miércoles, 8 de agosto de 2018

Con Trudeau y los derechos humanos


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La información de la agencia Reuters desplaza en titulares el foco de la disputa entre Canadá y Arabia Saudí a los Estados Unidos, "Canada to ask allies to help cool Saudi dispute; U.S. offers no aid"*. Y hace bien, es significativo que los Estados Unidos de Donald Trump abracen saudíes mientras se mantienen distantes (o insultan a Justin Trudeau, como hizo Trump tras la última reunión del G7 a primeros de junio) de un país democrático como es su vecino Canadá. Pero así es la política seguida por Trump.
El conflicto se ha producido estos días tras las críticas a Arabia Saudí por parte de Canada respecto a las cuestiones de los Derechos Humanos, en especial, a los derechos de las mujeres. Arabia Saudí ha expulsado al embajador canadiense, ha hecho volver al suyo desde Canadá, ha suspendido los acuerdos comerciales y le ha pedido a las 15.000 estudiantes saudíes en universidades canadienses que regresen a casa, según  la información de Reuters.


La cuestión que se plantea es importante porque están por medio los Derechos Humanos y la forma de enfocar las relaciones entre países. Una constatación: el hecho de ser "aliado", "socio" o "comprador" permite pisotear los Derechos Humanos, es decir, los gobiernos anteponen los intereses económicos o estratégicos (o ambos) a lo que debería ser prioritario, la defensa de los pueblos que padecen la represión de sus gobiernos, que viven en constantes limitaciones más o menos cruentas según los casos. El propio gobierno canadiense se ha encontrado con una disputa interna, la ocasionada por la venta de vehículos militares a Arabia Saudí.
El régimen de Arabia Saudí es uno de los más retrógrados sobre la faz de la tierra; ya lo es entre los demás países islámicos. Sin embargo, las alianzas estratégicas en la zona y el petróleo (su peso en la OPEP) le convierten en prácticamente intocable. Occidente hace negocios con él de forma habitual. Los negocios son cuantiosos pues es la forma de asegurarse la "tranquilidad": mientras ellos puedan comprar o invertir en otros países tienen asegurada la protección. Velan por ellos los mediadores y los beneficiarios directos de los negocios. La excusa, claro está, es la seguridad de la zona, una vez establecida la idea de que las "revoluciones" democráticas en la zona traen desorden y las dictaduras, en cambio tranquilidad y prosperidad.


Lo hecho por Canadá es atípico y la fuerte reacción de Arabia Saudí solo tiene sentido para evitar que vean debilidad y que son criticados. La pretensión de los gobiernos islámico-teocráticos, oficial o extraoficialmente, de que son intocables tiene el fundamento mantener la idea de que son respetados en el mundo exterior. Es la forma de desalentar a los disidentes. ¿Qué ánimo se tiene para luchar en tu país si ves que los gobiernos extranjeros que dicen defender la democracia y los derechos humanos abrazan efusivamente a estos dirigentes autoproclamados como elegidos por Dios? La maquinaria propagandista interna y la férrea censura hacen el resto. Los que se saltan los bloqueos acaban mal, en la cárcel o en el patíbulo, con la cabeza cortada.
En 2015, el diario ABC se preguntaba en un titular "¿Por qué son casi idénticos los castigos en Arabia Saudí y en el «Estado Islámico»?" y llegaba a la siguiente conclusión:

La aplicación de mil latigazos -además de la pena de prisión- a un conocido bloguero, y la decapitación pública de una mujer, han vuelto a situar a Arabia Saudí a la cabeza de los regímenes con castigos más estremecedores para quienes infrinjan sus leyes. La diferencia en materia de castigos entre el sistema saudí y el yihadista que ha establecido un «califato» en el norte de Siria y de Irak se reduce casi a la publicidad: el Estado Islámico (EI) los difunde por internet, y Riad en cambio prohíbe que se filmen o se fotografíen. Hace pocos días, las autoridades saudíes encarcelaron a un funcionario de prisiones que tomó fotos de una decapitación pública.**


