domingo, 5 de agosto de 2018

Algo se mueve


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Algo se mueve en Egipto. El hecho mismo del movimiento ya es algo importante, pero esta vez algo se mueve y emerge a través de la prensa oficial. En los regímenes tan controlados, la calma de la superficie parece ser la norma y los movimientos de las profundidades suben primero como pequeñas burbujas. Puede ser una mera ilusión, pero también una sutil forma de aviso.
Me han llamado la atención tres artículos publicados en Ahram Online y previamente e Al-Ahram Weekly, que son ambos medios estatales. Los tres reflejan tres críticas profundas a tres de los ejes de la narrativa oficial: a) la negación de la conspiración del la Revolución del 25 de enero; b) el distanciamiento de la juventud del régimen; y c) el olvido de Nasser y el papel de la revolución. Son tres temas cruciales en la construcción del régimen construido alrededor de al-Sisi. Utilizo deliberadamente "construido alrededor" porque entiendo que el golpe de Estado lo dio el "ejército" y fue Abdel Fatah al-Sisi, entonces ministro de Defensa, a quien pusieron al frente con el encargo de construir un régimen alternativo a lo que había surgido después de 2011, periodo convulso y en el que se percibían esos movimientos entre lo viejo y lo nuevo, entre las aspiraciones de libertad y modernidad del pueblo egipcio y la fuerzas que han  controlado su vida y destino durante décadas, que finalmente iniciaron un movimiento de frenada volviendo al régimen cada día más tradicionalista y conservador, con una idea monolítica de "orden" y "seguridad" que elude cualquier compromiso con libertades políticas ofreciendo en su lugar una farsa como la acontecida en las presidenciales (con encarcelamiento de los posibles rivales y fabricación artificial de un contendiente).
El primero en el tiempo de los artículos —en junio— lo firmaba Tewfick Aclimandos, profesor de Relaciones Internacionales del Collège de France y profesor visitante en la Universidad de El Cairo. Con el título "State actors and the revolution", Aclimandos analiza los argumentos que han estigmatizado la Revolución de 2011, el levantamiento de la Primavera Árabe en Egipto tras los sucesos anteriores en Túnez que le sirvieron de inicio, y la han llevado a aparecer como responsable del desastre económico, político y de seguridad siguiente.
El artículo se cierra con una evaluación general, una promesa de análisis futuros y una conclusión:

Moreover, the whole narrative may be deeply flawed, but the details can be interesting and revealing. The conspiracy theory is wrong, but this does not mean that Shuhayeb is wrong when he says that the Muslim Brothers decided early in 2009 to topple the Mubarak regime and started preparing to attack it.
He is also not wrong when he says that they counted on American support and on the regime’s tendency to try to gain time by postponing significant concessions, thereby multiplying the anger of public opinion.
In my next article I will examine the arguments of those who believe the Americans themselves planned the upheaval and bet on the Muslim Brotherhood. Suffice it to say here that the evidence for this is thin and unconvincing.
However, the Americans are not “innocents abroad,” and their behaviour can explain a lot of what happened.
The sentence that best captures my impression is a simple one: they did not know what they were doing.*


