viernes, 24 de junio de 2022

Sobre la deshumanización educativa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La lectura de la obra de Mayka Lahoz, La trama de la memoria (Tusquets 2022) nos ofrece un extraordinario viaje a través de nosotros mismos en un ensayo que merece todos los honores que se le puedan tributar por su lucidez, estilo y oportunidad. Es un trabajo que merece una detenida lectura porque necesita de la reflexión en cada párrafo, en cada página de este texto singular. Es una radiografía de lo humano en sus dimensiones más profundas que son sobre las que se cimenta nuestra construcción como humanos y como personas, lo general y lo específico que hace de nosotros seres únicos, diversos y en constante construcción y reconstrucción. Desde una base existencial hermenéutica o desde una hermenéutica existencial, Lahoz va desgranando lo que nos hace ser ante los otros y ante nosotros mismos, con nuestras paradojas que el tiempo alimenta.

Una de las dimensiones que se van explorando en la obra de Mayka Lahoz y que va ganando importancia conforme avanzan sus páginas es la cuestión educativa, algo cuyo debate se ha ido desplazando de su esencia y objetivos primeros a unos debates mecanicistas, economicistas y burocráticos que padece una serie de males que nadie se atreve a afrontar desde su interior y que se hace necesario abordar.

La educación va surgiendo en determinados momentos del texto, como no podía ser de otra manera dado su carácter básico en nuestras vidas. Hemos confundido la educación, como transmisión y formación, con el "sistema educativo", organización modeladora que recibe unos fines exteriores y que ajusta a ellos a las personas. El objetivo no es hacer que las personas se encuentren consigo mismo, sino que se ajusten a lo exterior, a las necesidades del sistema. Esto es, a mi entender, una fuente de distorsión de la persona que deja de ser un objetivo para convertirse en un medio del sistema para alcanzar sus necesidades o cubrir sus carencias.

En la obra de Lahoz, la experiencia es la que modela al ser humano a través, por ejemplo, del dolor, connatural al sentir y por ello al vivir mismo. La educación, por el contrario, se ha convertido en la inculcación de un conocimiento exterior para cumplir unas funciones y objetivos del sistema. Este desequilibrio lo vive cualquiera que esté en la enseñanza y vaya más allá de las instrucciones que llegan "de arriba" y que se siguen acrítica y pasivamente convirtiendo a los docentes en meras piezas de transmisión para el cumplimiento de lo que se ha marcado. La robotización de la docencia a través de todo tipo de protocolos y protocolos está deshumanizando la enseñanza en cuanto a la relación entre los miembros del sistema. El fin es una mal entendida "objetividad" que convierta a cualquier docente en otro docente y a cualquier alumno en otro alumno más. Hoy vivimos un mundo curioso en el que las máquinas pueden dirigir la formación de las personas mediante la inteligencia artificial gracias a programas de auto aprendizaje asistido y en el que los humanos ayudamos a las máquinas a "aprender" mediante el control y corrección de sus aprendizajes (deep learning).

El mundo de la enseñanza se nos ha llenado de "distantes" objetivos, de burócratas obsesionados con formularios, de equidistantes emocionales, de aspirantes a máquinas de segunda mano y de "protocolarios" inseguros. El efecto de todo esto es un sistema cada vez más despegado de sus fines humanos y más plegado a las necesidades del sistema, considerando que el ser humano solo necesita saber aquello que le permite trabajar con el mejor rendimiento posible. Hemos llega a convertir la "eficiencia" en un valor educativo porque no medidos los "éxitos" del sistema más que desde la empleabilidad, como reza la publicidad de la universidades que cifran el éxito en este parámetro. De esta forma, la educación solo sirve para encontrar empleo, algo que es medible y por lo que debemos rastrear a los egresados de nuestras universidades para luego poder contárselo a las autoridades competentes que nos gratificarán con algún tipo de puntuación.

No nos interesa, en cambio, los valores de las personas o sus padecimientos que les puedan arrastrar a depresiones, estados de ansiedad, incluso suicidios, ya la primera causa de mortalidad entre nuestros jóvenes.