En efecto, nada complica más las relaciones exteriores que esas fotografías de ejecuciones de hombres o mujeres. Es lo que más daño hace a su imagen, construida a golpe de silencio y talonario. Los países "socios" o "aliados" tampoco están muy interesados en que salgan estas noticias que comprometen su situación ante la opinión pública en su propio terreno. Son ellos los que deben aguantar las acusaciones de los grupos de derechos humanos o de los exiliados. Esto vale para vehículos militares, como el propio Canadá, o para un tren de alta velocidad a La Meca, como España.
El diario explicaba esa identidad jurídica y penal señalando que ambos beben de la misma madre ideológica, el wahabismo, nacido en el siglo XIX en la propia e inexistente entonces Arabia Saudí. Aclaraba ABC entonces:

El pasado 16 de diciembre, el Estado Islámico publicó una lista de delitos, con sus respectivos castigos, para su difusión en los territorios que controla militarmente. Son crímenes «hadd», que los yihadistas consideran «contrarios a los derechos de Dios» y proceden de la tradición de los «hadith», los dichos del profeta Mahoma. En teoría son de obligado cumplimiento para todos los regímenes islámicos, pero solo los aplican en sentido estricto Arabia Saudí y el «califato terrorista».
La blasfemia, el asesinato y la práctica homosexual están castigados con la muerte: a espada y en plaza pública, en Arabia Saudí, o a cuchillo en los territorios del EI. El adulterio se paga con la lapidación en los dos territorios. El robo, con la amputación de una mano. El asesinato con robo, con la crucifixión en el Estado Islámico y la decapitación en Arabia Saudí. El consumo de alcohol, con la pena de flagelación. Se desconoce el número total de ejecuciones aplicadas por los yihadistas del EI, pero diversas oenegés estiman que Arabia Saudí ejecutó en 2014 a 87 personas; en las primeras tres semanas de este mes ya han sido decapitadas 15.**

Un bonito repertorio penal que complica mucho la vida de los gobiernos "amigos". Pero los saudíes tienen la espada en una mano y la billetera en la otra, lo uno vale por lo otro. Una de las más sorprendentes campañas es la que promociona la "apertura" del nuevo príncipe coronado. Falta poco para convertirle en la Madre Teresa, presentando como enormes logros y liberalidad que pueda haber salas de cine o que las mujeres puedan conducir. El listón estaba tan bajo que cualquier cosa —que ha tenido detractores y resistentes dentro— aparece como un logro inmenso.


El mundo se ha conmovido porque las mujeres saudíes pueden aprender a conducir e incluso salir con un coche; está por ver si solas o acompañadas. Es un logro para ellas, pero no significa nada en cuanto a la valoración del régimen.
Las mujeres saudíes han dado —algunas su vida— por una pocas migajas que, cuando hay hambre, parecen colosales festines. Pero no es más que una ilusión: el régimen sigue tan retrógrado como siempre. Se ha hablado de la "revolución silenciosa" de las mujeres saudíes. Es cierto, no es el régimen quien evoluciona, sino que las mujeres han tenido el valor de reivindicar sus derechos.

En las concesiones mínimas tiene mucho que ver la estrategia económica a largo plazo. Los saudíes saben que su única fuerza es el petróleo y el añadido de no beligerancia con Israel, que está en segundo plano. Aquí también se trata de una estrategia interesada: no quieren que Hamás y otros grupos islamistas vinculados a los Hermanos Musulmanes tengan acceso al poder. Son rivales en las ideas. Si el Estado Islámico y Arabia Saudí comparten una misma visión del islam, de corte wahabita, los "islamistas políticos" tienen su propio credo y agenda y no ven con buenos ojos las monarquías. Como suele ocurrir, una competición por ver quién está más cerca de la virtud y la piedad. Por supuesto, todos son enemigos de los laicos y reformistas que tratan de separar religión y política o, si se prefiere, las creencias religiosas de la vida pública. Pero esto no solo es inadmisible sino fuertemente castigable, la muerte directamente, como bien señalaba ABC.
Si más gobiernos hicieran lo que ha hecho Canadá (o lo que hizo Italia retirando más de un año a su embajador por la desaparición, tortura y asesinato del estudiante Giulio Regeni), habría más credibilidad por parte de los pueblos, que verían que la solidaridad con ellos no es solo palabrería.


