Joaquín Mª Aguirre
Dejemos
algo claro inicialmente: el problema de la vivienda es real y afecta a la gran mayoría de los
españoles de una forma u otra, directa o indirectamente. Es el resultado de
chanchullos e incompetencias, de influencias oscuras para crear un mercado
especulativo con algo que necesitamos
todos: una vivienda. Es el resultado de la pauperización progresiva de las
generaciones jóvenes y las viejas, por motivos diferentes, pero con la misma
raíz especulativa.
El
estallido social está justificado y ha tomado cara y nombre, el de Maricarmen. Su muerte es el trágico
resultado de tener que estar luchando con 87 años con a los poderes económicos
e institucionales. Es el resultado de la deshumanización al convertir en
mercado lo más esencial. La vivienda es una pata del taburete esencial junto a
la sanidad y la educación, también escenarios de lucha entre lo público y lo
privado. Hemos tomado lo peor de fuera y hemos destrozado la idea del estado de
bienestar, que ha quedado como fórmula vacía.
El
problema, repetimos, es real y está por encima de los discursos y ataques
recíprocos a los que asistimos entre políticos. Es un juego que los españoles no nos podemos permitir.
Ayer,
Día de la Hispanidad, han sonado himnos y cánticos, se han alzado banderas, En
Madrid, se han producido enfrentamientos en la Puerta del Sol. No han ido a más
por la intervención de la Policía.
Hay que
responsabilizar a los partidos de lo que ha ocurrido y de lo que podrá
ocurrir. Es el resultado de presentar la acampada conforme a sus intereses, de convertirla en parte del juego electoral y su retórica.
Empezó
el Partido Popular, por boca de su alcalde, con el envío de la ya famosa foto del
"cuchillo de cortar alimentos y el adoquín", presentados como armas
letales y afirmando la violencia de los participantes. En estos días, con enorme irresponsabilidad y mayor intención, Isabel
Díaz Ayuso les ha vinculado con grupos terroristas. ¡Tremenda irresponsabilidad!
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| Cadena SER |
Esto, con una celebración del Día de la Hispanidad convertida en espectáculo anti gubernamental, ha llevado a algunos a ir a enfrentarse a los acampados. Por lo que se ve, reclamar una vivienda asequible es anti español.
Pero esto no es solo cuestión del PP o Vox, que también se ha curado en salud estigmatizando la acampada. El gobierno de PSOE ha tratado de convertirse en el defensor de jóvenes y jubilados, santificando la acampada y poniéndose de su lado. De esta forma intenta sacudirse su responsabilidad de años en el poder y ponerse al frente de su propia "oposición". La convocatoria de elecciones anticipadas se vende como una acción contra la derecha, eludiendo su propia responsabilidad.
No dudo que pueda haber en la acampada grupos que intenten alcanzar notoriedad. Sin
duda los hay, pero cualquier intento de convertirse en adalides ante el
problema real de la vivienda tiene sus dosis de desvergüenza. Es un problema de todos los que no se pueden permitir el acceso a lo que el mercado, siempre especulativo, ofrece, vinculado a otros problemas que producen siempre beneficios a los mismos.
No
escarmientan los partidos de los efectos negativos que tiene su constante
negación de responsabilidades y el intento de hacerse con lo que es en gran
parte fruto de su desidia, de todos, de unos y otros.
El problema de la vivienda está más allá de los políticos, que no de la política. Pero no es ideologizándolo la forma de resolverlo. Basta que uno diga una cosa para que el otro diga la contraria. Convertir a los que reclaman vivienda digna y asequible en violentos, en terroristas o antiespañoles, además de ser injusto y falso, lanza a unos contra otros como estamos viendo en la acampada y los que acuden allí a insultar o a agredirles. No, no es justo.
El uso
de los jóvenes para que vayan a pelearse a la acampada nos da de nuevo el nivel
de bajeza a la que estamos llegando en nuestra política, cada vez más basada en la polarización con los riesgos violentos que conlleva.. Los partidos viven de los problemas y no
de solucionarlos, de lo que son incapaces.
Esperemos
que no haya una desgracia en la acampada o en cualquier otro punto en el que se
manifiesta la realidad del problema, que no es sino el deterioro de España ante
los ojos de todos. La lucha política ya no sirve para solucionar casi nada; no
es su objetivo. Se trata de llamar la atención, de dirigir las iras hacia el
otro.
Seguimos la idea de que "no hay problemas, sino oportunidades", con lo que hay ya muchos viviendo del "problema de la vivienda", de agencias a propietarios pasando por los fondos buitre o los buscadores de suelo.
La concentración de Sol, muchas de las que han crecido en otros puntos de España, son el reflejo de la inoperancia de la clase política. Se suman a la ola de descontento ante la falta de solución de los problemas, que quedan en palabras retóricas y meros enfrentamientos.
Estigmatizar a los que protestan es otra muestra más de la inoperancia y del juego de intereses, aunque este se disfrace de patriotismo, economía de mercado o cualquier otra fórmula.
El clima que se está creando no es bueno. La manipulación de los problemas es cada vez más evidente y sus resultados pueden volverse incontrolables. Cuando se tiene razón, hay que ser pacífico y paciente. Cuando no se tiene, se recurre a la violencia.





