sábado, 17 de septiembre de 2022

Otra economía es necesaria

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Con cada nuevo dato sobre nuestra economía descubrimos la triste realidad en la que nos encontramos. Tenemos un crisis europea, pero con profundas y desgraciadas marcas españolas que la hacen profundamente nuestra, en el peor sentido posible de la palabra.

La palabrería sobre las crisis empieza a ser una insufrible demagogia cuando descubrimos que cada una de ellas nos ha dejado más débiles o, si queremos ser más precisos, ha hecho a los ricos más ricos y ha hecho aumentar los niveles de pobreza y endeblez económica.

Hace muchos años, muchos años antes de pandemias y demás, calificamos a la economía española como la "casa del primer cerdito", a la que basta con un simple soplido para hacerla volar por el aire. Desgraciadamente no solo está situación sigue sino que además ha empeorado. Las crisis en Europa solo sirven para dejar en evidencia la inutilidad de la política española, cuya energía se sigue yendo a través de los múltiples agujeros de la demagogia, aquellos mediante los que los políticos cubren su ineptitud. La energía, los fondos, los esfuerzos, etc. se nos van por el desagüe. Los problemas reales quedan escondidos detrás de los fuegos artificiales con los que los políticos y los medios nos hacen mirar hacia el cielo para evitar que veamos el destrozado suelo que pisamos. No hay otra.

Esto se nota cuando vemos que nuestros números negativos son siempre los peores de Europa mientras que en los positivos estamos a la cola. La precariedad del empleo, las bajadas de los salarios se traducen en esta crisis en las noticias que nos llegan: las nuevas y crecientes colas del hambre.

—¿Ha notado usted un aumento de los ancianos en la compra?

La pregunta se la hice a la cajera de mi centro comercial. Delante de mí había pasado un anciano que había hecho su compra. La larga cola que se forma por la reducción de personal en las cajas abiertas (ahora solo la mitad) permite apreciar a los ancianos, muchas veces en parejas, yendo ellos a comprar.

La cajera movió la cabeza en señal de asentimiento mientras sus cejas se elevaban indicando cierta pena. Esa elevada presencia muestra que ya hay muchos pensionistas que están por encima de los salarios, que siguen a la baja ante la crisis de las empresas. La inflación se lo está comiendo todo en aquellas familias que apenas llegaban a fin de mes. Ante esta situación, los mayores han acudido en apoyo de las familias con sus pensiones e incluso a vivir con sus hijos. Ves en las colas cómo va una familia con un anciano que paga una parte o la totalidad de la cesta de la compra. Ves cómo en el cine son los abuelos los que pagan las entradas de sus nietos e hijos, los que les invitan a las palomitas, ya que los padres no pueden.

Otros van más veces a hacer la compra. Cada vez compran cantidades menores para ajustar el gasto. La inflación hace que puedan comprar menos y van más veces al mercado. Ves a la gente revisando los productos en las zonas de mitad de precio, allí donde los alimentos que están cerca de la caducidad se amontonan.

Son pequeños indicadores de que hay algo profundo que nos está afectando profundamente. Pero ¿qué ocurrirá cuando estos padres de hoy lleguen a ser abuelos? Mientras los ancianos se quejan de las malas condiciones de las residencias, mientras seguimos sin saber las muertes por negligencias en las residencias durante la COVID, algunos ven en ellas el "negocio que prospera", el futuro.

España ha crecido sin plan, sin orden y generando profundas diferencias que hoy, mitad de la crisis,  se ven con claridad. Nuestros políticos y nuestro sistema político han creado más divisiones cuando más necesaria era la unidad y la firmeza para controlar las fuerzas que buscan su propio beneficio. Han preferido pelarse y sacra rendimiento electoral a construir un país más firme. Se han dejado llevar por las fuerzas del "ladrillo" y del turismo; han preferido bares a fábricas y campos de golf a los agrícolas. Han dejado que España se desequilibrara demográficamente envejeciendo ante la imposibilidad de tener casa e hijos; han hecho que la gente abandone los pueblos ante la incapacidad de acceder a los servicios sanitarios, educativos, transportes, etc. Más que la España "vaciada" ha sido la España "desalojada". De ello se han valido los especuladores de las viviendas que hacían que comprar fuera una "inversión", la hucha española a la que muchos no podían acceder.

Todo esto no es nuevo. Cada crisis ha dejado al descubierto la falta de norte de la sociedad española, distraída por los capotes que los políticos, de uno y otro signo,  han hecho revolotear ante nuestras caras. Del deporte a los festejos populares, todo nos ha hecho mirar hacia una mano mientras la otra se movía con impunidad. La política se ha convertido en una forma de vida y no en una forma de servir a la comunidad. Es más bien una forma de servirse de ella. Van llegando promociones jóvenes a la política que la toman como una profesión en la que basta con labia y dialéctica. No hace falta saber más. ¿Qué problemas van a resolver?

Los españoles necesitamos de una seriedad que no encontramos. Ni siquiera digo que la "pedimos"; vivimos en esa especie de nube que nos hace pensar en el fin de semana, es decir, cuando nos gastamos lo que hemos ganado en los cinco días anteriores. Preferimos no mirar.

Se acercan tiempos difíciles para esta fórmula española. La economía europea está en crisis, lo que hace que nosotros padezcamos la nuestra más la de ellos, que deberían estar aquí gastando euros, libras y dólares en nuestros chiringuitos y centros de diversión, cultura, espectáculo, etc. montados para ellos.

Hay que pasar de esta economía dependiente a otras formas de producción en la que podamos controlar en alguna medida nuestros destinos. Para ahorrar energía, los alemanes tienen planteado subvencionar a los ancianos y que se vengan a la soleada España. Es un ejemplo de cuál es nuestra forma de ingresos. Sin subvención hay zonas enteras que viven mirando al cielo doblemente, al sol y a los aviones que llegan de Londres o Frankfurt. Una vez que nos quedamos sin rublos rusos, hay que buscar clientes.

Los jubilados alemanes recibirán un bono para pasar el invierno aquí y nos gastar gas en su país: lo gastarán aquí. Ya están ofreciendo puestos de cuidadores de ancianos alemanes, muy bien pagados en comparación con los sueldos que pagamos.

Creo que hay que aspirar a algo más como país. Nada me crea más tristeza que ver esas inútiles discusiones en todos los niveles de la política, discusiones hechas para llamar la atención, malas versiones de las lecciones de manual de marketing político. España tiene que dedicar todas sus fuerzas a construir un sistema más eficaz, más justo y que piense más allá del día a día. Necesitamos crear un futuro para los que vienen y para los que van a depender de todos.

Necesitamos repensar lo público y ver en ello lo común. Si seguimos desmantelando y hundiendo lo que es común (la enseñanza, la sanidad...) para hacer negocio particular con ellos tendremos que pasar por vergüenzas como la de los ancianos denunciando el estado lamentable de sus residencias y un trato que ellos mismos califican de "inhumano", tendremos que seguir comprobando que nuestro fondos se van en hacer ricos a amigos y familiares comisionistas ("¡pa' la saca!") y, en fin, comportamientos de gente que no tiene más que un sentido "deportivo" del país, que puede quedar campeón de lo que quieran, pero que se va distanciando de sus oportunidades históricas de crecimiento justo, de un horizonte estable.

No se crea siempre lo que le cuenten. Mire lo que tiene alrededor y vea las diferencias.


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