Joaquín Mª Aguirre
A veces
hay que salir para ver cómo nos ven a nosotros y a nuestros problemas. En
ocasiones descubrimos que lo que nos alarma estaba ya visto en el exterior y
que no les sorprende; solo nosotros somos los sorprendidos. Vivimos en un mundo
de discursos contra discursos y cada vez menos de hechos, especialmente en el
terreno político, donde ya todo es comunicación.
Así
cuenta la BBC en español nuestro problema con la lectura:
El último informe PISA, que evalúa el estado de la educación en el mundo, mostró un descenso generalizado en el rendimiento en lectura y matemáticas de los estudiantes de 15 años.
La caída en lectura preocupa especialmente a los expertos porque la capacidad de leer de manera comprensiva y analítica se considera una habilidad esencial para el aprendizaje de todo tipo de materias.
Los resultados de España han sido especialmente negativos.
Los estudiantes de este país europeo obtuvieron resultados por debajo de la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y de la Unión Europea, organizaciones formadas por países con niveles de desarrollo similares o cercanos al español.
Aunque los resultados de España suelen estar por debajo de los de la media de los países desarrollados, los del último informe PISA han causado preocupación y alimentado el debate político y social sobre su sistema educativo.*
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| BBC en español 12/09/2026 |
La crisis, nos vienen a decir, no es nueva, pero ahora nos escandaliza en medio de nuestras pelas de gallos políticas donde no se proponen soluciones, solo se critican resultados pues nadie quiere verse responsabilizado por no hacer nada ante un problema ampliamente denunciado y cuyos efectos no se quieren ver.
En España padecemos desde hace décadas un problema: el peloteo de las responsabilidades. Nos hemos convertido en especialistas en acusar a los demás de lo que pudiera ser responsabilidad nuestra. Este sistema ha creado una forma de "selección natural" perfilando a nuestros políticos, que se especializan en la retórica del echar balones fuera.
Hemos tenido ejemplos claros en las crisis ferroviarias o actualmente con la crisis de Ceuta: los problemas vienen del otro, del que falló, del que no nos avisó, del que no nos dijo con precisión algo, etc. Deberíamos hacer y publicar una antología de la disculpa con las mejores excusas.
En enero, el ministerio se felicitaba a sí mismo sobre los progresos en la lectura, alcanzados durante el tiempo del actual gobierno. El PP lo dejó desastroso, pero ahora se iba en el buen camino, decían en La Moncloa (ayer publicamos los titulares de ambos). Pero llegó el Informe PISA y esto quedó en entredicho. No se trata de cuánto se lee, sino cuánto se entiende. No es lo mismo "lectura" que "comprensión lectora". Culturalmente también es importante la calidad de lo que se lee. Ayer también veíamos cómo el gobierno de Santa Fe (Argentina) regalaba un libro con historias del Fútbol local.
Es tal la desorganización institucional y tan pobre la mentalidad de los responsables, más preocupados por mantenerse en el poder que en la mejora de la situación de la ciudadanía, que es difícil que esto se considere realmente un "problema" social y no un "incordio" político que la oposición (la que sea) aprovecha.
Ante esto —la incapacidad política—, la única respuesta debería provenir de la ciudadanía, una respuesta social. ¿Cómo hacerlo?
Los medios nos hablan hoy de manifestaciones y protestas de la comunidad educativa en diversos lugares de España. Protestan porque los grupos son demasiado grandes y no se puede atender a los alumnos como es debido. Aquí se muestran diversidad de intereses aprovechando el efecto PISA. Está bien que los educadores reclamen mejoras en su trabajo, pero el fenómeno de la caída de la lectura no es nuevo, como atestiguan los sucesivos informes PISA.
Hay que apoyar a las instituciones, claro, pero también hay que preguntarse qué se puede hacer además de quejarse desde la sociedad civil, desde las familias, que creo que donde están parte de las soluciones.
