viernes, 6 de mayo de 2022

¿Espías o investigas?

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En esto del espionaje estamos bastante confusos, la verdad sea dicha. Cada uno tiene el suyo y quiere darle prioridad, pero es tapado por el nuevo caso. Por ahora, está claro el de los independentistas que lo exhiben entre indignados y orgullosos. A ellos se les ha reconocido oficialmente en la Comisión de Secretos oficiales, que no ha sido necesario espiar porque estaban en jornada de puertas abiertas, a lo que parece.

A sus señorías les ha faltado tiempo para difundir lo que estaban comprometidos a callar por la naturaleza del evento. ¡Lástima de dos millones de euros de Pegasus, quienes se los hayan gastado para espiar en España! Basta con decir que es secreto para que todos larguen gustosos. ¡País de bocazas, aquí si no lo cuentas revientas! ¡Ahora ya sabemos por qué no se reunía la comisión de Secretos!

Recordemos que esto de la fiebre del espionaje empezó con Pablo Casado (¿se acuerdan de Casado?) a Díaz Ayuso y a un hermano bien informado. La presidenta madrileña de todos los españoles, azote de todo lo que no sea ella misma, se revolvió furiosa ante la idea de que la hubieran espiado. Entonces lo llamaban unos "investigar" y otros "espionaje", una palabra mucho más fea y que cuenta con una bonita tradición novelesca y cinematográfica.  "Espías o investigas", se dirá pronto.

Luego pasamos a los independentistas indignados porque se les espíe, ¡a ellos que, como diría Rufián, son el sostén de España! No sé si son el sostén de España, pero desde luego lo son del gobierno y eso, como la "muerte" de Sergio Leone, tiene un precio. A los blanqueados, pero quejumbrosos, independentistas les ha asombrado ser "investigados" o "espiados", según la versión. Y a margarita Robles, a la que querían acogotar como ministra de Defensa (¡qué gran proeza simbólica sería hacer caer a la Ministra de Defensa española!) se le escapó eso ahora políticamente incorrecto de decir que espiar o investigar a unos señores y señoras (aquí sí que hay que repartir) que quieren acabar con España, que realizan actividades dentro y fuera contra el Estado español, que convocan actos ilegales, como referéndums para separarse, manifestaciones contra las instituciones, etc. es normal que se les tenga vigilados para saber cuál es la próxima barrabasada que se les ocurre. Pero la fantasía teatral de la política española es tan disparatada ya que cualquier cosa puede ocurrir. Y ocurre cuando un gobierno de España tiene que apoyarse en grupos que no están interesados precisamente en su progreso y armonía. Ocurre igualmente cuando un gobierno tiene como "socios" a un partido que es el primero en desmarcarse de lo que hace el gobierno con un "yo no he sido" tratando de evitar perder votos y con un "he sido yo" cuando quiere ganarlos, siempre en detrimento del partido mayoritario, el PSOE. Da igual que Podemos se vaya hundiendo en cada elección, tratará de hacer todo el daño posible antes de que se anuncie el fin de la legislatura. Saben que no volverán a tener la oportunidad de ocupar un ministerio ni ir en coche oficial.

El giro de guion salta cuando el protagonismo de los espiaditos independentistas se pierde al anunciar los acusados que han sido espiados por Pegasus, algo que provoca una oleada de euforia informativa. ¿Qué es Pegasus? ¿Quién está detrás? ¿Quién se ha gastado dos millones de euros para espiar a nuestros dirigentes? Los independentistas se indignan ante esta pérdida de protagonismo y se enfadan más. Tratan de recuperar el protagonismo al meterlos en la Comisión de Secretos Oficiales porque, incapaces de decapitar a la ministra Margarita Robles, que se ha defendido bravamente, se lanzan ahora a por la cabeza de la directora del CNI, una pieza de menor rango, pero que puede ser paseada por las calles autonómicas rebeldes en una pica y más ahora que ya se puede salir sin mascarillas y se percibe mejor la satisfacción que produce.

Dura poco la dicha en la casa del espiado porque pronto surgen escándalos europeos. Ahora Europa quiere prohibir el uso de Pegasus, algo complicado porque no admiten devoluciones para los que se hayan gastado esos dos millones que nos dicen que cuesta. ¿Bajarán los precios ante la falta de demanda? No lo sabemos.

Estamos en un mundo extraño, globalizado y donde espiar a tus socios es más importante que espiar a tus enemigos. Hemos vuelto a un clima de Guerra Fría, mucho espionaje y guerra sucia, ahora también ampliada como "guerra híbrida". Ya comentamos hace unos días cómo Obama había tenido que pedir perdón a Angela Merkel y a otros socios y aliados por haber sido espiados. La diferencia puede que esté en las disculpas. Con los amigos, te disculpas, sí, pero espías a todos; con los enemigos es ya otra cosa.

Lo malo no viene del espionaje en sí. Los independentistas y demás pueden rasgarse las vestiduras ahora que llega el buen tiempo. El problema real en todo esto son las relaciones con Marruecos, si efectivamente han estado espiando al gobierno español. Desde el punto de vista de Marruecos, el espionaje tiene sentido dada la posición de distanciamiento de entonces. Lo que complica un poco las cosas es lo que se ha hecho después de ser espiados, es decir, el giro amistoso y el alejamiento del Sáhara y Argelia, que será quien nos deba espiar ahora, siguiendo la lógica anterior.

Lo sorprendentemente viene de la preocupación por el "cómo" en vez de por el "quién". A lo mejor resulta muy complicado entender por qué nuestro presidente y ministros están tan seguros de que es imposible rastrear el origen del espionaje y solo les preocupa el "cómo", es decir, el estado de la ciberseguridad. Si todo el mundo espía a todo el mundo lo importante es tener un móvil seguro, controlado. Eso ha hecho que, de nuevo, se monte una disputa entre ministerios para saber quién tiene la responsabilidad de mantener seguro lo que dicen el presidente y la ministra de Defensa (¡y vaya usted a saber quién más!), que no acabe en cualquier carpeta, sobre unos miles de mesas repartidas por todo el mundo.

El País 5/05/2022

Lo bochornoso, aunque esperado, es que una vez que han entrado en la Comisión de Secretos, lo dicho allí ha pasado a ser chismorreo. Esto da cuenta de lo que hay y explica por qué estaban fuera. La idea era entrar y seguir pidiendo cabezas, que es lo suyo. Una vez dentro de la Comisión se trata de hundirla, de mostrarla como algo vacío, teatral, en donde la verdad no se cuenta, alimentando así, una vez más, lo de las "cloacas del estado", que siempre es muy socorrido. Ellos son siempre las víctimas del estado depredador.

Del debate de la responsabilidad del espionaje al debate gubernamental sobre la responsabilidad de quién tiene que cuidar de los teléfonos. Esto no tiene cura. Es un eterno gag político contado de diferentes formas; algo serio que se transforma en bufo. Es el tono ambiental y eso solo favorece el distanciamiento de algo que debería preocuparnos y, por contra, el temor por aquello que realmente nos preocupa hoy, de la inflación a la guerra, de la crisis de las materias primas a la del transporte. Todo queda oculto bajo el ruido constante de las disputas.

La secuencia "Díaz Ayuso, independentistas, gobierno y Europa" es interesante porque nos muestra que se sepa o no sepa, por lo público o por lo privado, barato o caro, amigo, socio o enemigo, nacional o internacional, etc. parece que el espionaje, en cualquiera de sus variables (telefónica, cibernética, postal, etc.) está aquí para quedarse y seguir haciendo ruido.



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