Lo más sorprendente es la aceptación que todas estas prácticas de protocolos y evaluación constante de rendimientos han tenido en la propia profesión docente. Quizá porque ella misma está sujeta a constante evaluación y sometida a protocolos, quizá porque sean los adeptos a esta forma del mundo los que llegan más arriba e imponen desde sus alturas olímpicas está visión deshumanizada de la educación, precisamente la más necesitada de humanidad ya que son personas las que salen de la empaquetadora final. El único argumento que se esgrime cuando alguien tiene la osadía de preguntar sobre las razones es que es "lo que quieren arriba", siempre bajo amenaza de ser evaluados negativamente. El sistema ha generado su sistema de recompensas y castigos dentro del mejor conductismo mecanicista.

En su quinto capítulo —"Memoria y dolor. Tragedia y sabiduría"—, que comienza con una cita de Cioran —"El dolor impide el adormecimiento en la felicidad; disuelve y rehace el mundo. Por eso se pierde el Yo; por eso vuelve a empezar."— reivindica la humanidad del dolor y del sufrimiento, algo a lo que la persona está sujeto como ser sufriente y reivindica el valor experiencial: "...motivo por el cual la educación debería hacerse cargo de manera reflexiva, como receptividad conmovedora, del discurso de nuestras vidas, sobre todo en lo que a sus aspectos negativos se refiere: vivencias personales, deseos, aspiraciones, intereses, victorias, frustraciones, inseguridades, miedos, prejuicios, problemas, afrentas, ultrajes, esperanzas, proyectos... Para ello debería dar primacía a la capacidad de escucha entre educador y educando, y no tanto a una serie de actuaciones y de interacciones racional y deliberadamente instauradas por el primero, encaminadas a la consecución de una formación o de un devenir objetivos, eficaces, positivos y evaluables por parte del segundo." (pp. 168-169)

Centrar la educación en el rendimiento y no en la persona, en sus dimensiones humanas, no ayudarles a integrar la experiencia en su propia vida, es crear seres artificiales y, sobre todo, inmaduros, incapaces de enfrentarse al mundo que les aplaude (y envidia) cuando triunfan y les ignora (y desprecia) cuando fracasan.

Esa "receptividad conmovedora" es un concepto básico, algo que crea el lazo con la propia experiencia, el que abre el camino propio, el diferencial que nos lleva a nosotros mismos al hacernos y reconocernos.

Hace unos días tratábamos aquí un artículo de La Vanguardia con el titular "Cómo educar a los niños en un mundo de mentirosos de éxito" (16/06/2022), firmado por Eva Millet. El titular plantea con claridad el sentido de "educar" en un mundo en lo que se valora es el éxito y se perdona la mentira. Mayka Lahoz se plantea otra cuestión, cómo educar a ser humanos en un mundo que olvida que somos personas, que somos distintos, que sufrimos, que caemos y debemos poder levantarnos, que debemos tratar de llegar a comprendernos en nuestras contradicciones, en nuestras múltiples capas contradictorias, entre máscaras contradictorias.

No me gusta el sistema educativo que veo; no me gusta el empeño de muchos en crear este sistema protocolario que reduce a la persona a una serie de datos que sirven para la propia promoción del sistema. Hay muchas excusas para hacerlo así, pero son poco convincentes. La única que se acaba entendiendo es esa reducción de los miembros del sistema, que deben aceptarlo para su propia promoción. Todo se debe poder explicar en un gráfico, input y output; la ilusión de precisión la dan los números decimales, las barras de los gráficos y la jerga usada.

De todas las instituciones sociales, la educación es el centro ya que se ocupa de las personas y las acompaña en su trayecto vital. Todo lo que nos haga similares, nos trate de forma similar, ignora nuestra diversidad y nuestra propia diferencia, produce el sufrimiento igualitario mediante el cual las personas son convertidas en parodias de sí mismas, de lo que podrían ser si no les impusiera el molde igualador.

Escribe Mayka Lahoz: "La educación es relacionalidad, compromiso encuentro personal, escucha, comprensión, vivencia responsable de uno mismo, del mundo y de los otros. Es, en definitiva, interés por el misterio que cada un de nosotros representamos, y que contrasta fuertemente con el frío desinterés de la ciencia objetiva. Y ese interés se traduce en una doble praxis: por un lado, la vivencia activa por medio de las experiencias pedagógicas, y, por el otro, la reflexión, la teorización hablada o escrita no ya solo en torno a esas experiencias vividas, sino también en torno a las condiciones que las han configurado. Dicho de otro modo: urge construir una educación responsiva, sensible al contexto específico que conforman las diversas historias personales." (149)

En estos tiempos en que sientes frustración por la deriva educativa, por el desprecio fabril al que se ha llegado en ella, el libro de Mayka Lahoz (ha sido profesora de Teoría de la Educación, nos dice la solapa de la obra) es un respiro en un mundo cada vez más distante en aquello de lo que debería sentir proximidad. Hay una reivindicación a lo largo de la obra del papel de las humanidades.

