jueves, 27 de febrero de 2020

El COVID-19 y el fútbol o las rutinas de la vida

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La vida cotidiana se compone de innumerables rutinas y automatismos. La llegada de un elemento como el COVID-19 produce una alteración y por ello una desautomatización de lo que se hacía a través de la consciencia de los actos que se hacen visibles, muchos de ellos, por su imposibilidad. El COVID-19 divide la vida en nuevas secciones de lo que se puede o no puede hacer, de lo que se debe o no debe realizar. Este hecho obliga a una situación dolorosa en la medida en que se es consciente de la necesidad de nuevas rutinas que tardan en instalarse en lo cotidiano.
Euronews nos muestra el conflicto, que antes no lo era, por la celebración de un partido de fútbol de la Eurocopa entre el italiano Juventus de Turín y el Lyon francés. Lo que antes era una bienvenida a los visitantes que realizaban gastos en el lugar de celebración, ahora se ve como amenaza:

Los responsables de dos distritos de Lyon han pedido que se cancele el viaje de unos 3.000 seguidores de la Juventus de Turín de la ciudad francesa para el partido de la Liga de Campeones del miércoles por la noche que finalmente se disputará.
El equipo italiano sostuvo que "no hay restricciones particulares" para sus seguidores, que son libres de viajar sin "ningún problema".
El presidente del Olympique de Lyon Jean-Michel Aulas, aseguro que los aficionados italianos se mantendrían separados de los demás seguidores en el estadio.
A diferencia del partido en Francia, la Juventus jugará su próximo partido de la liga italiana a puerta cerrada debido al coronavirus. El partido contra el Inter de Milán del domingo es uno de los cinco partidos de la Serie A que se enfrentan a tales restricciones.*



Los partidos, los viajes acompañando al equipo, etc. forman parte de esas rutinas que son sometidas a inspección, cuestionadas en función del sentido que adquieren en las nuevas circunstancias. Las incongruencias se producen. ¿No lo es celebrar a puerta cerrada en Italia y que se trasladen 3.000 aficionados a Francia? Cuando las autoridades francesas son preguntadas se alarman por la llegada, así se manifiesta la alcaldesa de la ciudad cuando es entrevistada. Cuando los aficionados de la Juventus que recorren la ciudad francesa son preguntados no consideran que la situación sea preocupante y creen que se exagera.
El fútbol sale por otro lado en el diario El Mundo. Con el titular "La Sanidad valenciana desconocía que el Valencia jugó en Milán: "No teníamos ninguna información""** nos muestra otro caso de incongruencia. La actitud de la subdirectora general de Epidemiología de Sanidad de la Generalitat Valenciana, Hermelinda Vanaclocha, en el vídeo que acompaña a la información no parece la más adecuada para una rueda de prensa. No sé si es lo más adecuado decir que "ellos son sanitarios y no tienen porqué saberlo", poniendo como ejemplo de confirmación que "tampoco sabían que se había celebrado una fashion week"**. No sé si la señora Vanaclocha tiene claro que su función es estar al tanto de todas estas cosas pues la epidemiología, su especialidad, tiene "algo" que ver con este tipo de situaciones. Lo primero que deberían es recabar información de este tipo —lo que se celebra y puede ser problemático— para evitar no solo la preocupación excesiva sino también otro elemento peligroso, el relativismo que solo mira en el ojo ajeno, pero no en el propio. Es característico del ser humano ocultarse los problemas cuando le interesa y, viceversa, agrandarlos cuando no le interesan.