No se trata de cuantificar la lectura; se trata de mejorarla, de hacerla útil para el crecimiento cultural del que lee. Los enfoques estadísticos no dicen lo esencial sobre para qué se lee. Ese es el error político: busca números favorables, pero para ellos, no para los lectores.
Cualquiera que haya trabajado con textos en un aula sabe que la comprensión es el problema, al que se le buscan salidas cómodas en la tecnología diaria. ¿Para qué memorizar, para qué aprender... si está todo en Google, si está en mi teléfono con un par de movimientos? Los alumnos apenas leen; se contentan con los resúmenes que se elaboran entre ellos o por empresas dedicadas a ello. No encuentran "placer" en la lectura; es una pérdida de tiempo.
Hoy los trabajos los hace la IA (no con IA, como señalan los más ingenuos). Se ha tenido que volver en muchos casos a los exámenes orales, algo que se pensaba olvidado porque la fórmula más aprovechable, con la que se buscaba comprensión y aplicación, ha dejado de ser fiable.
Seamos claros: esto es el negocio de muchos. Se le saca provecho económico y se montan pequeñas empresas para sustituir el trabajo propio. Ya no se distingue entre lo que el alumno pueda hacer y lo que entrega. La sociedad, por contra, le ofrece diariamente, en todo momento, estímulos con forma de espectáculo a lo que sí debe prestar atención. Otros muchos viven de ello. Es la presión mediática y, sobre todo, de las redes.
Sí, la sociedad debe preguntarse primero qué tipo de personas quiere: consumidores compulsivos, adictos, incultos... o personas formadas, cultas, reflexivas y críticas. Hay demasiados intereses en las primeras y pocos deseos de las segundas. Ni políticos ni empresarios están por aquello que no les produzca votos o ganancias.
Es el momento de preguntarse qué se puede hacer, si realmente queremos una sociedad lectora más culta. Hay que estimular, ayudar a leer, proponer textos, hablarlos, compartirlos. Hoy proliferan "libro fórums", pero es gente mayor que anhela un tiempo de cultura comunicativa alrededor del libro. Leen y comparten, hablan sobre libros.
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| abril 2022 |
Hay que trasladar esto a los más jóvenes, más allá del sistema educativo. Hay que regalar libros y transmitir entusiasmo, que es el gran poder de la cultura. Hemos hecho odiosos y aburrido los libros. ¡Hay tanto donde elegir, tantos caminos lectores! No imponga, ayude a elegir.
Algunas voces señalan que la "culpa" la tienen los libros, que son incomprensibles, complejos, desfasados. Eso no es el problema real, sino el signo del fallo cultural. Aprender es poder acceder a libros más complejos, no quedarse en niveles de parvulario. La educación es progreso de la persona. Es su función ayudar a comprender para crecer. Pero no mejora el entorno, sino que se va en retroceso.
Antes los medios tenían compromiso con la cultura. La televisión producía novelas y obras de teatro (Estudio 1, por ejemplo, TVE) que ayudaban a difundir cultura y a buscarla en los libros. Hoy eso ha desaparecido. Son los concursos los que ocupan el tiempo; innumerables programas gastronómicos y turísticos que mueven en otras direcciones. Es el aliciente del dinero. No hablemos de lo que ocurre en las redes y en sus formas de atracción.
No será fácil cambiar el rumbo de una sociedad consumista, adictiva y dirigida por intereses que ven en la persona culta un resistente. Pero podemos hacer cada uno algo en nuestro propio espacio.
No le demos más vueltas a las causas, vayamos a las soluciones. Como es poco probable que las fuerzas de la incultura cedan, debemos realizar nuestras pequeñas acciones. No esperemos demasiado de lo que hay fuera.
* Guillermo D. Olmo "Por qué España registró sus peores resultados educativos en la historia del informe PISA (y las causas de que hayan caído en todo el mundo)" BBC en español 12/09/2026 https://www.bbc.com/mundo/articles/cz6z0407lnlo






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