Desde hace años no dejo de sorprenderme cuando los alumnos me hacen una pregunta "¿puedo poner lo que pienso?". Mi respuesta es siempre la misma: "¡es lo único que me interesa!". Pero la monstruosidad de la pregunta debería hacernos reflexionar sobre cómo perciben los alumnos el entorno en el que se forman, esa falsa y absurda "objetividad" que todo lo mecaniza.

Algunos pensarán que hoy nos hemos salido de la "actualidad". No. Ningún problema es más actual, más presente, más doliente que el educativo. Para algunos se acaba encontrando un colegio cerca de casa o entrando en la facultad que has solicitado. Pero eso es anecdótico. Necesitamos reflexionar sobre la educación, no desde los éxitos laborales sino sobre el desarrollo de las personas, sobre algo más interior y sensible. La felicidad no se puede medir, pero si vivir. Mientras nuestros objetivos sean convertir a las personas en partes del sistema productivo y no nos preocupemos porque se (re)conozcan ellos mismos estaremos incumpliendo la finalidad de la educación, seguiremos construyendo sociedades en las que se nos hace cada día más difícil, más angustioso vivir. 

Cioran, Ricoeur y Gadamer

Lahoz, Mayka (2022). La trama de la memoria. Una filosofía del recuerdo y del olvido. Tusquets, Barcelona.

 

jueves, 23 de junio de 2022

Las claves de José Luis Balbín

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La muerte de José Luis Balbín es un paso más en la desaparición de una forma de entender el Periodismo que hoy se nos muestra desaparecida entre la turbulencia y truculencia de ese ente amorfo, pero cuantificable, que es el mundo de las redes sociales. Había un mundo antes de esto y existió un punto de ruptura en lo que podía ser un espacio de convivencia e intercambio que elevase los niveles de participación ciudadana, de creatividad, difusión cultural, etc., pero el mundo cacofónico en el que vivimos hoy son otros los intereses.

Balbín saltó a la fama televisiva cuando se convirtió en el director de un programa, La Clave, que rompió moldes en una España monótona, recién salida de la dictadura y deseosa de saber, de profundizar en las cuestiones mediante el debate. La fórmula era sencilla, pero novedosa y con enganche. Balbín y su equipo elegían un tema candente, reunían a un grupo variado de personas relacionadas con el tema seleccionado y elegían una película conectada con el tema a tratar que permitía que el debate comenzara sobre las cuestiones cinematográficas para irse deslizando hacia la realidad del momento. La estructura del programa era sencilla: una presentación del tema y los invitados, la proyección de la película y un largo e intenso debate. Creo que era el programa más largo de Televisión Española entonces.

La fórmula fue un éxito basado en la buena elección de los temas, los invitados y las películas. Permitía profundizar en cuestiones que se nos escapaban entrando en los entresijos de las cuestiones mediante el debate, bien dirigido por el propio Balbín que introducía los temas a la vista del rumbo del debate. Balbín rompió muchas barreras dando voz a muchas personalidades entonces silenciadas que aparecían en el programa, introduciendo temas de interés y llevándolos a un nivel de debate intenso.

El fallecimiento de José Luis Balbín es una noticia triste que nos lleva a ver las diferencias del Periodismo y lo que hoy se engloba bajo un genérico "comunicación", una situación que nos muestra la verdad de la teoría macluhaniana sobre cómo los medios modelan nuestra percepción del mundo y nuestra forma de relacionarnos con los otros.

