Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La
lucha por mantenerse frente a la opinión pública es muy dura para las muchas
causas mundiales y locales que requieren atención. El espacio y tiempo
informativos son limitados, la capacidad de atención también. Solo el olvido y
la ignorancia no tienen límites.
Las
causas quedan a expensas de situaciones, las más de las veces extremas, que
hacen que la atención vuelva a fijarse en ellas. Para que algo crónico salga a
la luz tiene que producirse un nuevo aliciente para que los medios se fijen en
ello. Los medios tienden a vivir de eso indefinido que ellos mismos contribuyen
a crear con su atención, la "actualidad", que es lo que reflejan.
Con
esto, muchas buenas causas quedan fuera de foco y son sustituidas por otras que
acaban viviendo el mismo proceso. Una de esas causas es la de las mujeres afganas.
El terrible retroceso en derechos, la vuelta a la esclavitud anterior se han
ido imponiendo ante el incumplimiento de su palabra por parte de los talibanes
y la falta de presión sobre ellos por producirse otros conflictos. Es una
estrategia muy común realizar acciones cuando se sabe que el foco informativo
mundial está en otros escenarios. Los talibanes lo han hecho.
Por eso
es de agradecer la entrevista en ABC a la activista y escritora afgana Fawzia Koofi con el título «Si la mujer no usa burka, el varón de la familia es castigado»".
Dentro
del ecosistema informativo, el relevo de la noticia llamativa lo cubren
instituciones y personas que tratan de evitar la caída en el olvido de las
causas que defienden, como en este caso la terrible situación regresiva de las
mujeres en Afganistán. Koofi no deja de intentarlo con libros, entrevistas, visitas, conferencias... todo aquello que pueda devolver al problema de las mujeres afganas al plano de la actualidad, a la atención pública.
ABC nos
presenta así a la Fawzia Koofi:
La
primera mujer que ocupó uno de los cargos políticos más altos de
Afganistán, la vicepresidencia de la
Cámara Baja de la Asamblea Nacional, nació en el seno de una familia polígama y
de carácter conservador. Con el regreso de los talibanes al poder, Fawzia Koofi
–que será una de las ponentes del summit internacional Santander WomenNOW, que
organiza Vocento y que convertirá de nuevo Madrid en capital europea de las
mujeres los días 16 y 17 de junio– recuerda desde el exilio que su
lucha contra la discriminación de la mujer comenzó cuando era niña y se convirtió en la primera de su familia en ir a la
escuela. «Mi padre era miembro del Parlamento afgano y representaba una visión
conservadora de la sociedad», mantiene.*
La
creación de este tipo de foros es una forma de reunión de personas que quieren
visibilizar sus causas. Son espacios y tiempos limitados, pero es el único modo
de lograr concentrar la atención mediática y extender el conocimiento de las
situaciones en una sociedad bombardeada de continuo por las informaciones.
La cuestión del abandono a su suerte de las mujeres en Afganistán es un tema sobre el que no se puede apartar el foco porque supone uno de los casos más flagrantes de estos últimos años. La sociedad afgana tuvo sobre ella una fuerza modeladora en donde se dio forma dentro de un sistema de derechos para las mujeres. Durante veinte años, el Afganistán ocupado dio lugar al crecimiento de una generación dentro de un sistema específico de derechos para las mujeres. La retirada precipitada de los Estados Unidos y demás países en la zona supuso uno de los episodios más vergonzosos al dejar caer lo construido, sin importar el destino y el compromiso de las personas. Las escenas caóticas en el aeropuerto de Kabul están en la mente de todos. Los talibanes patrullando por las calles para reinstaurar el "orden" islámico y las mujeres como únicas protestas visibles en las calles han sido igualmente contempladas por todos.
Mientras atraían
las miradas, los talibanes hicieron promesas de respetar a las mujeres que
pronto se perdieron en el viento. Lo que prometieron mantener —la educación
femenina, la retirada del burka, etc.— ha durado solo algunos meses. Las
mujeres ya no pueden estudiar ni trabajar; deben ir acompañadas por un
"tutor" masculino y deben ir cubiertas. Para mayor presión social,
los hombres que permitan que las mujeres no vayan cubiertas como han
estipulado, podrán ser sancionados.
