sábado, 30 de octubre de 2021

El botellón que no cesa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


El argumento de que la apertura del ocio nocturno iba a acabar con los botellones era, antes y ahora, de una ingenuidad pasmosa. No era más que otra forma de intentar acelerar la apertura del sector presentándose como salvadores sociales. Era una tontería, como decimos, cuando se planteó y lo es ahora que se ve absolutamente desestimado por los hechos.

Hace una semana, Antena3 Noticias nos lo decía desde ya los titulares, "Los jóvenes siguen realizando botellones a pesar de la apertura del ocio nocturno". Sintético y claro. Si de algo sirve esta pandemia es para comprobar el choque entre costumbres, negocios y salud. La salud ha quedado como un elemento colateral que se deja de lado ante la economía y la sociabilidad prima sobre el sentido común, que a pesar de su nombre es un aspecto de la individualidad.

Ni la pandemia ha podido acabar con un fenómeno que tiende a ignorarse por las autoridades por distintos motivos, no todos confesables. Es un problema real, de salud, que se ignora y nos muestras graves carencias sociales, una cara de esta sociedad por la que pasa gran parte de nuestro futuro. El botellón es la institución social molesta, la que no aparece en los libros. pero que es una realidad social y generacional, marchando hacia la segunda década de existencia.

El final del texto mencionado de Antena3 señala:

 

Los expertos en adiciones indican que el botellón debería abordarse como un problema de salud. Por ello exigen mayores consecuencias y que se aumenta el precio del alcohol para reducir su consumo.

Explican que, el consumo de alcohol en edades tempranas puede ser un factor de riesgo de alteraciones en cuanto a funciones cognitivas y neuropsicológicas. Además, el estado de ebriedad puede generar más accidentes, episodios de violencia y conductas sexuales de riesgo.*

 


El rechazo de los jóvenes a meterse en el ocio nocturno es porque no ven en él más que obstáculos (caro, restringido) y una limitación importante, la del alcohol con la edad, algo que se salta en un espacio informal como el del botellón. Las garantías que el ocio nocturno quería mostrar como beneficiosas, los jóvenes participantes lo ven como limitaciones. Es un hecho que se bebe alcohol con menores, ya que ha ido descendiendo la edad de los participantes. Los grupos de menor edad, que pudieran tener restringidos horarios en casa, lo que hacen es adelantarlo. Se ve a gente de 15 años en adelante con sus bolsas de supermercado llegando a primera hora a los terrenos donde se realizan los botellones. Luego va llegando la gente de más edad, los que saldrán de allí a primeras horas de la mañana.

Los botellones fueron precisamente una respuesta a la crisis económica y a cómo el sector del ocio nocturno trató al sector del consumo más débil económicamente, la juventud. Reducido su poder adquisitivo por las crisis de las familias, lo más barato era ese espacio de ocio sin paredes, sin limitaciones, autogestionado.


No he visto publicadas las cifras de los beneficios de los distintos sectores que se aprovechan de esto, de los fabricantes de bebidas o de los que las venden en supermercados y tiendas. Si se pasa por un hipermercado un viernes por la tarde lo entenderá perfectamente. Asistirá a la concentración de jóvenes en las cajas para pagar las botellas que se llevan. Los menores compran las bebidas sin alcohol para las mezclas; los de los 18 años se llevan ya las alcohólicas. La mezcla se hace in situ. El negocio es evidente porque hay muchas marcas que ya empaquetan juntas las bebidas para las mezclas

Hay negocio, mucho negocio, en ese elevado consumo que produce muchos beneficios y del que algunos viven en exclusiva. Sí, hay gente cuya forma de vida es tener el maletero del coche cargado de bebidas y venderlas allí para los que quieran reponer. Es economía sumergida, pero han tenido que comprarla en algún lado.