La paradoja es que la aparente libertad que nos da la llamada "horizontalidad" de los medios nos está llevando a una manipulación constante, a una presencia creciente de la "noticias falsas" y a una trivialización cultural, algo lejos del compromiso ilustrado y liberador que tuvieron proyectos como el de Balbín. Basta con hacer desde la memoria un repaso por las propuestas actuales, empeñadas en seguir los modelos de las redes sociales, sus "tendencias", con proliferación de las fórmulas de ingenio frente a las de aumento del conocimiento en un sentido amplio del término para comprenderlo. Nunca habían sido los medios (un campo ampliado por la convergencia) un factor de empobrecimiento como lo están siendo hoy en día empeñados en competir en el mismo terreno que las redes, dominadas por la nueva tribu de la "comunicación", los influencers, YouTubers y demás. Son una respuesta de los poderes a la pérdida de influencia de los medios tradicionales ante la constitución de un espacio nuevo de interacciones diferentes en las que la forma de construir lazos es otra.

Cabe preguntarse ¿fue José Luis Balbín alguna clase de influencer? Es obvio que los medios influyen en las personas, que tienen sus propias agendas, etc. Pero era la propia conciencia del periodista el que proponía fórmulas dentro de una línea definida por la mejora de las audiencias, como era obvio en un programa como La Clave.

El fraccionamiento por crecimiento mediático, el hecho de que una persona desde su casa y con un teléfono y un par de focos pueda tener millones de seguidores es algo que no ocurría entonces. Hoy la lucha por las audiencias es feroz en un mundo en el que el pastel de la atención se divide ante múltiples ofertas. El problema es de la voluntad, de qué se quiere transmitir a los demás. Es el triunfo del ingenio ante el genio, de lo llamativo frente a la profundidad.

Balbín era un periodista con vocación transformadora de su audiencia, con un sentido claro del valor de lo informativo y de lo formativo, de la novedad y de lo trascendente. Sabía y mostraba que lo que ocurre es algo complejo, resultado de las fuerzas, muchas de ellas desconocidas. Aprovechó el medio televisivo, que le daba tiempo, para superar el mal tradicional del Periodismo, la condena a la concisión, a centrarse en un punto y no poder desarrollar con mayor profundidad lo que define la realidad en niveles que van más allá de lo meramente informativo. Balbín apostó por la Televisión porque la televisión de entonces le permitió un programa de más de cuatro horas, que obligaba al espectador a irse a la cama ya avanzada la madrugada.

La última noticia que tuvimos de José Luis Balbín fue la polémica por el uso en RTVE del término "La clave" para un programa "heredero" del que él creó. Él lo consideró un proyecto personal, como realmente fue.

Con su fallecimiento se pierde una figura clave en el desarrollo del periodismo televisivo español. Hay muchos ejemplos pasados de cosas mal hechas, pero La Clave fue un programa bien diseñado, bien dirigido, con metas claras y positivas para las audiencias. Eran otros tiempos, muy distintos a los actuales. La sensación de que todo el conocimiento está a un clic elude que es el cerebro el que mueve ese dedo para que acceda a la información, que aunque toda la información esté ahí el deseo de llegar a ella está cada vez más diluido. En los tiempos de La Clave, había pocos medios y poco acceso a tanta información, pero el deseo de poder escuchar, de informarse era mucho mayor que el actual, en el que se arrastra un presente saturado de información pero con poca densidad. Hoy es la información la que nos busca a nosotros, lo que produce esa sensación de estar muy informados, cuando lo que estamos es bombardeados con los flujos diseñados para atraernos.

Hoy prolifera la literatura sobre cómo ser "influencer" de éxito; hay muy poca literatura sobre las virtudes necesarias para el buen Periodismo, del que ya nos quedan estos ejemplos del pasado y los que el presente nos permite descubrir entre el humo de los exitosos. Creo que las Facultades de Periodismo están fallando, corriendo y enseñando a correr tras la atención y el éxito mediático en vez de enseñar a mirar el mundo de forma responsable y comprometida, formar para poder comprenderlo y ayudar a explicar de forma clara su complejidad. El porcentaje de aquellos que quieren hacer un periodismo real, ha descendido cuando es más necesario que nunca. Afortunadamente siempre tenemos ejemplos que nos animan a seguir en la línea del compromiso informativo frente al mero entretenimiento llamativo.

