Joaquín Mª Aguirre
La
cuestión está en todos los medios, en todas las sedes políticas. La margarita
electoral —¿elecciones ya sí o no?— se deshoja en múltiples redacciones y
despachos. En pleno desagarro social con las crisis abiertas, especialmente con
lo que reivindican un cambio en la vivienda, convocar elecciones se ha
convertido en una cuestión esencial. Pero ¿lo es?
La
crisis de la vivienda ha llevado a una crisis más amplia, la del modelo
políticos que mucho me temo las elecciones no van a resolver. Sin ir al origen
del problema, difícilmente se va a solucionar. Hay que tratar de entender cuál
es el efecto y cuál la causa. Si no se entienden las causas profundas, poco
podemos hacer. Solo tenemos asegurada la repetición constante de los problemas.
La
realización de los dos decretos (¿por qué dos?) sobre vivienda en apenas unas
horas nos ha mostrado lo inútil de los resultados de trabajar de esta manera
sobre problemas que llevan décadas entre nosotros. Su retirada a las primeras
de cambio ha sido la confirmación de esta ineptitud frente a resolución de los
problemas.
¿Cómo
es posible que tras décadas entre nosotros no se vaya a soluciones válidas,
coherentes? Quizá porque el problema es más extenso e intenso, afecta a muchas
más capas y soporta otros problemas.
En 20minutos se nos describe la cuestión de
la vivienda desde la perspectiva de lo que supone para España:
El estallido social por los elevados precios del alquiler y de la compraventa de vivienda ha revelado una tensión que llevaba años latente entre dos grupos de población cada vez más antagónicos. Por un lado, la población que vive arrendada o que busca acceder por primera vez a una vivienda, que enfrenta precios prohibitivos en las principales urbes del país. Y, por el otro, los propietarios, que tienen en la vivienda su principal, y a menudo única, fuente de riqueza.
Porque el patrimonio de las familias españolas -y de la mayoría de hogares europeos- es eminentemente inmobiliario. Lo que hace que para una capa notable de la población sea beneficioso que los precios de su activo -y de la renta que pueden obtener de él, en el caso de que sean arrendadores- siga subiendo.
Según las Cuentas Distributivas de la Riqueza, una estadística que publica el Banco Central Europeo (BCE), dos de cada tres euros en patrimonio de las familias españolas adopta la forma de inmuebles. En concreto, hablamos de 5,6 billones de euros netos -es decir, descontada la deuda- en vivienda, suelo, oficina, comercio, tierras... de los 8,4 billones netos al que asciende el patrimonio de los hogares. En euros por hogar, la riqueza inmobiliaria asciende a 288.420. *
A lo
largo del tiempo hemos insistido en algo: el problema del precio depende de la
capacidad para asumirlo. Una vivienda es "cara" si no dispongo del
dinero suficiente, si el sueldo no me llega. Los precios suben y los sueldos
bajan, aunque sea en términos relativos, es decir, crecen menos que la
inflación. Si me suben el sueldo, pero la subida queda por debajo de mis
gastos, de poco me sirve, la situación no mejora. En esta situación, el ahorro
se hace imposible, con lo que las posibilidades siguen disminuyendo.
Hace mucho que los españoles descubrimos que la vivienda era un negocio, una inversión, además de un lugar para vivir. Conforme el modelo cambiaba, la vivienda era una propiedad en la que invertir, un segundo sueldo de por vida que les quedaba a los que habían podido invertir. Pagaban, pero el valor crecía con el tiempo. ¿Quién no ha escuchado en un amigo o familiar es consejo sobre invertir en vivienda porque siempre sube su valor? La primera casa en la que viví en mi pueblo de adopción había sido comprada sobre plano por el padre de una compañera. Había comprado tres viviendas, una para cada hijo. Al alquilar las de los hijos pequeños recuperaba parte de lo invertido y dejaba un capital en ladrillos, como se solía decir, a los hijos para su futuro.
En
España, poco a poco, a falta de otro tipo de solidez económica, la vivienda era
un valor seguro, siempre rendía más y mientras hubiera mucha oferta los precios
podrían subir. El problema grave se produce cuando aumenta un tipo de demanda,
la turística, que renta más beneficios que la estancia prolongada.
Con motivo del eclipse hemos asistido a precios increíbles por estar unas horas en una terraza con vistas. Cualquier acontecimiento (y buscamos crearlos cada minuto) se traduce en visitantes que dejan su buen dinero en una terraza para ver los pasos sevillanos o para disfrutar del sol unos días o para asistir a un concierto. Lo que se organiza no es por el valor en sí mismo, sino por la amplitud de asistencia que genera, tras lo que corren empresas de todo tipo. Eso acaba destruyendo la idea de normalidad, que es la que la vivienda debería generar como estabilidad, tranquilidad, etc. Se ha convertido en lo contrario.
Da
igual que sean los fondos buitres. Ya no es un espacio para vivir, sino un
espacio para vivir de él, lanzado al
mercado y a la especulación. El dinero en el banco de devalúa; con las viviendas
siempre se gana. A esto se ha llegado porque algunos (muchos) ganan más con un
alquiler que con su sueldo. Y es menos cansado.
Los
problemas sobre algo básico, como es la vivienda, crecen de forma sistémica. No
tienen soluciones fáciles porque afectan a muchos y de muchas formas. La
vivienda es la punta del iceberg de los problemas.
No creo
que las elecciones cambien mucho las cosas sobre la vivienda, sobre todo porque
de una forma u otra, hay muchos interesados en que no cambie, muchas
inversiones que no están dispuestos a perder o a reducir su rápida eficacia. Si
el problema de la vivienda lo transformamos en oferta y demanda, siempre interesará
mantener precios elevados para aprovechar la necesidad de otros. Un cambio de
perspectiva sería milagroso.
La
política dividida es débil, mientras que lo que hay detrás del problema de la
vivienda es poderoso. Esto requiere acuerdos inteligentes entre personas
inteligentes, algo que hoy no está en el horizonte político español, creado
desde la gresca y la polarización. Esto requiere otra cosa.
Más pronto o más tarde, la margarita dirá "sí" a las elecciones. Pero hay que pensar antes en lo que se lleva haciendo mal mucho tiempo.
* Jorge
Millán "El 'elefante en la
habitación' de la vivienda: dos tercios de la riqueza en España es inmobiliaria
y el 92% de los propietarios son particulares" 20minutos / La Información Económica
5/10/2026
https://www.20minutos.es/lainformacion/economia-y-finanzas/elefante-habitacion-vivienda-dos-tercios-riqueza-espana-es-inmobiliaria-92-los-caseros-son-particulares_7044313_0.html




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