Joaquín Mª Aguirre
La
democracia tiene sus reglas. Una democracia sin ellas no es una democracia; es
otra cosa. Las reglas, como tales, dibujan el mapa de lo posible, aquello que
es aceptado por todos y que se refleja en una serie de prácticas y en la
estabilidad de las mismas. Las sorpresas y las modificaciones unilaterales no
son buenas.
Nuestra
democracia está sufriendo una serie de prácticas que hacen dudar del sistema.
La duda misma se ha convertido en herramienta de duda.
Los
malos ejemplos nos llegan desde hace tiempo de lo que creíamos una democracia
consolidada, estable y referencial. Todo cambió con Trump, llegó una forma de
hacer política que no respetaba las reglas. El ejemplo más claro lo tenemos en
el propio Trump que considera que las elecciones que perdió ante Joe Biden tras
su primer mandato, las ganó. Todo el mundo sabe que las perdió, pero él sigue
afirmando lo contrario y cuestionando las victorias ajenas y las que puedan
ocurrir en el futuro. Juega además con otro elemento, la superación de los dos
mandatos en busca de un tercero (sería, según su contabilidad, el cuarto, pues
se apunta el que perdió). Ahora ofrece 5.000 dólares a todos los
norteamericanos si gana. No solo es poco ético, sino que se podría considerar
compra de votos; tampoco explica de dónde saldría ese dinero que promete.
Estados
Unidos es también el país de las "ingenierías electorales", es decir,
de la redefinición de distritos electorales para conseguir los diputados en
juego. Esto se logra incluyendo y excluyendo distritos conforme a los
resultados anteriores. Donde faltan se le contabilizan con los que sobran en
otra zona.
Ahora
pretendía retirar la nacionalidad a los nacidos en territorio nacional, algo que
estaba reconocido y suponía la posibilidad de voto. Trump, con sus políticas
anti inmigración, da por supuesto que los hijos de migrantes no le votarán y
pretende retirarles nacionalidad y voto. Otra fractura democrática para
intentar retener el poder donde todo vale para llegar al poder.
En España tenemos ya una nueva polémica, pero esta va más allá de lo habitual con la llamada "ley de nietos", que se ha visto frenada judicialmente. Leemos sobre ello en RTVE.es:
El Tribunal Supremo ha paralizado cautelarmente el
voto para las personas ya inscritas en el Censo Electoral de Residentes
Ausentes (CERA) que consiguieron la nacionalidad a través de la denominada 'ley
de nietos' y las nuevas inscripciones, para preservar "la transparencia
del proceso electoral y la confianza de la ciudadanía en sus
resultados", ante la "magnitud" del aumento del censo.
El Supremo insiste en que "tal crecimiento genera un peligro fundado, real y serio de poder afectar gravemente a la objetividad y transparencia del proceso electoral, causando entonces un daño irreversible".*
Si en Estados Unidos se pretende excluir del voto a los migrantes y sus descendientes, en España es lo contrario: se pretende dar a la tercera generación de aquellos a los que se supone proclives a votar a os que les concedieron el derecho al voto. Es lo contrario a lo que se realiza en Estados Unidos, pero al que se le supone un mismo efecto: favorecer el voto en un determinado sentido.
Las alteraciones de censo, vinculadas con aspectos ideológicos no son algo que tenga aspecto democrático, por más que se remache con leyes. No debemos confundir los dos aspectos importantes, lo legal y lo democrático. No son lo mismo y es peligroso considerar que una mayoría parlamentaria convierte en democrático lo que aprueba.
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| El País |
Las razones expuestas por el Supremo son claras, razonadas y razonables y tratan de defender lo que deberíamos defender todos, una normalidad democrática exenta de sorpresas y excepciones, de entradas inesperadas que alteren los censos y con ello los resultados. En la democracia es esencial la confianza en el sistema y esto siembra demasiadas dudas sobre el alcance y la intención.
El sistema se basa en la alternancia normalizada. Algo teme el actual gobierno, que desde su propia debilidad intenta retener de esta forma el poder. Con acciones de este tipo, siembra demasiadas dudas que favorecen muchas veces el anti democratismo que supone evitar, más allá de las urnas, el acceso de otros al gobierno, algo que es esencial. Todo el juego político democrático se basa en la posibilidad de alternancia sin traumas.
El Supremo ha sido claro y ejerce su función de vigilancia del cumplimiento. Seguir creando tensiones entre los poderes forma parte de este peligroso juego en el que se nos ha embarcado.
Es extraño que Trump nos critique tanto.
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| Noticias jurídicas |
* "El Supremo frenó la 'ley de nietos' para preservar la "transparencia" de las elecciones" RTVE.es / Agencias 10/09/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260910/supremo-freno-ley-nietos-preservar-transparencia-elecciones/17220076.shtml






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