Evidentemente la responsable de Epidemiología de Sanidad de la Generalitat Valenciana siente que la han lanzado a los pies de los caballos en la rueda de prensa donde queda en evidencia que no ha sido informada de algo que debería saber.
Son estas pequeñas rutinas, como ir a ver un partido, las que demuestran el grado de autoconciencia y de responsabilidad individual y colectiva. Es ahí donde se ve el civismo. El COVID-19 se mantendrá o expandirá en función del grado de civismo y responsabilidad de los diferentes países y personas.
Está claro —y el ejemplo de China lo demuestra claramente— que solo el sacrificio y la responsabilidad funcionan para la contención. Todo el mundo tiene en su mano la prevención normalizada, que debe constituirse en nueva rutina, sin alarmas pero con responsabilidad.


La alteración de la vida diaria implica enormes costes económicos. Es sorprendente que se cancelen ciertas rutinas mientras que otras se mantienen en función de intereses económicos. No es la forma de traer no solo confianza sino seguridad. El COVID-19 no necesita de "relaciones públicas" para mitigar sus efectos económicos. Lo que necesita es mostrar seguridad real e información correcta y fidedigna. Pero es duro tomar decisiones.
Modificar ciertas rutinas y crear otras nuevas más seguras es necesario. Pero si se percibe que hay demasiada "elasticidad" en ciertos casos, el mensaje que se transmite no es bueno. Italia es la que está en el punto de mira. Antes le tocó a China, cuyas decisiones fueron drásticas y a la que se criticaba. Si en Italia se aislaba a 40.000 personas, en China lo han sido 40 millones. En China decrecen los casos, mientras que aumentan en otros lugares y, algo añadido, se traslada el conflicto a las calles, de las que no se hace desaparecer el miedo, lo que provoca conflictos.
El "no teníamos ni idea de que el Valencia jugó en Milán" de la señora Vanaclocha, con todos mis respetos, no es un mensaje afortunado por mucha razón que tenga para su enfado. Imagino que es una respuesta de persona que se encuentra en una tesitura en la que es consciente de la falta de información. Pero sí debería saberlo. No se trata de que no se vaya, sino de que se tomen las medidas a la ida y a la vuelta y que haya recomendaciones a los que van, como las hay en casos de situaciones peligrosas en determinadas zonas de riesgos climático, seguridad, violencia, etc.
El caso actual debe servir para formar expertos en crisis futuras que sin duda llegarán. Hay una parte que es naturaleza, biología, pero hay otra que es plenamente humana, las migraciones, el turismo, las ligas internacionales, los grandes eventos, etc. construyen nuestra vida cotidiana, pero también aumentan los riesgos en un mundo en el que todo está a unas pocas horas de vuelo, en donde se producen grandes concentraciones, de un domingo playero a unos Juegos Olímpicos, de una asamblea de Naciones Unidas a un festival de cine. Debemos aprender a informar, a no crear pánicos sino seguridad real, no palabras o cuentos. Debemos aprender a ser solidarios con los que sufren y no esperar a que nos llegue a nosotros.
Esta crisis está sacando muchas cosas buenas, solidarias; pero también está sacando escenas como la de los ciudadanos ucranianos atacando los autobuses en los que se repatría a sus enfermos, el racismo y la xenofobia callejera y muchas conductas individuales o colectivas que no llegan a aparecer en los medios.
Habrá que introducir nuevas rutinas y olvidar algunas de las viejas. Costará, pero se puede. Me gusta la imagen que abre este texto: representa una nueva normalidad rutinaria. Una cola de transporte, las mascarillas y el ramo de flores de alguna celebración que el COVID-19 no ha logrado alterar.



* "Gol del fútbol al coronavirus: el partido Lyon-Juventus no se cancela" Euronews 26/02 https://es.euronews.com/2020/02/26/el-coronavirus-obliga-a-cancelar-el-italia-irlanda-del-seis-naciones-de-rugby
** "La Sanidad valenciana desconocía que el Valencia jugó en Milán: "No teníamos ninguna información"" El Mundo TV https://videos.elmundo.es/v/yIxG8tHdzXk-la-sanidad-valenciana-desconocia-que-el-valencia-jugo-en-milan-no-teniamos-ninguna-informacion



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