Toda la
entrevista de Doménico Chiappe a Fawzia Koofi tiene interés, pero hay una respuesta
especialmente significativa y que es extensiva más allá de Afganistán: «Los
grupos militares extremistas, incluidos los talibanes, no tienen miedo de los
bombardeos de Estados Unidos, pero sí del poder de la mujer. Porque la
participación femenina en la vida social y política socavará las opiniones
conservadoras de los talibanes.»*
En estas palabras se encierra una realidad que nos siempre
se entiende. Me refiero al miedo al poder de la mujer. El poder masculino se
basa en el poder sobre la mujer, en su represión que se justifica en evitar el
"desastre" de dejarla libre. Es una justificación cultural que habla más de la debilidad del orden
masculino. La represión y control de la mujer se justifica, en última
instancia, en su poder caótico y destructivo que, si es liberado, puede llevar
al hundimiento del sistema. En el sistema patriarcal no se habla de la
superioridad del varón, sino en su responsabilidad en evitar que se destruya el
conjunto a través del desorden. Por eso, la mujer debe estar tutelada (lo que
exigen los talibanes a los varones "responsables" de las familias),
para evitar desastres a los que arrastra al hombre. De esta forma se justifica
su control y encierro, su falta de acceso a la educación, al trabajo, etc.
El "machismo" es otra cosa; es una reivindicación
de la "superioridad" masculina sobre la mujer, su dominio incluso
físico. Obviamente, lo vemos entremezclados muchas veces, pero es bueno separar
ambas formas.
El hecho de que las mujeres deban salir tapadas y
acompañadas es un síntoma de temor a lo que representa. El cuestionamiento de
la autoridad por parte de las mujeres es el de los principios de vigilancia,
que se justifican como de origen divino tratando de mantener el
"orden" de la creación.
¿Por qué no se teme a los bombardeos y sí a la mujer?, como
señala Fawzia Koofi. La promesa de victoria está en la mente del fanático;
siempre con Dios a su lado, la victoria es cuestión segura sea cuando sea. No
entra en su mente que los "infieles" puedan ganar, como han celebrado
en Afganistán. Pero el caso de la mujer es diferente; es percibida como una
destrucción del orden desde dentro. Las feministas son acusadas en el mundo
islámico de ser "agentes occidentales", de tratar de destruir el
pilar social de la familia. Abandonan sus papeles en el plan diseñado, en el
orden divino. Las mujeres tratan de destruir ese orden y eso arrastrará a los
hombres, que serán recriminados por no haber sabido controlar a las mujeres,
dejando que decidan sobre el destino de todos.
Esta concepción "conservadora" está repartida por
el mundo musulmán, modificándose el grado. Pero está en todas las luchas de las
mujeres en los países y en los regresos de los movimientos islamistas que saben
que la victoria importante es su batalla contra la mujer, la que ellos perciben
como una restauración de la voluntad divina.
Casi todos los países que vivieron la Primavera Árabe
retrocedieron hacia posturas más autoritarias y más integristas. Comprendieron
el papel de las mujeres al ponerse al frente de la liberación. Pronto, los
integristas separaron a las mujeres de las revueltas. Para ellos,
"revolución" no significaba "liberación" sino mayor "sumisión",
que es lo significa el término "islam". Los talibanes no han
"liberado" al país; lo devuelven a la "sumisión" correcta,
que implica la ocultación de las mujeres, su encierro fuera de la vida, del
trabajo, de la educación. Toda mujer necesita un guardián; es la forma de
garantizar el orden. Por eso, la ley responsabiliza al hombre si la mujer no
cumple las normas. El "guardián" pasa a ser una entidad colectiva,
unas decisiones de las que cada varón solo es ejecutor.
Fawzia Koofi ha sufrido dos atentados. Sabe que su vida está en constante peligro, que es un objetivo que quieren eliminar y silenciar. Fue negociadora para evitar que el gobierno afgano vendiera sus derechos en las negociaciones previas. Sabe lo poco que valoran la vida de las mujeres, su autonomía y visibilidad, algo siempre sometido al orden masculino que las retiene. Pero es una mujer molesta, empeñada en hablar sobre el destino de las mujeres en todos aquellos foros que la acojan. Escribe, habla, viaja hasta donde quieren escucharla. Es lo que más molesta a los talibanes, a la conservadora sociedad afgana de la que ella misma procede y a la que conoce bien.
No sé cuáles son las medidas que se deben tomar, más allá de acoger a los que huyen de este régimen brutal y retrógrado. Pero es esencial que el olvido o la actualidad no lo hagan desaparecer del panorama informativo, manteniendo viva la repulsa por ese ejercicio constante de represión y dolor sobre las mujeres. Nadie va a convencer a los talibanes de que están equivocados, pero si puede que se convenza a los que puedan hacer algo para remediarlo. Fawzia quiere mantener visible el problema.
No olvidemos a las mujeres afganas.
*
Doménico Chiappe "Fawzia Koofi: «Si la mujer no usa burka, el varón de la
familia es castigado»" ABC 16/05/2022
https://www.abc.es/internacional/abci-fawzia-koofi-si-mujer-no-burka-varon-familia-castigado-202205152053_noticia.html
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