Balbín hacía lo contrario, no se preguntaba sobre lo que nos gustaba, sino sobre lo que necesitábamos saber como ciudadanos, nos gustara o no. La Clave era la ocasión de poder profundizar reflexivamente, escuchando a las personas que estaban en esos problemas y que podían ofrecer su opiniones sobre las que después nosotros valorábamos tras el debate. En una España salida de una etapa poco dialogante Balbín impuso el debate como fórmula de aprendizaje, enseñando a escucharse. Fueron casi diez años de diálogos constructivos. Hoy, en que pocos se escuchan, estamos muy lejos de estos niveles.

Cualquier parecido con la realidad actual es pura coincidencia. El problema somos nosotros, a los que se nos satisface desde el halago, que vivimos satisfechos con lo que se nos da o nos dejamos llevar. Ya no buscamos "claves", nos contentamos con lo que se nos dice desde un lado u otro.

miércoles, 22 de junio de 2022

Analizar la crisis democrática en USA

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El conflicto desencadenado por Trump y sus seguidores se va haciendo más complicado para él y más complejo para el sistema democrático norteamericano, que es lo que realmente está a prueba. Habrá un día en que Donald Trump, aunque le pese, no estará sobre la superficie del planeta, pero la Historia es la memoria de los vivos y allí seguirá estando lo hecho por Trump, para bien o para mal.

Lo que va saliendo a la luz no hace sino oscurecer la democracia norteamericana y mostrar que los límites de los sistemas de libertades son inestables, borrosos y reducidos cuando el poder es ocupado por alguien cuya sola finalidad es permanecer en él a todo trance. Si Trump ha hecho una favor a la democracia es mostrar su debilidad cuando no reside como un valor en el corazón de los pueblos, cuando estos se dejan seducir —"abducir" decíamos ayer al tratar el acuerdo aprobado por los republicanos tejanos— por cierto tipo de personalidades.

El mandato de Donald Trump no puede ser ignorado en el análisis histórico político de la democracia. Hay que revisar cómo la democracia más vieja del mundo, en un país poderoso, un líder mundial, con riqueza, etc. se convierte en espacio de prácticas fascistas desde el propio poder y describir la épica lucha de personas e instituciones para salvar sus conciencias y los fundamentos en los que se basa su vida diaria, para oponerse a un poder que se vuelve irracional y violento, mentiroso en grado sumo y que se niega a reconocer una derrota en las urnas. Es necesario comprender esto para poder evitarlo.

Hasta el momento se han analizado cómo países en crisis se han ido deslizando de la democracia hasta sistemas dictatoriales, a planteamientos de corte fascista. Se achacaba la pérdida del rumbo democrático a crisis económicas, resentimientos por situaciones de debilidad exterior, etc. Pero el caso de los Estados Unidos de Trump es muy diferente y no se pueden buscar ni encontrar excusas que liberen al pueblo de la responsabilidad de seguir a un líder corrupto y mentiroso, que subvierte el orden constitucional y democrático ante el aplauso de millones de seguidores.

En La Vanguardia se ha publicado por parte de su corresponsal en Washington, Fernando García, un demoledor artículo que lleva por titular  "Altos cargos republicanos acusan a Trump de graves amenazas para que anularan las elecciones". Los testimonios de las autoridades republicanas de diversos estados sobre las presiones recibidas por Trump y su equipo, encabezado por el ex alcalde de Nueva York y su abogado personal, Rudy Giulani, es realmente revelador del extremo de violencia que se llegó a desatar contra los que se oponían a su voluntad:

La audiencia comenzó con la poderosa declaración del presidente de la Cámara estatal de Representantes de Georgia, Rusty Bowers. El parlamentario, que hizo campaña por Trump y votó por él, desmintió la afirmación del exmandatario de que en un momento dado reconoció que los resultados de las elecciones eran fraudulentos. "Es totalmente falso que yo dijera que las votaciones fueron manipuladas", aseguró Bowers para empezar.

El veterano político de Arizona recordó cómo el entonces abogado de Trump, el exalcalde neoyorquino Rudy Giuliani, le dijo en una llamada junto al entonces presidente que 200.000 inmigrantes sin papeles y "5.000 o 6.000 personas muertas" habían votado en las elecciones ilegalmente, y por tanto había que descontar decenas de miles de papeles a favor de Joe Biden. Bowers pidió pruebas al letrado, pero Giuliani "nunca las aportó".

