viernes, 9 de octubre de 2026

La muerte como espectáculo

 Joaquín Mª Aguirre


En estos días estamos viendo algunos ejemplos de la muerte convertida en espectáculo o, si queremos ser más precisos, de la pena de muerte. Este espectáculo es el que siempre ha tentado a los Estados Unidos, el país más violento oficial y extraoficialmente. Lo podemos apreciar en sus filmes y obras visuales, en los que la violencia tiene un papel estelar. Periódicamente en el país estalla la vertiente pacifista, cuando ya no puede resistir más su propia violencia interior o exterior.

Con Trump la violencia se ha trasladado a los medios como espectáculo, pues la "amenaza" se ha convertido en el eje de sus discursos, en la base de su promoción visual a través de imágenes reales o creadas por inteligencia artificial Por cierto, hoy mismo nos llega la noticia de que ha decidido considerar "enemigos" a los que hablen de "Inteligencia Artificial" y no de "Súper inteligencia", que le gusta más. No contento con cambiar nombres a golfos y lagos, ahora ejerce de nuevo su presión sobre los términos. Es algo más que "tendencia"; es una forma de mostrar su "fuerza", que es la base de todo, según afirma.

En estos días la pena de muerte está presente en los medios con una pregunta: ¿qué hacer con alguien que ha sobrevivido a dos dosis de inyecciones letales mediante las que se le pretendía ejecutar? Es decir, ¿qué hacer con Christa Pike? ¿Debe ser conmutada su pena de muerte por cadena perpetua; debe someterse a un tercer intento de ejecución? ¿Debe cambiarse el método y ser, por ejemplo, fusilada o cualquier otra fórmula "segura"?

El simple hecho de haberse convertido en un caso mediático ya traslada la cuestión a la ciudadanía, la obliga a ser partícipe de la decisión y, por ello, de la violencia misma. Los convierte en miembros de un "jurado imaginario" que debe decidir sobre la muerte de Christa Pike. La violencia de la pena de muerte se expande.

Pero tenemos un ejemplo más y más claro sobre la administración Trump y la violencia:

El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, ha afirmado este jueves que el público podrá ver la ejecución por fusilamiento del excomandante del Ejército, Nidal Hasan, condenado a muerte por matar a 13 personas con una pistola con mira láser en el ataque de 2009 en la base de Fort Hood, Texas.

Hasan será ejecutado el próximo 3 de diciembre en Fort Hood por un pelotón integrado por soldados armados con fusiles, según ha explicado Hegseth, quien ha asegurado que se garantizará que la población pueda presenciar el procedimiento.

El secretario ha justificado la decisión al señalar que debe conocerse que este tipo de actos tienen "consecuencias graves", de acuerdo con declaraciones a medios locales. El Pentágono todavía no ha precisado sobre las implicaciones de que una ejecución sea pública, por lo que no está claro si habrá espectadores en la base o algún otro mecanismo de acceso.

Hegseth tampoco ha detallado cuántos soldados formarán el pelotón ni cómo serán seleccionados.*


Es volver al pasado, a la comunidad de la violencia. Ya no se trata solo de "castigar"; hay que hacer que este sea "ejemplo". De lo que es realidad ejemplo es del "poder" considerado, una vez más, como "fuerza". De ahí a la "ley de Lynch" no queda mucho, de volver a la plaza pública para que se perciba el poder.

Ya no se trata de "ejecutar", sino de la "demostración", con lo que se alienta ese deseo morboso de contemplar la violencia. Afortunadamente, se trata de su retransmisión y no de obligar a la gente a contemplarlo, aunque si pudieran hacerlo lo harían.

La violencia está ya en todos los terrenos, de la Casa Blanca para abajo. Como característica del poder, debe ser apreciado para ser temido. No basta con saber que algo está mal, sino que debe mostrarse el castigo.

Los dos casos con la pena de muerte, el de Christa Pike y el de Nidal Hasan son dos muestras de dónde están ya los Estados Unidos de Trump, de hasta dónde han llegado. Las muertes de emigrantes en las calles —ayer no mostraron otro caso, el de un padre y su hijo tiroteados por el ICE— son un efecto más del retroceso hacia una violencia más brutal.

Con ello, el caso de Pike gana posibilidades de materializarse con otra ejecución. El sistema no puede permitirse que alguien se libre de la muerte mientras se televisa una ejecución. Christa Pike "debe morir" y la administración Trump pondrá todo su empeño en que se cumpla, en que la ejemplaridad sea máxima.

Convertir la muerte en espectáculo tiene consecuencias. Ya no se trata de estar a favor o en contra de la pena de muerte. Se trata de convertirla en espectáculo, algo que disfrutar en una sociedad de pantallas, de miradas.

La violencia norteamericana se expande a otros países de dos formas principalmente: la primera es la guerra, la invasión, los bombardeos... la violencia directa dentro y fuera. La otra es una consecuencia de la expansión de la ultraderecha a manos de los imitadores de Trump, con apoyo desde los USA o de cualquier otro foco. La ultraderecha creciente satisface los deseos de violencia que anidan en su interior, de su intransigencia nata, de su posesión de la verdad absoluta.

Lo estamos viendo también en España. La violencia se va haciendo habitual, necesaria para alcanzar objetivos, para enganchar a los violentos, que satisfacen sus ansias.

* "EE.UU. retransmitirá en directo la ejecución por fusilamiento del psiquiatra militar autor del tiroteo de Fort Hood" rtve.ES /Agencias 9/10/2026 https://www.rtve.es/noticias/20261009/eeuu-retransmitira-ejecucion-fusilamiento-psiquiatra-militar-tiroteo-fort-hood/17259736.shtml

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