Puede que Justin Trudeau se haya ganado algunos enemigos poderosos por hablar de los derechos humanos en Arabia Saudí, pero es seguro que muchos le habrán agradecido el gesto, incluidos muchos saudíes y la mayoría de los canadienses que le eligieron para algo más que mirar para otro lado. El compromiso era obligado, según explica Alex Neve, secretario general de Amnistía Internacional de Canadá:

There are likely two reasons Canada stepped in now, Neve said. One is Trudeau’s public commitment to women’s equality and human rights issues as a matter of foreign policy. The most recent arrests, he said, are “symptomatic of a crackdown on women’s rights activists that has intensified quickly over the last three months.”
The second, Neve said, is a matter of who was arrested: Nassima al-Sada and Samar Badawi. Badawi, a prominent activist who has been jailed before for her work, is the sister of Raif Badawi, a dissident blogger also currently under arrest in Saudi Arabia. Raif’s wife Ensaf Haidar lives with the couple’s children in Quebec, where they recently became Canadian citizens.
“That obviously brings both of their cases much closer to home,” [Alex] Neve said.***


La respuesta de Arabia Saudí ha sido como un estallido. A lo antes ya citado, ha retirado a los enfermos hospitalizados con tratamientos en Canadá y les ha buscado nuevos destinos, según informa Global News de Canadá.
La falta de respeto de Arabia Saudí por los Derechos Humanos no es su preocupación. Lo es, en cambio, que otros se lo recriminen oficialmente. La gigantesca campaña de imagen intentando mejorar al régimen a los ojos del mundo se quiebra cuando salen a la luz la situación cotidiana, la que les toca vivir. Las pocas reformas hechas —aquí hemos recogido algunas en estos años— no van a cambiar la situación real de las mujeres o de los que reclamen otro tipo de mejora democrática. El régimen de esta monarquía teocrática está a años luz.

El temor es a que el ejemplo dado por Canadá al criticar al régimen saudí pueda extenderse y se les complique la vida. La pérdida de sentido solidario internacional es palpable. En su lugar, solo queda ya sitio para los negocios y las alianzas mirando para otro lado. Arabia Saudí es intocable; ese es el mensaje que mandan todos los que miran para otro lado. Es así como uno de los regímenes más retrógrados del planeta, de donde sale mucho dinero oscuro para financiar doctrinas poco saludables, se crea un cinturón de seguridad.
Que Estados Unidos de Trump se inhiban y tenga mejor trato con los saudíes y dictadores de la zona que con Canadá lo dice todo. Aquello que se dio en llamar la "comunidad internacional" y que servía para evitar los excesos de las dictaduras ha desaparecido en beneficio del cálculo y el interés, algo que complace a inversores y déspotas. Las condenas en las Naciones Unidas se quedan en casi nada, en una pequeña vergüenza que dura unos días. Nada hay más peligroso que los dictadores con dinero. Lo son porque compran el silencio abriendo sus negocios a los que los aceptan. Siempre hay personas, grupos, empresas, países... dispuestos a aceptar lo que llega sin mirar el sufrimiento que ha producido. Pero no es ético enriquecerse con el sufrimiento y la falta de libertades de otros.
Nos sumamos desde aquí a la condena del encarcelamiento de Nassima al-Sada y Samar Badawi y pedimos su liberación. Tienen que seguir trabajando por las mujeres saudíes. 
Hay mucho camino por recorrer. Que no estén solas.


* "Is Canada being inconsistent about human rights concerns in Saudi Arabia?" Global News (Canadá) 7/08/2018 https://globalnews.ca/news/4374991/canada-saudi-arabia-human-rights-concerns/ 
* "Canada to ask allies to help cool Saudi dispute; U.S. offers no aid" Reuters 7/08/2018 https://af.reuters.com/article/worldNews/idAFKBN1KS23K
** "¿Por qué son casi idénticos los castigos en Arabia Saudí y en el «Estado Islámico»?" ABC 23/01/2015 https://www.abc.es/internacional/20150123/abci-castigos-arabia-saudi-califato-201501221323.html
*** "Is Canada being inconsistent about human rights concerns in Saudi Arabia?" Global News (Canadá) 7/08/2018 https://globalnews.ca/news/4374991/canada-saudi-arabia-human-rights-concerns/





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