domingo, 26 de agosto de 2018

La sanción social

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El asesinato a puñaladas de un hombre que defendía a su esposa de un acosador en la playa de Alejandría le sirve a Mirna Abdulaal para ofrecernos datos de la situación egipcia de las mujeres. El incidente ocurrido es solo una parte de una situación más general producida por la falta de medidas contra el acoso. No es el único caso, se legisla sin eficacia alguna para cuestiones relacionadas con las mujeres. Es más bien una cuestión de imagen que de cambio social. No se puede luchar contra las costumbres si no se aplican con firmeza las leyes. Y eso no ocurre en estas ni en otros hechos o situaciones que afectan a las mujeres porque las mismas instituciones que deberían apoyar no lo hacen. El poder sigue siendo masculino y crea su propia "normalidad", es decir, se desarrolla según  las normas sociales y no según las leyes que se promulgan. Y esas normas dan el poder cotidiano y real de hacer dentro y fuera al varón.
Nos explica Mirna Addulaal en su artículo:

Sexual harassment became a heated topic on social media for Egyptians after a video showing a man harassing a woman in Fifth Settlement was released.
The reactions to the video shed light on the divided society of Egypt and the lack of awareness to the seriousness of the issue, as the entire situation was mocked and turned into a meme.
While there are laws to punish sexual harassment in Egypt, including a minimum of six months in prison for verbal sexual harassment, it is clear that there needs to be major cultural changes and an attempt to reeducate the public on topic.
Nevertheless, there’s hope for women looking to take legal action against harassers. Earlier this year, Rania Fahmy became the first woman from Upper Egypt to secure a court ruling against a sexual harasser, who was sentenced to three years in prison.*


El humor egipcio es un arma de doble filo. Puede ser crítico, pero las más de las veces es una forma de ejercer el poder lanzando al ridículo a las personas que denuncian o que se ven sometidas a la presión social. Es claramente un arma para intimidar a las personas. No es una cosa exclusiva, pero sí llevada al límite. Basta con echar una mirada en las redes sociales egipcias para comprender cómo funciona y cuál es su valor.
La forma de sancionar a la mujer que denunció el acoso es convertir el vídeo de denuncia en un arma contra ella. El ridículo es poderoso pues se convierte en una especie de linchamiento colectivo. La más perjudicada, pues es la más débil socialmente, es la mujer. De esta forma se crea un sentimiento de miedo ante denuncias futuras, que se lo pensarán mejor antes de denunciar.


La acosada ha usado las redes sociales, publicando lo que consideraba ingenuamente que iba a ser un movimiento de respaldo y sanción del acosador. Pero, como ya ha sucedido en Egipto en otras ocasiones, la denunciante se ve atacada por partida doble, por los hombres que quieren seguir haciéndolo y aprovechan para burlarse de ella y por el grupo de mujeres (amplio) que hace muestra de "decencia" creyendo que son siempre las mujeres las que provocan a los hombres y consideran que está justiciado. 


El artículo nos cuenta cómo han tomado fotos de su página de Facebook para criticar su forma de vestir. Esta es la estrategia de los islamistas o tradicionalistas, que consideran que es la mujer la culpable por usar el espacio público. Recordemos —lo tratamos en su momento— el caso de la mujer acosada y abofeteada en unos grandes almacenes y cómo, estando invitada a un programa de televisión a comentar el vídeo de las cámaras de seguridad que lo captaron, se le cogió el teléfono mientras estaba en el plató para extraer fotografías y "demostrar" que era ella quien había provocado con su forma de vestir al hombre. Recordemos también cómo acabó el asunto, con el ataque a la mujer cuando el hombre salió de su detención. 
Como bien señala la autora, algo falla más allá del incumplimiento de las leyes. La cuestión social es lo arraigado del acoso y la inutilidad de cualquier planteamiento que no vaya directamente a la cuestión de la costumbre por la educación y la sanción real. El acoso no puede tener respaldo. De ahí lo problemático de aquellos que consideran que no da "buena imagen" la denuncia mediática. Las diferencias entre unos medios y otros son abismales en función de la consideración del problema. Cualquier excusa es buena para mantenerlo lejos de los titulares.
Lo preocupante es que ese "humor" sarcástico, esa gracia acosadora y agresiva sobre temas y personas, sirve para anular la denuncia reduciéndola a un chiste sobre la mujer. Señala la autora del artículo:

Some people didn’t criticize the man for the sexual harassment or the woman for uploading the video. Instead, they just mocked the man’s use of English and Arabic in a sentence. “Teegy neshrab coffee?” quickly became a trending phrase in Egypt, with hundreds of comments making fun of both the man and the woman.
Even brands have capitalized on the mockery of sexual harassment. Dunkin’ Donuts in Egypt posted a photograph on Facebook alluding to the incident with the caption “Teegy neshrab coffee at DD?” (‘Let’s drink coffee at DD?’).*


Este comportamiento de desvió es muy habitual en las redes egipcias, en donde rápidamente se convierten estos mensajes en virales. De esta forma se anula la denuncia y se desvía la atención hacia la frase en sí, que se convierte en la esencia del chiste. Los que saben de este funcionamiento lo usan con profusión, pues no es más que una variante del control social, una forma más de persecución de las personas, las mujeres, que denuncian el acoso. Denunciar requiere un valor importante, pues se sabe lo que ocurrirá después. No es solo la mujer la atacada, sino que el ataque es extensivo a los que la rodean, la familia, a la que se usará como freno.


El golpe final es el dado por la marca que usa la frase recogida en el vídeo en que se invitaba a la mujer a tomar un café como parte de una campaña. La cuestión ética queda clara: se está reproduciendo la falta, convirtiendo a los públicos en cómplices, primando una situación de acoso y reforzándola como eslogan. De esta forma la mujer será queda expuesta al ridículo, se premia al acosador con la notoriedad social y se le resta el elemento delictivo, ya que el acoso lo es, por más que no se sancione.
Las redes sociales egipcias son un foco de control y de orientación del comportamiento social hacia las fórmulas normalizadas. El miedo a verse atacado hace que prevalezcan los comportamientos más agresivos, mientras que los que preconizan cambios sociales se ven obligados a intervenir a riesgo de convertirse en nuevos blancos.
Lo que se logra así es que gane el miedo a denunciar los acosos. Confundir los hechos con las denuncias suele ser bastante habitual. No es fácil denunciar cuando una parte de los acosos se producen por las personas encargadas de proteger a los ciudadanos, como muestra el trabajo realizado por varias instituciones, incluidas Naciones Unidas y la Unión Europea, sobre el acoso sexual en Egipto, estableciendo recomendaciones.


El tradicionalismo egipcio sanciona los cambios que puedan afectar al sistema patriarcal. En un interesante trabajo publicado también en estos días por Ghadeer Ahmed en Mada Masr con el título "Someone sleeping in your bed: On feminism and marriage in Egypt", se señala las circunstancias de control sobre las mujeres y lo que supone tratar de salir:

Many women have been raised in familial contexts where their mobility and sexuality are restricted. We are taught how to act “respectably,” to pay attention to our reputation, to access public spaces only temporarily and with a clear purpose, and, of course, not to have sex unless married. These restrictions have driven many of us to move out of our family homes out of a desire to experience life for ourselves, and enter the expanding ranks of the mustaqellat, or independent women, those who live neither in the home of their families nor husbands.
If we thought that by leaving our family homes we could escape respectability politics, we learn very quickly that this is not the case. When women live alone, they are perceived as “out of place,” their place being the private sphere of the home and the family. We are seen as abnormal subjects, because we are not living with our families, the source of a woman’s identification and social value. And so a woman trying to live beyond the traditional frameworks of social relationships must constantly navigate for her mobility and sexuality. She is constantly surveilled, and the primary authority over her body moves from the family and its neighborhood to the larger community, which becomes the new neighborhood.**


