los políticos, los políticos contestan "politizando" el discurso ciudadano en un sentido u otro. Ya ha salido el recién renovado presidente de la patronal señalando que el apresurado decreto es un ataque a la propiedad privada. Si se le requisa a alguien un arma que ha comprado, por ejemplo, también se puede presentar como un ataque a la "propiedad privada". No solo es importante la propiedad, sino lo que se hace con ella. En la propiedad de una pistola, se ve muy claro. Es una obviedad, pero hay que recordarlas cuando se lanzan mensajes equívocos y simplistas..
Poseer casas es algo más que ser propietario; poseer muchas casas, es algo más que ser propietario; especular con precios y alquileres, es algo más que ser propietario. Vivir en una casa alquilada, es algo más que estar bajo los caprichos de un propietario.
Una casa es también "propiedad privada", desde luego, pero como tantas otras cosas debe estar regulada, principalmente por lo que supone en la vida de las personas afectadas, incluso de las zonas en las que se encuentran, es decir, más allá de los inquilinos y propietarios.
Las quejas sobre los problemas de los usos de las viviendas van más allá del problema de la propiedad privada, una forma de simplificación poco digna de un presidente del empresariado español reelegido por otros cuatro años. Poco digna de algunos políticos y partidos que quieren defender a los que buscan su mayor provecho, algo que la ideología justifica, pero no el sentido común.
La sociedad del provecho (o del aprovechado) es peligrosa por lo que supone para el conjunto, por lo que supone de deterioro de la convivencia, del uso de la fuerza, por más que las leyes pudieran ampararte.
La politización externa de la acampada de Sol es una forma de distorsión, un intento de unos por ponerse al frente y de otros por considerarlos peligrosos vándalos, peligrosos por sí mismos. Ayer leíamos sobre bulos que tienen por objeto convencernos que la víctima del desahucio, Maricarmen, tiene saneadas cuentas bancarias y acciones bursátiles, que todo es un paripé.
Los políticos y sus cloacas comunicativas lanzar todo tipo de rumores o presentan fotos de alguien haciéndose un bocadillo. Otros señalan que se les han infiltrado. Todo es posible antas que enfrentarse a un problema que preocupa a jóvenes y mayores, pues afecta a toda esta España deteriorada, de intereses en la sombra (más allá de nuestras fronteras, incluso).
Si en vez de una política del poder, difamatoria y manipuladora, tuviéramos al frente gente responsable, capaz de anteponer los intereses de la mayoría a los intereses sectoriales, a los beneficios especulativos, etc. no veríamos tan peligrosos el cuchillo y el adoquín.
En el fondo, esto es una lucha entre el poder de la acumulación y la igualdad relativa. Los ricos son más poderosos cuando son más ricos, directa o indirectamente, y piden proteger las propiedades; los que no son ricos hablan de igualdad y derechos, de justicia y humanidad.
Convertir a los más desfavorecidos en peligrosos, criminalizarlos, es un mal camino porque siempre serán más. Tratar de quitarles la razón y la posibilidad de protestar contra los privilegios de algunos, crea un mal ambiente general que va aumentando.
El Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid han dejado clara su postura y del lado de quién están. A lo mejor a "cierto Madrid" no le vienen mal la falta de vivienda, la creación de pisos turísticos, la reconversión de inmuebles, los altos precios, etc. Esto se puede hacer extensivo a la mayor parte de España. Pero la acampada está en Madrid.
Los nuevos indignados deben tener cuidado en las formas porque saben que es lo que se sacará en los relatos, venga a cuento o no, lo que se distorsionará; saben que se les provocará hasta que alguien salte; que se irá a caminar entre ellos con perros (como nos acaban de mostrar). ¡Paciencia!
* Cristina Camacho "Madrid documenta el uso de "adoquines y grandes cuchillos" en la acampada de Sol y pide al Gobierno su desalojo por "seguridad"" 20minutos 30/09/2026 https://www.20minutos.es/madrid/madrid-remite-delegado-uso-cuchillos-grandes-dimensiones-adoquines-acampada-sol-para-reclamar-su-desalojo_7043144_0.html
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