Como puede apreciarse en este final del texto, Aclimandos remonta la corriente oficialista que ha dejado que se responsabilice a la Revolución de lo acontecido después. La doctrina oficial considera el 30 de junio una rectificación de la deriva caótica del 25 de enero. Desde esta perspectiva intenta conjugar dos elementos clave, se presenta como portadora del espíritu que llevó a mucha gente —especialmente los jóvenes, ya que así se percibió el movimiento y lo fue sin duda— a levantarse contra Mubarak y justifica el golpe de estado. La contra pregunta formulada por el presidente al-Sisi estos días en la 6ª Conferencia Nacional de la Juventud. "¿quién nos llamó?" revela ese juego retórico que el régimen mantiene: fue el pueblo el que llamó a los militares y estos respondieron. Fue la excusa para el baño de sangre que supuso frenar las réplicas islamistas al golpe de estado —el "no-coup"—, un punto de no retorno.
Tewfick Aclimandos enjuicia el papel de los norteamericanos como falto de inteligencia más que como conspiradores contra el régimen, como se usó aprovechando el anti norteamericanismo. Recordemos las manifestaciones en contra de la embajadora Patterson, acusándola de connivencia con los Hermanos Musulmanes o los ataques a Hillary Clinton y Barack Obama. Egipto se encuentra entre los tres países más antinorteamericanos del mundo (junto a Turquía, curiosamente). Todo Oriente Medio cree y así se afirma de forma constante que los Estados Unidos crearon el Estado Islámico para destruir Egipto y el Islam. Todo esto, por supuesto, no forma parte de los discursos oficiales —Estados Unidos es aliado y financiador del ejército, además de otras ayudas—, pero sí es alentado y difundido a través de los medios extraoficiales. Es aquello que no necesita ser dicho por conocido.
La paranoia habitual de las conspiraciones se mantiene a lo largo y ancho del espectro y discrepar, como lo hace Tewfick Aclimandos en el artículo publicado en Al-Ahram Weekly y reproducido en junio por Ahram Online, no es fácil. Al menos, no es fácil en un medio oficial; tampoco en un medio opositor democrático, ya que tienden a situarse en la izquierda y ven un enemigo natural en los Estados Unidos, algo que —todo hay que decirlo— les ha dejado aislados frente a la pragmática diplomacia de los islamistas, que sonríen a quien haga falta si les beneficia, algo que hasta el Corán bendice. Y lo supieron hacer, engañaron a todos con su afirmación de gobernar para todos y se dedicaron realizaron una constitución islamista ignorando el sentir de la mayoría.


El siguiente artículo apareció en Ahram Online el día 1 de agosto (aparecerá en la versión impresa de Al-Ahram Weekly un día después, y lo firma esta vez un político, Hussein Haridi, antiguo asistente del Ministerio de Asuntos Exteriores. Su título "Persistent deconstruction" y es una dura crítica a los ataques dirigidos contra Nasser, contra su papel y su legado, en especial lo que el autor considera esencial en el desarrollo de Egipto, la nacionalización del Canal de Suez.
El autor comienza con la denuncia del olvido de estos hechos y de la figura de Nasser:

26 July is of a great historical and strategic significance in the modern history of Egypt. However, this year was a sad one.
In 2018, 26 July came and passed like a meteor. There was no celebration, either officially, nor in the media, whether the semi-official one or in the independent newspapers.
This deafening silence coincided with a fierce campaign against the July 1952 Revolution and late president Gamal Abdel-Nasser.**

El autor, como se puede ver claramente considera el olvido como parte de un ataque a la figura de Nasser. El hecho de que existan partidos nasseristas en la oposición crea un conflicto extraño en un régimen como el egipcio que tiende a fagocitarlo todo, a absorber todos los posibles hitos como parte de la historia que el gobierno encabeza.

Hay dos formas de afrontar la política, como voluntad repartida entre partidos, y otra —la que adopta el régimen— la que considera que el pueblo, el Ejército, el Estado y la religión forman parte de una misma entidad guiadas por una sola mano. Esta retórica es la más usada en un régimen que alza el discurso de la "unidad" frente al fragmentarismo (partidos) y el desgarramiento (los Hermanos Musulmanes y demás islamistas) que supone la destrucción de la "unidad". El problema es que este segundo camino necesita integrar las piezas que no siempre son fáciles de encajar. Es lo que ocurre con la figura y legado de Nasser.
Al-Sisi (y el régimen) se encuentra en el aprieto de tener que encajar una figura de la que los hechos la alejan. Quien cumple esta función con al-Sisi es Anwar El-Sadat, no en vano fue quien se le apareció en sueños para decirle que debía ser presidente y tomar las riendas del país. La figura de Nasser no es fácil de encajar cuando el piadoso Sadat se encargó de deshacerse de los nasseristas por la oposición a las nuevas orientaciones hacia los Estados Unidos e Israel, que se cerró con los acuerdos de Camp David, la llegada de las multinacionales y el dinero al Ejército.
Pero la parte más compleja y directa —también la más clara— es la que Hussein Haridi desarrolla tras establecer la importancia para el Egipto moderno de la nacionalización del Canal:

[...] This year there was seldom a mention of the anniversary. Of course, today’s Egypt is a completely different place of that lost Egypt that had dared to dream.
But it is no excuse for failing to celebrate 26 July. One has a feeling that modern day Egyptians, due to their daily and endless frustrations and lack of confidence in better tomorrows, no longer care about their past, however great that distant past was, and however inspiring that past had been for other nations around the globe.
Maybe someone in power thinks that by neglecting significant and important historical dates in the history of the nation new kind of political legitimacy for the post-June 2013 order will be born.
I am afraid working for a complete break with the high moments of the July 1952 Revolution would only embolden the Muslim Brotherhood, and the forces of the extreme right in the country, in their unending quest to regain power.
There was a parallel to such neglect and the green light to ascribe to the July 1952 Revolution all the political and economic ills of the nation.**


¿"Alguien en el poder"? La sustracción de la figura de Nasser del imaginario egipcio es una maniobra compleja y arriesgada. Nasser sigue siendo una referencia popular y  política, no solo en Egipto, sino en el mundo árabe. Da igual los errores cometidos, la historia es una reescritura constante y se borra lo que se quiera borrar.
La misma queja que se hacía en el artículo anterior, la de responsabilizar de todos los problemas a la Revolución del 25 de enero de 2011, se hace ahora con referencia a la revolución de 1952, la que llevaría a Nasser a la presidencia tras desprenderse del primer presidente, Mohamed Naguib, a quien el otro día citó en la lista al-Sisi.
Los problemas del Egipto actual casan mal con las promesas constantes de futuro, un futuro que se ve cada vez más lejos. Y más injusto. Lo que ha regresado al poder es la suma de intereses personales, gremiales y sociales de una clase que no lo ha abandonado nunca.
Las crisis económicas y políticas, a las que hace referencia el autor del artículo, son sobre todo el resultado del abandono del estado a manos de la rapiña, de la corrupción (cuya denuncia de la cifra total le costó la cárcel a Isham Geneina) y del autoritarismo que garantizaba la impunidad, especialmente en los treinta años del régimen de Mubarak. Hubo tiempo de construir un país moderno, pero la negligencia y el favoritismo lo impidieron. Las cifras de Egipto en sanidad, educación o cualquier otro sector social son claras. Ya hablamos el otro día del impacto de la población, de esos ya cien millones de egipcios a los que no se puede educar, sanar o alimentar y a los que se les quiere retirar el subsidio del tercer hijo después de haber retirado todo.


Hussein Haridi se queja, pues, de la desaparición de la figura de Nasser como artífice de una política propia e independiente. La nacionalización del Canal fue un enfrentamiento con los propios Estados Unidos. Aquí tampoco ha hecho mucho el régimen de al-Sisi,  cuya dependencia de Arabia Saudí ha dado lugar a uno de los episodios más conflictivos, el de la entrega de las islas de Tiran y Sanafir, caso único en las relaciones internacionales en el que un país entrega, regala o devuelve (según la versión) territorio nacional sin discusión. La radicalización del Israel de Netanyahu tampoco ayuda mucho al régimen ni la amistad de Trump, que como era previsible se volvería contra el "fantastic guy".
El autor es muy concreto en sus acusaciones: el olvido de Nasser no favorece al pueblo egipcio, que se ve privado de una de sus referencias. Solo favorece a sus enemigos declarados, la Hermandad Musulmana.
El artículo finaliza con una advertencia:

[...] Going back to the roots, celebrating national anniversaries, like the anniversary of the nationalisation of the Suez Canal, that defined Egypt in the second half of the 20th century, and made the country a symbol for progress, independence and the true incarnation of free national will, as well as turning it into a beacon of hope in the Third World, would make sure that the July Revolution would strengthen and deepen the legitimacy of the June 2013 Revolution.
A break between the two would chip away at the political legitimacy of the post- June political order.
Deconstructing the July 1952 Revolution is a very perilous road to take. Some former Egyptian presidents should have known better.**

De nuevo el sentido de continuidad histórica que los políticos —una cosa legitima a la otra— entra en acción. Es un discurso poderoso, que tiende a mostrar una cadena, a unos como continuadores de los otros. En el fondo, es una retórica providencialista en la que nadie toma decisiones, sino que es "llamado" por Dios o la Historia, o por ambos.
La ruptura de la cadena, como en las maldiciones, traerá consecuencias trágicas. Ni es un mensaje habitual en los medios oficiales. Apunta al interior del "poder" como responsables de lo que ocurre y responsabiliza también de lo que pueda ocurrir. Es este tono de advertencia de alguien que conoce el interior del régimen egipcio lo que resulta más chocante. Parece la idea de que se ha elegido un muy mal camino en muy malas compañías, dejando fuera lo esencial.
El tercero de los artículos va a una cuestión mucho más trivial, pero es la consecuencia lo que da la importancia al texto. Lo firma una joven, Dina Shehata, y apareció hace dos días en Ahram Online. La fecha es importante —los anteriores hablaban de conmemoraciones— porque coincide con un evento político al que se le ha dado importancia mediática y política, la 6ª Conferencia Nacional de la Juventud. Shehata es Investigadora Senior en el Centro Al-Ahram para Estudios Políticos y Estratégicos.
El tema del artículo es algo tan trivial que hasta el presidente se permitió en la Conferencia hacer un chiste sobre ello que fue recogido por los medios. No se trata de otra cosa que del Ki-Ki Dance, la última moda viral, bajarse del coche y bailar a su lado repitiendo los movimientos que le han hecho famoso.
En Egipto podemos pasar de la transcendencia de la Historia a la trivialidad reivindicada como parte de una forma de cultura distante de la oficial. Tras explicar en qué consiste el baile, la autora señala:

In Egypt, the Keke challenge has been performed dozens of times by Egyptian celebrities and lay people and by rich and poor.
Some have performed the dance to the original Drake song, while others have used Egyptian songs instead.
Adding further local flavour, the dance has been performed next to a moving tuk-tuk and to a moving hantour (coach).
Various scenes from old Egyptian movies have also been adapted to the song to show that the Egyptians were the first to do the Keke challenge.
While the Keke challenge is a joyful, youthful expression of the globalised Internet age, the state’s response to the Keke challenge has been predictably grim.
The Ministry of Interior has announced that dancing next to a moving car is a violation of traffic laws and that those who perform the challenge could be subject to one year in prison and a LE3,000 fine.
And while no one has yet to be arrested for performing the Keke challenge in Egypt, the government’s response highlights the widening gap between the dominant culture and youth culture in the country.
On the one hand, Egyptian society is increasingly youthful, with youth constituting approximately two-thirds of the Egyptian population.***


Frente a la retórica de los jóvenes modélicos que asistían a la Conferencia Nacional de la Juventud, Dina Shehata contrapone otra juventud que se reivindica mediática, global y divertida. Es el extremo opuesto que lo escenificado en la Universidad de El Cairo ante un público leal y formal, paternalista y oficial. Es una contestación desde las páginas oficiales de alguien que, por edad, no se identificas con un régimen que ha convertido a la juventud en un grupo adecentado para una fotografía familiar.
No se puede evitar pensar que el artículo es una contestación al propio al-Sisi y su chiste. El 31 de julio, The New Arab titulaba y señalaba:

Egypt's obsession with the Kiki dance is to blame for the rise in gas prices and the failing economy, according to President Abdel Fattah al-Sisi.
During an "Ask the President" conference at Cairo University, Sisi mocked  the viral Kiki challenge, which has swept social media.
The challenge consists of dancing outside a moving car to Canadian rapper Drake's "In My Feelings" song, which has led to the arrest of a number of Egyptians and bans enforced across the region.
"You keep riding cars and doing that Kiki miki thingy," Sisi said before bursting out laughing at his own joke, when speaking about the reasons for Egypt's failed economy.
The audience at the university - presumably feeling like they had no choice - laughed along at the autocrat's joke.
Sisi then turned around to the oil minister and jokingly said: "Hey, Engineer Tarek raise the price of petrol and don't worry," before he continued laughing.****


Hay que reconocer que el sentido del humor de al-Sisi no es precisamente agudo para las situaciones en las que se encuentra. No contentos con diseñar la "moral" y el "carácter" de los egipcios —como vimos hace unos días— parece que ahora le toca al sentido del humor.
Ligar el hundimiento de la economía egipcia, aunque solo sea como un chiste, a la juventud no es demasiado inteligente. Tampoco hacer chistes a su costa, especialmente cuando hacer chistes sobre al-Sisi te cuesta la cárcel, en donde ya hay algunos que han pagado su sentido del humor unidireccional. El último ha sido el rapero y poeta Galal el-Beheiri, condenado a tres años de cárcel hace unos días por "insultar al ejército", es decir, grabar un vídeo en el que hace como que desfila y saluda. No, no es bueno hacer chistes desde el poder porque se vuelven contra ti.


Es en este contexto en el que hay que entender el artículo de Dina Sehata, en este enfrentamiento asimétrico en donde el poder puede reírse de los jóvenes y de sus trivialidades en mitad de la pomposa Conferencia Nacional de la Juventud.
Explica la investigadora del Al-Ahram Center:

On the one hand, Egyptian society is increasingly youthful, with youth constituting approximately two-thirds of the Egyptian population.
Through growing access to technology, Egyptian young people have become part of a larger global culture and have embraced many of its values, including a yearning for a more liberal and democratic society where young people can express themselves joyfully and freely.
The dominant culture, on the other hand, is hierarchical, patriarchal, authoritarian and conservative. The state partakes in that culture and strives to enforce its values by exercising near complete control over the public sphere.
The arts and culture are seen in this paradigm as a means to advance nationalist and traditional values rather than as expressions of societal pluralism and diversity.
Hence, by tightening control over the media, the arts and culture, and civil society organisations through a variety of laws and regulatory institutions, old Egypt has left little space for young people to express their youthfulness and identity and has frowned upon independent expressions of youth culture.***

Son palabras dura y más viniendo desde el ámbito de la administración, en un medio oficial y tras la Conferencia en la que se consagra que los jóvenes están embelesados con al-Sisi.
Es un rechazo frontal a una cultura que es definida, como se ha señalado, como "hierarchical, patriarchal, authoritarian and conservative". Es difícil decirlo de forma más concisa. Los cuatro elementos retratan a la perfección lo que es el régimen de al-Sisi y su distancia de los jóvenes y sus intereses, algo que el régimen ya ha comprobado con su abstención masiva en las elecciones presidenciales.
El final del artículo es también de enorme claridad:

Thus, while seemingly trivial, the controversy over the Keke challenge is the latest instance among a series that highlights the widening gap between the young and the old in Egypt.
However, the dominant culture must eventually give way to a new and younger Egypt. Given the new technologies, it would be a Sisyphean effort to try to mould young minds using the methods of the previous century.
Young people today have access to alternative sources of information and are part of a global culture that promotes freedom, individuality and diversity.
Attempting to stifle and control all means of youthful expression can only be counter-productive in the short run and impossible in the long run.***