Quizá en estos dos párrafos se encuentra la descripción del problema de fondo: la distinción entre control interior y control exterior, con efectos diferentes, pero ambos reflejos de una misma autoridad, la que pasa de la familia propia al entorno, que castiga a quien está fuera de él.
"Vigilada" es el estado "natural" de la mujer. Lo es primero por su familia y después por su marido. Ambos dominios reflejan el ámbito doméstico. El espacio del "afuera" es el de la vigilancia agresiva cuya función social es mostrar el peligro de salir de la esfera de los controles familiares.
Señala la autora los peligros a los que se enfrenta la "mujer independiente", una contradicción en términos, cuando decide salir:

We rent apartments in working-class areas, usually with other women. Most mustaqellat experience policing by landowners, doormen and neighbors. An independent woman knows very well what it means to prove, in every step she takes outside of her apartment, that she is respectable enough to deserve safety. Our neighbors judge how respectable we are by our behavior, our clothes, who we live with, who visits us, whether or not we host male visitors, how late we get back home and the reasoning we provide for why we live away from our families.**

La comunidad es juez y verdugo. El acosador se defiende diciendo que la culpa es de la mujer por estar fuera, donde no debe. Sus leyes subyacentes son terribles y se traducen en toda una serie de acciones que conllevan según los casos el ataque físico, el descrédito o el ridículo, como ha ocurrido con los chistes y los ataques personales en el caso de la mujer que se enfrentó a su acosador. Quien denuncia es quien se ve obligada a defenderse. La comunidad no perdona.


Haber convertido la frase del acosador en parte de una campaña refleja, evidentemente, que ese déficit social es importante, que no hay una conciencia clara de cuál debe ser la respuesta social adecuada para frenar esos comportamientos. La sociedad egipcia tiene unas enormes distancias en formación y en forma de ver el mundo. Los que se pueden considerar progresistas tiene que vérselas con una sociedad altamente tradicionalista, implicando esto una forma patriarcal de la familia y del espacio público.


Las sociedades cambian cuando se potencian los ejemplos positivos. Aquí el cambio no es fácil porque se ve como un debilitamiento de su orden, el orden patriarcal que es el que da poder a la mitad de la sociedad frente al otro medio. La sanción social es la forma en que el grupo mantiene sus mecanismo a través del miedo a ser castigado. Desafiarle es arriesgarse a complicarse la vida o a algo peor. Es a las mujeres a lo que más temen porque su reivindicación de derechos abre un futuro que si esa igualdad solo puede ser reaccionario.
Muchos interpretan que el acoso es mayor tras la revolución de 2011, que llevó a las mujeres a primer término de las reivindicaciones. Se trataría de usar el acoso como un freno a las reivindicaciones de las mujeres. Recordemos que la respuesta fueron los "exámenes de virginidad" de los médicos militares realizados a las manifestantes para que sus padres se quedaran "tranquilos". También lo fueron las violaciones en grupo a mujeres que salían a las manifestaciones, hasta el nivel en que los activistas crearon cinturones de seguridad para evitar los ataques. 


Las respuestas más actuales, por ejemplo, han sido pedir exámenes de virginidad para las universidades desde el parlamento (no prosperó), pedir mayor aceptación de la mutilación genital (tampoco lo hizo) o pedir que se viole —como un deber patriótico— a las mujeres que vistan pantalones rasgados. A este último le han condenado, afortunadamente, pero no es un caso aislado.
Por eso es tan importante que se sumen apoyos, que se abra camino —un duro camino— a través de denuncias y reivindicaciones. Por eso es importante desde el exterior manifestar que tienen razón y derecho, mientras que los agresores solo tienen la fuerza de la costumbre. Es mucha, sí, por eso no hay que cejar.


* Mohamed Khairat "‘Teegy Neshrab Coffee?’ Egyptians Mock Sexual Harassment" Egyptian Streets  16/08/2018 https://egyptianstreets.com/2018/08/16/teegy-neshrab-coffee-egyptians-mock-sexual-harassment/
** Ghadeer Ahmed "Someone sleeping in your bed: On feminism and marriage in Egypt" Mada Masr 18/08/2018  https://www.madamasr.com/en/2018/08/18/feature/society/someone-sleeping-in-your-bed-on-feminism-and-marriage-in-egypt/








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