sábado, 28 de noviembre de 2020

La política de últimas oportunidades

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Lo primero que tendrá que hacer Joe Biden cuando acceda a la presidencia será hacer una evaluación de daños reales y morales causados por Donald Trump en su mandato, del que será difícil hacer un primer repaso. La profundidad de las heridas está por descubrirse cuando los médicos políticos las laven y vean el daño real que este hombre ha causado en su pesadilla.

Algunos consideran que su salida de la Casa Blanca posibilitará una reconstrucción de lo que se ha llevado por delante, mientras que otros no están tan seguros que el terremoto trumpista no tenga réplicas y que haya grietas no perceptibles en muchos de los edificios institucionales. Se habla más de la división social, pero hay otros muchos campos en los que Trump ha creado conflictos de difícil resolución y no hay garantías de que Biden y Harris no les toque ir desactivando minas dejadas en su retirada. Muchos consideran inevitable esta inspección preventiva y la negativa a informar al presidente electo de lo hecho en la Casa Blanca, de sus secretos de estado es preocupante.



El asesinato de un científico nuclear iraní —el creador de su programa nuclear— ha hecho mirar hacia Israel y al temor de que los países que han seguido las políticas agresivas de Trump, como es el caso con Benjamín Netanyahu, aprovechen las últimas horas de su socio al mando. Si no se tuvo bastante con otros asesinatos provocadores anteriores contra Irán, ahora este es una declaración de nuevos conflictos. La posibilidad de Biden de establecer otra diplomacia más allá de la destrucción de Trump queda en peligro desde este momento. Los que quieran asegurarse la cobertura norteamericana harán lo mismo, tienen menos de dos meses para intentar hacer lo que probablemente no se pueda hacer después, al menos no con el consentimiento norteamericano.

Hemos analizado aquí la política agresiva de Trump en Oriente Medio como una forma de sembrar peligros que creen una mayor dependencia de los Estados Unidos. Trump crea el conflicto en las puertas de Europa y deja que los efectos inquieten a sus "aliados" a los que él ha presentado como débiles parásitos del poder norteamericanos y futuros clientes, no solo de armamento, como ya intentó (Europa contestó con la puesta en marcha de su propio ejército y la fabricación de su material militar, causando la irritación de Trump y su equipo). La vuelta a un modelo de guerra fría, con Europa en medio, explica esta idea de convertir a la Unión en cliente cautivo y obligado. ¿Pensaba alguien que la producción norteamericana, más allá de los ricos dictadores árabes y los israelíes, la iban a comprar otros que no fueran los ricos europeos?


enero 2020

La labor exterior va a requerir una reconstrucción de relaciones. Pero, lo señalan mucho, el mundo no volverá a ser el mismo. Se abre una "era del recelo", por usar el título de una obra de la novelista Nathalie Sarraute. Van a hacer falta muchos gestos de buena voluntad para volver a la confianza.

Tampoco estamos seguros que el camino de Trump no sea seguido en determinadas líneas por la administración de Joe Biden. Es una obviedad resaltar que Trump perdió las elecciones por 6 millones de votos, lo que da un peso social enorme al malestar que llevó a Trump. Esa América que le ha apoyado es el próximo objetivo de los demócratas, hay que rescatar votos de ese inmenso océano de los republicanos y Trump, una distinción que puede ser la clave en este futuro incierto que se abre ahora.

La estrategia política más elemental nos recuerda que no serán los europeos, los chinos o los africanos los que votarán en estados Unidos. La política será recuperar votos y eso solo se puede hacer haciendo concesiones para que se estabilice el electorado. Puede que Biden tenga que usar la mano derecha para unas cosas y la izquierda para otra; quizá reduzca la presión y mejore las formas, pero su electorado está en los Estados Unidos y allí hay lo que hay.

Por eso la idea de que nada volverá a ser igual se ha ido imponiendo. Más allá de las simpatías a Biden, ha sido el rechazo a un presidente agresivo e insultante lo que ha funcionado fuera. Eso está bien en la calle, pero en las instituciones saben que Biden se debe al electorado y que tratará de evitar que el voto republicano se consolide dividiéndolo con propuestas tentadoras. Por lo pronto, según han manifestado cuenta con republicanos para ciertos puestos, según se recogía en la prensa el otro día. Está tratando, igualmente, de conectar con minorías que se pensaba que le votarían masivamente y, sin embargo, no ha sido así, como por ejemplo los hispanos. La simpleza de que las maldades realizadas en la frontera se volverían masivamente contra él no se ha cumplido. El voto latino ha estado muy dividido.


Trump está aprovechando para sembrar en estas últimas horas. Lo hace con perdones presidenciales, una inmoralidad manifiesta ya que está sacando a los que le cubrieron las espaldas, los que le hicieron el trabajo sucio y no quiere que se sientan demasiado descontentos por si les diera por hablar más de la cuenta.

Lo ocurrido en Irán es grave porque es una forma de crear un conflicto y dejárselo en herencia, por un lado, y una bajeza por parte de Israel de cara a Biden, por otro. La política de la violencia y la amenaza se resiste a dejar el campo libre.

Todavía queda tiempo hasta que el 20 de enero Trump salga de la Casa Blanca. Ya manifestamos hace algunas semanas el temor a que algo de este tipo ocurriera, provocaciones que tuvieran consecuencias críticas e irreversibles. La política de Trump es una política de sí mismo, de desprestigio de la victoria de Biden sembrando dudas y mentiras, repetidas una y otra vez, rechazadas y recriminadas incluso por los jueces republicanos. Pero está la política detrás de Trump, la de quienes le llevaron a la Casa Blanca y cuyos intereses solo se han entrevisto. Estos son los peligrosos para la comunidad internacional. Hasta el momento, Trump es un caballo de noria, dando vueltas y más vueltas sobre su rabieta. El problema es lo que este humo está ocultando y si tratará de aprovechar en estos dos meses escasos para crear conflictos, dinamitar posibilidades y rentabilizar al máximo la inversión hecha en Trump.

Las acusaciones contra Estados Unidos e Israel por el atentado contra el jefe del programa nuclear iraní ya están en los medios de los países enfrentados. Están como suposición en los medios de los aliados. Esta forma de actuar no es la más adecuada para hacer amigos o aliados. Un atentado es un atentado.



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