Joaquín Mª Aguirre
En
Francia, un colegio ha decidido prohibir llevar camisetas de equipos de Fútbol a
las aulas o al patio. En 20minutos nos lo cuentan así:
La nueva norma fue aprobada en junio por el consejo de administración del colegio Honoré-de-Balzac de Nemours y establece que "está prohibido usar una camiseta que apoye a un equipo deportivo". Aunque el reglamento se refiere a cualquier equipo deportivo, en la práctica la medida está dirigida especialmente a camisetas como las del PSG, Arsenal o Real Madrid.
Según la información publicada por medios como Le Figaro, la decisión llegó después de que se produjeran "conflictos en el patio" vinculados al hecho de que los alumnos llevaran camisetas de distintos clubes. El rectorado de Créteil ha confirmado que la competición entre equipos de fútbol "pudo favorecer o provocar conflictos entre alumnos" y ha defendido que el objetivo de la medida es garantizar un entorno "apacible y propicio para el aprendizaje".*
El caso es interesante, por decirlo así, por su carácter semiótico. Llevar un signo polarizados (unos que se enfrentan a otros) supone canalizar las interrelaciones que se han generado a su alrededor. Eso vale para una bandera, para una foto de una persona conocida o para, como es el caso, equipos de Fútbol. Lo que haya pasado en el campo, la violencia o la temida "injusticia", una falta o un penalti no señalado, se persona en cualquier camiseta con los colores de los equipos afectados.
La camiseta actúa como un indicador, marca la dirección de la violencia. No es de extrañar que pase en los colegios lo que se inicia en el campo y después sigue en las calles produciendo enfrentamientos. Los colegios serían unos espacios terminales en los que la violencia renace.
Ponerse la camiseta del rival se entiende como una provocación mutua. La violencia estalla entre los portadores de las camisetas. Puede ser el fútbol o cualquier otro tipo de deporte o actividad; pueden ser colores regionales o políticos. Pero el discurso deportivo siempre ha sido sobre los valores de la entrega, la competición sana, el esfuerzo, etc. Eso quedó atrás hace mucho y hoy se busca la polarización para convertir el deporte —en especial el Fútbol— en un amasijo de pasiones y rivalidades, odios incluso.
Ya sea por motivos políticos o simple rivalidad, en el Fútbol se concentra la mayor violencia dentro de los estadios y, como vemos, en calles y aulas. Aquí el odio es rentable al ser mayor la atención y el protagonismo de los equipos y jugadores.
Puede parecer absurdo que nos peleemos por una camiseta, aunque en realidad la camiseta no es más que el indicador. La violencia viene dada por otros parámetros. La camiseta se limita a indicarnos a quién hay que agredir, de quién hay que burlarse e insultar. En una sociedad llena de tensiones y frutraciones, es fácil que esto prenda.
Son las mismas motivaciones que hay tras el nacionalismo cuando se convierte en máscara de la violencia. Banderas, camisetas, canciones, etc. son indicadores. Han hecho bien en el colegio francés en impedir ir clase con la equipación con los colores de los equipos. Ir con ellas supone un desafío, aunque no sea esa la intención del que se la pone. Se le presume esa intención por llevarla simplemente.
Siempre se ha hablado de "sudar la camiseta". Parece que, con la violencia, hay que ir un grado más allá. Estamos haciendo una sociedad muy violenta y jugando, para el beneficio económico o atencional, con elementos muy peligrosos que se nos van de las manos.