El abogado del presidente incluso propuso a Bowers que, sin más ni más, cambiara a los electores intermediaros del estado -los que proclaman el voto estatal en función de los resultados en las urnas- para designar a partidarios de Trump que alterasen el resultado. El presidente de la Cámara también se negó. Indicó que hacer lo que le pedía Giuliani equivaldría a "traicionar mi juramento a la Constitución", y eso no lo haría jamás. "No quería ser utilizado como un peón", dijo al comité.

Después de su negativa, partidarios de Trump empezaron a hostigar a Bowers y su familia ante su vivienda. Los manifestantes le lanzaban gritos insultantes, discutían con los vecinos y le acusaban de pedófilo y pervertido, relató. Al menos uno de los alborotadores mostró una pistola. "Fue muy perturbador", afirmó el testigo, muy afectado. Su hija estaba "muy enferma", recordó, y de hecho fallecería a las pocas semanas, en enero del 2021

La oficina de Bowers recibió "más de 20.000 correos electrónicos y decenas de miles" de mensajes de voz y de texto" con quejas y amenazas por negarse a lo que Trump le pedía. "No podíamos trabajar", señaló.* 

Es difícil identificar lo relatado como propio de un país democrático, es más, de un país que se presenta como adalid de la democracia, como el defensor internacional de la libertades frente a otros a los que considera "autoritarios". La democracia americana se salvó gracias a la resistencia de aquellos que se negaron, como expresa bien Bowers, como "peones" de Donald Trump.

Nos vienen a la mente figuras sencillas —de algunas dimos cuenta aquí— que se habían opuesto a secundar las maniobras de Trump a lo largo de su mandato y habían dimitido de sus puestos para salvar sus conciencias. Han sido personas que se han negado, pese a ser republicanos o ser simples funcionarios, a cumplir las órdenes del hombre más poderoso del mundo, el presidente de los Estados Unidos, que en este casó creyó estar por encima del bien y del mal.

Hay que analizar cuáles han sido los mecanismos sociales que han permitido que una personalidad patológica llegue a canalizar el voto primero y a seducir las voluntades después haciendo que la credibilidad del sistema se hunda, que se desvíe su comportamiento hacia uno más propio del fascismo.

El control de una parte de los Estados Unidos sigue en manos de Trump. Es otra realidad que no se puede ignorar. Lo vimos ayer en los acuerdos republicanos en Texas, en los que se afirma que a Trump se le arrebató el poder de forma fraudulenta, la mentira que él sigue sosteniendo y con él millones de personas que lo creen y están dispuestos a actuar, como ocurrió con el asalto al Capitolio para impedir la proclamación de Biden.

Hay que profundizar, no se puede ignorar lo ocurrido. Es un peligro que acecha en muchos lugares, más allá de los Estados Unidos. 

* Fernando García "Altos cargos republicanos acusan a Trump de graves amenazas para que anularan las elecciones" La Vanguardia 21/06/2022 https://www.lavanguardia.com/internacional/20220621/8357108/trump-golpe-asalto-capitolio-comite-amenazas-presiones-republicanos-georgia-arizona-bowers-raffensperger-sterling.html

martes, 21 de junio de 2022

Donald Trump y la Texas alternativa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Conforme se estrecha y aclara el cerco investigador del Congreso sobre Donald Trump y el asalto al Capitolio del 6 de enero para tratar de impedir el nombramiento de Joe Biden, lo que ha sido calificado como un intento de golpe de estado, las respuestas del ex presidente y su entorno siguen incidiendo en lo que es un desastre para la democracia norteamericana.

La CNN, en el programa de Don Lemmon, de esta madrugada un "Alert" señalando en sus titulares sobre un grave acontecimiento, la proclamación de los republicanos tejanos de que Biden llegó a la Casa Blanca tras un fraude electoral, es decir, dando un carácter "oficial" a las tesis enloquecidas de Trump. Las caras de los analistas que expresaban su opinión al respecto eran claras al reflejar un estado de ánimo entre el asombro y el pesimismo. Mientras las pruebas que salen cada día son abrumadoras no solo sobre las mentiras sino sobre el conocimiento de que lo eran por parte de asesores, incluso de la familia, los republicanos tejanos aceptan la línea dura. En The Washington Post, su columnista político Dana Milbank titula su columna de hoy "Texas Republicans want to secede? Good riddance". Usar el término "secesión" en los Estados Unidos tiene una serie de connotaciones históricas que a un columnista político no se le deberían escapar. El término ya refleja el extremo de gravedad que el caso sigue manteniendo y, sobre todo, los efectos sobre la política norteamericana. El "¡pues buen viaje!" del título tiene unos ecos sombríos.

