sábado, 11 de agosto de 2018

Trump, Erdogan y el espacio


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Debo confesar que las imágenes del mitin de Donald Trump con la gente gritando frenética "Space Force, Space Force!" me han deprimido. No pedían viajes a Marte, investigación espacial..., pedían militarizar el espacio, pedían más músculo norteamericano. Pedían que los Estados Unidos pusieran de rodillas al mundo. Quizá esta era la salida hacia adelante que comentábamos hace unos días que Trump necesitaba. Ni los comentarios jocosos de los humoristas norteamericanos de los shows nocturnos han conseguido quitarme el pesimismo que me dejaron aquellos energúmenos coreando porque haya otra amenaza más sobre nuestras cabezas.


El pesimismo no solo provenía del hecho en sí, de verles pidiendo más fuerzas militares. Trump sigue dividiendo y sacando lo peor de los Estados Unidos a la luz. Esas giras semanales que usa para cargar energía  y, sobre todo, escenificar el poder y su relación con el "pueblo". Como suele característico de este tipo de personas, necesitan de la escenificación del encuentro para sacar la teatralidad que llevan dentro. La teatralidad es el único recurso en una persona cuya artificialidad ha sido resaltada en aspectos como la incapacidad de estrechar una mano o dirigirse a unos niños sin unas notas elaboradas por otros.


La teatralidad es lo que le ha hecho disponer de varios modelos de logotipos para que la gente vote por su preferido. ¿Cabe una acción más teatral que esta? La habrá, sí, cuando se presenten los uniformes, probablemente un cruce entre La guerra de las galaxias y Star Trek. Trump se asegura el protagonismo a golpe de "efectos espaciales". En la CNN le preguntaban a un diseñador de moda si estaría dispuesto a crear los nuevos uniformes.
El editorial de USA Today medio bromea sobre la teatralidad del planteamiento y la falta de necesidad crear una fuerza nueva cuando se puede usar lo que hay. Pero Trump necesita que se le vea siempre como "creador" de algo, ya sean divisiones militares o problemas.


Ahora se abre otro nuevo conflicto con la guerra comercial con Turquía, cuya libra ha caído en picado después de anunciar los aranceles que les serán aplicados a sus importaciones. Trump sabe que esas manifestaciones de fuerza hacen las delicias de aquellos norteamericanos que consideran que el camino es la hegemonía en todos los aspectos, el militar y el económico. Trump es como un niño jugando con juguetes reales, una pesadilla para el orden mundial basado en los acuerdos internacionales.
Seguro de sí mismo, considera que todo lo negociado anteriormente por los Estados Unidos ha estado mal negociado y ha sido perjudicial para ellos. Se presenta como el gran negociador, el manitas que arregla los desperfectos de la Historia de los Estados Unidos causados por los desastrosos presidentes anteriores a él y por la perfidia de los aliados, verdaderos parásitos. Desde esa línea central ha estado desmontando los acuerdos que le ha interesado, llevando el orden mundial a una incertidumbre constante que afecta a los mercados y a la estabilidad de los países afectados, que puede ser cualquiera que se le cruce en el camino en cualquier momento.

En este momento, quien se ha cruzado en su camino ha sido Recep Tayyip Erdogan, el presidente turco que ha tenido que ver el descalabro de la libra turca. Dos personalidades con rasgos comunes aunque les distancia la experiencia política. Comparten el autoritarismo y el carácter mesiánico con el que se contemplan en la vida de sus pueblos. El mensaje de recuperar la "grandeza perdida" es común y con él se presentan ante sus pueblos. En Erdogan, el fundamento es religioso; es un islamista. En el caso de Trump, es la agresividad de una mentalidad comercial trasladada a la política. Pero en ambas mentes está la idea "imperial", ya sea recuperar el esplendor otomano (los palacios, las guardias, etc. de Erdogan), el discurso militarista de alquiler de Trump su pretensión de imponer su orden al mundo mediante la creación de guerras económicas basadas en aranceles y sanciones, ordenando al mundo con quién se puede relacionar o a quién hay que comprar.
The New York Times publica hoy en su sección de opinión un artículo firmado por Recep Tayyip Erdogan, con el título "Erdogan: How Turkey Sees the Crisis With the U.S." y en su texto hay dos partes y una conclusión.
Las dos partes son las referidas en primer lugar a la estrecha colaboración de Turquía con los Estados Unidos a lo largo de la guerra fría y después desde la OTAN. La segunda parte es una lista de agravios a Turquía realizados  por los norteamericanos. En  esta lista se incluyen las quejas habituales de Erdogan: Estados Unidos tiene a Fethullah Gülen en su territorio y no se lo envía para ser juzgado, no se ha condenado el intento de golpe de estado, se ha armado a los kurdos en la lucha contra el Estado Islámico, etc.
Nada nuevo. Lo más relevante es la conclusión de la carta en la que se expresa:

At a time when evil continues to lurk around the world, unilateral actions against Turkey by the United States, our ally of decades, will only serve to undermine American interests and security. Before it is too late, Washington must give up the misguided notion that our relationship can be asymmetrical and come to terms with the fact that Turkey has alternatives. Failure to reverse this trend of unilateralism and disrespect will require us to start looking for new friends and allies.*


Erdogan no tiene necesidad de ser más claro en este punto con el que se cierra. Será interesante ver cómo evoluciona este choque entre estos dos personajes polémicos y agresivos en su propia forma de ser. A Trump le viene bien otro "enemigo" para demostrar el poder. Erdogan, por su parte, intentará dar la vuelta a la caída de la libra egipcia y a las sanciones económicas. Ya ha empezado a hacerlo: ha convertido en deber patriótico la compra de libras y la venta de divisas extranjeras en un intento de frenar los efectos económicos.
Si puede cumplir o no sus amenazas de buscar "nuevos aliados" es menos relevante porque ya lo ha hecho con Irán y Rusia. Con la amenaza de más sanciones a Irán y a quienes negocien con ellos, con las nuevas sanciones a Rusia, ambas salen beneficiadas de que Turquía se desmarque de los Estados Unidos. La cuestión clave, claro está, es la OTAN y el papel de Turquía como miembro activo. Deterioradas desde hace mucho tiempo las relaciones con Europa, Turquía se movería por su espacio "natural" Oriente Medio, por lo que entraría en complicadas relaciones (ya lo son) con Arabia Saudí o Egipto, aliadas ambas de Estados Unidos y de Trump en particular. Si Egipto y Arabia Saudí ya veían a Turquía como parte del eje del mal constituido por Qatar e Irán, ahora se completa oficialmente.
En mi aparato de música, Abbey Liconl canta "The world is falling down,  hold my hand..."


* "Erdogan: How Turkey Sees the Crisis With the U.S." The New York Timers 10/08/2018 https://www.nytimes.com/2018/08/10/opinion/turkey-erdogan-trump-crisis-sanctions.html



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