El juego de palabras entre "Sisi" y "Sísifo" no deja de ser un síntoma de rechazo de una cultura impuesta a los jóvenes desde el poder. Es esa juventud forzada a reírse de los chistes del presidente.
También aquí, como en los casos anteriores, se advierte de lo contraproducente de la política seguida. También aquí se considera que tendrá efectos negativos para el propio régimen. Lo que no queda claro es quién es el destinatario, el interlocutor. Hasta el momento, los que se querían quejar, se dirigían al presidente. Era, en el fondo, una forma de evitar la confrontación directa diferenciando gobierno y presidencia, régimen y presidencia. Ya no se recurre a eso. Lo más a ese "alguien en el poder".


A través de estos tres artículos se percibe un movimiento. No me refiero en absoluto a que hay un movimiento organizado, pero sí a que se percibe un cierto hartazgo producido por la llegada a su límite por el régimen de al-Sisi, una prolongación del de Hosni Mubarak, el innombrable pero rescatado presidente. Desde las primeras elecciones presidenciales se advirtió de su regreso lento pero seguro al primer plano. La creación de un partido político nacional, anunciada en el parlamento y de una falsa oposición augura que el régimen quiere repetir el modelo, treinta años en el poder. Y si pueden ser más, mejor.
Son muchos los movimientos de cansancio, de hartazgo por una retórica del éxito que no le llega a la gente más que como represión, recortes de subvenciones, subidas de precios, censura y la creación de un  nuevo patriotismo militarista y policial, amparado en lo religioso como forma de mantener alejados a esos definidos como peligros: ateos, LGTB, feministas, artistas, etc.
Pero no podemos soslayar un hecho, su publicación en Al-Ahram y Ahram Online, periódicos estatales tradicionalmente al servicio del poder. La debilitada prensa independiente tiene que tener cuidado para no ser arrancada del panorama mediático mediante detenciones, cierres o cualquier otra fórmula que sirva para silenciarla. Los artículos han salido, lo que daría muestra de cierta respuesta  desde dentro o incomodidad. La situación de malestar por lo acontecido con las nuevas leyes e instituciones de control de los medios y profesionales no debe ser ignorada. Tampoco el malestar que pueda haber ocasionado entre los militares el trato humillante dado al ex jefe militar Sami Anan, detenido por querer competir en las presicenciales con al-Sisi mediante maniobras administrativas, tema poco tratado pero que está ahí y del que han dado cuenta medios exteriores. Todo ello pesa en la forma de percibir las medidas económicas y sus efectos.
No sabemos el alcance de todo esto. No se trata de anticipar nada. Solo es la constatación de un malestar, de que la "sisimanía" pasó a mejor vida atrapada en su propio mesianismo y falta de realidad. No se puede controlar todo; menos todavía, todo el tiempo. La perspectiva de que el régimen no solo pretende perpetuarse sino que está empeñado en un proceso de adoctrinamiento general, como se ha podido ver es más de lo que la paciencia de muchos pueden aguantar. Mubarak no pretendía que le amara; al-Sisi, sí.
Nuestro artículo de hoy ha resultado más extenso de lo esperado, pero creo que era necesario realizar el comentario conjunto de estos tres textos. Si has tenido la paciencia de llegar hasta aquí, gracias.



* Tewfick Aclimandos "State actors and the revolution" Ahram Online 27/06/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/305704/Opinion/State-actors-and-the-revolution.aspx
** Hussein Haridy "Persistent deconstruction" Ahram Online http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/308903/Opinion/Persistent-deconstruction.aspx
*** Dina Shehata "The state vs the Keke challenge" Ahram Online 3/08/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/308998/Opinion/The-state-vs-the-Keke-challenge.aspx
 **** "Sisi is now blaming Kiki for Egypt's failing economy" The New Arab 30/07/2018 https://www.alaraby.co.uk/english/blog/2018/7/30/sisi-is-now-blaming-kiki-for-egypts-failing-economy





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