En la CNN el titular es "Texas Republicans just proved (again) that this is Donald Trump's party" señalando el perverso lazo que Trump ha establecido con el partido al que controla precisamente a través del elevado número de seguidores que asumen sus tesis del fraude y que son capaces de dejar fuera de la política a los que no las asuman. El chantaje de Trump condiciona las elecciones y reelecciones republicanas. Los que no incluyen sus reivindicaciones en sus programas electorales dejan de recibir los votos de los fervientes seguidores de Trump, una sólida estructura basada en una serie articulada de grupos muy activos, los que le llevaron a la Casa Blanca mediante una alianza que va de la Asociación del Rifle a los grupos religiosos que lo ven como "enviado", pasando por los racistas que buscaron una alianza tras el triunfo de dos legislatura de Barack Obama, algo que desencadenó su furia y les llevó a actuar conjuntamente.

La presión de Trump es clara. De ello se hace eco The New York Times cuando advierte la tensión política que vive el ex vicepresidente Mike Pence, que podría ser candidato republicano a las próximas elecciones: "In a speech, former Vice President Mike Pence sounded like a future presidential candidate, but not like someone interested in discussing Jan. 6."* Discutir o no discutir lo ocurrido es un estado hamletiano muy peligroso en una política donde callar es otorgar. Ignorar lo ocurrido es el segundo gran pecado republicano, como advirtió ya la republicana Liz Cheney que, armada de valor, es una de los dos republicanos que han tenido el valor de llamar a las cosas por su nombre y enfrentarse tanto a las iras de Trump como al aislamiento de su propio partido.

Hemos tratado esta cuestión en varias ocasiones y el hecho de que, pasado el tiempo, vuelvan a ser una realidad, más que mera actualidad, supone que lejos de llegar a una asimilación de lo sucedido, los republicanos y una parte importante del pueblo norteamericano acepta las mentiras narcisistas de una persona incapaz de asumir la posibilidad de una derrota electoral, algo para lo que está mentalmente incapacitado.

La mente de Trump no es democrática; es incapaz de asumir la realidad y sigue viviendo en una burbuja creyendo sus propias mentiras. El perfil psicológico de Trump se ha trazado innumerables veces y no es cuestión de repetirlo, pero más sorprendente es su transferencia a una parte importante —millones de personas— del pueblo norteamericano, totalmente abducido —más que seducido— por su personalidad autoritaria y egocéntrica. Trump, el multimillonario anti sistema, el hombre que iba a cambiar la política ha cumplido su promesa desde fuera del poder, desde donde su efecto es más perverso.

La conversión de Texas en un "paraíso" de las mentiras trumpistas, un mundo donde se puede vivir oficialmente otra realidad, una realidad alternativa, es enormemente dañino para el sistema democrático norteamericano y debilita su posición mundial ante la reivindicación de Vladimir Putin (un buen amigo de Trump, admiradores mutuos) de un nuevo liderazgo ruso del mundo frente a la decadencia norteamericana.

Los términos en que se pueda medir la decadencia son complejos. Pero la única certeza es que lo que se vio de Trump en el poder está siendo superado por un Trump fuera de la Casa Blanca donde ya es incontrolable, tal como lo son los efectos.

Conforme aumenta la presión investigadora, Trump aumenta el tamaño e intensidad de su rabieta y su inmersión en esa fantasía colectiva que ha creado. Nadie va a cambiar a Trump, un objetivo imposible. Pero lo preocupante es cómo está deteriorando los fundamentos democráticos de la sociedad norteamericana, cuya concreción en las medidas aprobadas por los republicanos de Texas es un signo evidente del proceso. ¿Hasta dónde puede llegar?