Los que se quejan de esto son los vecinos, las personas que deben vivir con el ruido y con la porquería que generan. Son aquellos a los que vemos en los noticiarios denunciando que no pueden dormir, que tienen que salir de casa entre restos, vómitos y orines.

Los que callan, en cambio, son los políticos. Desde que a los 18 años se es votante, el peso del voto juvenil es importante y nadie se atreve a lanzar campañas contra algo que se ha convertido en una forma de vida, más allá del ocio. La vaciedad de la vida, lo poco que ofrecemos, la falta de responsabilidades, la socialización generacional, la pobreza educativa, entre otros muchos factores hacen que los botellones se encaminen a cumplir su segunda década.



Esta prolongación hace que las imágenes que veamos no sean solo las de jóvenes. Hay gente ya mayorcita, pero que es lo que ha vivido desde hace quince años. Ahora, cuarentones, siguen asistiendo los fines de semana a estas reuniones masivas. No saben otra cosa; es lo que han vivido.

También llama la atención, a la vista de los reportajes, el gran número de jóvenes extranjeros. Durante la pandemia vimos cómo llegaban jóvenes (especialmente franceses) a determinadas ciudades para la celebración de los botellones de fin de semana que venían aquí a hacer lo que en su país no les dejan hacer. Ellos mismos lo decían. 

Esto ya debería alertarnos de algo, de lo específico de este fenómeno debido a la permisividad general y a la falta de vigilancia. Los alquileres de pisos turísticos para las celebraciones de los que llegaba  de fuera para el fin de semana salieron a la luz con el confinamiento por denuncias de vecinos y asociaciones. Había que compensar con este turismo alcohólico y festivo la falta del playero en las costas y del cultural en las ciudades.

Las invasiones de los campus universitarios, ocurridas recientemente, no eran novedades. Ocurrían desde hace tiempo y las fuerzas de seguridad se limitaban a llevarlos hacia zonas menos sensibles. Mi facultad realizó un vallado hace un par de años por las invasiones "dirigidas" hacia nuestros espacios para evitar que accedieran a otros con más daños. A los botellones de fin de semana se añaden otras "celebraciones" diurnas pero con los mismos efectos.

Sí, son muchos los que se aprovechan de los botellones para hacer sus negocios. El del ocio nocturno es de los que menos margen tienen porque afecta precisamente a los dos puntos más sensibles, la cantidad de alcohol y bebidas consumibles y el fraccionamiento de los grupos, ya que les plantea controles de acceso por edad, vacunación o cualquier requisito que establezcan, como el uso de mascarillas en el interior, por ejemplo.

El botellón es un problema de salud y un problema espacial. Más allá del alcohol está el problema de la ocupación del espacio público y de la convivencia, algo que se ignora. Plantea una conciencia de grupo de fuerte cohesión entre ellos pero de un feroz distanciamiento de los otros, lo que lleva a esos conflictos con los vecinos. En estos últimos tiempos se ha añadido un tercer conflicto: la creciente agresividad, el añadido de la violencia, tanto en peleas con heridos como con las fuerzas de seguridad que acuden a disolverlos. Parece que la violencia se ha acabado incorporando como un fin de fiesta, como parte final del festejo.

Esto es difícil de parar, pese a sus aspectos más negativos, que son evidentes. Hubo tiempos en que se hablaba del problema del alcoholismo juvenil como un problema de salud. Hoy el problema es que descienda el consumo de alcohol, una importante fuente de ingresos. La conexión con accidentes de fin de semana, violaciones, peleas, etc. solo son noticias, algo que vemos en las pantallas pero que no queremos ver en la realidad.

Otro fin de semana por delante. Las noticias serán las mismas.

 

 

* "Los jóvenes siguen realizando botellones a pesar de la apertura del ocio nocturno" Antena3 Noticias 24/10/2021 https://www.antena3.com/noticias/sociedad/jovenes-siguen-realizando-botellones-pesar-apertura-ocio-nocturno_20211024617565c54e2fc90001a8ebf1.html

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