martes, 3 de noviembre de 2020

Tensa espera

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


No creo que haya habido elecciones percibidas tan intensas fuera de los Estados Unidos como lo que nos espera mañana. Si se pudiera, el mundo votaría en masa. De no ser por la pandemia las recomendaciones de no crear situaciones de riesgo, es probable que muchos hubieran montado sus propias urnas para poder hacer terapia. Sería justo que, después de cuatro años de padecer a Trump en la Casa Blanca, la gente reclamara el derecho a un desahogo, a votar aunque sea un simulacro. Pero seguro que se liberaban tensiones y así los Estados Unidos serían conscientes del profundo desagrado que ha dejado su presidente por el planeta y que, indudablemente, les afecta a ellos.  Puede que el "America First!" se pueda traducir como "¡no me importa el resto!", pero indudablemente tiene un impacto en la percepción global y las relaciones internacionales. Muchos medios insisten, aunque ganara Biden, la situación ha cambiado y la confianza en Estados Unidos se ha hundido. Trump lo ha logrado: todos han comprendido que necesitan alejarse y buscar sus propias políticas de desarrollo para evitar la dependencia y las imposiciones.

En la prensa de diferentes países comprobamos que, en efecto, la pugna Trump vs. Biden ha logrado concentrar la atención de los medios y de las audiencias. Son algo más que elecciones norteamericanas. Siempre lo son, pero esta vez la preocupación de todos es mucho mayor. La experiencia de cuatro años así lo augura. 

Parece que la resolución puede tardar, como ya ha ocurrido con anterioridad días o, incluso semanas. Trump ya ha dicho que todo lo que no sea ganar él será recurrido ante los tribunales. No acepta perder. Y es esto lo que está sembrando miedo, la palabra que más se repite ante lo que pueda ocurrir tras las votaciones, en un recuento largo y tenso.

Las preocupaciones —ya lo hemos comentado ayer— vienen por el acopio de armas que algunos han hecho. Pero esto es solo una parte. Diversos artículos muestran el problema que se puede plantear con la difusión de las noticias. Esta, primero, el que sean verdaderas o falsas; pero también hay preocupación por lo que puedan desencadenas.

Las grandes plataformas digitales se han conjurado para resistir a la tentación, en un insólito caso de autocensura, de dar demasiado pronto unos resultados que se pueden volver problemáticos.


Lo normal en estos casos era anticipar algún tipo de encuestas al cierre de las urnas, pero esta vez no va a ser así. Nadie parece querer asumir la responsabilidad de dar una información, verificada o estimada, que pueda lanzar a la calle a los energúmenos que andan sueltos por los estados norteamericanos. Es, como digo, una situación insólita ante la responsabilidad que lleva.

En La Vanguardia, Beatriz Navarro, desde Washington resalta esta circunstancia con el titular "Y el ganador es… quien diga la agencia AP". Señala la corresponsal que en USA son los medios quienes hacen la proclamación de los ganadores con los datos estimados. Pero esta vez no es tan sencillo. El gran despliegue de la AP para cubrir los principales centros y dar informaciones sobre los resultados puede verse truncado. Navarro cierra así su crónica:

Todos los medios de comunicación norteamericanos tienen una gran presión para no cometer errores pero la televisión amiga del presidente –a la que llama improvisadamente para que le den paso en antena cuando quiere decir algo- tiene mañana una especial responsabilidad para no amplificar las posibles noticias falsas que puedan surgir a lo largo de la noche, sea quien sea la fuente, incluido el comandante en jefe. En un ambiente político marcado por la desinformación, las teorías conspiratorias y la falta de credibilidad de los medios de comunicación, muchos temen que la frustración por un resultado adverso o la sensación de que alguien ha robado las elecciones lleven a escenas de violencia y desórdenes en las calles. Washington y otras grandes ciudades se han blindado en previsión de lo que pueda ocurrir.*

La televisión "amiga del presidente" es, por supuesto, la FoxNews, un punto desde el que se puede desarrollar una política informativa incendiaria y que el propio Trump puede usar como altavoz directo. La ha usado en ocasiones con solo descolgar el teléfono en cualquier momento y entrar en directo.

Los medios han recogido también las normas que las grandes plataformas digitales han establecido para evitar convertirse en espacios de desinformación. Es el temor que a todos preocupa por la amplitud del alcance y lo incontrolable de las reacciones que puede desencadenar. Por mucho que se vigile, estas plataformas pueden ser incontrolables.

Es probable que estos miedos no tuvieran lugar de no tener los precedentes de la difusión de noticias falsas por parte esencialmente de Trump y los grupos que le respaldan más allá del propio partido republicano. El uso previo marca una tendencia peligrosa que ha hecho saltar las prevenciones ante lo que no podemos llamar lo inesperado. ¿Hasta qué punto es fiable Donald Trump? Cada uno lo decidirá, pero de lo que no cabe duda es de su problema de incontinencia verbal, de hablar primero y, en su caso, pensar después. No hacen falta muchos más que unas palabras para desencadenar conflictos de diverso orden y gravedad. Ha sido su palabrería lo que ha llevado a esta situación peligrosa que ahora todos temen. Sus dudas sobre los "fraudes" de los votos por correo, mientras distraía la atención de la diversas maniobras republicanas, sus afirmaciones de que ganará pese a llevar las encuestas en contra, etc. han llevado al país a un punto de enfrentamiento que se puede manifestar de muchas formas no deseables.

No ha habido unas elecciones como estas, con todo el sistema democrático sobre la mesa. Son las elecciones del miedo, las más dramáticas. Es más que la presidencia lo que se está jugando. Es una forma de ver el mundo, de hacer política que tiene consecuencias sobre el propio sistema democrático. Ha habido muchos otros encendidos duelos por la presidencia, pero ninguno de este calado por lo que tiene de desprecio a las formas y principios, de imposición de la fuerza, dentro y fuera del país. Trump llegó a la Casa Blanca con dos millones y medio de votos menos que su contrincante. Fue un mal comienzo amparado por un mal sistema. Le mandó el mensaje que el poder no se gana en las urnas sino en las sombras. Han mantenido hasta hoy que él ganó en las urnas y que fue un fraude demócrata. 

La verdad y los hechos importan poco en la "era Trump". Queda por ver si esta "era" es reversible o si ha corrompido el espíritu de la democracia hasta un punto de no retorno. 

* Beatriz Navarro "Y el ganador es… quien diga la agencia AP" La Vanguardia 2/11/2020 https://www.lavanguardia.com/internacional/20201102/49149327060/elecciones-estados-unidos-agencia-ap-ganador-trump-biden.html

 




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