Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En
RTVE.es titulan "Ucrania, la primera guerra en TikTok"* y dan cuenta
de cómo este medio, de vídeos cortos, se ha convertido en testigo y medio de
comunicación definitorio. Si, como se señala en el artículo —firmado por Europa2022—,
la Primavera Árabe se definió por ser retratada en Facebook, ahora se nos dice
que es TikTok, cuyos usuarios están por debajo de los 24 años es el medio
elegido. Pero, ¿elegido por quién?
El
fenómeno, más allá de la noticia en sí, tiene preguntas que deben ser respondidas
o, al menos, planteadas. Es indudable que el medio es el que da forma al
mensaje, pero también que la aceleración de los medios se traga, al quedar
obsoletos, la mayor parte de la información que ha generado. Es decir, por
poner un ejemplo claro que se recuerda poco: la desaparición de la plataforma Google+
supuso la desaparición de todo lo que había en ella y no se "salvó".
Esto es la condena moderna de haber pasado de un medio universal, un soporte
centenario, como son el papel y el formato códice o libro, a unos medios cuya
vida está determinada por la moda y la competencia empresarial. En términos
históricos de la Primavera Árabe a la Guerra de Ucrania van diez años
aproximadamente, en término mediático son cientos de años.
Los
medios y los soportes, con la tecnología necesaria para su lectura, determinan
la historia que se recoge. Por decirlo claramente: de nada sirven los
documentos generados si no podemos leerlos. Esto, que desde el punto de vista
empresarial y económico es visto como dinamismo, es un cierto desastre
histórico y memorístico. Pensemos simplemente en cuántas cosas se nos quedan en
los teléfonos móviles cuando los cambiamos. Las tarjetas pueden pasar de unos a
otros, pero en los teléfonos quedan muchas cosas que sencillamente quedan
perdidas. Nos inventaron las "nubes" para guardar los datos
independientemente de los dispositivos, pero igualmente estamos expuestos a que
mañana esas empresas decidan cerrar porque no son rentables. Ya ha ocurrido en
varias ocasiones y fue uno de los males de la primera fase de Internet en los
años 90. Proliferaron empresas que daban alojamiento a los contenidos y estas
empezaron a desaparecer por la competencia y porque cambió el "modelo de
negocio".
La
cuestión empezó a plantearse entre el gremio encargado de preservar y ordenar
los recuerdos y rastros, los documentalistas, los archiveros, bibliotecarios...
Hoy asistimos al regalo de las bibliotecas de sus libros, que son sustituidos
por ediciones digitales, lo que les ahora espacio y da agilidad, pero que
supone entra el terreno movedizo de la obsolescencia.
Los ordenadores, por ejemplo, han dejado de incorporar lectores de CD o DVD. Basta ver la soledad de las secciones de música en CD en los grandes almacenes y la edad de los compradores para entender bien la cuestión. Las empresas se han desprendido de los soportes materiales (del libro al CD-DVD) y han puesto el énfasis en nubes y descargas online.
La
guerra de TikTok, la guerra de Ucrania; se reparte y distribuye en los
distintos soportes posibles, de los periódicos a las radios y podcast, de los
vídeos de TikTok a los programas televisivos. Cada uno tiene sus formas de
consumo de la información y también sus días contados ante la proliferación de
los medios, que reduce la rentabilidad particular de cada uno de ellos. Los
públicos descienden en todos ellos. Y cuando lo hacen un nuevo medio sale a la
palestra a tratar de convertirse en novedad, en tendencia y tratar de
explotarla hasta que caiga en el desuso del aburrimiento o, sencillamente, sus
usuarios envejezcan y sean reemplazados por otros con nuevos medios con los que
han crecido.
Leía
ayer un volumen de la Universidad de Valencia, de la colección de sus Doctores
Honoris Causa, dedicado a Roger Chartier. Los volúmenes incorporan sus discursos,
los de las autoridades y también una antología de textos de los doctores
honoríficos. Tuve la ocasión de entrevistar a Chartier en el año 2000 y pedía
restablecer el libro en el centro de la vida universitaria.
Ayer
escuchaba a unos alumnos de mi facultad —esperando para exponer sus trabajos
finales de Grado (TFG), recordando despectivamente que en los primeros años de
carrera, es decir hace tres o cuatro años, "les hacían comprar el
periódico" para comentarlo en clase, lo que les parecía un horror. Salgo
de Metro cada día y observo cómo pasan, sin detenerse, por delante de las pilas
de diarios gratuitos. Una estudiante que les doblaba en edad comentaba que ella
leía el periódico los domingos; ella era la que mantenía los quioscos de prensa
abiertos, decía bromeando. Eran dos generaciones y un solo objeto, el
periódico, con dos actitudes distintas, del desprecio al respeto o, si se
quiere, costumbre. Estos futuros profesionales descubrirán algún día que todo
lo que comunicaron desapareció con los soportes y tecnologías que apenas
duraron unos años antes de ser desplazados.