* "Pence Navigates Possible White House Run and Fraught Political Moment" The New York Times 20/06/2022 https://www.nytimes.com/2022/06/20/us/politics/pence-trump-jan6-hearings.html

lunes, 20 de junio de 2022

Los números andaluces

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Si los números son los números, las interpretaciones de los números electorales son una interesante especialidad más cercana al test de Rorschard —¿qué ve usted aquí?— que a cualquier otro campo. La hermenéutica de la primera noche es todo un género literario entre la fantasía, el terror y la ciencia ficción, todos géneros habitualmente alejados de la realidad y propicios al exceso imaginativo.
La falta de sentido de la realidad, la prolongación de las líneas electorales en las que se vuelve a hablar de futuros para los que se han quedado sin el único presente, el del poder, crea un extraño ambiente en el que hay que dar la cara ante los electores a los que se les prometió futuro y ven cómo este se diluye al llegar las primeras horas de esa terrible noche en la que unos celebran con fundamento, otros su poquito mejorado, otros no haber perdido demasiado y algunos haberse quedado en la nada. Cada uno tiene que salir a dar la cara, agradecer el apoyo lo que haya dado de sí, y mantener la esperanza en que llegarán tiempos mejores.
El discurso más fácil es el del que gana. Solo sonrisas, agradecimientos y prometer no defraudar. Los demás discursos tienen que buscar su motivo, una justificación y hasta una satisfacción.


De todo lo escuchado en Andalucía, lo más curioso desde el punto de vista justificativo ha sido el discurso de Adelante Andalucía por boca de Teresa Rodríguez, que ha obtenido solo dos escaños en el nuevo parlamento autónomo. RTVE.es recoge sus palabras dentro de una información dedicada a lo que se ha dado en llamar "la izquierda del PSOE":

Mientras, Adelante Andalucía ha mostrado su satisfacción por haber logrado representación en el Parlamento andaluz y porque la comunidad ha conseguido "pinchar el globo" de Vox, partido que ha considerado "ha pegado un Macarenazo en la frente".

Rodríguez ha dicho que es un "espacio andalucista de la nueva izquierda que quiere que esta tierra sea también soberana y tener voz propia" y que ellos son "la única fuerza con representación parlamentaria cuyos escaños van a dedicarse a la defensa al 100 % de los intereses de esta tierra".

Con respecto al resultado electoral, con dos escaños para su partido en el Parlamento, Rodríguez ha asegurado que cada uno de esos diputados "va a tener las manos libres para defender los intereses de los andaluces". "Ya no tienen motivos para temer el crecimiento de la extrema derecha", ha afirmado.

Asimismo, ha apuntado que su partido para estas elecciones tenía "dos objetivos": "Enfrentar a la extrema derecha en Andalucía y hacer un espacio andalucista del siglo XXI en la comunidad, pero con humildad".*



Es difícil encontrar un discurso más falto de realidad y aquejado de los males habituales en la política española. Los intentos de desviar la responsabilidad en el fracaso —no se puede llamar de otra manera— alcanza el patetismo en la afirmación de "ser los únicos" que van a trabajar "en la defensa al 100% de los intereses  por la tierra". Es una especie de canto heroico al desastre  electoral, un reconocimiento glorioso como "únicos" y un rechazo de todos los demás. Se trata de reducir a la nada a los millones de votantes que no han votado por la opción, alejándose de lo más necesario en política, el realismo que permite detectar problemas reales y encontrar soluciones reales.
Teresa Rodríguez desvía el fracaso propio al ajeno, que convierte en derrota. Su gran objetivo no era ganar, sino "frenar" a Vox dentro de un proceso que se nos escapa al común de los mortales. ¿Es tan complicado y difícil decir: "Señoras y señores, nos hemos equivocado y lo hemos hecho mal"? No hay que confundir el idealismo con la tozudez de la irrealidad.
Mucho me temo que las nuevas generaciones políticas se dividen unos por el pragmatismo más absoluto y, por otro lado, por una falta de sentido de la realidad que lleva al dogmatismo peligroso, a la "cruzada" definitiva y a los socorridos tópicos que funcionan en las campañas, pero no resuelven nada en la realidad.
El sistema político español nos obliga a estar todos los días con campaña política en algún sitio, lo que no es bueno porque nos ha acostumbrado a estar todo el día prometiendo y atendiendo poco a la realidad de los problemas, que son los que condicionan nuestras vidas, el día a día, y necesitan ser resueltos. Con cada nueva elección parcial surgen de nuevo las preguntas de siempre: ¿afectará esto al conjunto nacional en lo también llamado "cambio de ciclo"?  Con preguntas como estas, políticos y medios se vuelven a devanar los sesos. Y vuelta a empezar.