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miércoles, 12 de agosto de 2026

¿Eclipse? ¿Qué eclipse?

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Tras el Mundial, lo del eclipse no será fácil de superar. El eclipse ha desplazado de los lugares preferentes de la información a todo tipo de noticias. Se ha llevado por delante a Ceuta, incendios, terremotos y guerras. Todo.

En 20minutos me llama la atención el titular, espectacular y tremendista, "España, capital del eclipse: hasta 1,5 millones de desplazamientos bajo vigilancia de 33.000 agentes por el riesgo de incendios y colapsos"* que trata de sintetizar los peligros a los que nos exponemos y lo que puede suponer el apagón cósmico para salud, carreteras, etc. En RTVE.es, entre una gran cantidad de información, dedican un artículo en VerificaRTVE a desmentir la desinformación que el eclipse ha generado: " La Tierra no perderá la gravedad durante 7 segundos y otros bulos sobre el eclipse solar del 12 de agosto "**.

Lo que el fenómeno natural del eclipse esté generando es digno de estudiarse desde diversos puntos de vista porque nos puede enseñar mucho sobre la forma de manejar la información, generar expectativas, producción de riesgos y modelo de negocio, todo en solo paquete.

No recuerdo un fenómeno natural que se nos presenta como "único", aunque se nos anuncien otros en los siguientes años, de una forma tan intensa. Pero el efecto no es el mismo si no se vende como exclusividad, la oportunidad única en la vida y máxime si somos, como se dice en el titular de 20minutos, la "capital del eclipse".

Lo que hace unas décadas probablemente hubiera sido tratado como una "serpiente de verano", es decir, una noticia explotada para cubrir el vacío de noticias veraniego, hoy se convierte en un festival informativo que nos inunda.

Un eclipse es un eclipse. Ocurre; es inevitable. La información alrededor va de las explicaciones de la Física a los rituales con sacrificios humanos, como nos han contado algunos. Todo vale para atraer hacia el propio medio, que es la finalidad real. Nos dan información porque se genera una corriente de interés que es posible diseñar y alimentar.

Veremos los efectos de esta corriente traducidos a accidentes, atascos, cegueras, etc. Por otro lado está el beneficio económico que genera el hecho de las concentraciones en los lugares donde se han montado espacios controlados para la vista del eclipse, el consumo que se produzca, alojamientos, visitas turísticas en paralelo, etc. El eclipse es un fenómeno natural, sí, pero es también un gigantesco negocio informativo (lo que supone para los medios) y económico por lo que supone de gasto.

Los medios ingresan por la atracción que generan y los lugares con los dispositivos montados. Lo que pagamos todos son esos 34.000 agentes, entre Policía Nacional y Guardia Civil, que tendrá que vigilar y controlar los posibles riesgos de accidentes o de otro tipo. Avisan de posibles riesgos de incendios por el calor y las concentraciones de gente. Esperemos que no se junte una cosa con la otra, pues estamos creando situaciones que pueden ser complicadas.


El eclipse tiente tres fases informativas: a) la previa, con cantidades ingentes de información de todo tipo, de la astronomía a la cultura popular, de los bulos gravitatorios a las maldiciones, del kit correcto al consejo didáctico; b) el eclipse en sí, que será ofrecido por las cadenas televisivas —la TV se lleva el gato al agua en este caso "visual"—, que es cuestión de minutos: y c) el post eclipse, el tiempo que dure la extensión del chicle informativo, con las anécdotas, sucesos, opiniones, etc. que ha suscitado. 20minutos, por ejemplo, ya pide que se le envíen fotos realizadas por los lectores, que es una forma de asegurarse que sean los lectores los que promocionen la publicación.

Desde el punto de vista informativo, los medios se están acostumbrando a estas grandes cabeceras, como ha ocurrido con el Mundial primero y con el eclipse después. De fondo, en primer lugar, los incendios, que son también titulares, pero que saturan y crean un cierto rechazo por la inseguridad que generan. Lo negativo, que ha sido casi siempre la base de las noticias, deja paso a noticias positivas, como ganar el mundial o neutras como el eclipse.

Cuando vamos bajando en las páginas de información, vemos como empiezan a aparecer guerras, crisis, desastres, etc. Esto se trata de diluir un poco con la inserción de lo intrascendente —alguien que no conoces se divorcia de alguien que no conoces para casarse con alguien que tampoco conoces—, lo turístico promocional —dónde se sirven los mejores "tacos", cuál es la playa favorita de fulano, la visita que no te puedes perder a un pueblo desconocido— o las ofertas de compras —el mejor aspirador, el robot de cocina súper eficiente, el sofá donde descasarás como nunca y te levantarás como nuevo—.

Un consejo: asegúrese de la hora, porque el fenómeno no dura mucho, cuestión de minutos. Un atasco mal orientado, una visita necesaria al baño, etc. pueden dar al traste con la experiencia de su vida y ser señalado para siempre: "usted se lo perdió". Si ocurre esto, un consejo: documéntese y ponga cara de haberlo visto.