Todos
esos teléfonos que vemos levantados en cualquier acontecimiento, aseguran mucha
información, pero también que casi todo eso desaparecerá en muy poco tiempo, ya
sea por olvido, imposibilidad de localización o por obsolescencia.
El
mundo mediático es el de la debilidad mediática o, si se prefiere, el del
registro inmediato y el olvido a medio plazo. Lo que se salva es aquello que se
transfiere a otros medios, como ocurrió en la Antigüedad, con el paso del
papiro al pergamino, un cambio de soporte material a otro mucho más duradero.
La imprenta lo pasaría al papel, más barato y rápido, también más débil.
Hoy escuchamos que muchos de los programas de los inicios de nuestra televisión se perdieron porque se reutilizaron las cintas magnéticas en las que se grababan. Cada vez que se reutilizaba una cinta se hacía desaparecer una parte de la memoria. Lo mismo ocurrió con parte del cine mudo. Los cambios hacia el sonoro hicieron que se olvidara y destruyeran muchas cintas de las que solo se han recuperado fragmentos. Algunos han podido unirse y dar lugar a versiones aproximadas hechas de los fragmentos. En las últimas décadas, grupos e instituciones se han dedicado a reconstruir pequeñas joyas olvidadas. Las filmotecas son conscientes de estos problemas y tratan de conservar los documentos audiovisuales pasándolos a nuevos soportes que puedan ser leídos en el momento actual. ¿Significa esto que preservar la memoria necesita de una constante transcripción a los nuevos sistemas de lectura? Probablemente sí. La velocidad de sustitución lo convierte en una carrera dramática por preservar el pasado.
22/07/2016 |
Pero
esto no resuelve el hecho del debilitamiento del propio pasado. Los vídeos que
se graban no se hacen tanto con la voluntad de coleccionar los hechos como por
la de difundirlos. Interesa la "tendencia", menos el legado. Lo que ha
pasado queda muerto por lo que está pasando. Es la inmediatez, que supone en
gran medida la pérdida del sentido histórico que ya percibimos en las nuevas
generaciones, las crecidas en una percepción del tiempo muy diferente.
Probablemente
sea la percepción del paso del tiempo y el valor que se le concede al pasado
(un concepto relativizado) lo que establezca una de las mayores barreras
generacionales. Vivimos todos sobre el planeta, pero cada generación (según el
lugar donde crezca, según la cultura que la envuelva) percibe el mundo desde su
propia perspectiva, estableciéndose un mundo y muchas interpretaciones y
sentidos, formas de valorarlo.
¿Consumimos noticias o medios? McLuhan no diferenciaba, el medio es el mensaje. Evidentemente, nuestra percepción de las guerras o de cualquier otro acontecimiento está determinado por las posibilidades que cada medio nos ofrece. Cada medio ha aportado elementos nuevos, de la fotografía al estruendo de las bombas con la llegada de la televisión, del impacto del directo televisivo al cambio de punto de vista de un teléfono. El horror permanece, pero se muestra poliédrico. Hay una guerra descrita a través del múltiples miradas, unas profesionales otras de las víctimas que graban su propio entorno y destino; otras miradas nos llegan desde el espacio con los satélites y drones. Al final, todo se convierte en mensaje, de un tipo u otro, desarrollando como señalaba Chartier en la entrevista diferentes prácticas de consumo cultural.
Que
haya "guerras de Facebook" y "guerras de TikTok", por usar
los términos del artículo, debería hacernos reflexionar un poco sobre el mundo
que hacemos y cómo lo vemos. Pero la primera víctima de la inmediatez es
precisamente la reflexión.
27/100/2009 |
*
Europa 2022 "Ucrania, la primera guerra en TikTok" RTVE.es
https://www.rtve.es/noticias/20220530/europa-2022-ucrania-primera-guerra-tiktok/2355940.shtml
** Joaquín Mª Aguirre "Entrevista- Roger Chartier: "Hay que volver a situar al libro en el centro de la educación"" Espéculo nº 15 2000 UCM https://webs.ucm.es/info/especulo/numero15/chartier.html
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