viernes, 20 de noviembre de 2020

La nueva pandilla

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La batalla de Trump y sus abogados contra la realidad se está haciendo cada día más cuesta arriba y más delirante. No es fácil mantener el tipo ante los fracasos de sus propuestas legales ante los tribunales, lo que convierte en absurdos los argumentos, por llamarlos de algún modo, que se esgrimen ante la opinión pública. Al final, los fieles se han de contentar con el argumento circula "hemos ganado porque no podíamos perder", una joya inapreciable joya para los campos de la política y de la lógica.

El argumento ha sido el que Donald Trump ha mantenido desde antes de que se realizaran las elecciones. Ya lo repetía una y otra vez: él no podía perder. Pero no se deben confundir los deseos con los hechos ni con las razones. Y es lo que Trump y sus sicarios legales tratan de hacer.

La maniobra es compleja y, podríamos decir, de pinza. Este nombre se aplica a aquellos intentos de presionar por arriba y por abajo. Pero ¿a quién presiona Trump? Es evidente que Trump ha ido sacando de los puestos clave de la administración a aquellos que no le merecen suficiente confianza y ha estado introduciendo, como complemento, a los que considera más fieles. Este es el escándalo causado por la defenestración de los responsables de las Agencias de Seguridad y la colocación efímera de sicarios trumpistas. La introducción, contra la tradición, de una jueza ultra conservadora en el Tribunal Supremo pocos días antes de las elecciones era una jugada por si tenía que recurrir al Supremo en las elecciones. Se puede apreciar con claridad la intención a la vista de todo lo ocurrido antes.

Trump está hundiendo la democracia norteamericana con efectos que no sabemos hasta dónde pueden llegar. Una encuesta entre los lectores dl diario La Vanguardia, con la pregunta "¿Las acusaciones de fraude dañan la democracia en EE.UU.?", tras más de 57.000 respuestas, obtiene una respuesta afirmativa del 91,2% por parte de los lectores. Parece que no hay mucho margen para la duda.

Podemos imaginar que Trump es un enfermo, que posee una patología específica que le hace negar la realidad e incomprensible que pueda perder. Puede entenderse y psiquiatras, analistas y biógrafos llevan intentándolo desde que comenzó su "reinado". El otro día un importante medio norteamericano hablaba del "mad king" en uno de sus titulares.

También podemos entender que los votantes trumpistas y republicanos se nieguen a concebir la derrota encandilados por la locura contagiosa, rendidos al deseo. Pero lo que no se puede entender directamente es la función que cumplen, los Giuliani y compañía, la "nueva pandilla" (gang).


En 1971, el gran escritor norteamericano Phillip Roth, publicó una novela satírica, con estructura de diálogo teatral, en donde el personaje principal era una caricatura de presidente Nixon. En la obra aparecían otros personajes de la pandilla política alrededor de este "Trick E. Nixon".

La obra se iniciaba con tres citas, una de Jonathan Swift, un fragmento de discurso del propio Nixon sobre el aborto y la siguiente cita del escritor británico George Orwell: 

… tendríamos que reconocer que el actual caos político está relacionado con la decadencia del lenguaje, y que probablemente se conseguiría alguna mejora si se empezase por la extremidad verbal… El lenguaje político (y esto puede aplicarse con variaciones a todos los partidos políticos, desde los conservadores hasta los anarquistas) está encaminado a hacer que las mentiras parezcan verdades y que el asesinato resulte respetable, y a dar una apariencia de solidez a lo que es puro viento.     

GEORGE ORWELL, La política y la lengua inglesa, 1946

 Lo que Orwell auguraba está ahí y puede ser aplicado en grandes saltos de 1946 a 1971 y ahora al año actual, 2020. No parece que el futuro vaya a mejorar, a la vista de lo que tenemos delante en la mayoría de los países, parece que con la admirada y envidiada mundialmente Nueva Zelanda.


Es indudable que lo que rodea a Trump es algo más que la "pandilla" de Nixon. A lo que asistimos es a una demasiado desesperada negación de la realidad. Trump puede estar loco, pero los que le rodean probablemente no. Muchos han ido abandonando el barco, la lista comenzó hace tiempo. Está claro que han perdido, pero ¿por qué siguen en ese empeño absurdo?

Quizá no sea tan absurdo y tenga una lógica que se nos escapa. Quizá se trata de ganar tiempo y de revisar lo que queda, las huellas de cuatro años poco claros en muchas instancias.


Uno de los peligros que señalaba un articulista recientemente al hablar de la resistencia de Trump al relevo podría ser la destrucción de documentos. El mandato de Trump está lleno de zonas oscuras, zonas a las que se dio acceso a la familia y a gente de mucha confianza, sustituyendo al funcionariado por personas próximas., En el caso de Giuliani, se ha hablado de "diplomacia paralela".

Igual que se pueden destruir documentos, también se puede cerrar flecos y negocios, de los que no interesa informar en la transición hacia la nueva presidencia. Técnicamente, solo se debería hacer lo indispensable para traspasar los poderes y la información previa. Y es ahí donde Trump se niega.

Mucho se ha especulado con la posibilidad de que, una vez perdida la inmunidad presidencial, Trump se tenga que enfrentar a distintas causas, tanto penales como civiles. ¿Hay más? Es el miedo el que le hace retrasar la salida del poder con estas maniobras.

Si fuera una cuestión solo de Trump podríamos pensar que efectivamente es una cuestión de su propia personalidad, pero ¿y la pandilla? ¿Están locos o simplemente comprometidos? ¿Han estado haciendo ejercicios de prestidigitación agitando una mano ruidosa mientras la otra mano actuaba en la sombra?

Hemos asistido incluso a una recolección pública de fondos para la presentación de las demandas legales contra los resultados. ¿Es (además) un negocio para exprimir al trumpismo frustrado?

No falta mucho para ver los resultados de estas maniobras de negación y dilación y ver qué queda de la pandilla y el nuevo Tricky Trump posteriormente. Tengo la impresión que irán saliendo muchas cosas. 

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