domingo, 18 de septiembre de 2022

La matanza de Izium y las Zetas barcelonesas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La incapacidad de Putin para controlar el discurso internacional hace depender su suerte de poder controlar los discursos interiores. Una guerra entre vecinos solo se puede saldar por un golpe en la retaguardia. Invadir es colocar al enemigo dentro, en la retaguardia. La invasión solo puede sostenerse en el exterminio y no están los tiempos para esto y menos una súper potencia que no solo no ha ascendido sino que se ha condenado ella misma al marginarse de la comunidad internacional. Putin solo logra aliados comprometidos allí donde hay dictadura, autoritarismo y control mediático. Lo dem.as es pleno rechazo en cada acción.

El descubrimiento en la ciudad de Izium de más de 400 cadáveres con signos de tortura es una muestra descarnada de lo que le supone de desgaste a Rusia el ocupar poblaciones. En más de una ocasión hemos calificado la guerra que Rusia ha montado como un absurdo, como algo cuyas opciones son todas negativas para Putin. Una vez movido el ejército ruso, no les queda otra opción que arrasar y masacrar porque quedan rodeados de ucranianos, es decir, quedas envuelto por tu propio enemigo. Las torturas  a los civiles son algo más que sadismo; son una consecuencia del absurdo del movimiento realizado.

Durante siglos, Rusia (no solo ella) impuso su imperio devastando lo conquistado, desplazando las poblaciones ocupadas hasta los confines de su imperio y reemplazando a los exiliados por campesinos rusos, que quedaban así constituidos como nuevas poblaciones rusas. Pero los tiempos no están para este tipo de operaciones mediante las que, por ejemplo, se convierte al prusiano Kant en filósofo ruso cambiando Könisberg por Kaliningrado, tal como hizo Rusia anexionándose el territorio en 1945. Hoy es una evidencia histórica y geográfica de una forma anticuada de proceder.

Pero Ucrania es un poco más grande que Könisberg y ya no están los tiempos para estas prácticas rusas para hacerse con enclaves estratégicos. Pese a ello, lo hizo con Crimea hace unos años y todavía padecemos las consecuencias de esta visión del ejercicio violento del poder.

Izium es la muestra más clara de que Putin no puede ganar esta guerra. Esas 440 tumbas encontradas hasta el momento son la muestra evidente de que los ucranianos ni se rinden ni se van a rendir. A Rusia solo le queda la opción de matarlos a todos, de torturarlos y mandarlos a la tumba, si quiere ganar esta guerra.

La motivación ucraniana está clara, defiende su tierra, su futuro. La rusa es una ficción nacida del Kremlin: van a liberar a dos provincias rusófonas (ya sabemos por qué) de "las garras del fascismo". Esto habría funcionado si la guerra hubiera terminado en un par de días y hubieran regresado sonrientes y entre aplausos, con el público agitando banderitas. Pero cuanto más tiempo pasa, menos creíble es y, por ello, más se resquebraja la mentira del Kremlin.

Por todo esto las voces de disenso se amplían por toda Rusia. Con este panorama, a Putin se le abren tres frentes: el ucraniano, el internacional y, finalmente, el ruso, el de la disidencia, el de los que no se creen nada y empiezan a pagar las consecuencias de las acciones de Putin. Por eso las sanciones han ido mayoritariamente hacia el entorno de Putin, a los que le apoya de forma decidida. Se trata de someterlos a la decisión difícil de elegir entre el patrón y el patrimonio, entre Putin y las fortunas que han acumulado a su sombra. La caída de disidentes por las ventanas, los muertos por envenenamiento, etc. son el resultado de la discrepancia. Esta ha ido descendiendo hacia capas más amplias que las de los oligarcas. Ya tenemos firmas de concejales rusos pidiendo su dimisión y la declaración de traidor, como hemos visto días pasados.

 

Cada población que se recupera por los ucranianos no es solo una victoria. Es también una acusación histórica contra Putin, la forma en la que pasará a la Historia. Su intento de volver al imperio se basa en el miedo y en la conquista en un mundo que se había globalizado y quería crearse sobre el comercio.

Rusia se ha cerrado sola las puertas del futuro. Los países occidentales han de medir muy bien los pasos y estar atentos a los movimientos internos del país. Toda la firmeza frente a Putin no debe dar a los rusos la sensación de que Putin les "defiende", sino que él es el obstáculo. Pero a la política errática de los Estados Unidos no le va a resultar fácil contenerse, pues está necesitada de "triunfos" tras los desastres causados en Afganistán y otros puntos en Oriente Medio, que han permitido regresiones apoyada, precisamente, por Rusia en varios casos.

Casi todo lo que nos llega permite contemplar que esto se le está escapando a Putin de las manos. Los sectores más radicales piden destruir Ucrania, arrasarla y hasta fusilar a los generales que fracasan en el frente, que no logran vencer a los ucranianos. Todo ello calienta a Rusia. Habrá un punto crítico en el que la situación de Putin pase a ser defensiva.

Por lo pronto, ninguno de sus objetivos se ha cumplido, tampoco sus justificaciones. Lo que ha hecho es acelerar la defensa de Europa en zonas que antes abogaban por distanciamiento o neutralidad. Ahora buscan el amparo de la OTAN y de la Unión Europea. No creo que esta fuera la previsión de Putin.

Las noticias de estos días no hablaban de pintadas prorrusas en zonas de Barcelona, de esas Zetas con las que se pintaban los tanques rusos y que parecían reproducirse en las victorias. Su aparición en diversos espacios de Barcelona es raro. Es cierto que algunos independentismos han hecho buenas migas con Putin, siempre atento a todo lo que desuna y debilite a Europa, pero tampoco hay que sobrepasar los límites del ridículo en exceso. No sé quiénes son los autores de dichas pintadas, pero no se hacen ningún favor ni podrán crear ningún tipo favorable de clima a lo que en estos momentos es pura barbarie en Europa. ¿Quizá los que añoran el rico turismo ruso? ¿Amigos imperiales? No es fácil ponerse en la mente de quien se dedique a ello.

Quizá sean rusos que, en la distancia, echan de menos el imperio, pero no se atreven a volver. Rusia les habría supuesto un elevado riesgo si el signo hubiera sido contrario. Es fácil ser prorruso lejos de Rusia, supongo que una multa de los Mossos por hacer pintadas; no lo es tanto ser anti Putin en Rusia o simplemente estar en contra de la invasión y la tortura, signos por los que su presidente pasará a la Historia. Ni su torso desnudo ni la caza de osos ni sus llaves de judo con adversarios benevolentes, etc., solo por sus crímenes. Quizá sus asistentes le acerquen en el desayuno las fotos de cómo en Barcelona se valoran las acciones rusas. Quizá levante un ceja y esboce algo parecido a una sonrisa. Que no se engañe.


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