martes, 23 de octubre de 2018

La cabeza del perro sigue ladrando

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No creo que nadie tenga más dudas de las que quiera tener sobre lo ocurrido con Jamal Khashoggi. Conforme se precisan los detalles y a expensas de lo que diga hoy Recep Tayyip Erdogan en su esperada comparecencia de hoy, la cuestión está muy clara. Así lo han entendido países como Alemania, que ha pedido el cese de la venta de armas a Arabia Saudí. Las armas que se han usado en el caso del periodista asesinado y descuartizado —con música de fondo y retransmitido vía Skype, para deleite de los ordenantes del crimen, según aseguraba Reuters ayer, citando dos fuentes de Inteligencia— son menos sofisticadas que las "precisas bombas" que les vendemos o el material que también se le venden para vencer las resistencias interiores y exteriores.
Ya ha sido decepcionante la respuesta de la "renovada" política española ante este hecho. Lo ha sido por los planteamientos anteriores respecto a los derechos humanos y mucho más tras el caso del periodista disidente. Los cínicos dirán que mueren muchos otros periodistas cada día en el mundo, pero no son muchos los que mueren en las condiciones que lo ha hecho Jamal Khashoggi.
Y el caso es muy sencillo: quien vende armas a un país que hace lo que hace para mantenerse e imponerse sobre otros, se convierte en su cómplice. Sencillísimo, ¿verdad? Se pueden hacer impresentables juegos malabares de palabras como lo "del pan y la paz", pero lo cierto es que solo hay una respuesta a lo hecho por Arabia Saudí y lo demás son parches inmorales. Todas esas categorías que usamos "país tradicionalmente amigo", "aliado", "socio estratégico", etc. no son más que subterfugios para dos cosas: esconder la prioridad de los negocios o seguir una política maquiavélica del "mal menor".


Arabia Saudí ha dejado claro que ella tiene manos libres para hacer lo que quiera. Muchos responsabilizan con razón a Donald Trump por ello. Su primera gira diciendo que no iba a decir a la gente cómo tenía que comportarse cerró la puerta del disimulo y permitió al Reino comportarse como lo ha hecho con Canadá, que se permitió la osadía de preguntar por el destino de las activistas de los derechos de las mujeres. Hoy tenemos el caso Khashoggi como una patata caliente que los estados deben afrontar con valentía. No deja de ser una ironía de la vida que el autoritario Erdogan acabe siendo quien más interés tiene en la presión sobre los saudís. No lo hace por un aprecio de los valores democráticos, sino sencillamente porque le permite arremeter contra un enemigo declarado y poner en un brete a los amigos de los saudís, es decir, a los Estados Unidos de Donald Trump.
Hoy el mundo es un clamor contra los saudís. Ni Donald Trump se atreve a decir que aquí no ha pasado nada. Por eso no se deja de sentir vergüenza ante la actitud de los partidos políticos españoles en el caso (una vez más). Señala el diario El País:

El PSOE respalda la decisión del Gobierno, mucho más moderada que la tomada por Alemania, Francia y Reino Unido, tras la confirmación de la muerte del periodista Jamal Khashoggi en el consulado de Arabia Saudí en Estambul (Turquía). "Condenamos lo sucedido y apoyamos al Gobierno en su prudencia ante cualquier decisión que pueda afectar a los intereses de nuestro país", ha afirmado la portavoz del comité de acción electoral, Esther Peña. Los socialistas se declaran "consternados" pero han insistido en que no van a adelantarse a la posición del Ejecutivo de Pedro Sánchez a la espera de los resultados de la investigación "seria, exhaustiva y transparente" que ha reclamado el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres.
Pablo Casado se ha mostrado también cercano a la tesis del Gobierno y del partido socialista. El líder del PP ha pedido esperar a la investigación oficial antes de tomar cualquier decisión sobre la venta de armas. En todo caso, ha dicho que espera este miércoles oír al presidente "otra cosa que no sea otro monólogo bélico de la señora Celáa sobre a quién matan las bombas inteligentes", sino que informe "de lo que el servicio de inteligencia o su diplomacia le están diciendo", informa Natalia Junquera.
Una posición similar ha mantenido la portavoz de Ciudadanos, Inés Arrimadas, ante la prensa. El partido de Rivera respalda que España mantenga sus compromisos de venta de armas a Arabia Saudí por "seguridad jurídica" a pesar del asesinato del periodista. La formación ha pedido al Gobierno español que "no se quede atrás" en la denuncia de la vulneración de derechos humanos en ese país —al igual que en Venezuela o Cuba, ha enfatizado Arrimadas—, pero en lo que respecta a la respuesta jurídica considera que España no debe adoptar posiciones unilaterales. Primero, el Gobierno debe respetar los contratos en vigor de venta de armamento, y segundo, si van a cuestionarse los contratos futuros, que sea como parte de una respuesta "global" en el marco de la Unión Europea, informa Elsa García de Blas.*


Que se invoque a "Naciones Unidas", la "seguridad jurídica", etc. muestra la degradación de la política española y su grado de "pragmatismo" por encima de los principios morales que deben guiar un país. Se ha producido una enorme falta de sensibilidad en la política española, capaz de jugar en sus luchas con cualquier cosa y, a la vez, incapaz de guiarse por principios morales que den un sentido al conjunto. Yo, como ciudadano, no me puedo identificar con gobiernos o dirigentes de mi país que son incapaces de condenar lo que el resto del planeta está condenando. No puedo identificarme con los que se sientan a esperar que concluyan las investigaciones oficiales, con aquellos que necesitan más explicaciones que Angela Merkel y los alemanes, Macron y los franceses o Theresa May y los británicos. No puedo hacerlo.


Tampoco que sirve de mucho consuelo que Podemos haya sido duro con Arabia Saudí. Quienes aplauden lo que ocurre en Venezuela no tienen demasiada credibilidad más allá de apuntarse el tanto político que los otros, en su tibieza, le permiten.
Es una auténtica pena que en tanto político joven haya tanta retórica agresiva para muchas cosas y tanta prudencia en casos tan evidentes como el de Jamal Khashoggi o, más allá, el del Reino mismo, el más retrógrado de los regímenes sobre la tierra. Esto lo único que muestra es nuestra debilidad ante los saudís y nuestra dependencia de sus inversiones. El caso del alcalde de Cádiz quedará para la Historia de lo que no deben ser los principios de la política internacional.
La suerte ha querido que algunos países muy ricos puedan invertir el dinero que les rebosa en la compra de las voluntades y el falso respeto de otras naciones. Devuelven a Occidente el mismo dinero que Occidente les paga por su energía. Pero lo hacen poniendo en diferentes nidos políticos el dinero, comprando voluntades generales y particulares cuando es necesario.

A Donald Trump, cuya boca padece de incontinencia, le sacan hoy los colores al repetir el vídeo en el que declara que "ama a los saudís" y que estos le han hecho ganara millones, algo que la prensa norteamericana se ha encargado de clarificar poniendo cantidad a los negocios que tiene y ha tenido con ellos. Los saudís, que no producen nada más que petróleo, lo encargan todo fuera. Son inversores natos.
La cuestión es que saben que su influencia petrolera se va debilitando en la medida en que el petróleo se va restringiendo en favor de otros tipos de energías más limpias y baratas, sin tanta hipoteca política como el crudo tiene. El príncipe hacia el que apuntan todos los dedos había emprendido una política de diversificación económica para hacer de Arabia Saudí un país que no dependa exclusivamente del petróleo, sino que tenga otras fuentes de financiación, por ello se realizan todos esos lavados de imagen que se han hundido tras el cruel asesinato de Jamal Khashoggi. Pero esto se ha hundido.
En una completa información de Reuters sobre el hombre que dirigió toda la operación y la contempló vía Skype, Saud al-Qahtani, un asesor y protegido del príncipe Mohamed Bin Salman, se explica:

“This episode won’t topple MbS, but it has hit his image which will take a long time to be repaired if it ever does. The king is protecting him,” one of the sources with ties to the royal court said.
Qahtani himself once said he would never do anything without his boss’ approval.
“Do you think I make decisions without guidance? I am an employee and a faithful executor of the orders of my lord the king and my lord the faithful crown prince,” Qahtani tweeted last summer.**



Este crimen compromete al país y por ello a los que se muestren como sus aliados si no plantean un giro en sus relaciones. Le toca a la comunidad internacional mover la ficha que Donald Trump hizo desaparecer con lo que se entendió como un apoyo incondicional a un régimen envalentonado, endiosado y teocrático. La mentalidad saudí es sencilla: tienen a Dios, son custodios de los santos lugares y poseen todo el dinero del mundo. Son capaces de secuestrar al primer ministro de Líbano, al que consideran un simple empleado, hacer desaparecer disidentes o bombardear países con total impunidad y sin tener que dar cuenta a nadie. Su única prioridad es el mantenimiento de la familia propietaria del Reino, dueña de los destinos de sus habitantes, propietaria de los esclavos que importan de otros países (un tercio de la población son extranjeros, mayoritariamente empleados domésticos. en situación denunciada por las instituciones internacionales), compradores de niñas de los países vecinos y de Asia (en Egipto les odian por estos, por los llamados "matrimonios de verano", a los que el ex ministro de Justicia al-Zind puso vergonzosa fianza; el propio Reino ha tenido que limitar las diferencias de edad a 15 años) y un largo etcétera de situaciones que no se admiten a nadie excepto a los saudís, capaces de comprar con el dinero del petróleo las voluntades del mundo.


Dicen en Reuters que Saud al-Qahtani, el que parece ser comandante de la operación, gritó durante la operación “Bring me the head of the dog”. Y los obedientes sicarios se la llevaron. Poco podían imaginar los prepotentes dirigentes del Reino que la cabeza del perro seguiría ladrando, fantasmal, hasta dejar ante los ojos de todos a sus asesinos.
Hoy el mundo busca el cuerpo, lo que quede de él. Se acumulan imágenes de la planificación meticulosa de la operación que siguen dejando en evidencia las sucesivas versiones ofrecidas por el Reino en un intento desesperado por salvar el pellejo de los responsables. Como dijo el jefe criminal, él es un humilde y fiel servidor de su amo.
Nuestros partidos quieren, qué prudentes, esperar a la versión oficial. Tremendo error porque no habrá más versión oficial que la saudí. Todas las demás se acercarán más a lo ocurrido que esa versión creada para salvar los acuerdos, negocios y futuros abrazos de aquellos países que miran más al dinero que a los principios.
Nuestros políticos, tan rápidos para emitir juicios en casa, se han vuelto prudentes de repente, más prudente que los países europeos que ya tienen bastante con lo que saben; más prudentes que los millones de personas en todo el mundo que tienen claro que Arabia Saudí es responsable de este crimen. Hasta Donald Trump llega a decir que está "decepcionado", sea eso lo que sea en su mente. Nuestros jóvenes e idealistas políticos, en cambio, esperan y esperan la llegada de nuevas y cada vez más estrafalarias versiones para no precipitarse.


* "PSOE, PP y Ciudadanos piden esperar a la investigación oficial en el ‘caso Khashoggi’" El País 22/10/2018 https://elpais.com/politica/2018/10/22/actualidad/1540210298_938790.html
** "How the man behind Khashoggi murder ran the killing via Skype" Reuters 22/10/2018 https://www.reuters.com/article/us-saudi-khashoggi-adviser-insight/how-the-man-behind-khashoggi-murder-ran-the-killing-via-skype-idUSKCN1MW2HA




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